Madrid, Cataluña y el TC

En el acto protocolario de dejar el cargo, el hasta hace poco presidente del Tribunal Constitucional (TC), Francisco Pérez, dijo algo que a pesar de ser reproducido por los medios de comunicación, la inmensa mayoría, los de Madrid y resto de las Españas eternas, han intentado olvidar enseguida. Como si se tratase de un acceso febril pasajero que padeció el pobre hombre en el momento de dejar el chollo. Como algo comprensible que, bueno, no tiene ninguna importancia. Y a otra cosa. O sea a lo de siempre, más bien. A dar con la Constitución en el cogote de los pérfidos separatistas. A ver si entran en vereda a base de ridículas inhabilitaciones.

A pesar de la evidente voluntad de no recordar lo dicho por Pérez, su opinión es muy relevante y sobre todo importante para entender de qué se trata, todo en su conjunto. Dijo el saliente presidente del TC que el asunto no puede resolverse “sólo” por parte del susodicho tribunal, tal y como ya avanzó éste en decisión hecha pública en 2014 contra el proceso separatista. Insistía Pérez con un casi ruego: “Por desgracia, desde aquel inicial pronunciamiento nuestro, la tensión no ha cesado. Creo que nuestro planteamiento de entonces y nuestra llamada al diálogo político siguen siendo válidas; diré más, creo que se han convertido en una necesidad inexcusable y urgente”. Naturalmente su petición ha caído en saco roto. En Madrid estas opiniones no se contemplan. En la Villa y Corte lo único que vale es al TC rogando y con la Constitución dando.

Y sin embargo por mucho que se empeñen no van a arreglar nada así. Es verdad, no habrá referéndum ni independencia. Este año. No obstante el éxito español quedará reducido a este corto plazo. Más allá, aunque no les interese nada, hay tiempo y habrá nuevos retos, de muchísima más enjundia –por ejemplo, véase cómo crecen los apoyos internacionales al referéndum y a la secesión- que el actual. En cambio los secesionistas juegan a presente y, sobre todo a futuro. Con el follón que se montará, Puigdemont convocará elecciones. En las que las fuerzas que se auto titulan constitucionalistas van a salir requemadas. Los independentistas -¿alguien lo duda?- volverán a tener mayoría absoluta. Con la diferencia que al frente de la Generalidad estará Junqueras. Un separatista pata negra mucho más inteligente, perspicaz, hábil y eficiente que el negado de Puigdemont o la patulea de los chicos corruptos de Pujol.

Y luego, ¿qué?

En Madrid no saben, no contestan.

24

03 2017

Podemos, periodistas y la Inquisición

Según la Asociación de Periodistas de Madrid (APM) un grupo de profesionales a ella adscritos ha sido “presionado” por parte de Podemos, lo cual, al decir de la susodicha organización, es muy grave e incluso compromete la democracia. No tengo duda de que el partido morado presiona periodistas. Igual que lo hacen todos los demás. Que es lo mismo que practican todas las organizaciones de cualquier tipo que tienen una mínima relevancia. Pocos, muy pocos periodistas deben existir que no hayan sufrido presiones. Es parte del trabajo. Lógico, además. Legítimo, incluso. Claro que hay límites. ¿Cuáles? Pues el que cada cual crea oportuno establecer. Si considera que un político se excede en la presión y se siente amenazado de algún modo para eso existe algo que se llama ley.

No me gusta que exista la figura del “amparo” gremial a periodistas sin determinar qué profesionales han sido presionados y cómo. Porque bajo el anonimato resulta que se está señalando a un partido de prácticas anti éticas sin precisar cuáles son y por quién exactamente han sido perpetradas. No es de recibo. Es inquisitorial porque como en aquellos tiempos ocurría con la siniestra institución católica, se acusa bajo anonimato y se condena no se sabe en razón de qué. Y la excusa que la presidenta de la APM, Victoria Prego, pone al respecto, que se trata de información confidencial y que no se puede hacer pública, ofende a cualquier mediana inteligencia, puesto que si es confidencial y discreta la denuncia, lo decente es que también sea igualmente discreta o secreta la reprobación. Hacerla pública para oprobio general es, sencillamente, indecente.

Y sí, es verdad que el partido neocomunista tiene problemas de relación con sus pares aristócratas -los demás partidos- y con los periodistas. Ahí está de vez en cuando Pablo Iglesias para demostrarlo, con sus comentarios fuera de tiesto y habitualmente producto de su profunda ignorancia, sobre todo cuando habla de historia, o bien con sus hirientes referencias de corte machista contra una presentadora de televisión, contra una periodista que lleva un abrigo caro… Sin embargo no es de recibo que se acuse a los morados de esa forma inquisitorial. Cuando así se hace y resulta que tanto y tanto lo aprovechan ciertos medios acostumbrados a dictar a los políticos qué hacer –unos en la izquierda y otros en la derecha- y ante los que no se ha arrodillado Podemos, la conclusión se impone por obvia.

10

03 2017

Borbón, Urdangarín, Valtonyc y la democracia

Muy poca gente debe dudar que si Cristina de Borbón y Grecia tuviera por apellidos Pérez García otro gallo jurídico le hubiera cantado. Mucho más fiero, desde luego. Todo el proceso estuvo desde el principio, ahora se nota, perfectamente tutelado por las fuerzas que deseaban exonerar a la hermana e hija de reyes españoles. De hecho querían ahorrarle incluso sentarse a la silla del sector de los acusados en un juicio. Sólo la voluntad del juez instructor, José Castro, les impidió conseguirlo. El presidente del gobierno, el ministerio de Hacienda, la fiscalía… todas las estructuras del Estado trabajaron para conseguirlo, intentando ahuencar al máximo la instrucción por lo que a ella respectaba. Y como no se salieron con la suya porque ese juez usó la acusación popular para sentar a las egregias posaderas en el susodicho incómodo lugar durante unos meses, estalló –cosas que pasan en este país, pura casualidad, por supuesto- el escándalo que dejó a la parte acusatoria desprestigiada –con razón- a más no poder. Con estas alforjas el final del viaje procesal no podía ser muy diferente al destino de rositas que fue.

Por si algo faltaba, seis días después el tribunal dejaba al cuñado y yerno de reyes españoles sin ninguna medida cautelar por su acendrado arraigo en España viviendo en Suiza, al mismo tiempo que al otro condenado se le retiraba el pasaporte. Sólo es la guinda del pastel que pagamos entre todos y se comen unos pocos. Como alguien con gracia ha escrito estos días en twitter en “en España la justicia es desigual para todos”.

Al mismo tiempo que se conocía la felicidad urdangarinesca un cantante mallorquín, José Miguel Arenas, era condenado a 3 años y medio de cárcel por la letra de algunas de sus canciones. Por injuriar a la corona española y por enaltecimiento del terrorismo. Delitos de opinión que no deberían ser castigados de esta cruel forma en un país en el que la mayoría de condenados por corrupción han pagado con menos años de prisión. Se ve que aquí lo que molesta no es tanto la corrupción como que con ella se critique a las alturas borbónicas.

Ya siendo hora de que pongamos fin a los privilegios de los Borbón y acabemos con la excepcionalidad legal relacionada con el terrorismo. La corona que ahora lleva Felipe y hasta su dimisión Juan Carlos fue inventada por Franco. Nada altera que el respectivamente abuelo y padre, el pobre Juan, se viera obligado -derrotado y humillado por su hijo- a aceptar la renuncia a la legítima sucesión borbónica y aceptar la que en 1969 el dictador determinó como “designación” y no “restauración”, muy correctamente por cierto. Bien estuvo que en la transición democrática y los años siguientes, muy inestables, se apartara la institución del debate político. Pero esto ya no se puede aguantar. No existe paragón. Ningún otro país tiene blindada como España su monarquía. No es democrático. Es infinitamente mejor un sistema republicano, por supuesto, pero mientras no llegue al menos hay que limar las asperezas tan poco democráticas de esta corona. Y tiene muchas. Por lo que respecta a la excepcionalidad legal a cuenta del terrorismo –por la cual se ha juzgado y condenado al cantante mallorquín- exactamente lo mismo: quizás –y sólo quizás- tuvo su razón de ser en los años duros del terrorismo etarra, pero hoy ya no vale para nada. Es más, se ha convertido en un instrumento peligroso para la democracia. Se debería derogar.

24

02 2017

El laberinto secesionista catalán

El proceso separatista catalán se ha convertido en una especie de laberinto las salidas del cual se han reducido a dos. Al menos así lo explican los iniciados en la cosa secesionista. Una, que no tiene vuelta atrás posible y que por tanto “España” sólo podrá parar la independencia por la fuerza, sea en el grado que sea ésta; así que la salida uno es conseguir la separación de forma rápida o que se impeda violentamente. Dos, que al final no habrá más remedio que bajar velas pero al menos hay que aprovechar la ocasión para dejar a “España” en evidencia ante los países que interesan, mostrándola como un estado que impide el ejercicio democrático, así “sembrando” para el futuro, es decir conformarse ahora con migajas –financiación, trato de hecho bilateral, etc.- y esperar que el contexto internacional y nacional cambie al menos lo suficiente para que pueda llegar a convocarse el referéndum pactado en un futuro a no muy largo plazo.

Esta última teoría tiene a su favor que no parece lógico esperar que el gobierno de un país deje que un 20% de su riqueza se vaya unilateralmente. No ocurren estas cosas. Una ruptura sin consenso de todas las partes no se consigue excepto que sea con sangre mediante. Por tanto estaríamos ante un ejercicio táctico para ampliar el número de apoyos internacionales a la secesión catalana. Y que ésta de ser posible lo sería en otra fase más adelante y, por así decirlo, más madura en cuanto a ayudas de otros países. En Madrid creen que los separatistas no tienen cobijo político en ningún sitio, pero se equivocan. Es cierto que no son gobiernos –no podrían serlo de ninguna manera, por pura cuestión diplomática- pero hay cuadros dirigentes de partidos políticos mayoritarios de, como poco, Alemania, Estonia, Letonia, Lituania, Croacia, Noruega, Suecia y Holanda que comulgan al menos con las teorías de que hay que hacer un referéndum en Cataluña. Amén de más difusos apoyos en otros lugares, incluidos los Estados Unidos y Rusia. Una imposición negativa de Madrid sobre este ejercicio de voto popular reforzaría la idea, que sin duda existe ya, de que España tiene un déficit democrático por este lado. Y podría pasar, en este sentido, que a  medio plazo se dé una situación política interna –nuevas elecciones, un PSOE más proclive que nunca a los nacionalistas, Podemos como segunda fuerza, el PP más disminuido, más fuerza soberanista en Madrid…- que sumada la discreta presión internacional acabe por dibujar un escenario en el que sea posible la famosa consulta.

La primera teoría es la rupturista inmediata. La que defienden los que creen que no cabe estar en España ni un segundo más del imprescindible para “hacer las maletas”. La explican gentes que no responden en absoluto al tradicional apelativo “radical” en ningún sentido ideológico o político, que en muchos casos ni siquiera han pasado por el nacionalismo y que han abrazado el separatismo al llegar a la conclusión de que “con España no hay nada que hacer”. Son, por decirlo de otro modo, aquellos catalanes a los que el ex ministro García Margallo suele invocar como ejemplo de “los hay que recuperar”. Muy tarde, se barrunta. Ignoro qué fuerza tiene ese segmente favorable a la independencia ya mismo. Sin embargo si vale de termómetro lo que dicen la mayoría de medios de comunicación catalanes no existe alternativa a la huida enseguida. Dan por hecho, y más después de los juicios, que lo único que puede impedir la independencia son los tanques, y que éstos “no llegarán porque Europa no lo permitirá”, me decía hace poco un empresario que vive en Barcelona. Es una idea ampliamente aceptada.

En fin, quizá pronto se resuelva el laberinto catalán. O no.

10

02 2017

Trump, Obama y nosotros

Donald Trump ya es presidente de los Estados Unidos. Que es como decir que lo es del mundo occidental. O sea, nuestro. Lo queramos o no sus decisiones nos van a afectar, como lo han hecho las de Barack Obama. Uno de los peores, este último, de los mandatarios de la Casa Blanca en política internacional. Un desastre. En especial para nosotros. Nos ha dejado una guerra en nuestra puerta oriental, en Ucrania, y algo más allá, no mucho, nos ha creado una calamidad morrocotuda, en Siria. Por no hablar de la herencia funesta de la Primavera Árabe que apadrinó que ha convertido en polvorines algunos países del norte africano. Como Libia, mismamente, que lo tenemos a 1.000 kilómetros, o sea a tiro de ciertos misiles; y los italianos al lado. Bien es cierto que su peculiar política exterior ha resultado para Baleares genial, pues ha hundido el turismo en países competidores nuestros, pero las consecuencias del ardiente polvorín norteafricano antes o después nos alcanzarán, y lloraremos.

¿Qué puede suponer para nosotros Trump? Es verdad que en primera instancia su discurso proteccionista no es nada bueno. Es un populista anti globalización. Hermanado con Podemos, en esto. Y con el jefe del estado del Vaticano, el argentino Bergoglio. Y con los del Frente Nacional francés. La globalización capitalista, según datos de la ONU, ha conseguido que la pobreza absoluta en el mundo se haya reducido en dos tercios en los últimos 25 años. No obstante todos los populismos abominan de ella. Es curioso que los mismos europeos súper solidarios que se manifiestan contra la globalización usen teléfonos móviles, ropa, calzado, electrodomésticos… hechos en China, Corea, Taiwan porque son más baratos de fabricar allí que aquí. Deben estar encantados con Trump, pero tal vez no sepan que si cumple sus promesas contra la globalización un smartphone triplicará al menos su precio y lo mismo pasará con otros productos.

De todos modos, no avancemos acontecimientos. A ver qué hace de veras Trump. Porque una cosa es prometer y otra muy diferente hacer. Siempre en todo y con todos ocurre esto, pero en política y con los políticos la diferencia entre lo uno y lo otro se convierte en abisal. Sin embargo hay que reconocer que su mero ejemplo inquieta. Ver esa campaña en Francia de asalto a camiones que transportan vino español recuerda mucho el mensaje de Trump en los estados desindustrializados de Estados Unidos. Si en el país vecino los antiglobalización consiguen convertir en un problema el vino español –entre otros productos- el Frente Nacional será el más beneficiado electoralmente. En Estados Unidos Trump tenía que atraerse el voto de antiguos obreros de zonas desindustrializadas para ganar, y lo consiguió. En Francia, Marine Le Pen, que ya tiene buena parte del voto antiguamente izquierdista en ciudades, debe absorber voto derechista en la Francia de siempre, la agrícola, para ser presidenta de la República este año. Por eso los ataques a los camiones no parecen nada espontáneos. Si los medios hacen de ello un problema nacional cuidado con la Trump francesa, que puede ganar.

22

01 2017

Aznar, el PP y el nuevo partido

Que José María Aznar renunciara el pasado diciembre a la presidencia honorífica del PP por divergencias con la orientación ideológica que está dando la actual dirección al partido se leyó, por parte de muchos, como un indicio de que podría formar un nuevo partido. Que en una conferencia que ha impartido en este inicio de enero en Valencia dijera que de ninguna manera va a fundar otro partido ha caído como un jarro de agua helada sobre los que aspiraban a verle de nuevo cabalgando. De hecho un medio de comunicación aznarista llegó a fantasear con que esa nueva formación obtendría 50 diputados.

En realidad nunca ha sido creíble que Aznar se ponga al frente de otro partido. Diferente es que exista un margen de espacio ideológico y político a la derecha de PP que podría ser ocupado por una nueva formación. Y es cierto que personajes del mundo aznarista como Jaime Mayor Oreja, Alberto Ruiz Gallardón e incluso la siempre aspirante a lideresa Esperanza Aguirre -entre otros muchos de la misma cuerda- están muy descontentos con el tipo de política que hace Mariano Rajoy, y su ubicación ideológica, que olvida aspectos importantes para el PP, como son, entre otros, la reivindicación de la retirada de la actual ley del aborto, la liquidación del matrimonio entre personas del mismo sexo, la derogación de las leyes y normas de lo que la derecha llama “ideología de género”, la reforma profunda o derogación de la ley de Memoria Histórica…y, sobre todo, enfrentarse de otra manera, mucho más a las bravas, al asunto catalán.

Se trata de muchos aspectos que el sector más derechista del PP no entiende que Rajoy haya ido dejando en la estacada y que podrían perfectamente ser el núcleo ideológico de otro partido a la derecha del PP. Porque éste nunca atenderá ya a este segmento de militancia. Si no lo hizo con mayoría absoluta, cómo va a hacerlo en minoría, si ahora mismo incluso aplica tesis socialdemócratas.

No quiere esto decir que vaya a crearse esa nueva formación. Pero el espacio ideológico existe. Y, al contrario de la cosa aquella de Vox, que nunca tuvo ninguna posibilidad de hacer nada, si algunos ex importantes del PP se pusieran al frente -ahí intervendrían los amigos de Aznar, no él directamente- y dispusieran de dinero para montar toda la estructura -porque es de suponer que nadie se creerá que un partido con pretensiones se monta sólo con aportaciones voluntarias de sus afiliados, como dice Podemos que hizo- podría aspirar a erosionar a su ex formación por la derecha. Desde luego mucho menos de lo que esa fantasía de los 50 diputados auguraba, pero sí lo suficiente como para hacer daño a los de Rajoy.

11

01 2017

Bauzá, el catalán y su vuelta

La vuelta de José Ramón Bauzá a la actualidad política no se basa en su -ignota- actividad como senador. Sino por su delirante aspiración a volver a ser presidente del PP balear y cabeza de cartel electoral de su partido en las elecciones autonómicas de 2019. Increíble.

Dejó al PP con los peores resultados históricos en urnas, con un diferencial autóctono muy negativo claramente imputable a su gestión –el partido sin él siempre había tenido más voto que su referencia nacional, tras su paso por el Govern esa diferencia quedó prácticamente en nada- y pretende volver a liderar la formación conservadora. Sin palabras.

Siendo espectacular su intento de regreso, más llamativo son sus promesas estelares. Menos catalán, trilingüismo y fuera ecotasa. ¿De veras ha entendido algo, como dijo haber aprendido, de lo que le pasó? Parece obvio a la luz de lo que dice que no. Que su obsesión lingüística se mantiene incólume, inasequible a la realidad político-electoral que muestra que esto no mueve a favor ni en contra a porcentajes significativos de votantes. Que su fantasmagórico trilingüismo sigue cabalgando entre sus neuronas sin estar contaminado en lo más mínimo por el sentido común que brilló por su ausencia durante su mandato en el que se empeño en imponerlo a lo cutre sin sentido, y esto sí que le reportó un severo correctivo en urnas. Y que añade ahora a sus ya conocidas patologías político-ideológicas la ecotasa, como si ésta fuera de la de 2002, cuando de la actual ya ni siquiera hablan los grandes hoteleros que se opusieron a ella por obligada escenografía, más que nada.

Ah, y le apoya José María Rodríguez. Por si faltaba algo.

23

12 2016

El proceso catalán y el diálogo

Hace un año eso que llamamos Madrid, o sea el gobierno central, mantenía fuera de todo trato de normalidad al gobierno de Barcelona, el autonómico catalán. No lo decía, pero lo trataba como si fuera un apestado. No quería con él trato alguno que no fuera para recibir su rendición incondicional. Por su lado, Barcelona no quería contacto con el pérfido ejecutivo mesetario que no fuese para que éste le subvencionara la separación de España.

Un año después las cosas han cambiado. Madrid ha dejado atrás su cerrazón y ha empezado a hablar con esa perversa Barcelona. Incluso ha enviado a ella a su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, a poner despacho en la delegación de su gobierno en la Ciudad Condal y abrir conferencias discretas con todo el mundo de por allí. En el otro lado, Barcelona se ha olvidado de su formal declaración de hace un año que rechazaba cualquier referéndum y aseguraba que la independencia se tomaría unilateralmente antes del 30 de junio de 2017. Ahora acepta la posibilidad del referéndum para septiembre de ese mismo. Es un cambio muy importante.

¿Estamos ante el camino que conduce al acuerdo? Quién sabe. Pero desde luego no estamos igual que hace un año.

No son pocos los que creen que el gobierno catalán, o al menos una parte, busca alargar y alargar el famoso “proceso” hasta que se acabe éste por inanición. Da la sensación que Madrid es lo que espera que pase. Que ahora que se ha pasado de la independencia antes del 30 de junio de este año a un referéndum en septiembre, se siga sin celebrar esta consulta –naturalmente dando la culpa al terrible Madrid- y se “amenace” con otra declaración separativa unilateral para 2018, y cuando se acerque la fecha, ya se verá qué excusa se pone y así ir ganando años, desgastándose.

No hay que esconder, sin embargo, que Barcelona tiene mal volverse atrás. El órdago ha sido de los morrocotudos y los directivos del separatismo han embarcado a muchos cientos de miles de persones que no son activistas y que en caso de acuerdo para quedarse en España se sentirían, con toda la razón, engañados profundamente. Lo cual implicaría para los restos de CDC y para ERC una posición muy incómoda en el mejor de los casos y terriblemente erosiva en el peor, y a esto sin contar con que puede que sea lo que las CUP deseen para quedarse luego la bandera separatista en exclusiva.

Ya se irá viendo qué ocurre, pero a punto de acabar este año está claro que el 2016 ha significado movimiento en las dos posiciones que a finales de 2015 estaban completamente fijas y que parecían inamovibles.

09

12 2016

Las hienas, el PP, Rita Barberá y los medios

La muerte de Rita Barberá ha impactado de lleno en el PP. Su ínclito portavoz parlamentario, Rafael Hernando, ha llegado a decir, para intentar disimular que se la quitaron de encima cuando les molestó en demasía, que la “apartaron” para “alejarla” de las “hienas” y que sin embargo éstas siguieron “persiguiéndola”. Para hiena hipócrita él mismo que celebraba su defenestración con tanta sinceridad como lamenta ahora su muerte.

Otrosí: los dirigentes del PP suponen y sus medios de comunicación afines fantasean con que “algunos”, o sea las cabeceras progresistas, se ensañaron con la senadora conservadora, una injusticia a su parecer porque al fin y al cabo de lo que se trataba judicialmente era de “sólo 1.000 euros”. Mentira. La acusación fiscal que se cernía sobre su cabeza era grave. De blanqueo de capitales. Delito penado entre seis meses y seis años de prisión. Nada de una cosa sin importancia. Es más, sospechosos del mismo delito, tuvieron que dimitir todos sus concejales, a los que ella mandaba -un detalle, éste, que tampoco carece de importancia- e incluso su partido, el PP, está bajo sospecha de haberse financiado irregularmente a través de ese blanqueo de capitales cuyo origen podrían ser comisiones ilegales. Un marrón muy feo. Cierto: no hay culpables todavía. No, pero sí inocentes que están bajo sospecha y por eso, con todas las garantías judiciales, están imputados. Barberá fue uno de ellos. Así que nada de “sólo 1.000 euros”.

Respecto al supuesto linchamiento mediático es verdad que ha habido medios, en especial televisiones, de orientación izquierdista, que se han cebado con Barberá. Como con Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, José María Aznar… ¿Y? ¿Es que acaso las televisiones de derecha y sobre todo las ultras, no han hecho y hacen lo propio con Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Carles Puigdemont…? Claro que sí. Y en cuanto a los “perseguidos” por ser sospechosos de corrupción sin mediar condena, lo que a juicio de los derechistas que se rompen ahora vestimentas es una intolerable injusticia, ¿es que sólo vale la queja para Barberá, y el resto del PP, y sin embargo no vale para, pongamos por caso, Jordi Pujol? Porque es de suponer que nadie dirá que a Pujol y familia no se les ha perseguido de lo lindo. En especial la premsa, radios y televisiones de derechas y ultras, cuyos tertulianos -siempre muy plurales: de la derecha más rancia a la más extrema, pasando por la radical- dan por hecho con pasmoa facilidad la culpabilidad del ex de la Generalidad catalana -más allá de la irregularidad fiscal de tener, como lo tuvo Emilio Botín y miles de otros ricos españoles, dinero oculto en Suiza- llamándolo de todo menos guapo. Sin que ningún juez lo haya condenado todavía. Así que menos lobos con las fantasías de la “persecución” sufrida por Barberá. No fue diferente a tantos otros casos.

Ahora bien: ¿que hay que debatir sobre la famosa “pena de telediario”? Pues vale, debatamos. Porque es cierto que la Ley de Enjuiciamiento Criminal insta a la autoridad judicial a “proteger la imagen, honor e intimidad” de los detenidos. Lo cual brilla por su ausencia en España. En otros países, por ejemplo en Francia, está prohibido publicar fotos de los detenidos. Así que sí, tal vez deberíamos debatir y en su caso cambiar este espectáculo de gente en las portadas de diarios y oberturas de informativos televisivos esposados y ya estigmatizados pase lo que pase finalmente con su causa judicial. Pero cuidado: debatámoslo y en su caso rectifiquémoslo pero para todos los detenidos. No sólo para los políticos. Tiene sus bemoles que éstos sólo se hayan preocupado de la susodicha pena cuando toca padecerla a alguno de sus colegas y que jamás les molestara cuando afectaba, y afecta, a tantos otros miles de ciudadanos que no pertenecen a su reducida aristocracia.

25

11 2016

Trump, Podemos y el populismo

Donald Trump ya es el presidente electo de los Estados Unidos. Y medio mundo ha quedado estupefacto por la sorpresa. No hay para menos. Un tipo que ha hecho anuncios de todo tipo de productos, presentador de televisión, showman, empresario desastroso y, sobre todo, hábil vendedor de sí mismo… Bueno, aquí tuvimos a Jesús Gil, muy semejante, un visionario del futuro que tendría el populismo: personaje televisivo, empresario desastroso y especulador hábil que de haber vivido ahora a saber cuánto hubiera logrado en política.

El triunfo de Trump ha desatado una extraña reacción histérica en la cúpula de Podemos. No quieren que se les compare con su colega estadounidense. Donald Iglesias se pone de los nervios cuando Albert Rivera y Susana Díaz asemejan su partido al movimiento de Pablo Trump. No tiene por qué enfadarse.

El populismo es muy amplio, lo hay de derechas y de izquierdas, más acentuado en un punto ideológico u otro, pero todo él se define por pretender -falsamente- representar al “pueblo”, a la “gente”, a los de “abajo”… contra la “élite” perversa y corrupta. Esto es su elemento diferencial más importante. Y esto es así desde los albores teóricos del movimiento en la Rusia zarista, en los tiempos de Andrew Jackson en Estados Unidos, en los del Partido del Pueblo en el mismo país… hasta llegar a la eclosión del caso argentino de Juan Domingo Perón, a mediados del siglo XX.

Tras Perón, en síntesis, en América Latina se desarrolló un populismo de raíz supuestamente obrerista e inspirado en el peronismo que fue extendiéndose a partir de la caída de los regímenes militares que asolaron el continente durante los años cincuenta a ochenta. En Argentina es el justicialismo, en Venezuela el bolivarismo… Todos estos movimientos se hermanan por encima de sus diferencias locales en el discurso contra las élites y, en especial, en destrozar la economía de los países que gobiernan. En Estados Unidos e Italia el movimiento mudó luego, en los años noventa, a muy derechista, no sin invocar, empero, el bien del “pueblo” como norte de su actuación, por supuesto, y se centrifugó en los platós de televisión para catapultarse hacia un nuevo estadio evolutivo: tanto el Tea Party como Berluscuni fueron la concreción de este populismo más moderno. Diferente al latino en muchas cosas, pero igual en su esencia.

Trump ha bebido, como dice Susana Díaz, de esas fuentes, igual que lo ha hecho Podemos -aunque este partido además de beber ideología también ha bebido de otros impulsos venezolanos-, pues están hermanados por esa esencia del discurso ideológico: todos los populismos del mundo claro que están unidos en la lucha contra las élites, la libertad de comercio y contra no pocas otras libertades.

Así que las airadas reacciones desatados en Podemos por las lógicas comparaciones que se hacen con el movimiento de Trump no se entienden.

11

11 2016