Archivo de julio, 2017

Feixina, toros, autopista y REB

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07 2017

Nuestro Govern, presidido por Francina Armengol, sigue transitando sin hacer nada espectacular y confiando en que los que se activaron contra el PP en 2011 le basten para repetir en 2019. Es mucho confiar. Porque pasados dos años del alumbramiento del tercer Pacto de Progreso –lo que ellos llaman Acuerdos por el Cambio- poca chicha nos da este gobierno y en general todo el Pacto.

El ayuntamiento de Palma ha conseguido que los servicios de limpieza organizados por el gobierno consistorial del PP, que más o menos funcionaban, se hayan convertido ahora en una fuente inagotable de problemas para los ciudadanos, con quejas continuas por doquier. Es verdad que la ciudad ha crecido desordenadamente y que se hace lo que buenamente se puede, pero poco esto importa al ciudadano medio que ve cómo se ensucia más que nunca y que apenas se da abasto para limpiarla –en especial en lo respecta a la tristemente famosa recogida de trastos-. Los políticos de PSOE y Més capitalinos hablan de no se sabe qué “modelo de ciudad” que están “implementando”, que nadie ve y que seguramente sólo les importa a ellos y a sus fieles. Han hecho cosas bien, qué duda cabe, pero para su desgracia de estos dos años relucen mucho más las carencias, que no son pocas, que los aciertos. Entre estos últimos se cuenta sin duda la voluntad de derribar el mamotreto fascista de Sa Feixina, pero suponiendo que lo consigan es de esperar que no se engañen pensando que justifica un solo día de gestión.

En el Consell de Mallorca estos dos años han servido para poner a punto las obras de la prolongación de la autopista de Palma-Llucmajor hasta Campos. Los mismos que se manifestaban contra el primer tramo, realizado por el Govern de Jaume Matas, ahora perpetran el segundo. No cabe añadir nada más.

Y el pacto del Govern, entre que no tiene apenas dinero para nada y que les gusta más a sus miembros una pelea que una buena comida –como han demostrado, y van…, con la grotesca reforma de la ley del Turismo-, ya no tiene ánimo para nada más que hacer aprobar lo de los toros que el Constitucional dejará en nada y exigir el famoso REB –Régimen Especial de Baleares- a Madrid, una tontería como cualquier otra para ir perdiendo el tiempo, no en vano esa ley existe desde 1998 y nunca se ha cumplido, igual que pasará con lo que sea que alumbre Armengol ahora.

Si no fuera porque en el PP cada día son más los que piensan en cargarse a Biel Company, el resultado de las elecciones de 2019 estaría cantado.

Sa Feixina, el fascismo, su Cruzada y su Victoria

15

07 2017

El horroroso mamotreto de Sa Feixina es tan fascista que incluso lo es el apelativo de la plaza que le da nombre. Es curioso que nadie parezca reparar en ello. Es más: en Palma no hay sólo esa plaza sino también una calle igualmente llamada. Curiosamente se salvan de todas las depuraciones de nombres franquistas. Y más claramente fascista es imposible. Porque es incluso filológicamente fascista. En efecto, una ‘feixina’, fajina en castellano, es un conjunto de haces de leña delgada. Lo que en italiano se le llama ‘fascio’, que viene del latín ‘fasces’, y de ahí proviene la palabra fascismo. Así que no fue por casualidad que a la plaza se le llamase de esa forma, ni lo es tampoco que fuera precisamente en ese lugar donde se erigió el monumento ensalzador –talmente lo exigían las bases del concurso para construirlo- del Movimiento Nacional encabezado por Francisco Franco. Y la importancia política de la cosa no acaba ahí. El presidente del concurso para decidir qué proyecto se realizaría fue un almirante que conspiró en El Ferrol –después ‘del Caudillo’- en el 36 contra la democracia. Tampoco es baladí que el dictador, hombre que no era dado a mucho viajar porque tenía miedo de ser objeto de un atentado, se trasladase de su seguro Madrid a Palma en 1947 para inaugurar el monumento a su régimen.

Valgan estos recuerdos para dejar claro que la “contextualización” de 2010 no sirve de nada. Los monumentos no pueden ser exorcizados. No existe ninguna posibilidad de darle un sentido diferente al que tienen cada uno de los centímetros cúbicos de Sa Feixina. Es puro fascismo. En todos, en cada uno de ellos y en la multiplicación simbólica de su conjunto. Es como el Valle de los Caídos. Y no, no es como las pirámides o los monumentos parisinos napoleónicos, que tanto les gusta poner de ejemplo a los estetas como argumento de preservación. La diferencia es que los damnificados por los faraones o Napoleón no existen. Mientras que los damnificados por los orgullosos constructores de Sa Feixina se cuentan por muchos miles. Mismamente: los familiares de los enterrados en la fosa común de Porreras, asesinados –no ejecutados por una ley injusta pero ley, no: asesinados- por los fascistas.

Si alguien de buena voluntad duda del carácter fascista indeleble de Sa Feixina, pregúntese por qué los familiares de los asesinados por el régimen fascista no se cuentan entre los defensores del monumento fascista. ¿Lógico, no? Pues eso.

Sa Feixina, en fin, debería caer. Debería haber caído hace décadas. Destrozada por un bulldozer. Y sanseacabó. Sin embargo la izquierda evanescente que nos gobierna ha preferido dar largas y más largas, liándose ella misma hasta el punto que lo que ya no debería existir acabará en los juzgados y por tanto seguirá en pie, a saber cuánto tiempo más, glorificando su Cruzada y, sobre todo, su Victoria.