Archivo de Septiembre, 2012

Borbón y Cataluña

Un escueto escrito de 26 líneas, sin mentar expresamente al gobierno catalán, a Artur Mas y a la independencia del Principado, ha servido a Borbón, el Jefe del Estado, para hacer cómo si se preocupara por la posible separación de Cataluña del resto de España. Las plumas más sumisas a la corona se deshacen en elogios. Como si la triste, vacua y ridícula redacción de primaria de Borbón sirviera para algo.
El rey es un tipo absolutamente desprestigiado en el orbe, cuyas ocupaciones siempre han sido misteriosas y en no pocos países, como en Latinoamérica, ya se desconfía de él, no en vano se le ve como al comercial de las indeseadas multinacionales supuestamente españolas, tanto como se le da coba formal. En otros, como en la Unión y en Estados Unidos se le ve exactamente cómo es, y por tanto no se le toma en consideración. Podría decirse que más o menos siempre ha sido así, su monarquía. Cierto. Ahora, empero, y esto es muy importante, además se conoce por todo el mundo su ritmo frenético de vida disoluta, irresponsable y patética en un hombre de su edad, su infinita hipocresía –papista hasta la médula, pero con amantes; familia modélica que ni es tal, etc.-, el cinismo sin límite que los miembros de su clan despliegan y, no poco es, la imputación por delitos relacionados con la corrupción de su yerno que nadie se cree que sea algo tan simplemente así cómo se pretende que sea. En fin, un saldo de personaje que si alguna vez sirvió de algo está ya más que amortizado. Esto es Borbón. Y se pretende que un escrito de 26 líneas de tal personaje sirva para aplacar las ansias de libertad de los nacionalistas catalanes, impulsadas por el trampolín de un gentío –la mayoría de la sociedad, según las encuestas- que sin ser nacionalista también apoya la independencia para desgajarse de una España ruinosa.
Las reacciones críticas a la redacción risible de Borbón no se han hecho esperar. Desde Comisiones Obreras, articulistas de derecha democrática –Jesús Cacho-, de derecha antidemocrática –Federico Jiménez-, Izquierda Unida, diario El País… le afean una cosa u otra pero a todos les parece inútil el ejercicio firmado por el personaje.
Qué decir de la reacción en Cataluña, donde ni una sola voz que no sea marginal se ha alzado defendiendo las tesis políticas partidistas del Jefe del Estado. Por supuesto todos los nacionalistas le han puesto como de chupa de dómine.
Si Borbón no se jubila pronto y sigue perpetrando atrocidades políticas como la comentada, el objetivo separatista no solamente no se desvanecerá sino que estará cada vez más cerca de la realidad.

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09 2012

Cataluña y su independencia

En Barcelona ha salido a la calle mucha, muchísima gente para reclamar la independencia de España. Quieren que Cataluña se convierta en un nuevo estado de la Unión Europea. Dejemos ahora las discusiones bizantinas de cuántos eran realmente los manifestantes, de si todos se manifestaban exactamente por lo mismo, de si los catalanes estarían mejor o peor siendo Cataluña independiente, de si la Unión aceptaría la declaración de segregación unilateral o no, de si es aplicable al caso el derecho a la autodeterminación recogido por las declaraciones de la ONU o si esto es pura fantasía…
Dejemos todo esto aparte y centrémonos en cómo es posible que crezca tanto el independentismo en una región en la que o mucho cambia la coyuntura política o pronto va a provocarse una situación institucional muy peliaguda. Que tras la negativa de Mariano Rajoy a Artur Mas de “pacto fiscal”, el presidente catalán convoque elecciones bajo la bandera de o ese pacto o independencia.
Hace algo más de dos años era imposible que tal escenario pudiera producirse. Pero está a punto. ¿Por qué? Es cierto que Mas juega al despiste –no en vano es tan inútil como Bauzá aquí, Rajoy por todo y etcétera- y también es cierto que la crisis tan profunda hace agarrarse a cualquier clavo ardiendo, incluido el independentista, pero no se explica solamente por estas razones. Ha de haber algo más. Y ese más es que la corte de la villa madrileña no parece entender nada de las legítimas reivindicaciones nacionalistas periféricas. Lleva más de tres décadas sin entenderlas. Por mucho dinero que dé a los gobiernos nacionalistas, por muchas competencias que traspase nunca será suficiente. Solamente hay dos opciones. O cerrar el mapa autonómico o plantearse seriamente una reforma del Estado porque el actual no está funcionando.
Dado que a estas alturas la primera opción es imposible –hay una clase política autóctona formada por PP-PSOE en cada región autónoma no nacionalista que abortaría la intención- no existe otra que afrontar la reforma seria, a fondo, del Estado. Para hacer ahora lo que las circunstancias impidieron en 1978. Crear una estructura acorde con la diferencia –sociológica, histórica, lingüística y, sobre todo, política y electoral- de País Vasco y Cataluña. No para evitar que crezca el independentismo –como han pretendido todos los fallidos intentos de cohabitación con los nacionalistas- sino simplemente para convivir todos en la máxima armonía posible.
Y si llegara el momento que esto último no fuera posible, pues a separarse civilizadamente. Que otros lo han hecho y no ha pasado nada.

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09 2012

Independentismo y autonomismo

La ofensiva contra el modelo autonómico va tomando fuerza. Ya no es solamente la ultraderecha. Ahora también desde la derecha más moderna, e incluso –tímidamente- desde la izquierda moderada, empiezan a dejarse oír voces favorables a un, al menos, replanteamiento del sistema de comunidades autónomas.
Como una mentira repetida millones de veces no se convierte en realidad, aunque sí para muchos indocumentados pueda llegar a serlo, conviene tener claro que de la cantidad aberrante de deuda que padece España, la aportada al monto global (2,4 billones) por las autonomías es relativamente poca, unos 800.000 millones. De éstos, el 70% va a cuenta de la administración nacional y solamente el aproximadamente 25% es imputable a les Comunidades Autónomas (CC.AA). Así que cuando ustedes lean a alguno de esos ultras asegurar que los desmanes de los gobiernos de las CC.AA tienen la culpa del desastre de la deuda acumulada nacional, ya lo saben: están mintiendo.
Otra cosa diferente es que el sistema autonómico sea políticamente mejorable. Que lo es porque así no va bien. Porque en su origen fue concebido para aguar las reivindicaciones nacionalistas catalanas y vascas, y al cabo de tres décadas ha resultado que ha generalizado las reclamaciones territoriales. En lugar de matizar los dos problemas –vasco y catalán-, como era la intención, los ha multiplicado por 8,5.
Como no hay vuelta atrás, habrá que ir pensando en profundas reformas para singularizar la reivindicación nacional vasca y catalana y dar cobijo autonómico suficiente, aunque armonizado, al resto de regiones. Hay que ir pensando, en fin, en una reforma constitucional para confederar de algún modo las dos regiones nacionalistas al resto.
O esto, o los procesos independentistas no van a cesar –por mucho que el hispanismo testicular como el demostrado por el coronel que decía estos días que habría que invadir Cataluña si pretendía independizarse- sino todo lo contrario, y en pocos años el problema político será muy, pero que muy grave. Sobre todo porque en este contexto de profundísima crisis económica, ésta actúa como impulsora de los deseos segregacionistas vasco y catalán, ya que para muchos ciudadanos que no son nacionalistas el fracaso de los sucesivos gobiernos nacionales –del PP y del PSOE- les urge a buscar ofertas que en su región existen, por aventureras que resulten ser, mientras que en las otras no tenemos tal opción y nos tenemos que conformar con seguir con los inútiles de siempre, sin poder equivocarnos con inútiles por demostrar.

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09 2012