Archivo de Noviembre, 2016

Las hienas, el PP, Rita Barberá y los medios

La muerte de Rita Barberá ha impactado de lleno en el PP. Su ínclito portavoz parlamentario, Rafael Hernando, ha llegado a decir, para intentar disimular que se la quitaron de encima cuando les molestó en demasía, que la “apartaron” para “alejarla” de las “hienas” y que sin embargo éstas siguieron “persiguiéndola”. Para hiena hipócrita él mismo que celebraba su defenestración con tanta sinceridad como lamenta ahora su muerte.

Otrosí: los dirigentes del PP suponen y sus medios de comunicación afines fantasean con que “algunos”, o sea las cabeceras progresistas, se ensañaron con la senadora conservadora, una injusticia a su parecer porque al fin y al cabo de lo que se trataba judicialmente era de “sólo 1.000 euros”. Mentira. La acusación fiscal que se cernía sobre su cabeza era grave. De blanqueo de capitales. Delito penado entre seis meses y seis años de prisión. Nada de una cosa sin importancia. Es más, sospechosos del mismo delito, tuvieron que dimitir todos sus concejales, a los que ella mandaba -un detalle, éste, que tampoco carece de importancia- e incluso su partido, el PP, está bajo sospecha de haberse financiado irregularmente a través de ese blanqueo de capitales cuyo origen podrían ser comisiones ilegales. Un marrón muy feo. Cierto: no hay culpables todavía. No, pero sí inocentes que están bajo sospecha y por eso, con todas las garantías judiciales, están imputados. Barberá fue uno de ellos. Así que nada de “sólo 1.000 euros”.

Respecto al supuesto linchamiento mediático es verdad que ha habido medios, en especial televisiones, de orientación izquierdista, que se han cebado con Barberá. Como con Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, José María Aznar… ¿Y? ¿Es que acaso las televisiones de derecha y sobre todo las ultras, no han hecho y hacen lo propio con Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Carles Puigdemont…? Claro que sí. Y en cuanto a los “perseguidos” por ser sospechosos de corrupción sin mediar condena, lo que a juicio de los derechistas que se rompen ahora vestimentas es una intolerable injusticia, ¿es que sólo vale la queja para Barberá, y el resto del PP, y sin embargo no vale para, pongamos por caso, Jordi Pujol? Porque es de suponer que nadie dirá que a Pujol y familia no se les ha perseguido de lo lindo. En especial la premsa, radios y televisiones de derechas y ultras, cuyos tertulianos -siempre muy plurales: de la derecha más rancia a la más extrema, pasando por la radical- dan por hecho con pasmoa facilidad la culpabilidad del ex de la Generalidad catalana -más allá de la irregularidad fiscal de tener, como lo tuvo Emilio Botín y miles de otros ricos españoles, dinero oculto en Suiza- llamándolo de todo menos guapo. Sin que ningún juez lo haya condenado todavía. Así que menos lobos con las fantasías de la “persecución” sufrida por Barberá. No fue diferente a tantos otros casos.

Ahora bien: ¿que hay que debatir sobre la famosa “pena de telediario”? Pues vale, debatamos. Porque es cierto que la Ley de Enjuiciamiento Criminal insta a la autoridad judicial a “proteger la imagen, honor e intimidad” de los detenidos. Lo cual brilla por su ausencia en España. En otros países, por ejemplo en Francia, está prohibido publicar fotos de los detenidos. Así que sí, tal vez deberíamos debatir y en su caso cambiar este espectáculo de gente en las portadas de diarios y oberturas de informativos televisivos esposados y ya estigmatizados pase lo que pase finalmente con su causa judicial. Pero cuidado: debatámoslo y en su caso rectifiquémoslo pero para todos los detenidos. No sólo para los políticos. Tiene sus bemoles que éstos sólo se hayan preocupado de la susodicha pena cuando toca padecerla a alguno de sus colegas y que jamás les molestara cuando afectaba, y afecta, a tantos otros miles de ciudadanos que no pertenecen a su reducida aristocracia.

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11 2016

Trump, Podemos y el populismo

Donald Trump ya es el presidente electo de los Estados Unidos. Y medio mundo ha quedado estupefacto por la sorpresa. No hay para menos. Un tipo que ha hecho anuncios de todo tipo de productos, presentador de televisión, showman, empresario desastroso y, sobre todo, hábil vendedor de sí mismo… Bueno, aquí tuvimos a Jesús Gil, muy semejante, un visionario del futuro que tendría el populismo: personaje televisivo, empresario desastroso y especulador hábil que de haber vivido ahora a saber cuánto hubiera logrado en política.

El triunfo de Trump ha desatado una extraña reacción histérica en la cúpula de Podemos. No quieren que se les compare con su colega estadounidense. Donald Iglesias se pone de los nervios cuando Albert Rivera y Susana Díaz asemejan su partido al movimiento de Pablo Trump. No tiene por qué enfadarse.

El populismo es muy amplio, lo hay de derechas y de izquierdas, más acentuado en un punto ideológico u otro, pero todo él se define por pretender -falsamente- representar al “pueblo”, a la “gente”, a los de “abajo”… contra la “élite” perversa y corrupta. Esto es su elemento diferencial más importante. Y esto es así desde los albores teóricos del movimiento en la Rusia zarista, en los tiempos de Andrew Jackson en Estados Unidos, en los del Partido del Pueblo en el mismo país… hasta llegar a la eclosión del caso argentino de Juan Domingo Perón, a mediados del siglo XX.

Tras Perón, en síntesis, en América Latina se desarrolló un populismo de raíz supuestamente obrerista e inspirado en el peronismo que fue extendiéndose a partir de la caída de los regímenes militares que asolaron el continente durante los años cincuenta a ochenta. En Argentina es el justicialismo, en Venezuela el bolivarismo… Todos estos movimientos se hermanan por encima de sus diferencias locales en el discurso contra las élites y, en especial, en destrozar la economía de los países que gobiernan. En Estados Unidos e Italia el movimiento mudó luego, en los años noventa, a muy derechista, no sin invocar, empero, el bien del “pueblo” como norte de su actuación, por supuesto, y se centrifugó en los platós de televisión para catapultarse hacia un nuevo estadio evolutivo: tanto el Tea Party como Berluscuni fueron la concreción de este populismo más moderno. Diferente al latino en muchas cosas, pero igual en su esencia.

Trump ha bebido, como dice Susana Díaz, de esas fuentes, igual que lo ha hecho Podemos -aunque este partido además de beber ideología también ha bebido de otros impulsos venezolanos-, pues están hermanados por esa esencia del discurso ideológico: todos los populismos del mundo claro que están unidos en la lucha contra las élites, la libertad de comercio y contra no pocas otras libertades.

Así que las airadas reacciones desatados en Podemos por las lógicas comparaciones que se hacen con el movimiento de Trump no se entienden.

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11 2016