Sa Feixina, el fascismo, su Cruzada y su Victoria

El horroroso mamotreto de Sa Feixina es tan fascista que incluso lo es el apelativo de la plaza que le da nombre. Es curioso que nadie parezca reparar en ello. Es más: en Palma no hay sólo esa plaza sino también una calle igualmente llamada. Curiosamente se salvan de todas las depuraciones de nombres franquistas. Y más claramente fascista es imposible. Porque es incluso filológicamente fascista. En efecto, una ‘feixina’, fajina en castellano, es un conjunto de haces de leña delgada. Lo que en italiano se le llama ‘fascio’, que viene del latín ‘fasces’, y de ahí proviene la palabra fascismo. Así que no fue por casualidad que a la plaza se le llamase de esa forma, ni lo es tampoco que fuera precisamente en ese lugar donde se erigió el monumento ensalzador –talmente lo exigían las bases del concurso para construirlo- del Movimiento Nacional encabezado por Francisco Franco. Y la importancia política de la cosa no acaba ahí. El presidente del concurso para decidir qué proyecto se realizaría fue un almirante que conspiró en El Ferrol –después ‘del Caudillo’- en el 36 contra la democracia. Tampoco es baladí que el dictador, hombre que no era dado a mucho viajar porque tenía miedo de ser objeto de un atentado, se trasladase de su seguro Madrid a Palma en 1947 para inaugurar el monumento a su régimen.

Valgan estos recuerdos para dejar claro que la “contextualización” de 2010 no sirve de nada. Los monumentos no pueden ser exorcizados. No existe ninguna posibilidad de darle un sentido diferente al que tienen cada uno de los centímetros cúbicos de Sa Feixina. Es puro fascismo. En todos, en cada uno de ellos y en la multiplicación simbólica de su conjunto. Es como el Valle de los Caídos. Y no, no es como las pirámides o los monumentos parisinos napoleónicos, que tanto les gusta poner de ejemplo a los estetas como argumento de preservación. La diferencia es que los damnificados por los faraones o Napoleón no existen. Mientras que los damnificados por los orgullosos constructores de Sa Feixina se cuentan por muchos miles. Mismamente: los familiares de los enterrados en la fosa común de Porreras, asesinados –no ejecutados por una ley injusta pero ley, no: asesinados- por los fascistas.

Si alguien de buena voluntad duda del carácter fascista indeleble de Sa Feixina, pregúntese por qué los familiares de los asesinados por el régimen fascista no se cuentan entre los defensores del monumento fascista. ¿Lógico, no? Pues eso.

Sa Feixina, en fin, debería caer. Debería haber caído hace décadas. Destrozada por un bulldozer. Y sanseacabó. Sin embargo la izquierda evanescente que nos gobierna ha preferido dar largas y más largas, liándose ella misma hasta el punto que lo que ya no debería existir acabará en los juzgados y por tanto seguirá en pie, a saber cuánto tiempo más, glorificando su Cruzada y, sobre todo, su Victoria.

15

07 2017

El referéndum de independencia catalana

Da la sensación de que en Madrid se confunden de objetivo. Si quisieran asegurar la unidad de España para el futuro deberían plantear algo más que la decisión de impedir el referéndum secesionista catalán. Supongamos que en efecto lo abortan. Bien, vale, ya está: ¿y el día después? ¿Acaso creen que el problema político, enorme, se habrá solucionado? Hay que ser muy zopenco para suponerlo.

El independentismo catalán ha desbordado estos últimos cinco años los pequeños recipientes sociológicos en los que tradicionalmente cabía, e incluso le sobraba espacio. Ahora el separatismo es transversal ideológica, política, lingüística, cultural, social y económicamente. Lo hay de izquierdas y derechas, de nacionalista y no nacionalista -por raro que parezca, ilustres secesionistas lo son sin pasar por la fase nacionalista-, de activistas políticos y de activistas -si acaso- del pasotismo, de catalanohablantes y castellanoparlantes -por mucho que éstos, es verdad, sean minoría, pero existen-, de nacidos en Cataluña y en España así como en países extranjeros, y, sobre todo, abrazan el independentismo desde los señoritos de alta condición hasta los hijos de los barrios más deprimidos. Con estas características del movimiento, que trasciende, y por mucho, a los dirigentes de los partidos y asociaciones separatistas, es de una ingenuidad rayana en la idiotez fantasear con que impidiendo el referéndum ya está todo hecho.

Se evitará la consulta, puede que sí, pero acto seguido se tendrá una convocatoria de elecciones en clave, de nuevo, España o independencia. ¿Saben ustedes quiénes van a ganar, verdad? Pues eso. Estaremos en las mismas. Con el añadido, nada baladí, que durante la primera -la presente- fase de la separación, el separatismo habrá conseguido una complicidad internacional nada desdeñable, no sólo, aunque también, por lo que supone el editorial de The New York Times del otro día, sino, sobre todo, por esas puertas que discretamente se abren a los embajadores de Barcelona en Londres, Roma, Moscú, Washington… Sí, no son reuniones oficiales, y desde luego no con primeros espadas diplomáticos. Pero existen.

En cinco años, sólo cinco, el independentismo ha conseguido que en todas las capitales del mundo se sepa que la mayoría de catalane -según recoge la representación parlamentaria del Principado- quieren separarse de esa España que no les quiere dejar votar democráticamente sobre si quieren seguir siendo españoles o no. Sí, ya, desde aquí muchos discuten ese derecho a votar tal cosa, pero lo cierto es que ahí afuera así lo creen.

Y ante este panorama, ¿de veras alguien se puede creer que impidiendo el referéndum se termina el problema?

28

06 2017

Iglesias y Podemos reculan ante el PSOE de Sánchez

La moción de censura de Pablo Iglesias no le ha servido de nada. A menos que algo sea pasarse un montón de horas discurseando en el Congreso. Si de eso se trataba, pues un gran éxito. Ahora bien, en cuanto a réditos políticos, ninguno. Peor todavía: demostró que no supo soslayar la nueva e incómoda situación en que respecto al PSOE le ha puesto la victoria tan clara de Pedro Sánchez en las elecciones internas.

En efecto, en momento alguno sus intervenciones ante el Hemiciclo ni fuera de él consiguieron zafarse de la sutil presión que el portavoz del PSOE, José Luis Ábalos, proyectó sobre él en el debate: que de buen rollo todo el que quisiese pero de pactos nada, que quien lidera la oposición son los socialistas, que si acaso Podemos dé apoyo a una moción de censura futura del PSOE contra el PP -que no avanzó pero no descartó-… y, en fin, todo un conjunto de novedades en la relación Podemos-PSOE que desconcertó al líder podemita, el cual acabó lanzando peticiones de colaboración a la bancada socialista. Impropio de quien de veras quiere liderar la oposición y que pensó esta moción de censura para inyectar más problemas en el PSOE.

Esta situación es inédita desde 2014. A la sazón la aparición de los morados puso a los socialistas a la defensiva infructuosa. Era un PSOE que no acertaba en nada, que en todo se equivocaba y que daba la sensación de que iba a convertirse en una especie de Partido Socialista francés, que se ha quedado en los huesos electorales.

Pero hete aquí que las mal llamadas primarias todo lo han cambiado. Así es. La elección interna de secretario general socialista se saldó con una victoria tan clara de Pedro Sánchez que incluso los barones más cercanos a la fracasada sultana andaluza Susana Díaz han tenido que mostrar vasallaje al madrileño. El cual tiene ante sí unos meses de tranquilidad para imponerse en casi todos los rincones orgánicos del país. Le quedará Andalucía y alguna región más, pero tendrá a su favor la mayoría de federaciones, amén de la comisión ejecutiva y el comité federal. Nada que ver con la debilidad que padeció antes.

Por otro lado, el contexto general también ha cambiado en relación a cuando el PSOE reculaba ante un ofensivo Podemos. La pinza entre los morados y el PP a través de La Sexta TV para liquidar a los socialistas ya ha hecho todo el daño que podía, está más que amortizada. La situación económica mejora lo suficiente como para que el discurso tremendista de Podemos se vea entre amplias capas de población -la clase media, en especial- como un recurso retórico excesivo y un tanto esperpéntico y por tanto está perdiendo su alimento principal, el que quitaba a los socialistas. El auge de los populismos en Europa parece haber tocado techo y amaga a la baja…

Y, por último, el propio Sánchez está actuando durante estas semanas transcurridas desde su victoria interna con mucha más inteligencia estratégica que antes. Habrá aprendido o está mejor asesorado. Pero de momento no ha cometido ninguna de sus ya archi famosas metidas de pata ni ha mostrado sus legendarios cambios de opinión en cuestión de días. Lleva casi un mes de secretario general y no se ha desdicho de nada. Increíble.

Todos estos nuevos elementos que no existían el año pasado no parecen haber sido bien calibrados por un Pablo Iglesias que anunció la moción de censura creyendo que ganaría en el PSOE Susana Díaz y que se ha dado cuenta demasiado tarde que quien está a la defensiva ya no son los socialistas sino él y los suyos, tal y como los sondeos de intención de voto empiezan a dejar ver.

14

06 2017

La España de Pedro Sánchez

Antes de ser defenestrado, Pedro Sánchez defendió la unidad nacional española en un video el que una inmensa bandera española hacía de fondo de escenario y más tarde intentó pactar con los separatistas para pasar a asegurar, impertérrito, que de ninguna manera quiso pactar con ellos. Ahora, en la larga campaña por la elección a la secretaría general del PSOE, aseguró que estaba a favor de una reforma constitucional que convirtiera España en una nación de naciones, en un Estado plurinacional, para acto seguido aseverar que, en realidad, se refería a unas naciones “culturales” y a la plurinacionalidad “cultural”, fuere lo que fuere lo que quisiera decir, que nadie lo entendió. Insatisfecho aún con su proverbial incoherencia de nuevo ha hecho filtrar a los medios de comunicación que su equipo enmendará la ponencia política en el congreso federal del PSOE para que el partido defienda una reforma constitucional que imponga el Estado “plurinacional”, sin que se hayan dado más especificaciones sobre si se trata de la plurinacionalidad tal y como en teoría política se da por definida –el modelo confederal, unión voluntaria de iguales- o bien una interpretación libre de Sánchez y sus muchachos.

El recordatorio de hasta qué punto el secretario general del PSOE no se ve en absoluto lastrado por la coherencia y los principios es necesaria para entender que tratándose de él es imposible saber qué opinará mañana sobre nada en general y en particular al respecto de qué tipo de Estado quiere. No obstante se puede argüir que cuando llegue a la presidencia del gobierno –y llegará- este país es muy probable que cambie profundamente. Nadie puede saber en qué, ni cómo, pero todos sabemos en el fondo de nuestro ser que el líder socialista es tan moderno, tan neo, que cualquier referencia pasada no sirve como elemento comparativo que nos pueda dar una remota idea de la forma que tendrá de presidir el Consejo de Ministros. Un gobierno suyo con Pablo Iglesias de vicepresidente, algunos de esos fantasmas de Podemos en ministerios clave con el apoyo de los nacionalistas post referéndum de segregación a buen seguro que hará las delicias de los periodistas. Es la única certeza que tenemos sobre Sánchez.

27

05 2017

La idiota carrera suicida del PSOE

 

El grado de virulencia de la campaña electoral interna para elegir a quien ocupará la secretaría general está dejando heridas muy profundas en el PSOE. Que no parece que vayan a poder curarse. Decía hace poco Sofía Herranz, ibicenca del equipo de Pedro Sánchez, que su proyecto y el de Susana Díaz son “antagónicos”. Qué hacen en un mismo partido personas con proyectos “antagónicos” da el tono exacto de hasta qué punto el PSOE tiene un problema muy serio. Además, los insultos, las descalificaciones gratuitas, las filtraciones interesadas a los medios de unos contra otros, la tensión bien a propósito creada, la sospecha de juego sucio por ambas partes… ayudan a sospechar que esta vez el Partido Socialista ha ido demasiado lejos en sus tradicionales guerras internas.

No sólo es que se hayan excedido todos, es que además han elegido el peor momento para desmelenarse de esta manera. Hasta las elecciones presidenciales francesas los socialistas argumentaban que su partido no es comparable al PASOK, el socialdemócrata griego, porque tiene mucha más historia, militantes, poder institucional, estructura orgánica y votos. Sin duda. El problema es que desde el pasado domingo día 7 de mayo el Partido Socialista francés le ha dado un nuevo norte para ilustrar su potencial futuro: partido de raigambre acendrada, alto nivel de voto, poder institucional máximo en ejercicio… se abandona a unas delirantes elecciones internas que se convierten en una carrera disparatada en la que lo que importa a todos los contendientes es, ante todo, destrozar al enemigo -es decir, al compañero de militancia que desea ser candidato- antes que fortalecerse mútuamente para vencer al adversario -la derecha externa-, con el resultado conocido. Un mísero 6,3% del voto. Cierto: en primera vuelta. Seguramente para las elecciones legislativas pueda recuperar algo. Pero el golpe está ahí y ha dejado al borde de la muerte al otrora poderoso PSF.

El camino que está siguiendo el PSOE se parece mucho al de sus colegas franceses. La animadversión mutua entre Pedro Sánchez y Susana Díaz, el impulso de los dos a la polarización salvaje, pasional y sin razonamientos, la incapacidad de ambos de mantener el mínimo de dignidad propia, respeto a la militancia y educación ante los ciudadanos, parece dejarles sin raciocinio para comprender que cada voto de afiliado que ganan puede traducirse en la pérdida de muchos más sufragios al PSOE, los de esos ciudadanos progresistas estupefactos ante tanta suicida idiotez.

11

05 2017

El Compiyogui, la Consorte y la Corona

 

Los periodistas cortesanos, casi todos, se han hartado de propagar la bondad de la monarquía de Felipe. Desde que éste recogió la corona que Francisco Franco Caudillo de España por la Gracia de Dios se inventó para poner sobre la cabeza de su padre no han cesado las comparaciones implícitas de su reinado con el de su antecesor, siempre, claro está, extrayendo fácticas conclusiones positivas. Es que no nos lo merecemos de lo bueno que es y ultra bien preparado que está. Y bien casado, sobre todo. La consorte es de lo que no hay, plebeya, normal, del pueblo. Vamos que a poco que te descuides vota Podemos.

Para los fans de esta monarquía inventada por Franco, pues Juan Carlos aceptó ésta rompiendo con la tradicional de su padre en 1969 y 1975, y a estos efectos nada cambia el hecho de que el moribundo viejo rey sin corona al final aceptase su trágico destino y renunciara a ella, no estaría de más que leyeran –en estos días de libros que van de San Jorge a la feria de los ídem- la magnífica obra de Rebeca Quintans “Juan Carlos I, la biografía sin silencios”, que, como es normal en esta democracia borbónica, no es fácil de encontrar pues se le intenta hacer el vacío absoluto, a ver si así poca gente la lee y no se entera de cómo es en verdad el ex jefe del Estado español. Afortunadamente existe internet para soslayar la censura inexistente –aunque como pasa con las meigas…- y hacerse con la imprescindible obra.

Un libro,por cierto, en el que también se nos presenta sin aditamentos, maquillajes ni operaciones de cirugía estética a la consorte actual y a su marido. Un matrimonio que va a superar por mucho al de Juan Carlos y Sofía, en todos los ámbitos.

Una lectura, la de esta biografía, que en estos días es todavía más aconsejable en relación a la consorte pues quizá ustedes hayan reparado en que el detenido en la Operación Lezo y en libertad bajo fianza de 100.000 euros Javier López Madrid es el muy selecto amigo del actual jefe del Estado y de su esposa, quien fue condenado a seis meses de prisión –no entró en la trena, claro- por el escándalo de las tarjetas black. Como se ve tiene una hoja con acendrados servicios a su Patria, que es la del dinero. Pues bien, este personaje es quien recibió, cuando estalló su implicación en las black, el famoso mensaje de la Leti: “sabemos quién eres, sabes quiénes somos, nos conocemos, nos respetamos, lo demás, ‘merde’, un beso ‘compi yogui (miss you!!!)”. Lo escribió el 14 de octubre de 2014, se hizo público en marzo de 2016 y a día de hoy todavía no ha dimitido de consorte.

En fin, esto es lo que hay. Y va a superar de mucho a lo que hubo, que ya tuvo lo suyo, enorme. Lean el libro referido y lo comprobarán.

22

04 2017

Contratos, corrupción, izquierda y derecha

La izquierda tiene una gran capacidad de medir con doble vara las mismas actitudes. Por ejemplo, un oficial de las SS destinado en una cárcel del III Reich asesinando por cuestión ideológica a enemigos de la patria aria es un nazi criminal que merece, como poco, acabar en la cárcel; en cambio un oficial en Cuba en 1960 dedicado a asesinar a enemigos de la santa revolución patria –al que llamaban Che Guevara- es idolatrado como ejemplo de compromiso. Uno y otro asesino son hermanos, no en vano las caras nazi y comunista comparten misma moneda: la de la lucha contra la democracia y la libertad. No hay nazismo bueno ni comunismo decente. Sin embargo nuestra izquierda sí ve diferencias.

Lo comprobamos casi a diario con la actitud del neocomunista Podemos en relación a las dictaduras soviética –ahora que va a celebrarse el centenario de la sangrienta revuelta rusa-, cubana o al engendro venezolano. Los totalitarios, por definición, son buenos si son de izquierda. A ver, no es que no pase esto en la derecha, entendámonos: el PP todo el día está con Venezuela en la boca, pero nunca se le ha notado masticar un poco de franquismo, por poner un ejemplo casero. Pero dado que es la izquierda la que en toda Europa, España y Baleares quiere, según dice, tener un discurso ético superior y alternativo a esa derecha, no es lógico que siga lastrada por tales clichés de pacotilla, propios de progres europeos bien pagados que no vivirían en un real “paraíso comunista” ni hartos de ingerir lo que sea.

Este tipo de izquierda hipócrita se nota a escala doméstica balear a cuenta de la corrupción. Acuérdense de las veces que Izquierda Unida, PSOE y PSM defendieron que no tenían por qué hacer nada más de lo que hacían –nada- en relación a la corrupción de su aliada UM. Fue necesario que Rubalcaba instara telefónicamente a Francec Antich a actuar, un jueves por la tarde de febrero de 2010, para que a nuestros izquierdistas les resultara “intolerable” la corrupción amiga a la que llevaban dando clara, expresa, rotunda y pública cobertura política desde el estallido del caso Bartomeu Vicens en octubre de 2008. Contrasta con esa resistencia a hacer algo el hecho que ante cualquier sombra de sospecha que aafecte al PP siempre les basta para rasgarse las vestiduras y reclamar piras de expiación en plaza pública. Recuérdense de lo que llegaron a decir en 2006 el PSOE, PSM e IU de Jaume Matas por lo de Nóos antes de que se judicializara la cosa, en 2007 de José María Rodríguez a cuenta de Andratx, de… y lo que no dijeron, todo, de sus Xicu Tarrès en Ibiza o Miquel Ensenyat en Esporlas, Mallorca, al ser imputados. Y no tiene importancia alguna, al respecto, cómo acabó cada caso, porque todos fueron iguales, desde el punto de vista ético, en su principio. No obstante la izquierda siempre despreció las denuncias de corrupción si le afectaban a ella o a la aliada y le bastaron y sobraron para atacar brutalmente si correspondían al PP.

Ahora mismo vemos igual actitud con el asunto de los contratos de Més. PSOE y Més echando balones fuera. Que con la dimisión de la consellera sacrificada ya está todo hecho, que no hay que dar más explicaciones y que nada es ilegal porque lo dicen ellos. No cuesta nada imaginarse a los mismos que buscan excusas machando a los sospechosos en caso de que éstos fueran del PP y se encontraran en igual situación.

Allá cada cual con lo que piensa y hace. Que todo el mundo es libre. Faltaría más. Pero no es ésta la cuestión. Lo es si esa izquierda, que siempre ha pretendido estar éticamente por encima de la derecha, es capaz o no de generar un discurso de valores a defender creíble, razonable, coherente y que inspire suficiente confianza como para ser alternativa de poder.

Con esa doble vara de medir situaciones iguales dependiendo del color ideológico, cada vez más claramente percibida por el conjunto social, no parece que sea la mejor forma de conseguirlo.

08

04 2017

Madrid, Cataluña y el TC

En el acto protocolario de dejar el cargo, el hasta hace poco presidente del Tribunal Constitucional (TC), Francisco Pérez, dijo algo que a pesar de ser reproducido por los medios de comunicación, la inmensa mayoría, los de Madrid y resto de las Españas eternas, han intentado olvidar enseguida. Como si se tratase de un acceso febril pasajero que padeció el pobre hombre en el momento de dejar el chollo. Como algo comprensible que, bueno, no tiene ninguna importancia. Y a otra cosa. O sea a lo de siempre, más bien. A dar con la Constitución en el cogote de los pérfidos separatistas. A ver si entran en vereda a base de ridículas inhabilitaciones.

A pesar de la evidente voluntad de no recordar lo dicho por Pérez, su opinión es muy relevante y sobre todo importante para entender de qué se trata, todo en su conjunto. Dijo el saliente presidente del TC que el asunto no puede resolverse “sólo” por parte del susodicho tribunal, tal y como ya avanzó éste en decisión hecha pública en 2014 contra el proceso separatista. Insistía Pérez con un casi ruego: “Por desgracia, desde aquel inicial pronunciamiento nuestro, la tensión no ha cesado. Creo que nuestro planteamiento de entonces y nuestra llamada al diálogo político siguen siendo válidas; diré más, creo que se han convertido en una necesidad inexcusable y urgente”. Naturalmente su petición ha caído en saco roto. En Madrid estas opiniones no se contemplan. En la Villa y Corte lo único que vale es al TC rogando y con la Constitución dando.

Y sin embargo por mucho que se empeñen no van a arreglar nada así. Es verdad, no habrá referéndum ni independencia. Este año. No obstante el éxito español quedará reducido a este corto plazo. Más allá, aunque no les interese nada, hay tiempo y habrá nuevos retos, de muchísima más enjundia –por ejemplo, véase cómo crecen los apoyos internacionales al referéndum y a la secesión- que el actual. En cambio los secesionistas juegan a presente y, sobre todo a futuro. Con el follón que se montará, Puigdemont convocará elecciones. En las que las fuerzas que se auto titulan constitucionalistas van a salir requemadas. Los independentistas -¿alguien lo duda?- volverán a tener mayoría absoluta. Con la diferencia que al frente de la Generalidad estará Junqueras. Un separatista pata negra mucho más inteligente, perspicaz, hábil y eficiente que el negado de Puigdemont o la patulea de los chicos corruptos de Pujol.

Y luego, ¿qué?

En Madrid no saben, no contestan.

24

03 2017

Podemos, periodistas y la Inquisición

Según la Asociación de Periodistas de Madrid (APM) un grupo de profesionales a ella adscritos ha sido “presionado” por parte de Podemos, lo cual, al decir de la susodicha organización, es muy grave e incluso compromete la democracia. No tengo duda de que el partido morado presiona periodistas. Igual que lo hacen todos los demás. Que es lo mismo que practican todas las organizaciones de cualquier tipo que tienen una mínima relevancia. Pocos, muy pocos periodistas deben existir que no hayan sufrido presiones. Es parte del trabajo. Lógico, además. Legítimo, incluso. Claro que hay límites. ¿Cuáles? Pues el que cada cual crea oportuno establecer. Si considera que un político se excede en la presión y se siente amenazado de algún modo para eso existe algo que se llama ley.

No me gusta que exista la figura del “amparo” gremial a periodistas sin determinar qué profesionales han sido presionados y cómo. Porque bajo el anonimato resulta que se está señalando a un partido de prácticas anti éticas sin precisar cuáles son y por quién exactamente han sido perpetradas. No es de recibo. Es inquisitorial porque como en aquellos tiempos ocurría con la siniestra institución católica, se acusa bajo anonimato y se condena no se sabe en razón de qué. Y la excusa que la presidenta de la APM, Victoria Prego, pone al respecto, que se trata de información confidencial y que no se puede hacer pública, ofende a cualquier mediana inteligencia, puesto que si es confidencial y discreta la denuncia, lo decente es que también sea igualmente discreta o secreta la reprobación. Hacerla pública para oprobio general es, sencillamente, indecente.

Y sí, es verdad que el partido neocomunista tiene problemas de relación con sus pares aristócratas -los demás partidos- y con los periodistas. Ahí está de vez en cuando Pablo Iglesias para demostrarlo, con sus comentarios fuera de tiesto y habitualmente producto de su profunda ignorancia, sobre todo cuando habla de historia, o bien con sus hirientes referencias de corte machista contra una presentadora de televisión, contra una periodista que lleva un abrigo caro… Sin embargo no es de recibo que se acuse a los morados de esa forma inquisitorial. Cuando así se hace y resulta que tanto y tanto lo aprovechan ciertos medios acostumbrados a dictar a los políticos qué hacer –unos en la izquierda y otros en la derecha- y ante los que no se ha arrodillado Podemos, la conclusión se impone por obvia.

10

03 2017

Borbón, Urdangarín, Valtonyc y la democracia

Muy poca gente debe dudar que si Cristina de Borbón y Grecia tuviera por apellidos Pérez García otro gallo jurídico le hubiera cantado. Mucho más fiero, desde luego. Todo el proceso estuvo desde el principio, ahora se nota, perfectamente tutelado por las fuerzas que deseaban exonerar a la hermana e hija de reyes españoles. De hecho querían ahorrarle incluso sentarse a la silla del sector de los acusados en un juicio. Sólo la voluntad del juez instructor, José Castro, les impidió conseguirlo. El presidente del gobierno, el ministerio de Hacienda, la fiscalía… todas las estructuras del Estado trabajaron para conseguirlo, intentando ahuencar al máximo la instrucción por lo que a ella respectaba. Y como no se salieron con la suya porque ese juez usó la acusación popular para sentar a las egregias posaderas en el susodicho incómodo lugar durante unos meses, estalló –cosas que pasan en este país, pura casualidad, por supuesto- el escándalo que dejó a la parte acusatoria desprestigiada –con razón- a más no poder. Con estas alforjas el final del viaje procesal no podía ser muy diferente al destino de rositas que fue.

Por si algo faltaba, seis días después el tribunal dejaba al cuñado y yerno de reyes españoles sin ninguna medida cautelar por su acendrado arraigo en España viviendo en Suiza, al mismo tiempo que al otro condenado se le retiraba el pasaporte. Sólo es la guinda del pastel que pagamos entre todos y se comen unos pocos. Como alguien con gracia ha escrito estos días en twitter en “en España la justicia es desigual para todos”.

Al mismo tiempo que se conocía la felicidad urdangarinesca un cantante mallorquín, José Miguel Arenas, era condenado a 3 años y medio de cárcel por la letra de algunas de sus canciones. Por injuriar a la corona española y por enaltecimiento del terrorismo. Delitos de opinión que no deberían ser castigados de esta cruel forma en un país en el que la mayoría de condenados por corrupción han pagado con menos años de prisión. Se ve que aquí lo que molesta no es tanto la corrupción como que con ella se critique a las alturas borbónicas.

Ya siendo hora de que pongamos fin a los privilegios de los Borbón y acabemos con la excepcionalidad legal relacionada con el terrorismo. La corona que ahora lleva Felipe y hasta su dimisión Juan Carlos fue inventada por Franco. Nada altera que el respectivamente abuelo y padre, el pobre Juan, se viera obligado -derrotado y humillado por su hijo- a aceptar la renuncia a la legítima sucesión borbónica y aceptar la que en 1969 el dictador determinó como “designación” y no “restauración”, muy correctamente por cierto. Bien estuvo que en la transición democrática y los años siguientes, muy inestables, se apartara la institución del debate político. Pero esto ya no se puede aguantar. No existe paragón. Ningún otro país tiene blindada como España su monarquía. No es democrático. Es infinitamente mejor un sistema republicano, por supuesto, pero mientras no llegue al menos hay que limar las asperezas tan poco democráticas de esta corona. Y tiene muchas. Por lo que respecta a la excepcionalidad legal a cuenta del terrorismo –por la cual se ha juzgado y condenado al cantante mallorquín- exactamente lo mismo: quizás –y sólo quizás- tuvo su razón de ser en los años duros del terrorismo etarra, pero hoy ya no vale para nada. Es más, se ha convertido en un instrumento peligroso para la democracia. Se debería derogar.

24

02 2017