Archivo de enero, 2015

Bergoglio, la religión y la libertad de expresión

El presidente del Vaticano, el argentino Jorge Mario Bergoglio, ha entrado a saco en el debate sobre libertad de expresión y religión, a cuenta de los atentados de París. Según el jefe del catolicismo la primera no puede incluir la ofensa. “Tenemos la obligación de tener esa libertad, pero sin ofender”, dijo a los periodistas. Y añadió: “No se puede hacer burla de la fe de los demás, la libertad de expresión tiene límites”.
Estamos ante un ejemplo muy claro de fundamentalismo religioso. Como cualquier imán, el jefe del Vaticano no entiende la separación entre creencias extraterrenales, que pertenecen al ámbito estricto de la intimidad del individuo, y la ley democrática, que afecta a todos los residentes en un mismo estado al margen de creencias de ese tipo que se tengan, si es que se tiene alguna.
Lo que dice Bergoglio ya lo han dicho no pocos excelsos representantes de la ultra derecha española y algunos de la derecha que aceptan la democracia pero a regañadientes. Todos, al igual que el argentino, pretenden que la libertad de expresión se mutile en nombre de posibles ofensas a la religión de cada cual. Pues no. En una democracia no debe existir tal límite.
Es cierto que en España, por no poner ejemplos ajenos, el artículo 525 del Código Penal sigue castigando la ofensa a las religiones. Para que luego digan de los radicales islámicos. Es verdad, existe, y la última vez que la ultra derecha quiso ponerlo en práctica fue contra el cómico, o algo así, Leo Bassi, en el año 2006. Este hombre al parecer se dedica profesionalmente a ofender a la gente de derechas. Lo cual me parece una muy triste manera de ganarse la vida. Como talmente me parecería quien lo hiciera con la de izquierda. O, simplemente, con la gente, sin más. Pero que sea un zafio mal actor no le convierte en un delincuente, ni aunque ofenda a algunos seguidores de determinadas creencias extraterrenales. En su caso, el juez encargado de tramitar la denuncia observó que dado que nuestro país es una democracia no había lugar a nada contra el tal Bassi porque le amparaba la libertad de expresión.
Doy gracias al dios que no existe por vivir en un país así. Más me gustaría, sin embargo, que ese funesto artículo del Código Penal desapareciese, no sea que alguien caiga en manos de un juez algo fachita y le cargue con “penas de ocho a doce meses” por escarnecer cualquier religión o, también, que eso igualmente lo tiene previsto el articulito, por “hacer escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna”. Esto es como lo de los malos árbitros de fútbol. Que tras darse cuenta de haber cometido un error que perjudica a un equipo, van y pitan algo contra el otro para compensar. Ese vacuo intento de compensación para con los a dios gracias ateos connota que lo mejor que podría hacer el legislador con el dichoso artículo es borrarlo del Código Penal.
Y a Bergoglio, que alguien le dé alguna lección de democracia, que no parece entender en qué consiste.

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01 2015

Islam, París, aquí y por todo

Es difícil abordar la cuestión. Son muchos los que interesadamente confunden. La religión musulmana no mata. Por supuesto. Y la inmensa mayoría de creyentes de ese tipo consideran vomitivo lo acontecido en París, o en su día en Madrid, o Londres, o Nueva York…Pero queramos o no, el debate de fondo, el que se niegan a hacer los políticos y la mayoría de medios de comunicación es otro. Es el que está en la calle. ¿Es compatible el islam con las democracias europeas?

Se puede querer no hablar de este interrogante o bien reducir toda respuesta a islamofobia por un lado y exageraciones absurdas tipo islamización de Europa por otro. Pero así no se va a ningún lado. Lo cierto es que existe un problema. Que mucha gente ve con prevención a los musulmanes. E indisolublemente con ello, a la inmigración de países que siguen esa religión. La estupidez de lo políticamente correcto quiere evitar hablar de estos fenómenos. No se puede decir que existe un problema con la inmigración masiva musulmana en guetos, de tal manera que no se integran de ninguna manera -como pasa también con los chinos, por otro lado, ciertamente-; no se puede decir que no todos los votantes del Frente Nacional en Francia ni todos los seguidores de Pegida en Alemania son ultra derechistas; no se puede decir que no se debería permitir de ninguna manera a ninguna persona ir embozada por las calles, sea con niqad o máscara; no se puede decir que no se puede aceptar que –como pasa en algunos municipios franceses- las piscinas públicas tengan horarios diferentes para hombres y mujeres; no se puede decir que no se tolerante ante la intolerancia religiosa. Todo esto, entre otras muchas consideraciones que se deberían hacer, no se puede decir porque enseguida te tildan de racista, ultra y etcétera.

Pero por mucho que no quede bien hablar de todo esto, de todo esto es de lo que muchísimos españoles de cultura cristiana –al margen de que tengan o no creencias extra terrenales de cualquier tipo- hablan en los autobuses, en los bares, en las peluquerías, en las calles, en las casas… en estos días. Y habrá que enfrentarse a ello. Cuanto más tardemos, peor.

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01 2015