Archivo de marzo, 2016

El islamismo y nosotros

24

03 2016

Tras los atentados de Bruselas, de nuevo surgen las opiniones de siempre. Las que se oyeron luego de lo mismo perpetrado en Nueva York, Londres, Madrid, París… Que no todos los musulmanes son terroristas – ¿quién ha dicho alguna vez semejante estupidez?-, que si hay que integrar, que si todas las religiones son buenas, que si…

Por supuesto que tener una creencia extraterrenal, sea cuál sea, no presupone nada. Ahora bien, hay que precisar que si una persona vive en Europa y cree que sus ideas sobre el más allá deben ordenar su vida terrenal, siempre y bajo todas las circunstancias es una decisión suya, personal, íntima e intransferible. De ninguna manera puede aspirar a que el conjunto social lo acepte. Es más, ni siquiera se le debe respetar. Alerta: al individuo sí, se le respeta en sus derechos. No a esas sus ideas que son nocivas. Hay que combatirlas. No estamos ante un conflicto, por tanto, de religiones. Allá cada cual con la suya. Sino de concepción de la vida y por ende de derechos humanos. Aquí en Europa separamos entre Estado y creencias extraterrenales, por tanto blindamos la libertad individual –y con ella la de expresión- como esencial de todas las personas por igual, al margen de su sexo, creencias y origen. Quien no acepte este principio debe ser considerado como lo que es: sea un comunista, un fascista o un integrista religioso sarraceno. Tiene derecho a serlo, cuidado, pero el Estado tiene la obligación de velar porque no afecte su creencia a la libertad de los demás ciudadanos.

Y en relación a esta preeminencia del Estado –en el sentido de la estructuración democrática- sobre la concepción religiosa del individuo no estaría de más que las organizaciones islamistas de Europa occidental, incluidas las españolas, proclamaran expresa, solemne y públicamente la aceptación de ese principio. Se desvanecerían muchos malentendidos.

Algunos políticos, como el alcalde de Zaragoza, dicen que los atentados son la respuesta a (sic) “nuestra” violencia. Es verdad que la grandeza de la democracia radica en que incluso un tonto de capirote como éste llegue a alcalde, pero no se puede dejar pasar su idiotez. No somos culpables. Sí es cierto que nuestros gobiernos han cometido errores terribles que han alentado el yihadismo –como las ridículas “primaveras árabes”, todas abortadas por los mismos servicios que las impulsaron- pero de ahí a asegurar lo que dice el zaragozano no hay un trecho, hay un océano.

Otros políticos, como un diputado de Compromís, alertan sobre que alguien pueda creer que nuestra civilización es superior a la musulmana, y lo critica. De nuevo estamos ante uno de esos que por ser correctos políticamente no tienen empacho alguno en decir esas sandeces. Claro que nuestra civilización es superior a la sarracena. ¿Alguien lo duda? Separamos entre Estado y religión, consideramos iguales a las personas, nos hemos dotado de derechos democráticos y hemos derrotado a nuestro particular integrismo religioso, el católico y cristiano en general. ¿Cómo no va a ser nuestra civilización superior?

Al fin, la felicidad política

16

03 2016

Algunos dicen que esto es un desastre. Porque “no hay gobierno”. Hombre, a ver, haberlo, lo hay. En funciones, pero lo hay. O sea, que no puede impulsar proyectos de ley, ni aprobar decretos… meramente se ha de dedicar a lo que se llama el “día a día”, a gestionar cada departamento para que todo lo existente funcione -de ahí “en funciones”- pero sin sumarle ni restarle nada más.
Claro que nuestro ejecutivo conservador es tan chulo que entiende que estar en funciones supone dar su apoyo a la vergüenza asquerosa del pacto de la Unió Europea con Turquía. Lo cual es muy dudoso que sea mera decisión sin importancia, para seguir funcionando, que nada añada o reste. Tampoco se comprende que Rajoy y sus chicos digan que ellos no tienen que dar explicaciones al Parlamento. Qué feo queda. A ver si nos limpiamos la boca. Que eso, ni en broma. Cómo no va a tener que dar cuentas. Otra cosa es, que lo es, que la izquierda se aproveche de que no hay previsiones legales al respecto y exagere la nota todo lo que pueda -y a fe que puede mucho- para forzar situaciones tan esperpénticas como ésta.
Pero lo más reseñable de estar supuestamente “sin gobierno” es la felicidad que se palpa en las calles. Dicen que Bélgica estuvo en esta situación unos 500 días y los ciudadanos nunca fueron tan felices. Se entiende. En España vamos por los 145 -desde que se convocó a urnas, 54 días antes de abrirlas- y esto está la mar de bien, oigan: no legislan, no nos suben impuestos, da igual lo que digan… ¿acaso alguien recuerda una tan larga temporada de felicidad política?