Archivo de marzo, 2014

Cataluña y Crimea

Muchos comparan Crimea y Cataluña y otros huyen como del demonio del cotejo. Es curiosa la necesidad que tienen tantos de buscar amparo en la Constitución, el derecho de autodeterminación, en lo que pueda pasar en Escocia o Crimea o en lo que sea para darse razón de si Cataluña puede ser independiente o si no. Como si la situación catalana, y vasca, tuviera algo que ver con todo esto.

Ni vale para nada el supuesto derecho de autodeterminación ni en sentido contrario sirve tampoco la Constitución. A menos que pretendiendo su cobertura se esté dispuesto a llegar a la violencia. Pero si no, la Carta Magna no valdrá de nada, llegado el caso. De hecho en Cataluña, como es bien sabido, ya no sirve en todo lo referente al castellano en la escuela. Es una muestra fehaciente de como cuando una parte importante –incluida la gobernante- de un territorio no quiere aplicar una norma superior, solamente hay dos caminos: o el de la violencia para imponerla o no aplicarla. En Cataluña, claro está, no se aplica. Pues bien, si llega el caso de la independencia –lo de la consulta, que no referéndum, es otra cosa -, eso que los nacionalistas llaman “Madrid” estará ante la misma tesitura: o violencia para imponer la Constitución o no aplicarla y dejar correr la historia y a ver qué pasa.

Todo lo demás no sirve de nada. Invocar casos ajenos, sea Escocia o Crimea, o derechos inaplicables, como el de autodeterminación, o la Constitución… es todo nada. Porque de lo que se trata es de política. No de leyes, ni de derechos. De la política que se hace en Cataluña y Madrid. De decidir si se negocia o si se impone. No hay más.

Y precisamente los casos de Crimea y de Ucrania, puestos a que ejemplifiquen algo, nos enseñan que ni leyes ni derechos valen en estos casos. En Ucrania hubo un golpe de Estado contra el presidente electo democráticamente, y a los facciosos derechistas han recibido apoyo político cerrado de la Unión Europea y de los Estados Unidos. Una parte del territorio, Crimea, como respuesta huye de ese nuevo gobierno y se inventa su derecho a pasarse a los rusos, que son los que se lo otorgan. Esto es política. Con acuerdo, política democrática. Con violencia, política por otros medios. Y es lo que habrá de funcionar en Cataluña también, política simplemente.

21

03 2014

Le Pen, la estrella

 

La líder del movimiento ultra derechista francés Marine Le Pen concedió una entrevista a una televisión española que tuve la oportunidad de ver. Esta mujer es una buena, muy buena política, es inteligente, mucho, demagoga a toneladas –casi tanto como Cayo Lara, por poner un ejemplo a escala española-, populista –como le gustaría ser a Rosa Díez, sin que lo vaya a conseguir jamás- y demuestra tener una gran perspicacia, sagacidad y habilidad política, amén de empaque televisivo y prestancia mediática, todo lo cual le da un gran carisma y la convierte en extremadamente peligrosa.

Si le hicieran media docena de entrevistas más a cargo de periodistas como la que la entrevistó en La Sexta, en nada que en España le salía una delegación. Porque aquello fue una especie de publi reportaje –aunque la pobre presentadora pretendía lo contrario, claro está, no en vano es una entusiasta del zapaterismo- gratis total que difícilmente puede salirle mejor, para los intereses ultra, si lo pagara.

Tras escuchar a Marine Le Pen se entiende por qué su partido, el Frente Nacional, está escalando posiciones en la valoración de los franceses. Alguien así sin duda sabe aprovecharse de la zapateril incompetencia de Hollande y de la incapacidad de Nicolas Sarkozy. Esta mujer esté cosechando apoyos que pueden dar una muy, pero que muy importante bofetada a la democracia. No sólo en Francia, sino en toda Europa.

Su discurso está muy tamizado y ella es muy mañosa. Para entendernos: no es un Vidal-Quadras, ni un Aznar, ni ningún otro de Vox –ya, ya sé que el del bigote no está en el partido ultra derechista español, pero como si estuviera-, ni mucho menos nada comparable a los salvajes nazis griegos, ni siquiera a los peculiares radicales anti sistema de los Países Bajos ni por asomo comparable a los extremos derechistas nórdicas.

Esta mujer ha sabido congraciar el radicalismo de derechas con propuestas sociales suficientemente imposibles de llevar a cabo como para encandilar a los temerosos de la de clase media y baja nacional que en el taxi, en el café, en el bus, en el comedor familiar…expresan en privado lo que nadie de la absurda corrección política elitista asumiría jamás. Tras décadas de esta hipócrita forma de no solventar problemas reales de la gente de la calle, Marine Le Pen ha conseguido europeizar, para el caso afrancesar, el populismo demagógico de derecha argentino de los tiempos de Perón. Muchos lo han intentado, pero todos habían fracasado. Hasta ahora.

Atención, en fin, a esta Marine Le Pen.

03

03 2014