Sánchez, el PSOE y los separatistas a la greña

12

10 2018

Los separatistas andan a la greña. ERC no se fía ni un pelo de Junts per Catalunya (JxC) y éste todavía menos de aquél. Y el PDCAT está dividido en dos, entre los que se sienten más de JxC que de sus propias siglas y los que piensan que es de sentido común alinearse con la estrategia de los republicanos. En Madrid, mientras tanto, el PSOE ha decretado la contención, que nadie dé por hecha la división independentista, pero los socialistas no son capaces de disimular la satisfacción que sienten, previa a la euforia, por la posibilidad, que ellos dan por – casi – inexorable, de que el bloque secesionista se rompa y, tras unas nuevas elecciones autonómicas en Cataluña, se pueda alumbrar un gobierno transversal – ERC, PSC, Colaus y quizás algo del PDCAT- que, piensan, reconduciría la situación a un estadio de conllevancia razonable, aunque no fuera una solución porque ésta, al fin y al cabo, no existe.

Hay que reconocer que el optimismo socialista se basa en una suposición del todo lógica. El único factor que puede impedir la independencia catalana -además del uso de la violencia- a corto o medio plazo es la ruptura del bloque separatista. Sólo así la liberación del país catalán quedaría suspendida hasta nueva orden – a cambio de un significativo incremento de la capacidad de autogobierno para la Generalidad -, la cual no llegaría pronta sin de forma tardía.

Si Pedro Sánchez lo consiguiese, está convencido que a la sazón el éxito le catapultaría a niveles de apoyo popular en las urnas que permitirían al PSOE dejar muy atrás la zozobra vivida durante los últimos años. Más aún por su política de solapar por la izquierda a Podemos. Entre una y otra se alumbraría, creen los estrategas de la rosa, una nueva fase de hegemonía que sin llegar a la de Felipe González, que fue de casi 14 años, se le acercaría en su longevidad. Tanto es así como que en Palma el PSIB confía a ciegas en ese éxito de Sánchez, convencido como está que arrastrará a parte de sus exvotantes -los que desde 2011 se fueron a la abstención y/o, más tarde, a Podemos- de nuevo al redil y que le darán cuatro años más de Govern, como poco.

El análisis se basa en la incapacidad -que, es verdad, ya detectan las encuestas últimas, al contrario de lo que todos creíamos que pasaría- del PP de Pablo Casado de remontar el vuelo, que el crecimiento de Ciudadanos ha tocado tope y que la irrupción de Vox debilitará el bloque derechista en beneficio socialista. Ergo el éxito catalán y la política nítida de izquierdas de Sánchez serán suficiente para, dada la fragmentación que existe a la diestra y Ley de Hondt mediante, subir como un tiro en el número de escaños.

Todo puede ser, sobre todo en política. Y hay que reconocer que lo que está ocurriendo en Barcelona y en Madrid en las últimas semanas parece dar razón a los estrategas socialistas y validar al análisis referido. Sin embargo, es todo tan frágil todavía que cualquier mínima desviación sobre lo previsto podría desbaratar de golpe las previsiones y el feliz edificio rosa – hoy sólo sobre planos teóricos – desmoronarse sin remisión.

Veremos.

España se va de Cataluña

22

09 2018

El periodista Antonio Casado se lo atribuye a Alfredo Pérez Rubalcaba: “lo malo no es que Cataluña quiera irse de España; lo malo es que España se está marchando de Cataluña”.

Rubalcaba es un tipo inteligente y sagaz, ni siquiera sus más acérrimos enemigos -que son legión- se lo niegan. Y por haber ocupado los cargos que ha detentado, por su estrecha -estrechísima- relación con los intrincados ejes del poder verdadero del Estado -no todos lo que ocupan importantes cargos acceden a ese poder- y por su gran capacidad de análisis la sentencia que ha dictado sobre la situación política en Cataluña debería hacer reflexionar. Aunque bien pensado a estas alturas ya no se sabe sobre qué se podría reflexionar ni quiénes deberían hacerlo. Porque la verdad es que cada vez va quedando más nítido que no hay nada que hacer, tal y como viene a decir Rubalcaba.

En estos momentos Pedro Sánchez es el único recurso real que tiene España de conseguir aplazar la secesión (sólo esto: aplazarla, nada más). Su libertad de actuación, al margen de principios ideológicos y de obediencias políticas, le confieren la capacidad de entenderse con el separatismo más pragmático con el objetivo de no provocar una escalada de acción-represión que se descontrole. Si lo consigue estaremos ante un mero acuerdo táctico para la parte catalana -para la sanchista sería estratégico, un golpe de efecto que espera que le permitiera ganar las próximas elecciones generales- que como precio se cobraría una autonomía todavía mucho más potente de lo que es ahora, lo que le serviría para fortalecerse y para asegurarse que en la próxima ocasión estaría en condiciones reales de tumbar al Estado en Cataluña, porque España ya no estaría de ningún modo en ella. Es el camino vasco: ir carcomiendo por dentro la españolidad para que cuando quede sólo el frágil caparazón romperlo sin apenas sacrificio. Siempre habrá algún sacrificio -no hay independencia unilateral sin sangre-, por supuesto, pero será mínimo. Y los independentistas lo saben. Y Rubalcaba también.

¿ Cuando será la secesión, dentro de 20 años, como dice Puigdemont? ¿Menos de 10 como creen los estrategas indepes más lúcidos?… No lo podemos saber. Pero sí conocemos algo del todo cierto: la unidad de España a largo plazo es cada vez para más españoles – “pues que se vayan”, “que no nos chupen más la sangre”, “adiós y a buscarse la vida”…- una ficción imposible de mantener, y no tanto es así por la actitud de los separatistas como por la increíble pero cierta deserción española en Cataluña. Por una o por otra razón el resultado va a ser el mismo.

La negociación Sánchez-Torra

10

09 2018

Cien días de Pedro Sánchez. Cien días de relación con Quim Torra. Poco tiempo para extraer concluciones. Sin embargo algo se ha movido respecto al páramo que eran antes las relaciones institucionales entre los gobiernos de Madrid y Barcelona.

Los hay que se fijan sobre todo en la propaganda de cada parte, en los discursos respectivos, en las puestas en escena… y no se puede negar que en política todo ese aspecto formal es importante para evaluar cómo se relacionan dos partes en debate o disputa. No obstante, no estamos ante dos gobiernos normales. Uno es fruto de las consecuencias de haber retado a la legalidad constitucional -nada de golpe de Estado, lo que hubo fue una desobediencia absoluta parlamentaria y ejecutiva a la ley, pero no una ruptura por la fuerza de ésta, no es lo mismo- y el otro fue posible debido a una moción de censura, vía de acceso al poder insólita hasta el momento en España. Ambos son, por tanto, excepcionales -al menos en la primera acepción de la palabra: “que se aparta de lo ordinario, o que ocurre rara vez”- y por ende sus circunstancias no tienen nada que ver con los antecesores de ninguno de los dos. Es en este sentido que no son normales. Y para el caso que ocupa este análisis, el hecho de no ser normales invalida cualquier pretensión de analizarlos como si lo fueran. Por tanto es imprescindible arañar más allá de lo que emiten para intentar dar con algo que sea más consistente y permita obtener si no conclusiones -pues es muy pronto para ello- sí al menos conocer destellos de cómo van sus relaciones.

Y en esa pretensión de estudio de cómo se relacionan Madrid y Barcelona hay dos destellos que no pueden pasarse por alto. Las reuniones secretas y que bajo tanta pasión discursiva no ha habido más pasos ilegales.

En efecto, desde la reunión entre Sánchez y Torra ya son al menos cuatro ministros españoles y otros tantos consejeros catalanes los que se han visto en secreto. Se han conocido estos encuentros a posteriori pero en ningún caso se ha podido saber sobre qué negociaron. Cuando se consigue ese secretismo es porque ninguna de las dos partes negociadoras filtra, y esto pasa raras veces y sólo quiere decir una cosa, con absoluta seguridad: que ambas quieren llegar a un acuerdo. Lo cual es nuevo, importante y muy positivo. Recuérdese que con Mariano Rajoy en Madrid y Carles Puigdemont en Barcelona se rompía bien a posta cualquier atisbo de diálogo, mismamente el que intentó el PNV, que pudiera amenazar, por remoto que fuera el peligro, el feliz enfrentamiento. Ahora las cosas, por ese lado, son muy diferentes.

También contrasta con la fase anterior que la parte del enfrentamiento que tiene sobre sí la carga de la prueba, Barcelona, no ha vuelto a realizar ninguna acción ilegal y que por mucho que se revista de grandilocuencia rupturista de momento se conduce con prudencia negociadora. Lo que contrasta tanto como el negro sobre el blanco con la actitud del anterior jefe de ese gobierno regional.

¿Quiere todo esto decir que habrá un acuerdo? No. Pero sí quiere decir que se intenta. Que ya es mucho.

Sánchez, Franco y el Valle de los Caídos

26

08 2018

 

Acabando el mes de agosto y con septiembre a punto de iniciarse vamos enfilando hacia los primeros cien días de Pedro Sánchez al frente del Gobierno. En este tiempo -durante el cual se supone que los nuevos responsables institucionales muestran sus credenciales a los ciudadanos- el presidente del Ejecutivo no ha decepcionado. Ha trasladado con absoluta fidelidad su manera de hacer política en la oposición a la forma de gobernar el país. Todo en él son clichés propagandísticos, destellos de ideas nunca desarrolladas, principios que se multiplican y contradicen a conveniencia en función del único objetivo: aguantar en La Moncloa cómo sea, con quién sea que le apoye para conseguirlo y a costa de lo que sea. Nada diferente en su esencia a Mariano Rajoy, podría aducirse. Y sin duda es así. Rajoy prometía bajar impuestos y los subió más que nunca, aseguró mano dura con el nacionalismo y pactó con el PNV el adelgazamiento definitivo de España -lo poco que queda de ella- en el País Vasco… Así que no hay que tener vanas esperanzas. Ni el PSOE será jamás una alternativa ideológica al PP ni viceversa, ni Sánchez hará olvidar a Rajoy… y lo que podría resultar mucho peor: a ver si nos convierte a Zapatero en un gran estadista. 

Si algo queda claro de estos cien días es que Sánchez intentará aguantar con pactos de todo tipo con Podemos y con los independentistas catalanes -el apoyo de los separatistas vascos del PNV ya lo tiene comprado a buen precio-, pero ni así se asegura del todo poder gobernar de veras, además de aguantar en la cómoda silla. Bien podría ser que, como Rajoy durante dos años, no pudiera más que vegetar en La Moncloa. Conocedor del riesgo, el presidente ha intentado en estas semanas iniciales ofrecer mucho aparato de imagen, tal y como ha hecho con la política de inmigración, y centrarse en la venta de lo más ideológico que entiende que puede ofrecer a su parroquia: Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de (su) Dios.

Que el qué hacer con el polvo del dictador sea lo más tangible de la política desplegada por el Gobierno de Sánchez en estos cien días da el tono exacto tanto de la capacidad del presidente como de la seriedad de su gestión. Ahora bien, que este asunto sea una especie de revival interesado por parte de Sánchez -de lo que no cabe ninguna duda- no sella ningún derecho a mantener el Valle de los Caídos como el mausoleo a posta del dictador. No existe parangón. No hay monumento funerario de Hitler en Alemania, ni de Mussolini en Italia, ni de Stalin en Rusia… No debe haberlo de Franco en España. Que la extracción de los restos del dictador sea políticamente interesada y que tenga tanto el aspecto de cortina de humo no la convierte en menos justa.

Sánchez, Armengol y el famoso REB

14

08 2018

La breve visita de obligado cumplimiento de Pedro Sánchez a Palma, para departir con Borbón sobre no se sabe muy bien qué, culminó estas vacaciones con el desplazamiento a la sede del gobierno regional, donde su compañera de partido, Francina Armengol, trabaja desde junio de 2015. Todo fueron sonrisas y buen rollito, como es norma en este tipo de encuentros protocolarios que no tienen un orden del día ni, mucho menos todavía, intención de concretar acuerdo alguno.

Por eso mismo, por no tener razón de ser más allá del encuentro en sí mismo, sorprendió que nuestra jefa de gobierno se desmelenara con una valoración política de la visita según la cual ambos ejecutivos trabajarían a partir de ahora con denuedo en la consecución del archi famoso REB, o Régimen Especial de Baleares. Talmente como si hasta la fecha no hubiera hecho nada de nada al respecto, lo cual es cierto y deja la confesión como un desliz de insólita sinceridad tratándose de políticos.

¿Cabe confiar en que el Gobierno nacional de Sánchez sea más sensible al REB que el de Mariano Rajoy?

La experiencia aconseja mucha prudencia. Más todavía: escepticismo. Sobre todo porque tal y como se plantea en Palma el régimen de privilegios susodicho es un imposible legal. Ni la Unión Europea (UE) lo aceptaría jamás ni tampoco en el Congreso sería posible aprobarlo. Recuérdese: la UE acepta privilegios fiscales nada más que para las regiones llamadas ultraperiféricas, la más cercana de las cuales es Canarias, a casi 1.000 km del Continente; de broma es suponer que las Baleares, a 200 km, puedan caber en el cesto. No menos importante es la falta de apoyos parlamentarios que tiene el PSOE -si es que de veras el partido federal quisiera aprobar los privilegios isleños- para sacar adelante una ley sin sentido de discriminación objetiva de una región rica para serlo más en relación a las pobres de España. Una reivindicación típica del nacionalismo que en Madrid desdeñan aunque se la tragan cuando se trata de Cataluña y País Vasco porque a la fuerza ahorcan, pero como todos sabemos no es nuestro caso.

Por estas razones Sánchez no quiso comprometerse a nada en Palma. Excepto a ese siempre recurrente, en boca de políticos, “trabajar” sin descanso en pos del objetivo, un deseo tan sincero como cuando anuncian una comisión de estudio para equis cosa y la cosa queda así condenada a dormir el sueño de los olvidados por siempre jamás.

Otra cosa es que como Armengol necesita con desespero algo que pueda parecerse, aunque sólo sea en el nombre, al REB, acepte al final lo que Sánchez quiera darle, que no puede ser ni privilegio fiscal ni mucho menos obligaciones de inversión del Estado en la región. Y al respecto de esto último conviene conocer que la justicia ya ha dictaminado que una ley, ni siquiera una orgánica como es un estatuto de autonomía, no hablemos ya de otra común, como sería el caso, no puede obligar a inversiones concretas del Estado en una región pues éstas deben canalizarse a través de convenios bilaterales firmados ad hoc. Si no, no hay nada que reclamar. Que es una manera de decir que ya pueden ponerse cantidades fijas en las leyes -hágase memoria con los 400 millones anuales de inversión obligada del Estado en Balears que incluyó  la reforma del Estatuto isleño en 2007, tan celebrados en su momento como nunca llegados con posterioridad- que no sirven para nada.

Dicho de otro modo: un REB con ningún privilegio fiscal y con mucha palabrería de inversión sin efectiva obligación alguna podría alumbrarse antes de las elecciones autonómicas del próximo año, para que sirviera de banderín de enganche electoral de Armengol.

De Sánchez a Armengol y acabando en el PI

28

07 2018

Pedro Sánchez, como era previsible, quiere agotar la legislatura hasta el último minuto. Así lo ha dicho en una entrevista. Es la primera vez que habla claro al respecto –y casi de cualquier cosa, porque es de los políticos que tienen una incompatibilidad biológica con la verdad y la claridad-, y se contradice –por supuesto- con lo que aseguraba cuando pedía el voto para ser presidente. Ande yo caliente… Por esto mismo, porque ya está caliente en su mullido sillón del despacho presidencial, no va a facilitar la convocatoria avanzada a urnas. Sólo una rebelión de sus dos principales patas de apoyo –Podemos y los indepes catalanes- le podría tumbar, y quizá ni así siquiera caería porque podría aguantar con los Presupuestos prorrogados hasta el final regular de la legislatura. Si Mariano Rajoy estuvo un año y medio de presidente sin nada hacer, por qué no podría imitarle Sánchez durante dos. No hay razón alguna que se lo impida, si de veras quiere.

Claro que la inestabilidad sería en ese caso crónica. La que ya se ha probado en el Congreso. ¿Qué supondría para nuestra Francina Armengol este nuevo escenario? En estos momentos veraniegos la presidenta regional está a la espera. De ser llamada por el presidente para reunirse con él en Madrid. Ansiosa y expectante. Así lo cuentan en el Govern. Están algo mosqueados por algunos de los movimientos de Sánchez pero confían en que todo sea debido a la relativa improvisación a la que ha obligado acceder al poder de la manera vista. Y que a medida que vayan amoldándose al poder los nuevos equipos de cada ministerio las cosas empezarán a fluir. En ese sentido en Palma dan una importancia capital a la reunión Sánchez-Armengol. “Será el momento en que todo se desatascará”, cuentan los de aquí. No descartan nada, ni que haya nueva financiación autonómica ni, mucho menos, el famoso REB, la gran bandera de la jefa del gobierno local.

Los socialistas consideran esencial conseguir tal rédito para presentarse con muchas garantías a las elecciones. Garantías de que Armengol pueda recoger en votos la buena imagen que ha conseguido tener entre las bases progresistas y que la consecución de un éxito como el REB podría consolidar como trampolín a un resultado en urnas nunca visto por el PSOE balear.

Si por el contrario el REB no llega antes de mayo de año que viene, la posición relativa del PSIB y de la presidenta ante las elecciones no empeorará mucho pero Sánchez le habrá arrebatado –que tenía casi ya en su mano con el PP- ese trampolín hacia el puñado de votos en los cuales puede estar la diferencia entre gozar de o quedarse sin la mayoría absoluta de izquierdas –la suma de los escaños de PSOE, Podemos y los dos Més-. Sin tenerla se vería arrojada a las manos de los regionalistas del PI que optarían entre ella y Biel Company -al frente de los escaños del PP apoyados por los de Ciudadanos- como ocupante de la silla presidencial de nuestra región.

Sánchez no aplaca a los independentistas

13

07 2018

Que los independentistas catalanes van ganando la partido a España es indudable. Es verdad que a efectos tácticos van a ser buenos chicos. Les conviene. Como suele decirse: dan un paso atrás para coger más impulso. En su cruzada no hay otra posibilidad que la victoria. Su empresa trasciende la lógica terrenal y política. Se trata de mesianismo. Como cualquier otro intento de secesión por las bravas, necesita esa condición, sin ella no hay éxito posible. Por eso les da igual que el PP les persiguiera o que Sánchez quiera comprarlos. A uno lo ignoraban y de otro se quederán lo que les dé y seguirán en sus trece. Para el observador político neutral son políticos admirables que superan con creces a los miopes -como poco- que menudean en Madrid.

Para los que duden que los separatistas van ganando, consulten la prensa internacional -la de Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Italia, Suiza…- y leerán -la traducción automática permite entender el sentido- artículos, editoriales y opiniones que se refieren a España como un país en el que un demócrata sentiría miedo de vivir en él. Es indiferente que cualquiera de nosotros creamos que están equivocados, es la imagen que tienen ahí afuera de nuestro país. Y todo es debido a la propaganda, muy hábil y efectiva, que están llevando a cabo los secesionistas, sin que el Estado sea capaz de contraprogramarles nada. Y no me refiero a Mariano Rajoy y sus inútiles. Sino al actual Gobierno. Lo de José Borrell a cuenta del embajador en Estados Unidos es de risa. Y talmente eso levanta entre los soberanistas.

Fíjense en lo delirante de este episodio: Quim Torra fue a Madrid a reunirse con Pedro Sánchez con el que por lo visto sintonizó la mar de bien y, acto seguido, viajó a Edimburgo donde puso a España de chupa de dómine ante el regocijo antiespañol de toda la prensa británica, incluida la BBC, -lo más agradable que dijo fue que España no es una verdadera democracia- y el gobierno nacional, lejos de recriminarle nada, le regaló otra reunión al día siguiente de los número 2 de cada ejecutivo para que vayan acordando unos 6.000 millones de obsequio extra a la Generalitat. ¿Cómo se podría pensar que no están ganando? Imposible.

Es verdad que Sánchez en estos momentos necesita a los independentistas y por lo tanto está pactando con ellos en secreto todo lo que está en su mano pactar -que es mucho: véase al respecto su suave respuesta al torpedo que nos ha enviado el tribunal alemán y que ha impactado en plena línea de flotación de la credibilidad internacional del Estado- y por ende no va a hacer nada en su contra. Faltaría más. Lo importante es lo primero, y ante todo hay que mantenerse en el poder. Pero que sus intereses sea éstos no obsta para que al menos intentase disimular. Ni por casualidad.

No menos erosivo para España es la historia negra de Borbón padre recién conocida, contada por una de sus antiguas amantes. Posible corrupción brutal en la Jefatura del Estado que al menos justificaría alguna reacción al respecto. Nada. Ni una palabra. El actual titular de la Jefatura del Estado no tiene opinión, el presidente tampoco, el ministro de Justicia igual, la fiscalía anticorrupción no sabe no contesta, el Ministerio de Hacienda se hace el sueco… Y los independentistas asegurando con razón que esto es la España cañí de pandereta podrida y aplaudiendo con las orejas el espectáculo que nos hunde un poquito más en el fango asqueroso de la corrupción generalizada.

¿Alguien puede dudar de que el secesionismo está ganando en verdad la partida?

Francina Armengol ante el nuevo Madrid

27

06 2018

La presidenta baleárica, Francina Armengol, ha visto cómo se desvanecía la razón que la ha animado desde hace tres años. Mariano Rajoy. La socialista captó muy pronto que era imposible conseguir obras tangibles para los ciudadanos que le pudieran dar réditos en las futuras urnas de 2019. Peor todavía: en pocas fechas entendió que no podría ahorrarse las críticas por el flanco ecologista y el más izquierdoso, con el riesgo potencial de perder unos votos que aunque fueran pocos, según cómo se distribuyeran todos en las próximas elecciones, pudieran resultar esenciales para que ella mantuviera el poder o, por el contrario, lo perdiera por un puñado de papeletas. ¿Qué hacer?

La socialista pensó a la sazón que nada mejor que recuperar la vieja estrategia de los presidentes regionales que ven peligros en el horizonte por su incapacidad de gestionar con resultado concretos para los ciudadanos. Dar la culpa al maldito Madrid, epítome de todo lo malo que en este ultramar pueda uno imaginarse.

Así lo puso en marcha desde la primavera de 2016. A cuenta de la reforma de la financiación autonómica y de la reivindicación del nuevo Régimen Especial de Baleares esperaba elevarse por encima de las disputas partidistas y aparecer ante los ciudadanos como la defensora de todos los baleáricos ante la terrible Villa y Corte que nos sojuzga por ser isleños.

A lo largo de dos años ha estado pergeñando su invento, amplificado con esas reuniones con el ministerio de Hacienda y otros ámbitos que nos iban dejando la evidencia de la perfidia madrileña al no darnos ni el REB –largas, nos daban- ni mucho menos la reforma de la financiación. Ergo, el pobre gobierno de Armengol -se deducía- estaba siendo ahogado en sus dineros y por tanto poco podía hacer. No porque no quisiera o no pudiera sino porque Madrid lo impedía.

Y de repente estalla la maldita moción de censura de Pedro Sánchez, a quien ella no dio apoyo en las elecciones internas del PSOE. Con el madrileño viviendo en La Moncloa a la baleárica se le acabó de forma abrupta su tan estimada estrategia plañidera.

¿Y ahora? Ahora lleva un mes pensando y repensando en cómo recuperar la iniciativa y compensar los destrozos. No le será fácil. Aunque, todo hay que decirlo, el hecho de que en el PP estén cómo están le da una ayuda que sin ella estaría a las puertas del desastre.

Pedro Sánchez, los separatistas y el futuro

09

06 2018

Ya está. El primero paso, dado. El gobierno de España ha rectificado. De perseguir sin misericordia alguna a los independentistas catalanes ha pasado a ofrecerles un generoso premio para que aparquen la secesión -de momento, aunque en el fondo sabe que no existe alternativa-. Así lo ha hecho público la ministra de Política Territorial: diálogo con ellos para un cambio constitucional y recuperación de partes ilegalizadas por el Tribunal Constitucional en 2010 del Estatuto catalán reformado. Claro que entremedias de la rectificación se ha producido un ‘pequeño’ cambio: el de titular del Ejecutivo.

Servidor lo ha analizado de forma recurrente en los últimos años. Con la ley y la Constitución actual no hay ninguna salida posible, que no solución. Lo dicho por Meritxell Batet es eso. Y recuérdese: ella y su jefe de filas, Miquel Iceta, se han mostrado favorables a indultos y a todo lo que sea necesario para que los presos salgan de la cárcel. Por supuesto: si el Gobierno de Mariano Rajoy ha estado aprovechando cualquier resquicio legal para sacar a la calle a los etarras, cómo no iba el actual Ejecutivo a excarcelar enseguida que pueda a quienes al fin y al cabo no han cometido otra cosa que una desobediencia al Tribunal Constitucional y al Gobierno, lo cual es grave, sin duda, pero no estamos, como algunos fantasean, ante un golpe de Estado, ni una rebelión ni siquiera una sedición –en el caso de los políticos, diferente es en el caso de los dos dirigentes de organizaciones civiles-, tal y como cientos –no unos pocos, cientos- de expertos juristas han dicho una y otra vez.

Los separatistas llevan varios años demandando “diálogo” a Madrid. Pues bien, ahora Madrid va a anegarlos a base de diálogo. Pedro Sánchez se lo ha empezado a chorrear con una manguera de gran calibre y seguirá así hasta que Torra y los dirigentes del PDCAT y ERC se ahoguen de tanto diálogo como tendrán que tragar. De Puigdemont no se preocupa. Su futuro político está escrito: ninguno.

Al nuevo presidente la cuestión catalana le resulta esencial en su estrategia política. Se trata de un hombre sin principios ni ideología, lo cual le permite unos márgenes de maniobra que ningún otro líder de cualquier partido político nacional ha tenido jamás. Al ganar la elección directa por parte de los militantes ni siquiera cree deberse a su formación. Está por encima del PSOE. Así actuó –al presentar la moción de censura sin consultarla, como se supone que debería haber hecho, con la afiliación-, así actúa –con la oferta a Torra y compañía que rectifica todo lo dicho y hecho por el PSOE hasta ahora al respecto- y así seguirá actuando en el futuro. Como su extrema debilidad parlamentaria le cercena casi todas las posibilidades de gestión, Cataluña y algunos otros escasos gestos generarán su imagen pública, y ésta será el contenido de su gestión.

Los desobedientes catalanes son su mejor baza, o única quizás. Da igual que por ahora no sea posible la reforma constitucional, pues no están por la labor el PP y Ciudadanos. Con hacer política, en esencia de gestos, le bastará. ¿Con qué objetivo? Obvio. Ganar las próximas elecciones y luego ya se verá. Pero por ahora todo, absolutamente todo lo fía a ese objetivo. Dicen algunos que eso es imposible y que será castigado por las urnas. No apuesten por ello. Estamos ante un personaje único. Un político fascinante sin ideología ni principios de ningún tipo. Bien que lo ha demostrado. Es un error caer en el fácil menosprecio. Quienes lo han hecho, como Susana Díaz y Mariano Rajoy, entre otros, lo han pagado caro. Todos lo ‘matamos’ cuando se lo cargaron sus compañeros y sin embargo ahí lo tienen al cabo de veinte meses exactos: sentado en el sillón de presidente del Gobierno.

La censura, Sánchez y el futuro de España

26

05 2018

En Europa y Estados Unidos se tiene claro que Mariano Rajoy ha usado la cuestión catalana, al menos en parte, para tapar los innumerables casos de corrupción que lastran no sólo a su gobierno y a su PP sino, lo que es mucho peor, a todo el país. A eso que ha venido en llamarse la Marca España. En efecto, los grandes medios de comunicación como The New York Times, Washington Post, The Times, The Guardian, Le Monde, Le Soir, La Stampa, Corriere della sera, Der Spiegel, Frankfurter Allgemeine Zeitung, entre muchos otros, no dudan de esa voluntad y de la consecuencia para el menguante prestigio español. Así puede leerse en editoriales, artículos de opinión y análisis que se pueden consultar aunque no se lea en esos idiomas a través de la traducción automática, que hoy en día permite algo más que comprender el sentido general del escrito.

Que ahora Mariano Rajoy esté bajo la guillotina política de una moción de censura no extraña a nadie, en el mundo, por tanto, dado el enorme volumen de corrupción que lo sepulta. Algunos medios, por ahí fuera, se preguntan que por qué ha tardado tanto el líder socialista en dar el paso. Porque la ventana de oportunidad se le ha abierto ahora, deberían explicarles sus corresponsales en Madrid. Lo relevante de toda esta historia ha sido pillado por analistas y editorialistas de los medios internacionales que concluyen que un presidente socialista al frente de un gobierno “provisional” –hasta las siguientes elecciones, se entiende- podría “encarrilar” la cuestión catalana mejor, dado que no estaría atado por la corrupción, al contrario de lo que pasa con Rajoy.

No es mal análisis. Al menos es verdad que Sánchez podría abrir canales de diálogo con los separatistas y dado que el socialista no tienen ningún principio ideológico ni político al que respetar -bien que lo ha demostrado- no le sería difícil incluso llegar a acuerdos para que al menos la situación en Cataluña no se degrade más.

Claro que para que esto pudiera darse tendría que prosperar la moción de censura. Lo que no será fácil. Dependerá, cómo no, del PNV. Y como los nacionalistas vascos han demostrado ser más sibilinos que los catalanes no nos enteraremos de lo que pudieran haber pactado en secreto hasta que los hechos consumados nos lo alumbraran. No obstante, algo en verdad podría verse bajo los focos públicos: un gobierno de Sánchez, con apoyo de todos los nacionalistas, separatistas y Podemos podría al menos iniciar en comisión parlamentaria un foro de debate, serio, sobre la reforma constitucional como alternativa a la secesión primero catalana y, luego, vasca. Es la única solución posible. Nadie sabe si ya se está a tiempo. Pero si se está, ésa es la única solución. La suma de PP y Ciudadanos hace inviable ahora la reforma, pero no el comienzo del debate. Sería un pequeño paso para el Congreso, pero un gran paso para la unidad -reformada- de España.

De todos modos hay que repetir que la censura prosperará sólo si al PNV le interesa. Que si no, pues no. En este último caso la jugada podría tornársele en contra a Pedro Sánchez. Se habría arriesgado a ser tildado como poco de “traidor”, sin desmerecer la posibilidad de que en caso de fracaso le brotaran rebeliones internas, por querer aceptar los votos de los separatistas, y el resultado habría sido quedar bajo los cascos de los caballos a la carga de Ciudadanos.

Sin embargo, si se sale con la suya tendrá suficiente tiempo por delante –ya ha dicho que no convocará a urnas “de forma inmediata”- para dejar: a) al PP destrozado, en la oposición, peleándose unos contra otros y con la perentoria necesidad de buscar un nuevo líder, y todo en medio de la tormenta de encuestas negativas; b) a Podemos acotado a una posición menos que secundaria, por mucho que pudiera molestarle con iniciativas legislativa: el presidente sería Sánchez y por ende él sería la única referencia institucional de la izquierda, es decir la única alternativa de poder a la derecha, no Pablo Iglesias, y c) a Ciudadanos le habría roto el paso de lo que los naranjas suponían una plácida cabalgada militar hacia La Moncloa, pues debería reorganizar su estrategia y buscar su nueva ubicación para atacar a un PSOE muy crecido, algo que no sabría cómo hacer, al menos hasta pasados muchos meses, lo cual daría una significativa ventaja a los socialistas.