Madrid, Cataluña y el TC

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03 2017

En el acto protocolario de dejar el cargo, el hasta hace poco presidente del Tribunal Constitucional (TC), Francisco Pérez, dijo algo que a pesar de ser reproducido por los medios de comunicación, la inmensa mayoría, los de Madrid y resto de las Españas eternas, han intentado olvidar enseguida. Como si se tratase de un acceso febril pasajero que padeció el pobre hombre en el momento de dejar el chollo. Como algo comprensible que, bueno, no tiene ninguna importancia. Y a otra cosa. O sea a lo de siempre, más bien. A dar con la Constitución en el cogote de los pérfidos separatistas. A ver si entran en vereda a base de ridículas inhabilitaciones.

A pesar de la evidente voluntad de no recordar lo dicho por Pérez, su opinión es muy relevante y sobre todo importante para entender de qué se trata, todo en su conjunto. Dijo el saliente presidente del TC que el asunto no puede resolverse “sólo” por parte del susodicho tribunal, tal y como ya avanzó éste en decisión hecha pública en 2014 contra el proceso separatista. Insistía Pérez con un casi ruego: “Por desgracia, desde aquel inicial pronunciamiento nuestro, la tensión no ha cesado. Creo que nuestro planteamiento de entonces y nuestra llamada al diálogo político siguen siendo válidas; diré más, creo que se han convertido en una necesidad inexcusable y urgente”. Naturalmente su petición ha caído en saco roto. En Madrid estas opiniones no se contemplan. En la Villa y Corte lo único que vale es al TC rogando y con la Constitución dando.

Y sin embargo por mucho que se empeñen no van a arreglar nada así. Es verdad, no habrá referéndum ni independencia. Este año. No obstante el éxito español quedará reducido a este corto plazo. Más allá, aunque no les interese nada, hay tiempo y habrá nuevos retos, de muchísima más enjundia –por ejemplo, véase cómo crecen los apoyos internacionales al referéndum y a la secesión- que el actual. En cambio los secesionistas juegan a presente y, sobre todo a futuro. Con el follón que se montará, Puigdemont convocará elecciones. En las que las fuerzas que se auto titulan constitucionalistas van a salir requemadas. Los independentistas -¿alguien lo duda?- volverán a tener mayoría absoluta. Con la diferencia que al frente de la Generalidad estará Junqueras. Un separatista pata negra mucho más inteligente, perspicaz, hábil y eficiente que el negado de Puigdemont o la patulea de los chicos corruptos de Pujol.

Y luego, ¿qué?

En Madrid no saben, no contestan.

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Miquel Payeras

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