Archivo de Abril, 2017

El Compiyogui, la Consorte y la Corona

 

Los periodistas cortesanos, casi todos, se han hartado de propagar la bondad de la monarquía de Felipe. Desde que éste recogió la corona que Francisco Franco Caudillo de España por la Gracia de Dios se inventó para poner sobre la cabeza de su padre no han cesado las comparaciones implícitas de su reinado con el de su antecesor, siempre, claro está, extrayendo fácticas conclusiones positivas. Es que no nos lo merecemos de lo bueno que es y ultra bien preparado que está. Y bien casado, sobre todo. La consorte es de lo que no hay, plebeya, normal, del pueblo. Vamos que a poco que te descuides vota Podemos.

Para los fans de esta monarquía inventada por Franco, pues Juan Carlos aceptó ésta rompiendo con la tradicional de su padre en 1969 y 1975, y a estos efectos nada cambia el hecho de que el moribundo viejo rey sin corona al final aceptase su trágico destino y renunciara a ella, no estaría de más que leyeran –en estos días de libros que van de San Jorge a la feria de los ídem- la magnífica obra de Rebeca Quintans “Juan Carlos I, la biografía sin silencios”, que, como es normal en esta democracia borbónica, no es fácil de encontrar pues se le intenta hacer el vacío absoluto, a ver si así poca gente la lee y no se entera de cómo es en verdad el ex jefe del Estado español. Afortunadamente existe internet para soslayar la censura inexistente –aunque como pasa con las meigas…- y hacerse con la imprescindible obra.

Un libro,por cierto, en el que también se nos presenta sin aditamentos, maquillajes ni operaciones de cirugía estética a la consorte actual y a su marido. Un matrimonio que va a superar por mucho al de Juan Carlos y Sofía, en todos los ámbitos.

Una lectura, la de esta biografía, que en estos días es todavía más aconsejable en relación a la consorte pues quizá ustedes hayan reparado en que el detenido en la Operación Lezo y en libertad bajo fianza de 100.000 euros Javier López Madrid es el muy selecto amigo del actual jefe del Estado y de su esposa, quien fue condenado a seis meses de prisión –no entró en la trena, claro- por el escándalo de las tarjetas black. Como se ve tiene una hoja con acendrados servicios a su Patria, que es la del dinero. Pues bien, este personaje es quien recibió, cuando estalló su implicación en las black, el famoso mensaje de la Leti: “sabemos quién eres, sabes quiénes somos, nos conocemos, nos respetamos, lo demás, ‘merde’, un beso ‘compi yogui (miss you!!!)”. Lo escribió el 14 de octubre de 2014, se hizo público en marzo de 2016 y a día de hoy todavía no ha dimitido de consorte.

En fin, esto es lo que hay. Y va a superar de mucho a lo que hubo, que ya tuvo lo suyo, enorme. Lean el libro referido y lo comprobarán.

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04 2017

Contratos, corrupción, izquierda y derecha

La izquierda tiene una gran capacidad de medir con doble vara las mismas actitudes. Por ejemplo, un oficial de las SS destinado en una cárcel del III Reich asesinando por cuestión ideológica a enemigos de la patria aria es un nazi criminal que merece, como poco, acabar en la cárcel; en cambio un oficial en Cuba en 1960 dedicado a asesinar a enemigos de la santa revolución patria –al que llamaban Che Guevara- es idolatrado como ejemplo de compromiso. Uno y otro asesino son hermanos, no en vano las caras nazi y comunista comparten misma moneda: la de la lucha contra la democracia y la libertad. No hay nazismo bueno ni comunismo decente. Sin embargo nuestra izquierda sí ve diferencias.

Lo comprobamos casi a diario con la actitud del neocomunista Podemos en relación a las dictaduras soviética –ahora que va a celebrarse el centenario de la sangrienta revuelta rusa-, cubana o al engendro venezolano. Los totalitarios, por definición, son buenos si son de izquierda. A ver, no es que no pase esto en la derecha, entendámonos: el PP todo el día está con Venezuela en la boca, pero nunca se le ha notado masticar un poco de franquismo, por poner un ejemplo casero. Pero dado que es la izquierda la que en toda Europa, España y Baleares quiere, según dice, tener un discurso ético superior y alternativo a esa derecha, no es lógico que siga lastrada por tales clichés de pacotilla, propios de progres europeos bien pagados que no vivirían en un real “paraíso comunista” ni hartos de ingerir lo que sea.

Este tipo de izquierda hipócrita se nota a escala doméstica balear a cuenta de la corrupción. Acuérdense de las veces que Izquierda Unida, PSOE y PSM defendieron que no tenían por qué hacer nada más de lo que hacían –nada- en relación a la corrupción de su aliada UM. Fue necesario que Rubalcaba instara telefónicamente a Francec Antich a actuar, un jueves por la tarde de febrero de 2010, para que a nuestros izquierdistas les resultara “intolerable” la corrupción amiga a la que llevaban dando clara, expresa, rotunda y pública cobertura política desde el estallido del caso Bartomeu Vicens en octubre de 2008. Contrasta con esa resistencia a hacer algo el hecho que ante cualquier sombra de sospecha que aafecte al PP siempre les basta para rasgarse las vestiduras y reclamar piras de expiación en plaza pública. Recuérdense de lo que llegaron a decir en 2006 el PSOE, PSM e IU de Jaume Matas por lo de Nóos antes de que se judicializara la cosa, en 2007 de José María Rodríguez a cuenta de Andratx, de… y lo que no dijeron, todo, de sus Xicu Tarrès en Ibiza o Miquel Ensenyat en Esporlas, Mallorca, al ser imputados. Y no tiene importancia alguna, al respecto, cómo acabó cada caso, porque todos fueron iguales, desde el punto de vista ético, en su principio. No obstante la izquierda siempre despreció las denuncias de corrupción si le afectaban a ella o a la aliada y le bastaron y sobraron para atacar brutalmente si correspondían al PP.

Ahora mismo vemos igual actitud con el asunto de los contratos de Més. PSOE y Més echando balones fuera. Que con la dimisión de la consellera sacrificada ya está todo hecho, que no hay que dar más explicaciones y que nada es ilegal porque lo dicen ellos. No cuesta nada imaginarse a los mismos que buscan excusas machando a los sospechosos en caso de que éstos fueran del PP y se encontraran en igual situación.

Allá cada cual con lo que piensa y hace. Que todo el mundo es libre. Faltaría más. Pero no es ésta la cuestión. Lo es si esa izquierda, que siempre ha pretendido estar éticamente por encima de la derecha, es capaz o no de generar un discurso de valores a defender creíble, razonable, coherente y que inspire suficiente confianza como para ser alternativa de poder.

Con esa doble vara de medir situaciones iguales dependiendo del color ideológico, cada vez más claramente percibida por el conjunto social, no parece que sea la mejor forma de conseguirlo.

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04 2017