Burkini, feminismo y el baño

A pesar del espectáculo político que vivimos en España, las competiciones deportivas internacionales de máximo nivel y los calores propios de la estación, una prenda de ropa ha adquirido honores de máxima atención mediática, al menos en la Europa mediterránea. El famoso burkini. Cuyo impacto trasciende el mero hecho de su utilidad.

En Francia lo prohíben, las feministas anti judías lo reivindican como símbolo de liberación –no se sabe de qué-, la ultra derecha abomina de lo que considera una muestra de colonización, su creadora se regodea en el éxito y el debate se extiende y gana en intensidad.

En los dos diarios digitales de la izquierda española es en donde mayor atención se ha regalado a la exitosa prenda de baño. Según la allí generalizada opinión del columnismo feminista, el bukini es un elemento de “rebeldía” ante el “machismo islamófobo”. Nada menos. Todo hay que decirlo: la inmensa mayoría de los comentarios que merecen estas opiniones en sus lectores son profundamente críticos y con un sentido común que huelga en los opinantes profesionales.

Que se pueda prohibir que una persona se bañe en la playa vestida cómo quiera resulta inquietante. Aunque sea en Francia. No es lo mismo, por mucho que algunos ultras lo pretendan, que evitar mediante reglamento o ley ir desvestido cómo se quiera. No, en absoluto: la desnudez en lugar público no acotado a tal efecto no es lógica ni está aceptada socialmente. Sin embargo la mínima cobertura de las partes femeninas, ya se sabe cuáles, hoy en día nadie la ve mal, tanto si es a pecho descubierto, como suele ocurrir en Baleares y en otras playas españolas, como si cubierto, tal y como va suele ocurrir en otros países mediterráneos europeos. Tampoco nadie critica que las haya que deseen taparse de cuello a nalgas con generosos trajes de baño. Ni levanta reticencias las -todavía pocas- personas que se bañan vestidas con camisas anchas para evitar una inconveniente exposición al sol de su muy blanca piel, y luego se ponen otras –secas- para tomar el fresco, si hace, bajo la sombrilla. Ni a nadie se le ocurre invectiva alguna si un hombre se limita a tapar lo mínimo con un tanga, o con un ceñido bañador de nadador, o mucho más y sin moldear nada con el de pierna media y ancha, o con el largo extra y amplísimo. Así debe ser: que todo el mundo tome sus baños de mar cómo quiera. Y si es en burkini qué mal podría hacer. Ninguno.

Ahora bien, que se pretenda decir que esta nueva prenda no implica ninguna carga ideológica es tan absurdo como pretender su erradicación legal. Y lo de suponerle la condición “rebelde” contra el “machismo”, sea “islamófobo” o no, no sólo es una ridiculez sino que retrata la obtusa mente del calificador.

Que cada cual disfrute del mar cómo quiera, dentro del orden establecido, pero que nadie nos quiera hacer comulgar con ruedas de molino ni con vestidos de baño para tapar totalmente, menos la cara y pies, a las mujeres –oh, qué curioso: no existe esta prenda para hombres, que aunque sean sarracenos pueden bañarse al modo occidental, qué rebeldía feminista más extraña, ¿no?-, ni perder de vista que la libertad se ejerce de muchas maneras pero que cuando alguien dice ser libre para vestirse –para baño o no- exactamente cómo dice que debe hacerlo su religión machista –sea cuál sea- está más que justificado dudar de su palabra.

20

08 2016

Turismo, riqueza y futuro

Vivimos del turismo de masas. No del selecto, refinado y escaso que descubrió las exóticas Baleares en el último tercio del siglo XIX o en el primero del XX. Sino del masivo y popular que a partir de los 50 empezó a gozar de las vacaciones pagadas, de los sucesores de aquellos primeros franceses que arribaron a Alcudia con el Club Mediterranée –mayorista galo de vacaciones creado en marzo de 1950- y que a velocidad de vértigo tuvo imitadores que de otros países nos trajeron turistas a millones.

Aquel fenómeno cambió nuestras vidas. A infinitamente mejor. Los anti turismo, los que pintan el centro de Palma con proclamas contra los visitantes, deberían saber que hasta 1953 partía de Palma un barco que hacía la ruta regular con Caracas, el último rastro de la emigración isleña hacia Latinoamérica. Y que aun en los sesenta todavía muchos baleáricos, al igual que los agricultores andaluces y extremeños, emigraron a Alemania, Suecia, Francia… -y algunos nunca volvieron- buscando lo que su tierra no podía darles. Así que estar en contra de una actividad económica que en escaso medio siglo ha cambiado tanto y para tan bien las Balearse es una insensatez.

Sin embargo no puede obviarse que nuestro modelo turístico está dando síntomas inquietantes. Veamos qué dice al respecto de cómo nos han ido los últimos 15 años la Fundación Impulsa, dirigida por el economista Antoni Riera: “En el año 2000, la renta per cápita de Baleares a precios constantes era de 28.163 euros mientras que la de un europeo era de 22.912. Y en estos años, Balears ha perdido un 18,3% de renta per cápita, para situarse en los 22.997 euros. Así, todavía queda por encima de la media española, de 22.333 euros, pero se ha quedado por debajo de la europea, que con un crecimiento del 13,4% (…) se ha quedado en 25.977 euros. Más concretamente, de 2000 a 2007 el PIB per cápita balear a precios constantes descendió un 6,4% mientras que en España aumentó un 14,2% y en Europa un 14,3% (a precios corrientes la renta per cápita balear aumentó durante este periodo). Este hecho explica que Baleares perdiera la posición privilegiada de la que gozaba cuando entró el nuevo milenio. Entonces las Islas superaban en más de un 20% el bienestar de un español medio. Pero este diferencial se ha dilapidado: si en el año 2000 Baleares superaba en 6.491 euros la renta per cápita media española, en 2014 solo la superaba en 664”.

Dicho de otra manera: Cada año batimos récords en cuanto al número de turistas que llegan pero la riqueza general, de todos, del conjunto social, disminuye; el trabajo es cada vez de menos calidad, por menos tiempo y en condiciones peores en su conjunto; los sueldos tienden a la baja y esta temporada alta para evitar subirlos incluso se han importado miles de trabajadores de la Península;  de la formación ya nadie se acuerda y, en resumen, la competitividad y rentabilización social del negocio turístico está disminuyendo.

Para más preocupación, el modelo de explotación requiere, por la creciente cantidad de turistas, de un gasto en recursos naturales que aumenta en progresión geométrica. Como el agua, tan en boga estos días. Sólo un dato: un residente consume de media por día unos 130 litros, mientras que un turista llega a los 440 (datos de un estudio de la UIB dirigido por el geógrafo Ivan Murray). A este ritmo de consumo del visitante, cuyo número crece cada año, las cuentas hídricas pronto no saldrán. Y como con esto, con tantas otras cosas: consumo eléctrico creciendo sin control, 90.000 coches de alquiler colapsando autovías y carreteras…

Quizá ha llegado el momento de pararse a pensar un poco en qué hacemos para seguir gozando de los beneficios turísticos. No sea que para que unos pocos se sigan aprovechando del negocio de todos –porque al fin y al cabo vendemos playas, territorio, paisaje, clima… que son de todos-, los muchos, que somos la inmensa mayoría, nos estemos perjudicando. A nosotros mismos y, sobre todo, al futuro de nuestros hijos.

07

08 2016

Rajoy depende de Sánchez

Se insiste una vez y otra en aspectos secundarios, pero por mucho que se abunde en ellos no va a cambiar lo sustancial: la investidura de Mariano Rajoy está en manos del PSOE. Siempre lo estuvo. Desde que se conocieron los resultados electorales.

El acuerdo mercantil al que se llega para el reparto de la Mesa del Congreso y la formación de grupos no debe confundirse con un pacto político para la investidura y/o uno de legislatura. Estos últimos se hacen en función de afinidades ideológicas, los primeros sólo son el mercadeo que siempre se da en el momento de la configuración de todos los parlamentos, el nacional y los autonómicos: yo te voto a ti a la Mesa, tú desde la Mesa me dejas tener grupo parlamentario…. Ha sido así siempre y esta vez no es diferente a ninguna, por mucho que sorprenda que los nacionalistas catalanes voten al PP a cambio de tener grupo.

Una vez resulta la Mesa y la formación de grupos es cuando empieza lo importante. La investidura. Ahí no valen acuerdos puntuales de circunstancias, se trata de pactos entre partidos para votar a un presidente y acordar, si fuera el caso, la composición del gobierno si es que debiera fruto de una coalición.

Y en esta fase las cosas son las mismas que eran. El PP más Ciudadanos suma 169 escaños, y si se adhiere el canario regionalista, 170. Para la mayoría absoluta Rajoy necesita 6 votos más y para la mayoría minoritaria requiere que las abstenciones dejen el ‘no’ por debajo de 170. Tan sencillo como esto. Si no, a nuevas elecciones.

El PP y sus terminales mediáticas llevan un mes dando por sentado que todo estaba hecho. Ahora de repente han descubierto que no. Mientras, Rajoy ha descansado, sin intentar ningún pacto sólido con nadie, ni siquiera con Ciudadanos. Allá él, aunque no se entiende muy bien a qué juega.

Las semanas van pasando y desde luego la fantasía de ser investido antes de agosto ya es imposible. Veremos qué pasa en las siguientes semanas. Pero lo que sea que surja será sobre la realidad aritmética pesada e inexorable que se ha referido. Todo lo demás, en todas las bandas, es parte de las imposturas que quizá crean que deben escenificar -aunque no se sabe por qué ni para qué- pero que no disimula la evidencia: la investidura depende del PSOE.

22

07 2016

El futuro del gobierno de Rajoy

Tras la derrota silenciosa de las tesis de Francina Armengol en el pasado comité federal del PSOE –en el que Felipe González travestido de Susana Días impuso la estrategia suicida de no intentar gobernar – todo indica que Mariano Rajoy alcanzará su deseado objetivo. No quedar para la historia como el único presidente español de la reciente democracia –con la excepción, que no cuenta, del breve Leopoldo Calvo-Sotelo, que ni siquiera se presentó a urnas- que no ha repetido mandato. Es su obsesión. Todo lo demás le importa una higa.

Se nota en la estrategia de pactos que está siguiendo. Lo único que le interesa es que le invistan. ¿Y el gobierno? Qué más da. Aguantará este año y para el próximo su dios dirá. O no. Y si no se hace verbo y deja sin iluminar a su fiel creyente no habría problema muy grave todavía. Porque para eso es gallego, previsor y mal pensado. Así que aprobó los presupuestos de 2017 sin que nadie entendiera para qué –en especial los socialistas- y ahora lo entienden. Y por tanto tiene la opción de prorrogarlos para 2018. El ejecutivo podrá funcionar sin ningún problema, pase lo que pase, excepto que le pongan una moción de censura. Será empezado ese año de dentro de un bienio cuando se le podría torcer definitivamente todo, porque no tendría apoyos para otras cuentas, las de 2019, y cuando sería previsible que la mayoría de bloqueo –todos contra él, aun cuando tuviera a su vera a las huestes del genial Grouxo Rivera, el del veto que nunca existió- le hiciera la vida imposible.

Pero a quién le importa lo que vaya a pasar dentro de dos años. Si Rajoy obtiene la investidura ahora, a la sazón no será más que otro presidente que en su segundo mandato tiene serios problemas y debe avanzar elecciones no por su incapacidad sino por la lesiva oposición de izquierda radical y de un PSOE vendido a los populiestas y etc. que dice que no a todo.

Y quién sabe si todavía no tendrá marcha para intentar otro mandato.

11

07 2016

Rajoy presidente, o no

Si los dirigentes de Ciudadanos y del PSOE cumplen con su palabra, Mariano Rajoy no será presidente. Ni a la primera ni a la segunda votación de la investidura. Claro que apenas nadie confía ya en lo que dicen, porque al fin y al cabo son políticos. La mentira es su hábitat. De todos por igual. Todavía resuena la rotundidad de la promesa hecha por Pablo Iglesias hace dos años, “si pierdo (en las generales) me iré”. Por supuesto se queda. A la sazón era profesor interino de universidad. Ahora no tiene trabajo al que volver porque el profesor que sustituía ha retomado su cargo. Así que el único trabajo que tiene es la política profesional. Lo mismo pasa con Albert Rivera. ¿Acaso alguien de veras se cree que volverá al modesto lugar de trabajo del banco de donde lo sacaron? Claro que no. Igual intenta Pedro Sánchez, perpetuarse. Lo cual ha conseguido ya Mariano Rajoy, que tiene asegurada la sopa boba, como diputado, hasta los 64, al menos.

Volviendo a la cuestión de la investidura, si ocurriera algo tan insólito como que los que dicen que de ningún modo harán presidente, “por activa o por pasiva”, a Rajoy, “sin vetos, pero no lo votaremos”, cumplieran su palabra, el presidente saliente no podría repetir en el cargo.

Mucha gente creyó en la noche electoral que Rajoy iba a ser presidente otra vez. Sin embargo a la vista de la aritmética electoral que surgió de las urnas no lo tiene asegurado. Es posible que la consiga. Incluso probable. Pero no es seguro. Lo único seguro es que conseguirlo le será endiabladamente difícil.

El PP tiene 137 escaños. Aun cuando los 32 de Ciudadanos se le añadieran, no le bastaría. Serían 169. A los que entra dentro de lo muy probable que se le sumasen los dos canarios regionalistas: 171. Muchos, pero todavía insuficientes votos para ganar porque la mayoría absoluta son 176 e incluso en segunda vuelta podría tener una mayoría de bloqueo enfrente: previsiblemente a todo el resto de formaciones. Excepto tal vez al PNV, cuyos 5 diputados podrían quizás votar a favor o abstenerse. Si los nacionalistas vascos le votaran que sí, sería presidente, 176 votos, pero si se abstuvieran, no: 171 a favor, 174 en contra y 5 abstenciones. Ni en segunda vuelta. Y teniendo en cuenta que las elecciones regionales vascas serán en unos pocos meses no parece muy probable que el PNV vaya a pactar dar el “sí” al “monstruo españolista”, no sería una buena manera de iniciar su precampaña electoral.

Así que, en resumen, a menos que consiga todo ese bloque de síes, que es muy complicado, Rajoy necesitaría del PSOE para ser investido. Y esperarlo no entra dentro de lo razonable.

¿Entonces iremos a terceras elecciones? Poder, podría ser. Pero también entra dentro de lo posible que si Rajoy perdiera la investidura, acto seguido el PSOE anunciara que facilitará la  de otro candidato conservador, o candidata más bien, y así vender a sus votantes que ha “eliminado” a Rajoy por el bien de la democracia y el etcétera habitual de los demagogos populistas, y así no forzaría a la vez la convocatoria a nuevas urnas, lo cual, con razón, le aterroriza.

Y una opción final, posible pero todavía más improbable: Rajoy cae y Pedro Sánchez, acuciado por las hachas que en el seno del PSOE quieren decapitarlo, opta, de perdidos al río, por ofrecer un pacto a Podemos, confiando con que -o pactando sin decirlo- que los nacionalistas-independentistas se abstuvieran para investirlo presidente.

29

06 2016

¿Pablo Iglesias presidente?

¿Podría ser Pablo Iglesias el séptimo presidente de la democracia nacida en 1978? No hay que tomárselo a broma. El diario británico The Guardian da verosimilitud a la posibilidad y asevera que no será más que el ejemplo que seguirá en otros países la “nueva” izquierda. Porque, dice, la socialdemocracia, tal y como la hemos conocido, ha muerto o está muriendo. Debido a la complicidad que ha mostrado en las últimas décadas con el capitalismo conservador más salvaje que se ha instalado en el continente tras los rastros desregularizadores de Margaret Thatcher. Es una tesis interesante. Al menos hay que considerarla.

Empezando esta campaña electoral, Podemos, un partido creado para participar en las elecciones europeas de ¡sólo hace dos años!, es bendecido por todas las más recientes encuestas, incluida la del CIS, como segunda fuerza nacional en intención de voto y escaños, tres puntos y medio porcentuales por debajo del PP. O sea, entrando ya casi en la zona de empate técnico en cuanto a votos -no así en escaños, porque todavía adolece de una excesiva concentración en territorios “ricos”- con la primera fuerza. Lo cual facultaría a Iglesias para reivindicar, en caso de que los augures demoscópicos se cumplan en la realidad el 26 de junio, su derecho a ser investido presidente del Gobierno.

Para conseguirlo por supuesto requeriría del voto de los escaños del PSOE. ¿Los tendría? A bote pronto se descarta. Los más conspicuos observadores consideran que no puede ser. Que los socialistas permitirían que el PP siguiese gobernando, de una forma u otra.

Bien, todo puede ser. Pero analicemos con asepsia la posibilidad. ¿Qué ganaría el PSOE dejando gobernar al PP? España no es Alemania, ni el PS germánico es nuestro Partido Socialista. Aquí se “es” de PP o PSOE, al igual que del Madrid o Barcelona. Si Susana Díaz y Felipe González, con perdón por la redundancia, impusiesen la abstención para que los conservadores se mantuvieran en el gobierno, los que todavía “son” del PSOE le huirían con casi total certeza y por ende es razonable pensar que el futuro socialista se asemejaría mucho a la nada. El mismo destino sin duda le aguardaría en caso de aceptar sillas por presidencia, o sea un pacto con Podemos. Sin embargo, si dejara gobernar en minoría a Iglesias, es decir: dándole la investidura pero sin acuerdo mediante, Podemos se encontraría, pasados los primeros meses de vino y rosas, ante problemas de magnitud bíblica, y el PSOE podría reivindicar su fuerza política -de hecho sería el partido que tendría al Gobierno en su mano- y así al menos tener la esperanza de recuperarse.

A ojos ajenos parece claro que esta última opción es la que, llegado el caso, más le convendría al PSOE desde el punto de vista de su interés en sobrevivir. Si bien hay que reconocer que es verdad que para que se concretase debería tener un liderazgo fuerte, con cabeza fría y asumiendo con humildad su condición. Así que por tanto se entiende que muchos den por imposible esta alternativa.

No obstante, ahí está.

09

06 2016

Otegi, esteladas, ultras, democacia y España

La visita de Arnaldo Otegi al Parlamento de Cataluña ha levantado críticas y muestras de irritación. Algunos de los que se han desgarrado las vestimentas deberían recapacitar y aprender usos democráticos. El candidato independentista a presidente regional vasco en las próximas elecciones autonómicas en aquella comunidad tiene sus asuntos penales pagados. Así que concurren en él todos los derechos. Incluido el de la elegibilidad. Por tanto es libre de hacer lo que desee en su intención de alcanzar el máximo posible de votos, incluido ir al Parlamento catalán para hacer ver que absorbe el independentismo pacífico y democrático. Da grima escuchar los chirridos de los que pretendiéndose demócratas desearían quitarle sus derechos y que pagara por su pasado el resto de la vida. Por cierto que ha pasado 6 años y medio en prisión por un delito, enaltecimiento del terrorismo, que en cualquier democracia con menos carencias que la nuestra no está penado porque se consideraría, con buen criterio, como un delito de opinión. Algo incompatible con la democracia. Y que este país todavía existe para oprobio general de los demócratas.

Al mismo tiempo hemos visto que la Delegación del Gobierno de Madrid ha prohibido la exhibición de banderas “esteladas” en el campo de fútbol en el que va a celebrarse este próximo domingo la final de la copa. Casi todos los mismos que han berreado contra la visita de Otegi han jaleado esta aberración gubernativa. La bandera independentista catalana no es anticonstitucional, como algún descerebrado ultra derechista ha llegado a escribir. Es perfectamente legal y la Constitución ampara su uso -como con cualquier otro símbolo- en la libertad de expresar la opinión que se quiera, por mucho que su significado sea la ruptura de la unidad española. Los obtusos derechistas de la Delegación del Gobierno del PP del Madrid no saben distinguir entre un símbolo independentista y uno ilegal, pretendiendo que ambos son sinónimos. No lo son por mucho que los ultras aúllen que sí.

Era sabido que nuestra democracia, por joven, tenía carencias que en otros países no se dan -ley de amnistía de franquistas, pacto de silencio sobre la monarquía creada por Franco, dificultades en la propia Constitución para hacer muy difícil su reforma, circunscripciones electorales anacrónicas…- pero se podía sobrellevar porque íbamos avanzando y creando las bases para futuros cambios que incorporarían a las leyes y a la Carta Magna la normalidad democrática. Sin embargo en los últimos tiempos se producen hechos como los referidos que más que muestras de evolución son pruebas de cómo está involucionando una parte de la derecha hacia posiciones cada vez más antidemocráticas.

19

05 2016

El mamotreto franquista y los partidos

El mamotreto franquista de Sa Faixina sigue dando que hablar. En las últimas semanas sesudos análisis se han hecho sobre el efecto devastador que el empecinamiento rojo tendrá sobre los partidos franquisticidas en las próximas elecciones municipales y autonómicas.

Se ha podido llegar a leer que será algo así como fue el TIL para el PP del ínclito José Ramón Bauzá. Hombre, algún tiempo tendremos que esperar todavía para que los ultraderechistas del Circulo y compañía saquen 100.000 personas a la calle. Porque hasta ahora las grandes manifestaciones a favor de que el mamotreto siga glosando con su mera existencia el recuerdo del insigne Caudillo de España por la Gracia de Dios se han mostrado más bien escasas de concurrencia. Pero todo puede ocurrir en este mundo. Lo prueba que algunos dicen que se ha obrado el milagro de que la cosa ya no sea franquista porque le quitaron el aguilucho, u otra simbología por el estilo, que no sé ni me interesa qué era exactamente, cambiándola por una plaquita. Como si talmente hicieran en el Valle de Sus Caídos y nos dijeran que, ale, ale, milagro, ya no es franquista aquel bodrio arquitectónico y escultórico. Así que ánimo y a perseverar, a ver si en las próximas movilizaciones se supera el millar de nostálgicos y neos.

Por otro lado la lucha política que el PP hace convirtiendo el mamotreto en ariete contra los partidos gubernamentales, PSOE, Més y Podemos, connota la evidencia de cuán mal está el partido conservador y qué cómodos están los progres sin oposición. Que la piedra casposa ésa merezca que el PP la use para animar a su parroquia contra los rojitos muestra qué bien lo tienen éstos para seguir gobernando. Porque en efecto hacen lo que quieren. Es imposible que alguien mínimamente informado y educado en la evolución política electoral pueda creerse que el PP, PSOE, Més y Podem vayan a ganar un voto, o perderlo, por su posición respecto al mamotreto franquista.

Por mucho que tantos se empeñen en exagerar hasta el delirio, el bodrio franquista de Sa Faixina ni vale un pimiento artístico ni su derribo o mantenimiento valdrá un solo voto de más o de menos para ningún partido.

07

05 2016

El mamotreto franquista de Sa Faixina

El monumento de Sa Faixina es franquista. Qué si no iba a ser. Pretender cualquier otra cosa entra en el terreno de lo paranormal. Fue levantado en memoria de los muertos por el hundimiento de un barco de guerra franquista, lo impulsaron franquistas, las autoridades franquistas lo jalearon, los medios de comunicación franquistas lo glosaron, los religiosos franquistas lo bendijeron… Claro que es franquista. Y no debería estar en pie desde hace décadas.

Lo está sin embargo. Y porque hace unos años se le hizo un lavado ideológico discutible parece a ojos de muchos que ya no tiene connotaciones franquistas. Pues sí que las tiene. Claro que las tiene. Igual que las tendrá siempre el Valle de Sus Caídos en Madrid, porque fue edificado por prisioneros de guerra del franquismo para honrar a los caídos franquistas de la dictadura franquista. Y esto no va a cambiarse nunca. Igual que nunca se podrá cambiar el origen franquista del mamotreto de Sa Faixina.

Que la cosa sea franquista no significa, empero, que todos los que piden al ayuntamiento de Palma que no lo tire sean de ese sesgo ideológico. De hecho, con la excepción del círculo de siempre y de algunos ciudadanos de tan provecta edad como añoranza sienten por los felices años grises el resto de críticos son gentes que no pueden ser señalados de esa manera. De ahí que sobren algunas salidas de tono de políticos, como los de Més generalizando de forma absurda sobre el particular.

En esta historia el consistorio palmesano de PSOE, Més y Podemos (o cómo se llame su marca roja de conveniencia) no ha podido hacerlo peor. Si querían tirarlo deberían de haberlo hecho rápido y sin manías, no dejar coger ánimo y fuerza a los críticos.

No se entiende qué hace de pie el mamotreto franquista todavía. Debería haber desaparecido hace muchos años. No obstante aquí está. Ahora ya no hay salida buena para los del ayuntamiento: si lo tira, mal; si lo mantiene, igual.

22

04 2016

Camps, la política y el poder

La consejera de Participación, Transparencia y Cultura -casi nada, todo en uno, una especie de cajón de sastre de la progresía local- Esperanza Camps ha dimitido. Forzada tras constatar su dramática soledad. No porque no la apoyase Francina Armengol, que la quería fuera desde hacía meses. Ni porque no la quisiese Biel Barceló, que llevaba mucho maldiciendo a sus primos menorquines, cada vez menos hermanos, por haberla elegido para el cargo. No, sino porque los dirigentes del partido que la catapultó a la silla, Més por Menorca, también desistieron de ella. La abdicaron, dirían los monárquicos, los cuales, por cierto, y sea escrito a modo de irresistible paréntesis, están de enhorabuena al constatar la buena salud económica de la corona española, que más que corona es un sombrero, un Panamá. Paréntesis cerrado : )

Al haberse cansado de Camps los directivos menorquines pata negra, ella quedó sola y aislada. No tuvo más remedio que decidir lo que tantos y tantos anhelaban que decidiera. Irse. Y así lo hizo. Dimitió regalando una fastuosa rueda informativa, no en vano fue periodista durante más de dos décadas, que esa misma noche y al día siguiente sepultó la iniciativa del gobierno regional, de su consejería por cierto, de crear una oficina para desviar la atención sobre la posible corrupción del exsenador del PSIB-PSOE, Antoni Manchado, hombre de máxima confianza política de Armengol.

Se ignora qué aportó Camps a su consejería, si gestionó bien o mal, por qué concitaba tantos odios entre sus supuestos colaboradores -con este tipo de colaboradores se sube al patíbulo para ser ahorcado-, qué mérito podría haber concurrido en ella para ser aupada ni demérito para ser defenestrada… Sin embargo servidor, al haberla entrevistado el pasado mes de julio, tres semanas después de haber tomado posesión del cargo, puedo dar fe de que cuando hablaba de sus planes de futuro en la consejería siempre añadía el condicional “si es que aguanto”. Propio de quien se sabe ajeno al cerrado mundo de los profesionales de la política.

No ha aguantado. Su destitución encubierta debería hacer reflexionar sobre la creciente degeneración de la política. Cada vez es más difícil que personas que provienen de ámbitos alejados del corral político entren en la gestión institucional por uno u otro partido. Como más importante sea el cargo menos probabilidades existen de que lo ocupe alguien que esté fuera del control del aparato de poder interno de la formación que lo detenta.

Camps ha caído sobre todo por esto. Por no ser profesional de la cosa. Que viva en Valencia es indiferente, al fin y al cabo tuvimos un presidente que vivió en Madrid, y además quienes la eligieron ya lo sabían. Que, como arguyen sus críticos, no conociera de la realidad insular más allá de la cultura clásica -es escritora- en catalán -es catalanista- no es impedimento para ser consejera, no en vano si el conocimiento fuera requisito para ser miembro del gobierno regional, ¿cuántos de los consejeros y presidentes que lo han sido desde 1983 hasta hoy pasarían el examen, fuera éste hecho en catalán o, más probablemente, en castellano?

No. Camps cayó por no pertenecer a los banquillos profesionales que acechan cualquier cargo bien pagado. Siempre por el bien del “país” o, como dicen ahora, de la “ciudadanía”, se sacrifican a cambio de unas buenas docenas de miles de euros al año ejerciendo el cargo en silencio, sin rechistar a los jefes, obedeciendo con sumisión y sin salirse del guión de la política moderna: no existen ideologías sino circunstancias, no hay principios sino intereses y el poder es lo único que importa.

05

04 2016