Archivo de enero, 2014

El PP comunista

Se supone que el PP es un partido liberal. O así se auto titula. Definirse de tal manera es gratis. Diferentes es que realmente pasase un –por así decirlo- examen de liberalismo económico. Porque el liberalismo es igualdad de oportunidades, libertad de mercado… Pues fíjense ustedes qué hace nuestro gobierno regional con el mercado de la hostelería: todo lo que sea necesario para mantener la privilegiada posición que tienen unas pocas empresas e impedir cómo sea la libertad efectiva en ese mercado. Ahora atiendan a cómo trata a las empresas que no sean grandes distribuidoras comerciales u hosteleras: a patadas. Dice ser liberal, por otro lado, para que las grandes superficies puedan abrir en fiestas, pero no es liberal buscando la igualdad de oportunidades y de competencia de las empresas medias y pequeñas del mismo sector: ¿qué clase de liberalismo defiende? Si se pasa un examen ideológico a esa actitud el resultado está cantado: será lo que sea menos liberal.

Ese antiliberalismo compulsivo del PP se deja ver con más nitidez si cabe en la obcecación de Bauzá contra los símbolos catalanistas en los colegios. Esa ley es una idiotez suprema que crea más problemas que otra cosa. Ahí está la implícita rectificación con el ulterior decreto porque no había atendido el ejecutivo al coladero que la misma norma es. Da igual, haga lo que haga se van a rifar esa tontería. De hecho ya pueden verse colegios con papeles verdes graciosamente enganchados a las vallas exteriores. Pronto habrá en todos. Otro símbolo. Que todo el mundo entenderá qué es y qué significa y que nadie va a decir que lo sea para no recibir multas.

Pero lo peor de la actitud del gobierno Bauzá no es que vaya a perder esta batalla sino lo que subyace bajo esa perturbación contra catalanista. Es una forma de actuar que responde a  la profunda convicción que la libertad es un mal a erradicar. Puede intentar disimularlo diciendo tonterías sin fin, como dice, pero el gobierno sabe muy bien que esa es la única razón que lo anima: acabar con la libertad de expresarse libremente. Es una actitud realmente totalitaria, al mejor estilo del comunismo soviético.

Y el PP se llama a sí mismo liberal. No sé de qué.

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01 2014

El caso España

El problema realmente serio, grave, profundo de este país no es si la hija del Rey es una delincuente o no. Esto pasa de poco de ser un chismorreo. A su cuenta se rasgan demasiadas vestiduras, hipócritamente. Ya me dirán: la séptima en la línea de sucesión. Como si fuera la vigésima. Que más da. No. Lo importante, relevante, trascendente para el país, es el deterioro institucional generalizado. Esto es el caso España.
El caso es la degradación del sistema institucional. Empezando por Jefatura del Estado, que está representada por un hombre que, a la vista bien ha quedado, no está en condiciones de sobrellevar esa carga, y sin embargo, sin que nadie explique por qué, ahí sigue.
El caso consiste en que la Casa del Rey yerra sin fin, una vez y otra –la última, el “martirio”: hay que tener cara dura-, y nadie reacciona o, al menos, nadie nos explica si se hace algo para evitar esas meteduras de pata, muy graves, que afectan negativamente al país. No es baladí que la imagen de España en el extranjero por culpa del Rey haya caído como nunca antes, desde sus cosas con la amante y la caza de elefantes. El paradigma es Latinoamérica. Lo de Panamá es el último episodio –tras los de Argentina, Bolivia…- de nuestra decadencia irreversible por aquellos andurriales sin que la Jefatura de Estado se dé por preocupada y ocupada: si no sirve para eso, ¿para qué entonces?
El caso es también que tenemos un gobierno de un partido que está bajo muy severa sospecha de ser corrupto y que incluso existen papeles que como poco dan para enfadar al personal, y el ejecutivo, con Mariano Rajoy al frente, pues, nada, oigan, como si lloviera. No pasa nada. Pero ahí afuera lo saben. Y toman nota.
El caso es también que el principal partido opositor, que ha gobernado el país y que volverá a hacerlo, también está rigurosamente atacado por sospechas de corrupción masiva –unos 120 imputados, nada menos, con una ex ministra como estrella- y la dirección andaluza y nacional, como quien oye llover. Talmente el PP.
Todo esto es el verdadero caso España.

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01 2014