Archivo de octubre, 2014

Isern, Bauzá y Rodríguez

A veces es difícil comprender las decisiones que toman los dirigentes políticos. Es el caso de José Ramón Bauzá y José María Rodríguez con Mateo Isern.
El alcalde de Palma y el presidente se distanciaron enseguida. En las fiestas de San Sebastián de 2011 Isern fue abucheado por hacer su discurso en castellano. Tras aquel episodio dijo que se había “equivocado” y que en un acto festivo como aquel debería haber usado solamente el catalán. Lo cual cayó como una patada en el hígado en la Consolat de la Mar. El presidente entendía que si él decidía la política lingüística era todo el partido el que debía seguirla. Si había decretado la cruzada contra el catalán, Isern no era nadie para enmendarle la plana. Cierto es que luego la práctica totalidad de los municipios isleños, los consells insulares e incluso algunas de las mismas consellerías del Govern han hecho oídos sordos a los planteamientos delirantes de Bauzá respecto del idioma propio, pero aquel desmarque de Isern le dolió particularmente porque entendió que había algo más detrás.
Según se cuenta, poco después hubo otras diferencias que el presidente quiso zanjar de una vez por todas en una reunión con el alcalde. Pero de alguna manera éste –no consta exactamente cómo- le dijo o le vino a decir, en cualquier caso dejándoselo entender claramente, que en el ayuntamiento de Palma mandaba él y nadie más.
Un nuevo foco de hostilidades se le abrió al alcalde por lo mismo con el jefe de la agrupación de Palma del PP, José María Rodríguez, quien quiso, por decirlo gráficamente, “ponerlo a las órdenes” y el corregidor le contestó más o menos lo mismo que al presidente.
Desde entonces Isern ha sido, como suele decirse, un verso suelto. Ha hecho caso omiso de cualquier insinuación, exigencia y/o requerimiento para que se pliegue a órdenes superiores. Lo cual le ha valido, por un lado, la animadversión de Bauzá –tanto por lo dicho como por los celos ante un potencial competidor de futuro- y, por otro, la de Rodríguez.
A menudo podemos oír como los políticos de cualquier partido dicen que sus actuaciones se rigen por el bien común y por el del partido al que representan pero nunca obedecen a cuestiones personales. Es mentira, por supuesto. Como tantas otras cosas. Pero procuran que no se le note.
Cómo estará el patio del PP, por tanto, que ni Bauzá ni Rodríguez tienen el más mínimo problema en que se haya conocido su inquina personal contra Isern. Han acabado con su carrera. Es una decisión tan equivocada que resulta casi imposible de entender. Porque mucho más damnificado que Isern lo será el PP.

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10 2014

Ébola Marca España

Todo el triste y a la vez irritante episodio de la infección con el virus de Ébola de la ayudante de enfermería de Madrid deja en evidencia la cutrez de España. No por la pobre mujer, por supuesto. Porque aunque se equivocara o a pesar de que no siguiera el protocolo de seguridad no es ella la cuestión. En absoluto. Lo que es ruidosamente relevante es el papelillo del gobierno en todo este asunto, que ha colocado, una vez más, nuestro país en los medios de comunicación internacionales como sinónimo de incapacidad. Es decir, Marca España en estado puro.
Los graves errores del gobierno del PP se iniciaron con la repatriación de los dos religiosos condenados a muerte por el virus. ¿Por qué los trajeron? Nunca lo explicaron. ¿Hubiera hecho igual el PP de tratarse de cooperante no vaticanistas, de, pongamos por caso, profesionales sanitarios de Médicos Sin Fronteras? Lo dudo. El muy religioso gobierno del PP, ¿qué tipo de petición atendió con esas repatriaciones? Nunca tendremos la certeza, pero todos lo sabemos.
En Europa miraban con desconcierto el desparpajo español. No lo entendían. Pero y qué. Ellos no saben lo que nosotros sabemos: novios-de-la-muerte, con-dos-cojones y tal y cual. Si el gobierno de Estados Unidos se llevaba a su país a un par de infectados en África, cómo no íbamos a hacer nosotros lo mismo. Por favor. Las cancillerías de la Unión se encomendaban a sus dioses ante la desfachatez mesetaria, no en vano en nuestro país, al contrario que en EE.UU., Alemania y demás que han repatriado enfermos, tienen hospitales -en Norteamérica diez, nada menos- de máximo nivel de “seguridad biológica”. Aquí ninguno. Pero qué nos importaba a nosotros. Además, el gobierno de Rajoy lo dejó claro: los protocolos de seguridad eran absolutamente férreos y no habría ninguna filtración. El hecho de que un copiloto de una de las ambulancias, de la caravana que trasladó al primer enfermo al hospital desde Barajas, no llevara la mascarilla, todo agallas españolas él, fue motivo de chascarrillos pero nada más. Cierto: no era necesaria esa protección, pero dado que la imagen que se pretendía ofrecer consistía en esa seguridad peliculera, que alguien se la saltara y no pasase nada da justo tono a la seriedad del protocolo decidido.
En la Organización Mundial de la Salud no daban crédito. No en vano recomiendan que jamás, bajo ningún concepto, un paciente infectado con el virus de Ébola sea trasladado. Porque sus expertos explican que es la manera más segura de expandir la terrible enfermedad. Pero eso al gobierno español qué iba a importarle, por dios. Pues eso mismo: un carajo.
Siguiendo con el despliegue de alegre desafío al peligro, cuando en Dallas (Texas) se conoció un caso de contagiado llegado de África sin ser controlado, el gobierno federal obligó al estatal no solamente a aislar al sujeto -al que si salva la vida le van a meter en chirona de por ídem, por poner en peligro a sabiendas la seguridad pública-, sino a poner bajo “control oficial” -imagínense ustedes qué debe haber bajo esa expresión- a todo aquella persona -más de 140 individuos- que tuvieron el más mínimo contacto con él. Ese episodio alertó a toda Europa, porque demostró que alguien podía colarse enfermo y crear un caos. A toda, menos a España, claro. Aquí salió muestra magnífica ministra de Ébola para tranquilizar al personal asegurando que aunque alguien entrara enfermo “no puede” ocurrir un contagio. En ese momento la ayudante de enfermería ya estaba infectada.
Y para culminar todo esta fabulosa demostración de capacidad política, el lunes por la noche de nuevo refulgía nuestra insuperable Ana Mato, compareciendo para no dar ninguna explicación y a recomendarnos calma.
Todos nos pusimos histéricos, claro está.
Marca España.

08

10 2014