España y Baleares sin Cataluña

Se habla día sí y día también sobre qué pasaría con una Cataluña independiente. De si tendría recursos suficientes o no para funcionar como un Estado serio. Para unos esto es un imposible y el nuevo país acabaría siendo un desastre económico y un drama social. Para otros sería poco menos que el paraíso con dinero de sobras y felicidad general. Quién sabe. De lo que nadie parece preocuparse es qué pasaría con la España que quedaría. Y a efectos regionales nuestros, qué pasaría con Baleares.

De entrada cualquier país que sufriera la amputación de un 19% de su PIB, como sería el caso, recibiría un golpe brutal a su economía en general y a sus presupuestos sociales en particular. Para hacerse una idea: Venezuela, gracias a la gran gestión de ese estadista universal que es Maduro, liquidó un 18% de su PIB en 2016, con el resultado por todos conocido. Si bien es cierto que ese pobre país rico ya venía de caídas grandes en años anteriores debido a la ineficacia corrupta del neo comunismo en forma de populismo que lo destroza desde hace tiempo, el golpe de casi un quinto del año pasado significó un golpe terrible y hundió el sistema de asistencia pública a la población más necesitada. No sería lo mismo en España, por supuesto, porque la situación de partida no puede compararse, pero la pérdida de casi un 20% supondría que quedarían en riesgo de, como poco, disminución severa las pensiones, la sanidad universal y la educación tal y como las conocemos.

Pero, claro, no es creíble que se fuera Cataluña y el País Vasco no le siguiera a corto plazo: un 6% del PIB. O sea que ya nos pondríamos más o menos con una derrama del 25%. A lo que en caso de añadírsele el casi 2% de Navarra, nada menos que España perdería el 27% de las aportaciones a su PIB. Entraríamos entonces en un nivel de drama que debería catalogarse de simplemente como catastrófico.

En esas circunstancias, sobre las regiones económicamente más dinámicas caería la responsabilidad de intentar evitar la ruina. ¿Adivinan el resultado? En efecto: más impuestos para todos pero en especial para nosotros los baleáricos, no en vano somos la región en la que más actividad económica relativa –en relación a la población- existe, lo cual queda en evidencia por el crecimiento que vamos registrando en estos últimos año, en el aumento de población por la inmigración…

En resumen, al margen de lo que cada cual piense sobre si Cataluña tiene o no derecho a independizarse y de qué pasaría con ese nuevo potencial Estado, lo más relevante es el enorme golpe que recibiría la economía española. Por eso nunca España dejará partir a su 19% del PIB. Al menos, sin que medien muchos muertos.

07

10 2017

Madrid da la victoria al independentismo

Cuando los independentistas catalanes aprobaron en el Parlamento del Principado la aberración antidemocrática de la convocatoria del referéndum perdieron toda razón que pudieran tener. Y la tenían, en origen. Porque las excusas de Mariano Rajoy para no permitirles la consulta fueron y son simple y llanamente mentira: la Constitución no prohíbe en ninguno de sus artículos un referéndum consultivo en una región para que sus habitantes opinen sobre lo que se quiera preguntarles. Podría haberse pedido a los catalanes sobre si quieren ser o no independientes. Pero Madrid sigue estando enfermo de los tiempos en que no se ponía el sol en su imperio. No quiso hacerlo. Rajoy no es David Cameron, ni el PP el Partido Conservador y Unionista (que este es su nombre oficial) británico ni el Reino Unido es el triste reino español. Si nuestra realidad fuera homologable a la democracia de allí, Rajoy hubiera asumido lo que explicó el primer ministro ante los Comunes: “puedo no aceptar el referéndum (escocés) porque es ilegal pero la democracia está por encima de las leyes”. A ver si en Madrid aprenden qué es democracia.

No obstante esta evidencia, que Madrid no tenga razón no se la da a Barcelona. Y en el momento en que en ésta se produjo la aberración de convocar el referéndum sin ninguna de las tres garantías esenciales previas que avalan una consulta democrática –censo público conocido con suficiente antelación para ser rectificado si fuera el caso, reconocimiento de la capacidad de convocar la consulta por parte de todas las fuerzas políticas del territorio y control judicial de todo el proceso- el gobierno de Rajoy obtuvo la victoria para sus tesis. Todo un regalo de los separatistas. Lo único que tenía que hacer era mostrarse frío y cerebral, dejar hacer el espectáculo a los secesionistas y actuar en consecuencia a partir del 2 de octubre, con la dureza legal que quisiera pero con tranquilidad.

Sin embargo lo ha hecho al revés. Nadie sabe exactamente qué fue ni cómo, aunque se puede sospechar, pero pocos días después de la aprobación del referéndum algo pasó en Madrid. El PSOE mudó de atacar al gobierno a apoyarlo y Rajoy dejó atrás sus respuestas proporcionales para desproporcionar la contestación del Estado. Y así vino el gran, enorme regalo a los soberanistas: políticos en sus despachos detenidos por la política que llevan a cabo –una imagen terrible en una democracia, que no se ha producido en ningún otro país europeo, ni en Estados Unidos, ni en Canadá…-, movilización de un ejército de policías para ocupar las calles de Cataluña, despojamiento a la Generalidad del control de su policía por decisión gubernativa, ataques cibernéticos, propagación de argumentarios al estilo de las consignas de las dictaduras contra los disidentes… Sí, los independentistas mienten, usan TV3 a su antojo… pero cuidado: en una disputa el que tiene mayor poder es siempre el que es más responsable –sea cuál sea el origen de la discusión-, el que debe evitar los males mayores y quien, de no hacerlo, es el culpable principal de las consecuencias: no debería olvidarse.

Se ha equivocado Madrid al imponer la mano dura, por mucho que esto haga aplaudir a todos los medios de la capital con la excepción de los dos digitales izquierdistas que existen y de la televisión del cutre espectáculo pseudo izquierdista, por supuesto. Se ha equivocado porque de esta manera Rajoy ha dado la comunión certificadora de la profunda división irremediable entre el independentismo –nacionalista y no nacionalista- y el constitucionalismo en Cataluña. Ha roto los puentes. Y lo que es peor para España. Es lo que esperaban, deseaban, anhelaban con desespero los separatistas que hiciera.

De esta manera la Cataluña secesionista ha ganado la batalla de la imagen internacional y aunque pierda la batalla del referéndum habrá generado una acumulación de fuerzas, vía la absurda y estúpida reacción del Estado central, que políticamente fortalecerá como nunca al independentismo que se verá dispuesto a plantear el segundo asalto en un futuro -ya lo preparan- no muy lejano con, entonces sí, alta probabilidades de éxito final.

23

09 2017

El desaguisado antidemocrático en Cataluña

Al final ha habido lo que los dirigentes de las dos partes querían que hubiese. Un enfrentamiento institucional insólito. Se hubiera podido evitar. Pero ya está hecho. Ha pasado y las cosas en las próximas semanas van a empeorar. Y a las dos partes les interesa.

En efecto, Mariano Rajoy y el PP hubieran podido negociar políticamente con los independentistas -¿acaso no lo hacen con los vascos?- a lo largo de los últimos cinco años para rebajar la tensión y buscar ámbitos de acuerdo para que en el futuro se pudiera llegar a un acuerdo sobre un referéndum que la Constitución no impide. Es mentira que lo haga. El gobierno puede convocar una consulta -esto sí, no vinculante- en Cataluña sobre si quieren ser independientes. Y para hacerlo podría haber negociado, pongamos por caso, que se hiciera a medio plazo y con todas las garantías. No hubiera pasado nada, más allá de los aullidos amenazadores de la ultraderecha. Pero el PP no quiso. Porque le interesa mantener viva la polémica. Por la misma razón que la creó con su destructivo recurso al Constitucional contra la reforma del Estatuto catalán: porque le da votos en el resto de España.

La otra parte no está libre de culpas. Es cierto que un demócrata no puede oponerse a la voluntad  expresada por la mayoría -debidamente creada, como es el caso catalán- de los representantes de los ciudadanos de una parte de un territorio, aunque sea la de desgajarse del país al que pertenece. El ejemplo de Escocia -legalmente parte del Reino Unido “para siempre”, según se lee en el Acta de Unión de 1707- es válido: se podría haber argüido esta ley para impedir el referéndum escocés y sin embargo el primer ministro británico, David Cameron, explicó ante los Comunes que ninguna ley puede estar por encima de la democracia. A ver si en Madrid aprenden. No obstante, esto no significa que Barcelona sea inmaculada. En el fondo Puigdemont y sus muchachos usan también el “proceso” tácticamente. Para crear la máxima tensión política posible a costa de la ley -y esto no es lo mismo que lo dicho antes, aunque algunos no tengan cerebro para entenderlo- con la intención de ir a las futuras, no muy lejanas, elecciones de la mejor forma posible para sus intereses.

El resultado del empecinamiento de las dos partes es el que tenemos. Un problema morrocotudo.

Y finalmente: estar al margen de las dos partes exaltadas no es equidistancia sino sentido común democrático y por ende aceptar que se puede hacer un referéndum de separación de España, diga lo que diga la Constitución -siguiendo el ejemplo de Londres que convocó el escocés-, pero no puede hacerse sin las garantías democráticas que la comunidad internacional -tal y como se reconoce incluso en el informe de la Comisión de Venecia, muy favorable a los nacionalistas- ha exigido siempre -el último caso, en Colombia para el de la paz con la guerrilla- como previas a cualquier evaluación del mínimo de participación válida, de cómo ha de ser la pregunta, etc.: uno, que quien convoca debe ser una autoridad a la que se le reconoce esta capacidad por parte de todas, o la inmensa mayoría de, las sensibilidades políticas diferentes que existen en el territorio; dos, que se hace con el censo conocido previamente con el tiempo suficiente para ser, si fuera el caso, depurado y rectificado por el cuerpo electoral; y tres, que la autoridad que supervisa todo el proceso debe ser judicial. Ninguna de las tres concurre en Barcelona.

Así que, en resumen, no todo se pierde por el mismo lado y cada parte tiene su alícuota porción de culpa en este desaguisado que han montado Madrid y Barcelona. Y ahora a ver cómo nos salimos de esto. No será fácil.

07

09 2017

Atentados en Cataluña, no en España

Me dicen que entre los enviados especiales de medios de comunicación extranjeros a Barcelona para cubrir los atentados ha impactado de lleno la “realidad catalana” enfrentada a la española. Sin duda hay que reconocer que la gestión mediática y política por parte de la Generalidad catalana ha sido excelente, para sus intereses. Si quedaba algún medio internacional que no supiera de sus aspiraciones separatistas, tras estos días ya lo tiene la mar de claro. En especial debe tenerlo el del periodista maleducado que se fue de una de las ruedas informativas porque no se hablaba de buenas a primeras en español. Como si hacerlo en segundo lugar, después de en catalán, fuera una ofensa. ¿De donde debió salir ese incivilizado ignorante?

En efecto, la Generalidad ha conseguido en estos días desdibujar absolutamente la presencia de España en Barcelona, si es que todavía quedaba algo de ella. Ni siquiera el intento de traerse a velocidad desesperada -a saber de qué ignoto y lejano lugar de vacaciones- al Borbón, y más tarde a su consorte -y herederas-, ha servido de mucho. Y por cierto: vaya metida de pata la del comunicado en tuiter de los servicios de propaganda de la Casa del Rey, propio de cualquier primario e inculto Trump y no de un jefe del Estado europeo al que se le supone una mínima capacitación para el cargo, más en su caso dado que no es electo y por ende ha podido dedicarse a prepararse para él toda la vida.

Las ruedas informativas con el catalán como lengua primera –como debe ser-, ausencia absoluta de bandera del país a desgajar –excepto cuando Rajoy aparecía para nada decir-, dirección técnica total y general de la investigación y de la matanza de terroristas a cargo de los Mossos de Esquadra y no de los cuerpos armados españoles, separación de víctimas “catalanas y de nacionalidad española”, voluntad expresa –conseguida- de marginación de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, dirección política de la actuación policial en exclusiva por parte de la Generalidad, utilización política del asunto mucho más efectiva y eficiente para la causa separatista que para la unitaria… Y en el colmo de la evidencia de la humillación a España, el inútil ministro de Interior que fue rectificado en público por un cargo menor de los Mossos –sobre la finalización de la investigación- y acto seguido los hechos le dieron la razón a éste, algo impensable en cualquier otro país y por lo cual los enviados especiales internacionales alucinaban, con toda la razón.

En definitiva, la gestión de los atentados de Barcelona ha servido para –aparte de matar terroristas al estilo francés y británico, sin complejos de ningún tipo, no como ocurre en España- para que la parte del mundo que no sabía que Cataluña quiere ser un estado independiente ahora lo sepa y, lo que es peor para la españolidad unitarista, que muchos se han dado cuenta que tiene empaque suficiente para serlo.

22

08 2017

Arran, turistas, políticos y la saturación

Los actos contra el turismo que protagonizan este verano las juventudes de la CUP, Arran, no pasan de ser anécdotas. Será por la falta de noticias que los medios les dan una importancia y cobertura que no tienen ni merecen. Fíjense: Arran en Baleares tiene apenas 20 miembros. ¿En serio alguien puede preocuparse por lo que haga un grupo tan reducido de entusiastas jóvenes? ¿De veras vale la pena montar operativos policiales para identificar a su “cabecilla” –por cierto, para información de la Delegada del Gobierno, María Salom, que talmente dijo: Arran no tienen dirigentes, son todos a una y pueden serlo por ser tan pocos- con la intención de multarlo? ¿No sería más provechoso para el conjunto social que los agentes se dedicaran a su trabajo en vez de perder el tiempo en estas chorradas?…

Además, lo de estos chicos no deja de ser una llamada de atención sobre el serio problema de la saturación turística. No sólo pasa aquí, tal cosa. También la padecen en Barcelona, Roma, Venecia, Dubrovnik… y cada vez hay en estos sitios, y otros, más muestras de descontento popular. Es un fenómeno que se va extendiendo progresivamente, a medida que el número de turistas crece y crece y crece. Según los datos de la Organización Mundial del Turismo en 2016 se produjeron 1.200 millones de movimientos turísticos internacionales y en 2020 la previsión espera que sean 1.600. De los cuales la mitad europeos. Cabe suponer que una buena parte de esos aproximadamente 600 millones de movimientos internaciones europeos actuales buscan el Mediterráneo durante el verano. Así que el problema de hacer frente a esa masa no es de Palma, ni de Mallorca, ni de Ibiza, ni de Baleares… sino es cada vez más global en el sur de Europa.

Ante un fenómeno así, tan masivo, los intentos de acabar con la saturación que pergeña falsamente el Govern, como con la ley de pisos turísticos, no van a servir de nada, es como intentar vaciar el Mediterráneo sacando el agua cubo a cubo. Lo mismo pasa con la metafórica caza al turista de Arran. Con la diferencia que mientras a estos chicos no se les tiene porqué exigir conocimiento de causa a nuestro Govern, y por extensión a todos nuestros políticos, por supuesto que sí. Y ahí radica el problema, ésta es la cuestión. Que actúan como si no lo tuvieran.

Lo primero que se debería sería debatir si de veras existe un problema de saturación turística y cuál es su alcance y magnitud, porque ni siquiera está claro que se dé con la gravedad que algunas voces pretenden, como las del GOB, Podemos, parte de Més y resto de apocalípticos izquierdistas. Si es que no, pues ancha es Castilla. Si sí, a la sazón hay que tomar medidas. Medida, más bien. Sólo hay una posible: impuestos. Aumentar muchísimo la ecotasa y crear nuevos gravámenes a todo tipo de empresas relacionadas con el turismo y así se encarecerá tanto la oferta que se contraerá la demanaen y en cuestión de un par o tres años volveremos a tener unos 10 millones de visitantes extranjeros, que es un límite razonable, según dicen algunos con pretensión de expertos. Ahora bien, también –debe recordarse- cabe armarse de valentía porque pasar de 13 millones de turistas extranjeros en 2016 a 10 millones en ese supuesto futuro supondría una pérdida de muchos miles de puestos de trabajo. Si se habla en serio del límite turístico hay que asumir ese coste. Si no, sigamos como hasta ahora, quejémonos, no hagamos nada y perdamos el tiempo fijándonos en Arran y otras anécdotas veraniegas.

12

08 2017

Feixina, toros, autopista y REB

Nuestro Govern, presidido por Francina Armengol, sigue transitando sin hacer nada espectacular y confiando en que los que se activaron contra el PP en 2011 le basten para repetir en 2019. Es mucho confiar. Porque pasados dos años del alumbramiento del tercer Pacto de Progreso –lo que ellos llaman Acuerdos por el Cambio- poca chicha nos da este gobierno y en general todo el Pacto.

El ayuntamiento de Palma ha conseguido que los servicios de limpieza organizados por el gobierno consistorial del PP, que más o menos funcionaban, se hayan convertido ahora en una fuente inagotable de problemas para los ciudadanos, con quejas continuas por doquier. Es verdad que la ciudad ha crecido desordenadamente y que se hace lo que buenamente se puede, pero poco esto importa al ciudadano medio que ve cómo se ensucia más que nunca y que apenas se da abasto para limpiarla –en especial en lo respecta a la tristemente famosa recogida de trastos-. Los políticos de PSOE y Més capitalinos hablan de no se sabe qué “modelo de ciudad” que están “implementando”, que nadie ve y que seguramente sólo les importa a ellos y a sus fieles. Han hecho cosas bien, qué duda cabe, pero para su desgracia de estos dos años relucen mucho más las carencias, que no son pocas, que los aciertos. Entre estos últimos se cuenta sin duda la voluntad de derribar el mamotreto fascista de Sa Feixina, pero suponiendo que lo consigan es de esperar que no se engañen pensando que justifica un solo día de gestión.

En el Consell de Mallorca estos dos años han servido para poner a punto las obras de la prolongación de la autopista de Palma-Llucmajor hasta Campos. Los mismos que se manifestaban contra el primer tramo, realizado por el Govern de Jaume Matas, ahora perpetran el segundo. No cabe añadir nada más.

Y el pacto del Govern, entre que no tiene apenas dinero para nada y que les gusta más a sus miembros una pelea que una buena comida –como han demostrado, y van…, con la grotesca reforma de la ley del Turismo-, ya no tiene ánimo para nada más que hacer aprobar lo de los toros que el Constitucional dejará en nada y exigir el famoso REB –Régimen Especial de Baleares- a Madrid, una tontería como cualquier otra para ir perdiendo el tiempo, no en vano esa ley existe desde 1998 y nunca se ha cumplido, igual que pasará con lo que sea que alumbre Armengol ahora.

Si no fuera porque en el PP cada día son más los que piensan en cargarse a Biel Company, el resultado de las elecciones de 2019 estaría cantado.

24

07 2017

Sa Feixina, el fascismo, su Cruzada y su Victoria

El horroroso mamotreto de Sa Feixina es tan fascista que incluso lo es el apelativo de la plaza que le da nombre. Es curioso que nadie parezca reparar en ello. Es más: en Palma no hay sólo esa plaza sino también una calle igualmente llamada. Curiosamente se salvan de todas las depuraciones de nombres franquistas. Y más claramente fascista es imposible. Porque es incluso filológicamente fascista. En efecto, una ‘feixina’, fajina en castellano, es un conjunto de haces de leña delgada. Lo que en italiano se le llama ‘fascio’, que viene del latín ‘fasces’, y de ahí proviene la palabra fascismo. Así que no fue por casualidad que a la plaza se le llamase de esa forma, ni lo es tampoco que fuera precisamente en ese lugar donde se erigió el monumento ensalzador –talmente lo exigían las bases del concurso para construirlo- del Movimiento Nacional encabezado por Francisco Franco. Y la importancia política de la cosa no acaba ahí. El presidente del concurso para decidir qué proyecto se realizaría fue un almirante que conspiró en El Ferrol –después ‘del Caudillo’- en el 36 contra la democracia. Tampoco es baladí que el dictador, hombre que no era dado a mucho viajar porque tenía miedo de ser objeto de un atentado, se trasladase de su seguro Madrid a Palma en 1947 para inaugurar el monumento a su régimen.

Valgan estos recuerdos para dejar claro que la “contextualización” de 2010 no sirve de nada. Los monumentos no pueden ser exorcizados. No existe ninguna posibilidad de darle un sentido diferente al que tienen cada uno de los centímetros cúbicos de Sa Feixina. Es puro fascismo. En todos, en cada uno de ellos y en la multiplicación simbólica de su conjunto. Es como el Valle de los Caídos. Y no, no es como las pirámides o los monumentos parisinos napoleónicos, que tanto les gusta poner de ejemplo a los estetas como argumento de preservación. La diferencia es que los damnificados por los faraones o Napoleón no existen. Mientras que los damnificados por los orgullosos constructores de Sa Feixina se cuentan por muchos miles. Mismamente: los familiares de los enterrados en la fosa común de Porreras, asesinados –no ejecutados por una ley injusta pero ley, no: asesinados- por los fascistas.

Si alguien de buena voluntad duda del carácter fascista indeleble de Sa Feixina, pregúntese por qué los familiares de los asesinados por el régimen fascista no se cuentan entre los defensores del monumento fascista. ¿Lógico, no? Pues eso.

Sa Feixina, en fin, debería caer. Debería haber caído hace décadas. Destrozada por un bulldozer. Y sanseacabó. Sin embargo la izquierda evanescente que nos gobierna ha preferido dar largas y más largas, liándose ella misma hasta el punto que lo que ya no debería existir acabará en los juzgados y por tanto seguirá en pie, a saber cuánto tiempo más, glorificando su Cruzada y, sobre todo, su Victoria.

15

07 2017

El referéndum de independencia catalana

Da la sensación de que en Madrid se confunden de objetivo. Si quisieran asegurar la unidad de España para el futuro deberían plantear algo más que la decisión de impedir el referéndum secesionista catalán. Supongamos que en efecto lo abortan. Bien, vale, ya está: ¿y el día después? ¿Acaso creen que el problema político, enorme, se habrá solucionado? Hay que ser muy zopenco para suponerlo.

El independentismo catalán ha desbordado estos últimos cinco años los pequeños recipientes sociológicos en los que tradicionalmente cabía, e incluso le sobraba espacio. Ahora el separatismo es transversal ideológica, política, lingüística, cultural, social y económicamente. Lo hay de izquierdas y derechas, de nacionalista y no nacionalista -por raro que parezca, ilustres secesionistas lo son sin pasar por la fase nacionalista-, de activistas políticos y de activistas -si acaso- del pasotismo, de catalanohablantes y castellanoparlantes -por mucho que éstos, es verdad, sean minoría, pero existen-, de nacidos en Cataluña y en España así como en países extranjeros, y, sobre todo, abrazan el independentismo desde los señoritos de alta condición hasta los hijos de los barrios más deprimidos. Con estas características del movimiento, que trasciende, y por mucho, a los dirigentes de los partidos y asociaciones separatistas, es de una ingenuidad rayana en la idiotez fantasear con que impidiendo el referéndum ya está todo hecho.

Se evitará la consulta, puede que sí, pero acto seguido se tendrá una convocatoria de elecciones en clave, de nuevo, España o independencia. ¿Saben ustedes quiénes van a ganar, verdad? Pues eso. Estaremos en las mismas. Con el añadido, nada baladí, que durante la primera -la presente- fase de la separación, el separatismo habrá conseguido una complicidad internacional nada desdeñable, no sólo, aunque también, por lo que supone el editorial de The New York Times del otro día, sino, sobre todo, por esas puertas que discretamente se abren a los embajadores de Barcelona en Londres, Roma, Moscú, Washington… Sí, no son reuniones oficiales, y desde luego no con primeros espadas diplomáticos. Pero existen.

En cinco años, sólo cinco, el independentismo ha conseguido que en todas las capitales del mundo se sepa que la mayoría de catalane -según recoge la representación parlamentaria del Principado- quieren separarse de esa España que no les quiere dejar votar democráticamente sobre si quieren seguir siendo españoles o no. Sí, ya, desde aquí muchos discuten ese derecho a votar tal cosa, pero lo cierto es que ahí afuera así lo creen.

Y ante este panorama, ¿de veras alguien se puede creer que impidiendo el referéndum se termina el problema?

28

06 2017

Iglesias y Podemos reculan ante el PSOE de Sánchez

La moción de censura de Pablo Iglesias no le ha servido de nada. A menos que algo sea pasarse un montón de horas discurseando en el Congreso. Si de eso se trataba, pues un gran éxito. Ahora bien, en cuanto a réditos políticos, ninguno. Peor todavía: demostró que no supo soslayar la nueva e incómoda situación en que respecto al PSOE le ha puesto la victoria tan clara de Pedro Sánchez en las elecciones internas.

En efecto, en momento alguno sus intervenciones ante el Hemiciclo ni fuera de él consiguieron zafarse de la sutil presión que el portavoz del PSOE, José Luis Ábalos, proyectó sobre él en el debate: que de buen rollo todo el que quisiese pero de pactos nada, que quien lidera la oposición son los socialistas, que si acaso Podemos dé apoyo a una moción de censura futura del PSOE contra el PP -que no avanzó pero no descartó-… y, en fin, todo un conjunto de novedades en la relación Podemos-PSOE que desconcertó al líder podemita, el cual acabó lanzando peticiones de colaboración a la bancada socialista. Impropio de quien de veras quiere liderar la oposición y que pensó esta moción de censura para inyectar más problemas en el PSOE.

Esta situación es inédita desde 2014. A la sazón la aparición de los morados puso a los socialistas a la defensiva infructuosa. Era un PSOE que no acertaba en nada, que en todo se equivocaba y que daba la sensación de que iba a convertirse en una especie de Partido Socialista francés, que se ha quedado en los huesos electorales.

Pero hete aquí que las mal llamadas primarias todo lo han cambiado. Así es. La elección interna de secretario general socialista se saldó con una victoria tan clara de Pedro Sánchez que incluso los barones más cercanos a la fracasada sultana andaluza Susana Díaz han tenido que mostrar vasallaje al madrileño. El cual tiene ante sí unos meses de tranquilidad para imponerse en casi todos los rincones orgánicos del país. Le quedará Andalucía y alguna región más, pero tendrá a su favor la mayoría de federaciones, amén de la comisión ejecutiva y el comité federal. Nada que ver con la debilidad que padeció antes.

Por otro lado, el contexto general también ha cambiado en relación a cuando el PSOE reculaba ante un ofensivo Podemos. La pinza entre los morados y el PP a través de La Sexta TV para liquidar a los socialistas ya ha hecho todo el daño que podía, está más que amortizada. La situación económica mejora lo suficiente como para que el discurso tremendista de Podemos se vea entre amplias capas de población -la clase media, en especial- como un recurso retórico excesivo y un tanto esperpéntico y por tanto está perdiendo su alimento principal, el que quitaba a los socialistas. El auge de los populismos en Europa parece haber tocado techo y amaga a la baja…

Y, por último, el propio Sánchez está actuando durante estas semanas transcurridas desde su victoria interna con mucha más inteligencia estratégica que antes. Habrá aprendido o está mejor asesorado. Pero de momento no ha cometido ninguna de sus ya archi famosas metidas de pata ni ha mostrado sus legendarios cambios de opinión en cuestión de días. Lleva casi un mes de secretario general y no se ha desdicho de nada. Increíble.

Todos estos nuevos elementos que no existían el año pasado no parecen haber sido bien calibrados por un Pablo Iglesias que anunció la moción de censura creyendo que ganaría en el PSOE Susana Díaz y que se ha dado cuenta demasiado tarde que quien está a la defensiva ya no son los socialistas sino él y los suyos, tal y como los sondeos de intención de voto empiezan a dejar ver.

14

06 2017

La España de Pedro Sánchez

Antes de ser defenestrado, Pedro Sánchez defendió la unidad nacional española en un video el que una inmensa bandera española hacía de fondo de escenario y más tarde intentó pactar con los separatistas para pasar a asegurar, impertérrito, que de ninguna manera quiso pactar con ellos. Ahora, en la larga campaña por la elección a la secretaría general del PSOE, aseguró que estaba a favor de una reforma constitucional que convirtiera España en una nación de naciones, en un Estado plurinacional, para acto seguido aseverar que, en realidad, se refería a unas naciones “culturales” y a la plurinacionalidad “cultural”, fuere lo que fuere lo que quisiera decir, que nadie lo entendió. Insatisfecho aún con su proverbial incoherencia de nuevo ha hecho filtrar a los medios de comunicación que su equipo enmendará la ponencia política en el congreso federal del PSOE para que el partido defienda una reforma constitucional que imponga el Estado “plurinacional”, sin que se hayan dado más especificaciones sobre si se trata de la plurinacionalidad tal y como en teoría política se da por definida –el modelo confederal, unión voluntaria de iguales- o bien una interpretación libre de Sánchez y sus muchachos.

El recordatorio de hasta qué punto el secretario general del PSOE no se ve en absoluto lastrado por la coherencia y los principios es necesaria para entender que tratándose de él es imposible saber qué opinará mañana sobre nada en general y en particular al respecto de qué tipo de Estado quiere. No obstante se puede argüir que cuando llegue a la presidencia del gobierno –y llegará- este país es muy probable que cambie profundamente. Nadie puede saber en qué, ni cómo, pero todos sabemos en el fondo de nuestro ser que el líder socialista es tan moderno, tan neo, que cualquier referencia pasada no sirve como elemento comparativo que nos pueda dar una remota idea de la forma que tendrá de presidir el Consejo de Ministros. Un gobierno suyo con Pablo Iglesias de vicepresidente, algunos de esos fantasmas de Podemos en ministerios clave con el apoyo de los nacionalistas post referéndum de segregación a buen seguro que hará las delicias de los periodistas. Es la única certeza que tenemos sobre Sánchez.

27

05 2017