Armengol, Calvo y el PSOE

Aina Calvo ha decidido anunciarse como futura participante en las elecciones primarias de su partido para elegir candidato a número 1 de la lista electoral por Mallorca al Parlamento. Lo cual es lo mismo, en la jerga de los políticos, que decir que opta a ser la candidata a la presidencia del gobierno regional. Por lo oído y sabido resulta que tal anuncio ha caído como una patada en el hígado a la dirección encabezada por Francina Armengol, que se ha puesto a trabajar denodadamente para impedir que Calvo se salga con la suya.
Armengol “v” Calvo o viceversa. Ya tenemos el morbo mediático montado para los próximos meses en relación a lo que pase en el partido mayoritario de la oposición. Es exactamente lo mismo que le está pasando al PSOE desde finales de los años ochenta. En concreto desde el congreso de 1986. Que a fuerza de ocuparse y preocuparse cada vez más de ellos mismos, hasta no ocuparse ni preocuparse de nada más, han llegado a creerse que tiene importancia para su partido que un candidato u otro se ponga al frente de la lista electoral mallorquina. En realidad eso no es ningún problema. O no debería serlo.
El problema, o drama más bien, para el PSOE en Mallorca es que en las últimas elecciones autonómicas, en 2011, obtuvo en esta isla algo más de 9.000 votos menos que en las primeras elecciones autonómicas, celebradas en 1983, veintiocho años antes. Lo han leído bien. En casi tres décadas la progresión del voto mallorquín socialista no ha sido tal sino regresión, pues ha retrocedido esa cantidad de sufragios que representa el 10% de lo obtenido veintiocho años antes. Ningún otro partido de ámbito balear o nacional –ni de ninguna otra región ni país democrático del mundo- es capaz de alcanzar ni acercarse, por de lejos que sea, a esa incapacidad política absoluta.
Pero esto para el PSOE debe ser un simple dato sacado de contexto, demagogia barata y el etcétera habitual que usan sus representantes a modo de excusa para poder seguir haciendo todo lo que sea necesario para perjudicar objetivamente a su partido.
¿Qué extraño mecanismo mental les lleva a actuar así y a haber metido a su formación en ese pozo negro? No lo sé, pero es un tema de estudio psicopolítico de lo más interesante, si es que alguna vez existe tal disciplina.

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Miquel Payeras

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11 2013

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