Archivo de Septiembre, 2015

Tras las urnas catalanas

Es casi enternecedor oír y leer algunas interpretaciones de las elecciones catalanas. Así que dejémoslas. Vayamos al asunto. Los comicios son eso. Elección de parlamentarios. Lo del plebiscito era una -como dije en mi anterior artículo- de las tonterías de Artur Mas que tanto le gustan y que le acaban yendo peor que mal. Es su problema y allá él y su partido que ha pasado de tener en tiempos mayoría absoluta a escasos 30 escaños propios dentro de la cosa rara de la coalición entre imposibles con un número 1 que más inútil no puede ser.
Lo dicho, al asunto. El Parlamento catalán tiene 135 escaños. De los cuales ahora habrá 72 que quieren segregar Cataluña de España. Que las interpretaciones no cieguen la evidencia: ahí hay un problema político serio, muy profundo y que no se arreglará, ni por remota aproximación, con Constitución, leyes, amenazas y mucho menos todavía con las sanchezadas del líder del PSOE, el maestro de la nada, tan vacuo que por comparación acabará por hacer parecer un estadista a su antecesor José Luis Rodríguez.
Cómo está este país que en la noche electoral en la que se conoce que han ganado claramente en una parte del territorio los que desean romper la unidad, ni el presidente del gobierno ni el jefe del estado tienen tiempo para decir unas palabras. Nada. Silencio. Como si fueran unos comicios de esos tontos, chorras, que nadie sabe por qué se hacen, verbigracia los autonómicos de Baleares. Si lo que desean Rajoy y Borbón es no dar más relevancia al siete que han hecho las urnas catalanas a España, deberían saber a estas alturas que no mirar ese problema no lo resolverá. Llevan mucho tiempo sin querer mirar a Cataluña. Tampoco lo harán ahora. Pero al menos deberían tener claro que su inacción e incapacidad es una parte considerable de ese problema.
¿Y ahora qué? Pues la verdad es que nada. Nada al menos hasta que pasen las elecciones generales. Cuando se haya formado un nuevo gobierno central, que será en coalición o en minoría, entonces sí sabremos hacia qué camino puede embocar España, y si Cataluña podrá poner en valor esa fuerza separatista o no.

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09 2015

Por qué Cataluña será independiente

Cataluña alcanzará su independencia de España porque el Estado es muy frágil y se muestra incapaz de hacer frente al reto separatista. Entra dentro de lo posible que a corto plazo las tonterías a cargo de Artur Mas y Cía no permita a ERC alcanzar sus objetivos. Sin embargo la marea social a favor de la segregación es tan amplia que hay que ser muy obtuso para suponer que vaya a remitir. No se trata sólo de que en Cataluña haya independentistas -que siempre los ha habido- sino de que existe mucha gente que no lo era y que sin ser nacionalista ha pasado a desear la separación, además de otro grupo también muy numeroso que no se siente en absoluto agredido ni molestado ante la idea de la segregación. De hecho, sólo los votantes de PP y Ciudadanos son españolizadores. Porque PSC, IC y los de Podemos con nombre raro, aun no siendo independentistas están a favor del “derecho a decidir”. La diferencia es importante pero cuando la ruptura del Estado vaya adelante en serio será un simple matiz, porque no van a oponerse.
Pero ni con todo este volumen de poder político la independencia catalana sería posible si no tuviera jugando a su favor al elemento más importante. La extrema debilidad del Estado. Lo prueba que ningún partido de ámbito nacional actúe a favor de su fortalecimiento. El PSOE no sabe qué hacer con España, dice ser federalista pero a menudo algunos de sus miembros relevantes -como Francina Armengol en Baleares o Ximo Puig en la Comunidad Valenciana- en verdad defienden la confederación, Pedro Sánchez dice un día una cosa y al otro lo contrario y no se despeina -ha llegado a gritar que él es “catalanista”, pobre hombre- y ya solamente una federación poderosa, la andaluza, es claramente españolista. En el PP aseguran que van a hacer cumplir la Constitución y las leyes, y uno no puede evitar sonreír ante la diferencia entre lo que dicen y (no) hacen siempre que gobiernan. Ciudadanos es un maniquí catalán cuya mera existencia demuestra que incluso el españolismo es diferente en Cataluña, lo cual debería bastar para que en Madrid entendieran lo que acontece, pero ni así. Y el resto de fuerzas de ámbito estatal son de izquierda, como Podemos y el PCE-IU, y reivindican el derecho de autodeterminación para Cataluña, o al menos lo defendía hasta hace escasos días la plataforma del Conductor Pablo Iglesias, aunque también es verdad que un Gran Líder como él cambia de opinión y no tiene por qué dar explicaciones a nadie, así que a saber qué defiende hoy al respecto de lo comentado. UPyD ya no “upeydea” nada. Y las aportaciones de la ultraderecha, como Vox, son de tan escaso calado que no cuentan (todavía). La consecuencia es que el panorama político tan frágil no cambiará pase lo que pase en las elecciones generales. De hecho, todo augura que como el futuro gobierno será mucho más débil que el actual la endeblez del Estado aumentará muy mucho en la próxima legislatura. En cualquier caso, lo de ahora es la consecuencia de una forma de hacer política que lleva practicándose 40 años y no mudará. Y no es sólo política: es imposible ver una selección española deportiva actuando en el País Vasco o Cataluña: ¿por qué?, la respuesta es obvia.
Por todo esto la debilidad del Estado es tan enorme y por esto mismo por tanto la independencia de Cataluña es inexorable, antes o después.

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