Archivo de mayo, 2013

Esperanza y oscuridad

19

05 2013

Que un juez haya metido en el trullo a un banquero, aunque sea durante escasas horas, es una brizna de esperanza. De que se empiece a hacer justicia de veras en este país. Miguel Blesa solamente es uno de tantos. Su delirante gestión en Caja Madrid no es muy diferente al festival en el que vivieron inmersas todas las cajas durante muchos, muchos años sin que nadie las pusiera firmes. Y entre ese nadie brilla con luz deslumbrante la casta formada por los políticos de uno u otro signo.
¿Ustedes se acuerdan que aquí, en Baleares, existía una caja de ésas, que se llamó Sa Nostra –curioso nombre de reminiscencias sicilianas- y que ya no existe? Pues bien hace solo cinco años los dirigentes de entonces de la cosa financiera ésa aseguraban que de ninguna manera el engendro iba a ser absorbido por nadie, ni que por supuesto caería en las fusiones obligadas de las cuales se empezaba a hablar. Y la razón era el excelente estado de salud de la entidad. Opinión compartida por los responsables políticos económicos del gobierno balear, tanto de los que lo habían sido –del PP- como de los que lo eran –del PSOE-. Sa Nostra era sólida, era férrea, era un milagro, vamos.
A la sazón los dirigentes de la cosa mentían como bellacos a los periodistas, amén de presionarles para evitar que dijeran una palabra que pudiera poner en duda sus mentiras. Pero esto no es lo importante. Lo es sin embargo que tanta solidez acabó, como se ha visto, en la fulgurante desaparición de la cosa, absorbida por otra entidad en la práctica y convertida en un banco, bajo dirección de un señor de Murcia, sin ninguna Ninette.
La Suya desapareció pero ninguna explicación se dio. Esto de las explicaciones no va con los tipos de las antiguas cajas, tanto banqueros como políticos. Por eso el juez que ha empapelado a Blesa es la única esperanza. De que cunda su ejemplo. Si no, todo será cómo ha sido siempre: oscuro y tenebroso.

Los sumisos de Bauzá

11

05 2013

El presidente Bauzá evalúa como mayor mérito de los nuevos consejeros de su gobierno la fidelidad. De lo cual cabría deducir que los que ha expulsado del Consejo de Gobierno no le eran fieles. Evidentemente si así se dedujera no se acertaría. Porque Simó Gornès, Josep I. Aguiló y Rafael Bosch fueron fieles al PP y a Bauzá. Pero se entiende: el presidente no quería decir fieles sino sumisos. Y eso sí que no lo fueron los consejeros destituidos de sus cargos.
Gornés se ha ido del gobierno de Bauzá porque el presidente le ofreció ocupar la consejería de Educación y él se negó. No quería cambiar la cómoda gestión en Administraciones Públicas por la muy caliente y complicada Educación. El presidente le dijo que vale, y al cabo de unos días volvió a citarlo para comunicarle que en efecto entendía que no quisiera ir a Educación, pero que tampoco se quedaba en Administraciones Públicas, ni en ningún otro sitio: lo echaba. Así le pagó la negativa a ir donde le había ordenado.
La historia de Aguiló y Bosch es algo diferente pero comparte con la de Gornès la fobia de Bauzá a que le lleven la contraria. El de Economía le advirtió mil veces que los nuevos impuestos traerían más problemas que recaudación, pero el presidente, erre que erre, que los quería, y ya. Hasta que la presión de las grandes superficies le ha llevado a pensárselo mejor. A la sazón le salió la rabia por las advertencias de Aguiló, que demostró tener razón contra el criterio de Bauzá. Hala, pues: a la calle.
Y Bosch, qué decir de él. Se atrevió a no cumplir las órdenes de poner la política educativa en línea con los delirios anticatalanistas del Círculo Balear, la minoría delgadiana del PP y satélites varios. Y a pesar de haber levantado la irritación catalanista, de nada al cabo le valió y Bauzá lo ejecutó sin miramientos.
El resumen de todo lo acontecido es simple. Bauzá no quiere un gobierno de consejeros fieles pero con criterio sino más bien un grupo de sumisos que harán lo que sea que les mande.