El laberinto secesionista catalán

El proceso separatista catalán se ha convertido en una especie de laberinto las salidas del cual se han reducido a dos. Al menos así lo explican los iniciados en la cosa secesionista. Una, que no tiene vuelta atrás posible y que por tanto “España” sólo podrá parar la independencia por la fuerza, sea en el grado que sea ésta; así que la salida uno es conseguir la separación de forma rápida o que se impeda violentamente. Dos, que al final no habrá más remedio que bajar velas pero al menos hay que aprovechar la ocasión para dejar a “España” en evidencia ante los países que interesan, mostrándola como un estado que impide el ejercicio democrático, así “sembrando” para el futuro, es decir conformarse ahora con migajas –financiación, trato de hecho bilateral, etc.- y esperar que el contexto internacional y nacional cambie al menos lo suficiente para que pueda llegar a convocarse el referéndum pactado en un futuro a no muy largo plazo.

Esta última teoría tiene a su favor que no parece lógico esperar que el gobierno de un país deje que un 20% de su riqueza se vaya unilateralmente. No ocurren estas cosas. Una ruptura sin consenso de todas las partes no se consigue excepto que sea con sangre mediante. Por tanto estaríamos ante un ejercicio táctico para ampliar el número de apoyos internacionales a la secesión catalana. Y que ésta de ser posible lo sería en otra fase más adelante y, por así decirlo, más madura en cuanto a ayudas de otros países. En Madrid creen que los separatistas no tienen cobijo político en ningún sitio, pero se equivocan. Es cierto que no son gobiernos –no podrían serlo de ninguna manera, por pura cuestión diplomática- pero hay cuadros dirigentes de partidos políticos mayoritarios de, como poco, Alemania, Estonia, Letonia, Lituania, Croacia, Noruega, Suecia y Holanda que comulgan al menos con las teorías de que hay que hacer un referéndum en Cataluña. Amén de más difusos apoyos en otros lugares, incluidos los Estados Unidos y Rusia. Una imposición negativa de Madrid sobre este ejercicio de voto popular reforzaría la idea, que sin duda existe ya, de que España tiene un déficit democrático por este lado. Y podría pasar, en este sentido, que a  medio plazo se dé una situación política interna –nuevas elecciones, un PSOE más proclive que nunca a los nacionalistas, Podemos como segunda fuerza, el PP más disminuido, más fuerza soberanista en Madrid…- que sumada la discreta presión internacional acabe por dibujar un escenario en el que sea posible la famosa consulta.

La primera teoría es la rupturista inmediata. La que defienden los que creen que no cabe estar en España ni un segundo más del imprescindible para “hacer las maletas”. La explican gentes que no responden en absoluto al tradicional apelativo “radical” en ningún sentido ideológico o político, que en muchos casos ni siquiera han pasado por el nacionalismo y que han abrazado el separatismo al llegar a la conclusión de que “con España no hay nada que hacer”. Son, por decirlo de otro modo, aquellos catalanes a los que el ex ministro García Margallo suele invocar como ejemplo de “los hay que recuperar”. Muy tarde, se barrunta. Ignoro qué fuerza tiene ese segmente favorable a la independencia ya mismo. Sin embargo si vale de termómetro lo que dicen la mayoría de medios de comunicación catalanes no existe alternativa a la huida enseguida. Dan por hecho, y más después de los juicios, que lo único que puede impedir la independencia son los tanques, y que éstos “no llegarán porque Europa no lo permitirá”, me decía hace poco un empresario que vive en Barcelona. Es una idea ampliamente aceptada.

En fin, quizá pronto se resuelva el laberinto catalán. O no.

10

02 2017

Trump, Obama y nosotros

Donald Trump ya es presidente de los Estados Unidos. Que es como decir que lo es del mundo occidental. O sea, nuestro. Lo queramos o no sus decisiones nos van a afectar, como lo han hecho las de Barack Obama. Uno de los peores, este último, de los mandatarios de la Casa Blanca en política internacional. Un desastre. En especial para nosotros. Nos ha dejado una guerra en nuestra puerta oriental, en Ucrania, y algo más allá, no mucho, nos ha creado una calamidad morrocotuda, en Siria. Por no hablar de la herencia funesta de la Primavera Árabe que apadrinó que ha convertido en polvorines algunos países del norte africano. Como Libia, mismamente, que lo tenemos a 1.000 kilómetros, o sea a tiro de ciertos misiles; y los italianos al lado. Bien es cierto que su peculiar política exterior ha resultado para Baleares genial, pues ha hundido el turismo en países competidores nuestros, pero las consecuencias del ardiente polvorín norteafricano antes o después nos alcanzarán, y lloraremos.

¿Qué puede suponer para nosotros Trump? Es verdad que en primera instancia su discurso proteccionista no es nada bueno. Es un populista anti globalización. Hermanado con Podemos, en esto. Y con el jefe del estado del Vaticano, el argentino Bergoglio. Y con los del Frente Nacional francés. La globalización capitalista, según datos de la ONU, ha conseguido que la pobreza absoluta en el mundo se haya reducido en dos tercios en los últimos 25 años. No obstante todos los populismos abominan de ella. Es curioso que los mismos europeos súper solidarios que se manifiestan contra la globalización usen teléfonos móviles, ropa, calzado, electrodomésticos… hechos en China, Corea, Taiwan porque son más baratos de fabricar allí que aquí. Deben estar encantados con Trump, pero tal vez no sepan que si cumple sus promesas contra la globalización un smartphone triplicará al menos su precio y lo mismo pasará con otros productos.

De todos modos, no avancemos acontecimientos. A ver qué hace de veras Trump. Porque una cosa es prometer y otra muy diferente hacer. Siempre en todo y con todos ocurre esto, pero en política y con los políticos la diferencia entre lo uno y lo otro se convierte en abisal. Sin embargo hay que reconocer que su mero ejemplo inquieta. Ver esa campaña en Francia de asalto a camiones que transportan vino español recuerda mucho el mensaje de Trump en los estados desindustrializados de Estados Unidos. Si en el país vecino los antiglobalización consiguen convertir en un problema el vino español –entre otros productos- el Frente Nacional será el más beneficiado electoralmente. En Estados Unidos Trump tenía que atraerse el voto de antiguos obreros de zonas desindustrializadas para ganar, y lo consiguió. En Francia, Marine Le Pen, que ya tiene buena parte del voto antiguamente izquierdista en ciudades, debe absorber voto derechista en la Francia de siempre, la agrícola, para ser presidenta de la República este año. Por eso los ataques a los camiones no parecen nada espontáneos. Si los medios hacen de ello un problema nacional cuidado con la Trump francesa, que puede ganar.

22

01 2017

Aznar, el PP y el nuevo partido

Que José María Aznar renunciara el pasado diciembre a la presidencia honorífica del PP por divergencias con la orientación ideológica que está dando la actual dirección al partido se leyó, por parte de muchos, como un indicio de que podría formar un nuevo partido. Que en una conferencia que ha impartido en este inicio de enero en Valencia dijera que de ninguna manera va a fundar otro partido ha caído como un jarro de agua helada sobre los que aspiraban a verle de nuevo cabalgando. De hecho un medio de comunicación aznarista llegó a fantasear con que esa nueva formación obtendría 50 diputados.

En realidad nunca ha sido creíble que Aznar se ponga al frente de otro partido. Diferente es que exista un margen de espacio ideológico y político a la derecha de PP que podría ser ocupado por una nueva formación. Y es cierto que personajes del mundo aznarista como Jaime Mayor Oreja, Alberto Ruiz Gallardón e incluso la siempre aspirante a lideresa Esperanza Aguirre -entre otros muchos de la misma cuerda- están muy descontentos con el tipo de política que hace Mariano Rajoy, y su ubicación ideológica, que olvida aspectos importantes para el PP, como son, entre otros, la reivindicación de la retirada de la actual ley del aborto, la liquidación del matrimonio entre personas del mismo sexo, la derogación de las leyes y normas de lo que la derecha llama “ideología de género”, la reforma profunda o derogación de la ley de Memoria Histórica…y, sobre todo, enfrentarse de otra manera, mucho más a las bravas, al asunto catalán.

Se trata de muchos aspectos que el sector más derechista del PP no entiende que Rajoy haya ido dejando en la estacada y que podrían perfectamente ser el núcleo ideológico de otro partido a la derecha del PP. Porque éste nunca atenderá ya a este segmento de militancia. Si no lo hizo con mayoría absoluta, cómo va a hacerlo en minoría, si ahora mismo incluso aplica tesis socialdemócratas.

No quiere esto decir que vaya a crearse esa nueva formación. Pero el espacio ideológico existe. Y, al contrario de la cosa aquella de Vox, que nunca tuvo ninguna posibilidad de hacer nada, si algunos ex importantes del PP se pusieran al frente -ahí intervendrían los amigos de Aznar, no él directamente- y dispusieran de dinero para montar toda la estructura -porque es de suponer que nadie se creerá que un partido con pretensiones se monta sólo con aportaciones voluntarias de sus afiliados, como dice Podemos que hizo- podría aspirar a erosionar a su ex formación por la derecha. Desde luego mucho menos de lo que esa fantasía de los 50 diputados auguraba, pero sí lo suficiente como para hacer daño a los de Rajoy.

11

01 2017

Bauzá, el catalán y su vuelta

La vuelta de José Ramón Bauzá a la actualidad política no se basa en su -ignota- actividad como senador. Sino por su delirante aspiración a volver a ser presidente del PP balear y cabeza de cartel electoral de su partido en las elecciones autonómicas de 2019. Increíble.

Dejó al PP con los peores resultados históricos en urnas, con un diferencial autóctono muy negativo claramente imputable a su gestión –el partido sin él siempre había tenido más voto que su referencia nacional, tras su paso por el Govern esa diferencia quedó prácticamente en nada- y pretende volver a liderar la formación conservadora. Sin palabras.

Siendo espectacular su intento de regreso, más llamativo son sus promesas estelares. Menos catalán, trilingüismo y fuera ecotasa. ¿De veras ha entendido algo, como dijo haber aprendido, de lo que le pasó? Parece obvio a la luz de lo que dice que no. Que su obsesión lingüística se mantiene incólume, inasequible a la realidad político-electoral que muestra que esto no mueve a favor ni en contra a porcentajes significativos de votantes. Que su fantasmagórico trilingüismo sigue cabalgando entre sus neuronas sin estar contaminado en lo más mínimo por el sentido común que brilló por su ausencia durante su mandato en el que se empeño en imponerlo a lo cutre sin sentido, y esto sí que le reportó un severo correctivo en urnas. Y que añade ahora a sus ya conocidas patologías político-ideológicas la ecotasa, como si ésta fuera de la de 2002, cuando de la actual ya ni siquiera hablan los grandes hoteleros que se opusieron a ella por obligada escenografía, más que nada.

Ah, y le apoya José María Rodríguez. Por si faltaba algo.

23

12 2016

El proceso catalán y el diálogo

Hace un año eso que llamamos Madrid, o sea el gobierno central, mantenía fuera de todo trato de normalidad al gobierno de Barcelona, el autonómico catalán. No lo decía, pero lo trataba como si fuera un apestado. No quería con él trato alguno que no fuera para recibir su rendición incondicional. Por su lado, Barcelona no quería contacto con el pérfido ejecutivo mesetario que no fuese para que éste le subvencionara la separación de España.

Un año después las cosas han cambiado. Madrid ha dejado atrás su cerrazón y ha empezado a hablar con esa perversa Barcelona. Incluso ha enviado a ella a su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, a poner despacho en la delegación de su gobierno en la Ciudad Condal y abrir conferencias discretas con todo el mundo de por allí. En el otro lado, Barcelona se ha olvidado de su formal declaración de hace un año que rechazaba cualquier referéndum y aseguraba que la independencia se tomaría unilateralmente antes del 30 de junio de 2017. Ahora acepta la posibilidad del referéndum para septiembre de ese mismo. Es un cambio muy importante.

¿Estamos ante el camino que conduce al acuerdo? Quién sabe. Pero desde luego no estamos igual que hace un año.

No son pocos los que creen que el gobierno catalán, o al menos una parte, busca alargar y alargar el famoso “proceso” hasta que se acabe éste por inanición. Da la sensación que Madrid es lo que espera que pase. Que ahora que se ha pasado de la independencia antes del 30 de junio de este año a un referéndum en septiembre, se siga sin celebrar esta consulta –naturalmente dando la culpa al terrible Madrid- y se “amenace” con otra declaración separativa unilateral para 2018, y cuando se acerque la fecha, ya se verá qué excusa se pone y así ir ganando años, desgastándose.

No hay que esconder, sin embargo, que Barcelona tiene mal volverse atrás. El órdago ha sido de los morrocotudos y los directivos del separatismo han embarcado a muchos cientos de miles de persones que no son activistas y que en caso de acuerdo para quedarse en España se sentirían, con toda la razón, engañados profundamente. Lo cual implicaría para los restos de CDC y para ERC una posición muy incómoda en el mejor de los casos y terriblemente erosiva en el peor, y a esto sin contar con que puede que sea lo que las CUP deseen para quedarse luego la bandera separatista en exclusiva.

Ya se irá viendo qué ocurre, pero a punto de acabar este año está claro que el 2016 ha significado movimiento en las dos posiciones que a finales de 2015 estaban completamente fijas y que parecían inamovibles.

09

12 2016

Las hienas, el PP, Rita Barberá y los medios

La muerte de Rita Barberá ha impactado de lleno en el PP. Su ínclito portavoz parlamentario, Rafael Hernando, ha llegado a decir, para intentar disimular que se la quitaron de encima cuando les molestó en demasía, que la “apartaron” para “alejarla” de las “hienas” y que sin embargo éstas siguieron “persiguiéndola”. Para hiena hipócrita él mismo que celebraba su defenestración con tanta sinceridad como lamenta ahora su muerte.

Otrosí: los dirigentes del PP suponen y sus medios de comunicación afines fantasean con que “algunos”, o sea las cabeceras progresistas, se ensañaron con la senadora conservadora, una injusticia a su parecer porque al fin y al cabo de lo que se trataba judicialmente era de “sólo 1.000 euros”. Mentira. La acusación fiscal que se cernía sobre su cabeza era grave. De blanqueo de capitales. Delito penado entre seis meses y seis años de prisión. Nada de una cosa sin importancia. Es más, sospechosos del mismo delito, tuvieron que dimitir todos sus concejales, a los que ella mandaba -un detalle, éste, que tampoco carece de importancia- e incluso su partido, el PP, está bajo sospecha de haberse financiado irregularmente a través de ese blanqueo de capitales cuyo origen podrían ser comisiones ilegales. Un marrón muy feo. Cierto: no hay culpables todavía. No, pero sí inocentes que están bajo sospecha y por eso, con todas las garantías judiciales, están imputados. Barberá fue uno de ellos. Así que nada de “sólo 1.000 euros”.

Respecto al supuesto linchamiento mediático es verdad que ha habido medios, en especial televisiones, de orientación izquierdista, que se han cebado con Barberá. Como con Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, José María Aznar… ¿Y? ¿Es que acaso las televisiones de derecha y sobre todo las ultras, no han hecho y hacen lo propio con Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Carles Puigdemont…? Claro que sí. Y en cuanto a los “perseguidos” por ser sospechosos de corrupción sin mediar condena, lo que a juicio de los derechistas que se rompen ahora vestimentas es una intolerable injusticia, ¿es que sólo vale la queja para Barberá, y el resto del PP, y sin embargo no vale para, pongamos por caso, Jordi Pujol? Porque es de suponer que nadie dirá que a Pujol y familia no se les ha perseguido de lo lindo. En especial la premsa, radios y televisiones de derechas y ultras, cuyos tertulianos -siempre muy plurales: de la derecha más rancia a la más extrema, pasando por la radical- dan por hecho con pasmoa facilidad la culpabilidad del ex de la Generalidad catalana -más allá de la irregularidad fiscal de tener, como lo tuvo Emilio Botín y miles de otros ricos españoles, dinero oculto en Suiza- llamándolo de todo menos guapo. Sin que ningún juez lo haya condenado todavía. Así que menos lobos con las fantasías de la “persecución” sufrida por Barberá. No fue diferente a tantos otros casos.

Ahora bien: ¿que hay que debatir sobre la famosa “pena de telediario”? Pues vale, debatamos. Porque es cierto que la Ley de Enjuiciamiento Criminal insta a la autoridad judicial a “proteger la imagen, honor e intimidad” de los detenidos. Lo cual brilla por su ausencia en España. En otros países, por ejemplo en Francia, está prohibido publicar fotos de los detenidos. Así que sí, tal vez deberíamos debatir y en su caso cambiar este espectáculo de gente en las portadas de diarios y oberturas de informativos televisivos esposados y ya estigmatizados pase lo que pase finalmente con su causa judicial. Pero cuidado: debatámoslo y en su caso rectifiquémoslo pero para todos los detenidos. No sólo para los políticos. Tiene sus bemoles que éstos sólo se hayan preocupado de la susodicha pena cuando toca padecerla a alguno de sus colegas y que jamás les molestara cuando afectaba, y afecta, a tantos otros miles de ciudadanos que no pertenecen a su reducida aristocracia.

25

11 2016

Trump, Podemos y el populismo

Donald Trump ya es el presidente electo de los Estados Unidos. Y medio mundo ha quedado estupefacto por la sorpresa. No hay para menos. Un tipo que ha hecho anuncios de todo tipo de productos, presentador de televisión, showman, empresario desastroso y, sobre todo, hábil vendedor de sí mismo… Bueno, aquí tuvimos a Jesús Gil, muy semejante, un visionario del futuro que tendría el populismo: personaje televisivo, empresario desastroso y especulador hábil que de haber vivido ahora a saber cuánto hubiera logrado en política.

El triunfo de Trump ha desatado una extraña reacción histérica en la cúpula de Podemos. No quieren que se les compare con su colega estadounidense. Donald Iglesias se pone de los nervios cuando Albert Rivera y Susana Díaz asemejan su partido al movimiento de Pablo Trump. No tiene por qué enfadarse.

El populismo es muy amplio, lo hay de derechas y de izquierdas, más acentuado en un punto ideológico u otro, pero todo él se define por pretender -falsamente- representar al “pueblo”, a la “gente”, a los de “abajo”… contra la “élite” perversa y corrupta. Esto es su elemento diferencial más importante. Y esto es así desde los albores teóricos del movimiento en la Rusia zarista, en los tiempos de Andrew Jackson en Estados Unidos, en los del Partido del Pueblo en el mismo país… hasta llegar a la eclosión del caso argentino de Juan Domingo Perón, a mediados del siglo XX.

Tras Perón, en síntesis, en América Latina se desarrolló un populismo de raíz supuestamente obrerista e inspirado en el peronismo que fue extendiéndose a partir de la caída de los regímenes militares que asolaron el continente durante los años cincuenta a ochenta. En Argentina es el justicialismo, en Venezuela el bolivarismo… Todos estos movimientos se hermanan por encima de sus diferencias locales en el discurso contra las élites y, en especial, en destrozar la economía de los países que gobiernan. En Estados Unidos e Italia el movimiento mudó luego, en los años noventa, a muy derechista, no sin invocar, empero, el bien del “pueblo” como norte de su actuación, por supuesto, y se centrifugó en los platós de televisión para catapultarse hacia un nuevo estadio evolutivo: tanto el Tea Party como Berluscuni fueron la concreción de este populismo más moderno. Diferente al latino en muchas cosas, pero igual en su esencia.

Trump ha bebido, como dice Susana Díaz, de esas fuentes, igual que lo ha hecho Podemos -aunque este partido además de beber ideología también ha bebido de otros impulsos venezolanos-, pues están hermanados por esa esencia del discurso ideológico: todos los populismos del mundo claro que están unidos en la lucha contra las élites, la libertad de comercio y contra no pocas otras libertades.

Así que las airadas reacciones desatados en Podemos por las lógicas comparaciones que se hacen con el movimiento de Trump no se entienden.

11

11 2016

Izquierdismo no practicante

Al final se lleva el premio el que ha sabido aguantar más, el que ha apurado hasta el mismo límite. Mariano Rajoy. Genial. Brillante. Diez meses sin negociar nada, sin ofrecer nada, sin moverse nada, sin decir nada, sin nada más que nada le han servido para descolocar total y absolutamente a Ciudadanos, Podemos y PSOE y hacerse investir presidente. Tendrá que ser objeto de estudio por parte de sesudos académicos politólogos. Mismamente los dirigentes de Podemos, que lo son todos y ni con esto les ha servido para batir al cínico y mordaz gallego.

Recordemos qué pasaba hace diez meses. Ciudadanos chuleaba al PP y advertía que Mariano Rajoy era el pasado (¡qué sagacidad!). Podemos se atribuía ministerios por un tubo y se choteaba de los derrotados, el PP (¡qué perspicacia!). El PSOE daba lecciones a diestro y siniestro y su ungido nos alumbraba la Nueva Era (¡qué adivino!). Hoy el partido de Albert Rivera no tiene más horizonte que no desaparecer próximamente y se ha entregado en cuerpo y alma al partido al que tenía que sustituir. El de Pablo Iglesias rezaba -es un decir- para que el PSOE hiciera presidente a Rajoy, no fuera que de veras se convocara otra vez a urnas, que tras el palo recibido en junio ha aprendido que las elecciones las carga el diablo, y que éste es tan de derechas como dios. Y el de… ¿de quién?, bueno pongamos que el de Susana Díaz no ha aprendido nada y sigue sin nada entender de todo lo que le pasa, que es mucho y malo y que queda bien resumido en que entre marzo y octubre, en sólo siete meses, ha transitado de tener a mano el gobierno a estar condenado a la oposición por mucho tiempo como siga haciendo el tonto como hasta ahora: más inútil imposible.

Esta izquierda nuestra es magnífica. Prefiere liquidarse entre sí y dar el poder a la derecha antes que pactar entre ella. Es verdad que siempre ha sido más o menos así. Pero hasta la fecha nunca se había evidenciado tan a las claras.

Como decía no sé quién, no es extraño que crezca tanto el número de izquierdistas no practicantes. Cualquiera practica, con esta gente.

27

10 2016

PSOE: abstención, dignidad y elecciones

El PSOE se presentó a las elecciones generales con una promesa central de campaña. Que de ningún modo, “ni por activa ni por pasiva”, iba a permitir, si en su mano estuviera, que Mariano Rajoy fuera investido presidente del gobierno. Así lo cumplió en el intento del conservador de llegar a la presidencia.

Al decir acto seguido el secretario general, Pedro Sánchez, que intentaría tejer un gobierno alternativo al PP, la Sultana andaluza, fiel a su peculiar forma de entender la democracia, organizó junto a sus compañeros de la Coalición Ibex –del Jefe del Estado abajo pocos pero selectos: PP, grandes empresas, bancos…- el golpe interno para acabar con él y torcer de forma bastarda la promesa electoral nuclear de su partido.

Lo recordaba estos días a servidor una fuente de la dirección socialista federal. Que no se trata de oponerse porque sí sino porque es la promesa esencial de la campaña. Y porque tras la abstención vendrán automáticamente otras peticiones de igual rango, porque el gobierno no podrá salir adelante con sólo los votos que le suman al PP Ciudadanos. Para el presupuesto pasará lo mismo: o el PNV saca del atolladero al PP o de nuevo el PSOE tendrá la papeleta. Y tras ésta, pues todas las demás. Será un continuo de peticiones “patrióticas”, “por el bien de España”, “de responsabilidad” y demás zarandajas que desde las filas derechistas se moverán como se han movido para presionar al PSOE. El cual ahora se habrá abstenido para no salir del follón sino para entrar en un bucle del que no podrá escapar porque siempre estará entre sumisión o elecciones.

“Prefiero elecciones con dignidad que abstención sin dignidad”, me resumía un cargo electo del PSIB. Es una opinión bastante generalizada en el Partido Socialista de aquí. También en el de Cataluña. Pero es que otras voces en el sector de Susana Díaz empiezan a darse cuenta de la aberración que han cometido. Porque han dejado entre la espada y la pared al PSOE. No tiene salida posible. Y ante la falta de ella siempre sería mejor perder unos diputados en otros comicios que perder el partido a medio plazo ante Podemos.

07

10 2016

Hermanos Rajoy & Sánchez

El argumento preferido de la derecha derecha y de la derecha socialista para desprestigiar la intención de Pedro Sánchez de intentar formar gobierno consiste en asegurar que qué iba a poder hacer con sólo 85 escaños si incluso el PP con sus 137 ya lo tendría difícil. Decía el gran derechista antinacionalista todavía afiliado al PSOE José Luis Corcuera, exministro en los felices tiempos de la corrupción y el terrorismo de Estado de Felipe González, que la pretensión es “ridícula” e “imposible”. Quién sabe qué podrá ser, pero lo cierto es que es exactamente igual intentar gobernar con 85 que con 137.

En efecto, tan débil sería un gobierno con un apoyo u otro. Porque ambos tendrían ante sí probables mayorías de bloqueo que les impedirían gestionar con mínima eficacia el día a día, ya que tanto daría que uno pudiera perder leyes por un voto o que el otro las perdiera por docenas.

Si Mariano Rajoy es presidente de gobierno, estará no sólo en manos de Ciudadanos y del PNV sino, lo que para él sería mucho peor, del PSOE, por tanto cualquier intento de ley de contenido ideológico derechista decaería si los socialistas quisieran. Si Sánchez llega a la Moncloa no quedará únicamente a expensas de Podemos sino de todo el gran abanico nacionalista e independentista, así que cualquier norma que quisiera aprobar de claro sentido izquierdista dependería de la derecha nacionalista, PNV y ex CDC, que si no la quisieran podrían bloquearla.

La situación es paralela. Con 85 o con 137 lo misma da a efectos prácticos de formar gobierno. Queda claro. Es decir, el argumento antes dicho de la mayor debilidad por el escaso número de escaños socialistas no se sostiene. Tan mala es la posición del PSOE como la del PP, la de Sánchez como la de Rajoy.

No sólo tienen necesidades parlamentarias paralelas, no sólo son tan débiles uno como otro a efectos de poder alcanzar su objetivo sino que también están hermanados en su interés personal primero y luego partidista por conseguir la presidencia o, en su defecto, en su voluntad clara de alargar el máximo posible la situación de bloqueo y, como consecuencia, en querer volver a ser candidatos tras la convocatoria a urnas que su actitud implicaría. Y ya veremos.

Ese ya veremos es la única solución que aportan Sánchez y Rajoy.

24

09 2016