De la monarquía a la república

El caso Urdangarín ha puesto a la monarquía de Juan Carlos bajo la mayor erosión recibida en la corta historia de esta dinastía. Sí, corta. Porque la corona de este Borbón no hunde sus raíces en la tradición dinástica histórica borbónica. No, porque cuando él asumió el trono, su padre, depositario de la legitimidad dinástica, no había renunciado todavía a sus derechos hereditarios. Juan Carlos es rey de España porque lo decidió el dictador Francisco Franco y en 1975 así quedó concretado, contra, lógicamente, la opinión y deseo de Juan, el legítimo heredero de la corona. Si uno era legítimo el otro no podía serlo. Después, cierto es, Juan renunció –ni así se empaña la invención de la monarquía por parte de Franco y allende la discutible legitimidad histórica de tal institución- y hay que reconocer que la monarquía de Juan Carlos fue necesaria en el tránsito de la dictadura a la democracia. Por esa necesidad tantos cerraron los ojos a cambio de que el rey sirviera para aplacar las ansias levantiscas de los de siempre. Y funcionó. No obstante los años pasan. Y hoy aquellas circunstancias ya no existen.
Hoy la monarquía de Juan Carlos es Urdangarín. Nadie puede creerse que todo el caso queda circunscrito a los “negocios particulares” del yerno del rey. Como si la esposa de éste no se hubiera beneficiado de nada, ni supiera nada a pesar de sus cargos empresariales. El escándalo demuestra que ya no tiene ningún sentido la monarquía de Juan Carlos. Pensar que pueda ser hereditaria da escalofríos. Es una institución anacrónica, que en España sirvió en un momento dado pero que ya hace décadas que su momento pasó. Gracias por los servicios prestados, por cierto más que debidamente pagados. Ya es hora que cada cual se las componga cómo pueda. Por un lado la corona, privada y que la pague quien quiera mantenerla en la cabeza de quién sea. Y por otro la república que es la única forma de Estado deseable y legítima en la España democrática de hoy.

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Miquel Payeras

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12 2011

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  1. manumenorca #
    1

    … Aún no me he repuesto de la impresión de ver que cuando se trata de la imposición de los mercados -injerencias extranjeras-, los políticos corren a reformar la constitución a toda prisa……… pero cuando se trata de eliminar esa rémora que es la inviolabilidad de la inmunidad real a la hora de imputarle cualquier comportamiento delictivo, ya que está por encima de cualquier hijo de vecino, o cuando se trata de eliminar el machismo de la línea de sucesión a la corona, vetada a las féminas, resulta que para eso nuca hay tiempo. Cosas de meigas.

  2. miguel #
    2

    No creo que si en éste momento se hiciese un referendum en España para votar por el continuísmo de la Monarquía ó el fin de ésta, los españoles votaran NO al continuísmo.El Rey y su esposa son muy queridos por los españoles y estoy seguro que entienden y distinguen perfectamente que D. Juan Carlos no tiene nada que ver con todas las presuntas estafas y corruptelas de su yerno Urdangarin, no olvidemos que no es su hijo, es solo su yerno, es más estoy convencido que si su propia hija la infanta Cristina defiende a su marido en éste desagradable asunto,el Rey no dudará en apartarla de la familia Real, antes que hacerlo de su responsabilidad hacia España.

  3. 3

    En virtud de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado del 26 de julio de 1947 , Juan Carlos fue propuesto como sucesor de Franco a título de rey, propuesta ratificada por las Cortes Españolas en julio de 1969 , ante las que el joven príncipe prestaría juramento de guardar y hacer guardar las Leyes Fundamentales del Reino y los principios del Movimiento Nacional , es decir, el ideario franquista. Siguiendo las reglas dinásticas, la sucesión hubiera debido recaer en su padre, Juan de Borbón y Battenberg , tercer hijo y heredero del rey Alfonso XIII. Sin embargo, las no muy cordiales relaciones entre Juan y Franco determinaron el salto en la línea de sucesión y el nombramiento de Juan Carlos como Príncipe de España, título de nuevo cuño con el que Franco pretendía salvar distancias con respecto a la monarquía liberal. Dicho salto fue aceptado por el príncipe Juan Carlos, creando un conflicto interno en la Casa Real de Borbón. El Conde de Barcelona no renunciaría oficialmente a sus derechos sucesorios hasta 1977, cuando el reinado de su hijo y el fin del régimen franquista eran ya hechos consumados.