Archivo de febrero, 2014

Vox, la ultraderecha

Se ha roto el PP por su derecha. Ha nacido Vox, el partido ultraderechista que aspira a sangrar a su matriz. Para lo cual ha fichado –tiempo hacía que estaba escrito- a Aleix Vidal-Quadras, el inteligente científico catalán que aún siéndolo no ha podido –casi siempre pasa lo mismo- sustraerse a su gran ego. El dúo se completa con Ortega, un pobre hombre torturado por ETA. De esta forma queda patente el abanico de la oferta ideológica: desde el antinacionalismo radical contra catalanista (Vidal-Quadras) hasta el contra vasquista (Ortega). De esta forma confía la ultraderecha en restar apoyos al PP para darle la sorpresa en las elecciones europeas. Y así, si en efecto en mayo consiguiera el milagro de un eurodiputado, luego podría emular a Rosa Díez y su partido erosionando al PSOE, aunque en su caso, claro está, arañando lo que pudiera al PP. Con el objetivo de obtener escaños al Congreso en el 2015 y determinar el futuro gobierno de Mariano Rajoy.

Claro que entre los deseos y la realidad, ya se sabe, suele haber mucho trecho. Hasta el momento al menos, los deseos de los ultras de romper mucho más gravemente el PP se han dado de morros con unas circunstancias que no parecen ser capaces de entender, calibrar y actuar en consecuencia. ¿Pensaban que José María Aznar, Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja y otros ultras del PP les seguirían? La duda es pertinente por cómo han actuado. Y de la duda surge la convicción que si su capacidad de análisis es tan limitada, más o menos por el estilo será el recorrido del partido ultraderechista que han creado.

De todos modos, es sociológica, ideológica y políticamente lógico que acabe por cuajar un partido de ese ámbito en España. Lo que ha existido hasta ahora han sido reverberaciones del pasado que jamás han tenido ni una sola opción de nada más que disfrutar de, en palabras de Blas Piñar, “la soledad de los elegidos”. Superada esta fase achacosa, es normal y de sentido común que un nuevo ultraderechismo acabe por cuajar en el país. Moderno, basado mucho en el discurso contra la inmigración, nacionalista castellanista y sobre todo, muy por encima de cualquier consideración ideológica, estratégica y política, con un liderazgo que suene y sea moderno. Que es cómo consiguen sus éxitos este tipo de formaciones en Europa. No con carcamales o pobres gentes que no tienen nada que ofrecer más que su rabia unos, desgracias otros y nada los más.

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02 2014

El Rey, la abdicación y la Regencia

Se ha desatado la tormenta. La abdicación del Rey era cuestión comentada en los últimos tiempos, cierto es. Sin embargo hasta ahora sólo se producía en los ámbitos de los sospechosos habituales y rara, muy rara vez superaba tan estrechos márgenes.

Desde que el desastre de imagen, comunicación y propaganda de Zarzuela, La Moncloa y de todo el aparato del Estado, puesto en orden cerrado a defender los intereses privados de una señora apellidada Borbón, se ha puesto en evidencia pública, no cesan de surgir, más coincidiendo con la citación judicial a la famosa sospechosa de haber delinquido, otras voces que también piden  el abandono del chollo por parte de Borbón padre. En el muy cortesano diario El País, en ordenadores moderados como José Antonio Zarzalejos –ex director del muy monárquico ABC-, en el derechismo enraizado en el sistema como el que representa Jesús Cacho… se avoca porque dimita Borbón de Jefe del Estado.

Se hace correr incluso una fecha, entre periodistas de Madrid supuestamente bien informados de lo que ocurre por las siderales alturas del Estado. El octogésimo cumpleaños de Borbón, en 2018. Es cuando la Corte cree que la depauperación económica se habrá encarrilado a mejor y la cuestión catalana estará solucionada, de una forma u otra. Dada la proverbial capacidad de yerro que tiene la clase extractiva de este país –de hecho, no es pifia: es simple y absoluto desinterés de todo lo que concierna al resto de mortales- bien podría ser que a la sazón estuviéramos igual o peor que ahora, tanto por lo que respecta a la depresión como a la separación inexorable –antes o, más bien, después- del Principado. Da igual. Lo que importa es que va tomando cuerpo la idea de que Borbón padre debe dejarlo. No por otra cosa que por intentar mantener el chollo de todos ellos. Que de eso y no de otra cosa –no seamos ingenuos- se trata, se ha tratado y se tratará.

Por eso buscan alternativa a la degradación actual sin que nadie de ellos salga perjudicado. Ya se sabe: que todo cambie para que todo siga igual. Lampedusiasmo, le llaman. Mero cinismo es. Lo que funciona, en todo caso. La abdicación tiene sus problemas. Sobre todo: que el ex rey perdería así el blindaje legal que impide que sea investigado y/o encausado judicialmente por parte de cualquier juez de otro país –y de aquí también, claro, pero ninguno de los nuestros se atrevería aunque pudiera: si han montado la de Dios es Cristo por la hija, ya me dirán qué no harían por el padre-. Sin embargo una Regencia, esto es: reinar en nombre del padre el hijo, sí podría ser factible a corto plazo. Así Juan Carlos no sería ex, estaría blindado legalmente y el hijo podría intentar parecer que fuera una bocanada de aire fresco en una casa, la Casa, que tiene las puertas, ventanas y postigos cerrados desde hace demasiadas décadas.

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02 2014