España, los partidos y el esperpento

Algunos ingenuos se creen el discurso cínico de los cuatro jinetes de nuestro apocalipsis: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Y los hay que les recriminan que piensen sólo en sus respectivos partidos.

La realidad es bastante más zafia. Mienten, cierto, pero no piensan sólo es sus partidos. No habría nada de malo en ello. A ver: nadie sabe cuál es el interés de España ni de ningún otro país. En cada uno tantos intereses legítimos existen como opciones políticas se ofrecen a sus ciudadanos, y la suma de éstas son aquél. Ni más ni menos. Nada existe por encima de la voluntad ciudadana expresada en voto.  No pasa nada. Se le llama democracia. Y es de lejos el mejor sistema de organización política que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad. No hay que echar mano del ridículo Churchill y sus chorradas para justificarlo. Por cierto y entre paréntesis, el tan loado político británico era un ultraderechista, antijudio y racista de cuidado, un inútil cuyas irresponsabilidades mandaron a la muerte a medio millón de soldados británicos en Galípoli durante la Primera Guerra Mundial, por lo cual fue castigado, y a quien sólo la indolencia pusilánime de su antecesor que le permitió llegar a primer ministro y, luego, su actuación escenográfica durante la Segunda Gran Guerra le mejoró la imagen, no lo suficiente, empero, como para ganar las siguientes elecciones. Así que no cabe ni siquiera usar su famosa frase ridícula para justificar la democracia. Cierro paréntesis.

El sistema democrático, el mejor que existe, en España se basa en los partidos políticos. Son los instrumentos fundamentales de participación, además del voto. Buscando cada uno de ellos lo mejor para sí irán forjando lo mejor para los ciudadanos. El problema que tenemos ahora no es que esto sea malo. En absoluto. Esto es bueno y es lo que debe hacerse. Lo malo es que los máximos dirigentes de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos son gente tan limitada, casi a la altura del incapaz de Churchill, que convierten lo normal en aberración y lo lógico en disparate.

El actual esperpento político español no se debe, pues, a que los partidos busquen lo mejor para sí mismos sino precisamente a que Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera son tan cortos que no saben cómo buscar lo mejor para sus partidos. Ni tampoco quieren buscarlo, cabe añadir. Porque los cuatro en verdad a lo único que responden es a su particular ego, a su interés individual, a su intransferible deseo personal y por ende todo, absolutamente todo lo demás queda reducido a ser meros elementos funcionales que les permiten perseguir la obtención de su único objetivo: sobrevivir políticamente.

Los cuatro están hermanados. Son perdedores, incapaces, cínicos y mentirosos. Y son conscientes po rigual de que los que no ganen se habrán ganado, más a corto que a largo plazo, la jubilación política. Por eso actúan exactamente igual. Por eso ocurra lo que ocurra finalmente lo único bueno será que nos vamos a liberar de un par de ellos pronto.

Dos serán más llevaderos que cuatro. Paciencia y resignación.

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Miquel Payeras

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09

09 2016

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