Archivo de febrero, 2017

Borbón, Urdangarín, Valtonyc y la democracia

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02 2017

Muy poca gente debe dudar que si Cristina de Borbón y Grecia tuviera por apellidos Pérez García otro gallo jurídico le hubiera cantado. Mucho más fiero, desde luego. Todo el proceso estuvo desde el principio, ahora se nota, perfectamente tutelado por las fuerzas que deseaban exonerar a la hermana e hija de reyes españoles. De hecho querían ahorrarle incluso sentarse a la silla del sector de los acusados en un juicio. Sólo la voluntad del juez instructor, José Castro, les impidió conseguirlo. El presidente del gobierno, el ministerio de Hacienda, la fiscalía… todas las estructuras del Estado trabajaron para conseguirlo, intentando ahuencar al máximo la instrucción por lo que a ella respectaba. Y como no se salieron con la suya porque ese juez usó la acusación popular para sentar a las egregias posaderas en el susodicho incómodo lugar durante unos meses, estalló –cosas que pasan en este país, pura casualidad, por supuesto- el escándalo que dejó a la parte acusatoria desprestigiada –con razón- a más no poder. Con estas alforjas el final del viaje procesal no podía ser muy diferente al destino de rositas que fue.

Por si algo faltaba, seis días después el tribunal dejaba al cuñado y yerno de reyes españoles sin ninguna medida cautelar por su acendrado arraigo en España viviendo en Suiza, al mismo tiempo que al otro condenado se le retiraba el pasaporte. Sólo es la guinda del pastel que pagamos entre todos y se comen unos pocos. Como alguien con gracia ha escrito estos días en twitter en “en España la justicia es desigual para todos”.

Al mismo tiempo que se conocía la felicidad urdangarinesca un cantante mallorquín, José Miguel Arenas, era condenado a 3 años y medio de cárcel por la letra de algunas de sus canciones. Por injuriar a la corona española y por enaltecimiento del terrorismo. Delitos de opinión que no deberían ser castigados de esta cruel forma en un país en el que la mayoría de condenados por corrupción han pagado con menos años de prisión. Se ve que aquí lo que molesta no es tanto la corrupción como que con ella se critique a las alturas borbónicas.

Ya siendo hora de que pongamos fin a los privilegios de los Borbón y acabemos con la excepcionalidad legal relacionada con el terrorismo. La corona que ahora lleva Felipe y hasta su dimisión Juan Carlos fue inventada por Franco. Nada altera que el respectivamente abuelo y padre, el pobre Juan, se viera obligado -derrotado y humillado por su hijo- a aceptar la renuncia a la legítima sucesión borbónica y aceptar la que en 1969 el dictador determinó como “designación” y no “restauración”, muy correctamente por cierto. Bien estuvo que en la transición democrática y los años siguientes, muy inestables, se apartara la institución del debate político. Pero esto ya no se puede aguantar. No existe paragón. Ningún otro país tiene blindada como España su monarquía. No es democrático. Es infinitamente mejor un sistema republicano, por supuesto, pero mientras no llegue al menos hay que limar las asperezas tan poco democráticas de esta corona. Y tiene muchas. Por lo que respecta a la excepcionalidad legal a cuenta del terrorismo –por la cual se ha juzgado y condenado al cantante mallorquín- exactamente lo mismo: quizás –y sólo quizás- tuvo su razón de ser en los años duros del terrorismo etarra, pero hoy ya no vale para nada. Es más, se ha convertido en un instrumento peligroso para la democracia. Se debería derogar.

El laberinto secesionista catalán

10

02 2017

El proceso separatista catalán se ha convertido en una especie de laberinto las salidas del cual se han reducido a dos. Al menos así lo explican los iniciados en la cosa secesionista. Una, que no tiene vuelta atrás posible y que por tanto “España” sólo podrá parar la independencia por la fuerza, sea en el grado que sea ésta; así que la salida uno es conseguir la separación de forma rápida o que se impeda violentamente. Dos, que al final no habrá más remedio que bajar velas pero al menos hay que aprovechar la ocasión para dejar a “España” en evidencia ante los países que interesan, mostrándola como un estado que impide el ejercicio democrático, así “sembrando” para el futuro, es decir conformarse ahora con migajas –financiación, trato de hecho bilateral, etc.- y esperar que el contexto internacional y nacional cambie al menos lo suficiente para que pueda llegar a convocarse el referéndum pactado en un futuro a no muy largo plazo.

Esta última teoría tiene a su favor que no parece lógico esperar que el gobierno de un país deje que un 20% de su riqueza se vaya unilateralmente. No ocurren estas cosas. Una ruptura sin consenso de todas las partes no se consigue excepto que sea con sangre mediante. Por tanto estaríamos ante un ejercicio táctico para ampliar el número de apoyos internacionales a la secesión catalana. Y que ésta de ser posible lo sería en otra fase más adelante y, por así decirlo, más madura en cuanto a ayudas de otros países. En Madrid creen que los separatistas no tienen cobijo político en ningún sitio, pero se equivocan. Es cierto que no son gobiernos –no podrían serlo de ninguna manera, por pura cuestión diplomática- pero hay cuadros dirigentes de partidos políticos mayoritarios de, como poco, Alemania, Estonia, Letonia, Lituania, Croacia, Noruega, Suecia y Holanda que comulgan al menos con las teorías de que hay que hacer un referéndum en Cataluña. Amén de más difusos apoyos en otros lugares, incluidos los Estados Unidos y Rusia. Una imposición negativa de Madrid sobre este ejercicio de voto popular reforzaría la idea, que sin duda existe ya, de que España tiene un déficit democrático por este lado. Y podría pasar, en este sentido, que a  medio plazo se dé una situación política interna –nuevas elecciones, un PSOE más proclive que nunca a los nacionalistas, Podemos como segunda fuerza, el PP más disminuido, más fuerza soberanista en Madrid…- que sumada la discreta presión internacional acabe por dibujar un escenario en el que sea posible la famosa consulta.

La primera teoría es la rupturista inmediata. La que defienden los que creen que no cabe estar en España ni un segundo más del imprescindible para “hacer las maletas”. La explican gentes que no responden en absoluto al tradicional apelativo “radical” en ningún sentido ideológico o político, que en muchos casos ni siquiera han pasado por el nacionalismo y que han abrazado el separatismo al llegar a la conclusión de que “con España no hay nada que hacer”. Son, por decirlo de otro modo, aquellos catalanes a los que el ex ministro García Margallo suele invocar como ejemplo de “los hay que recuperar”. Muy tarde, se barrunta. Ignoro qué fuerza tiene ese segmente favorable a la independencia ya mismo. Sin embargo si vale de termómetro lo que dicen la mayoría de medios de comunicación catalanes no existe alternativa a la huida enseguida. Dan por hecho, y más después de los juicios, que lo único que puede impedir la independencia son los tanques, y que éstos “no llegarán porque Europa no lo permitirá”, me decía hace poco un empresario que vive en Barcelona. Es una idea ampliamente aceptada.

En fin, quizá pronto se resuelva el laberinto catalán. O no.