Archivo de octubre, 2017

El independentismo vence

22

10 2017

El separatismo catalán se apresta a asumir la derrota en esta batalla. El referéndum fantasmagórico fue un ejercicio de propaganda del que nadie puede extraer resultados cuantitativos. Sin embargo sirvió a los efectos que los estrategas del “procés” habían diseñado: la elevación del conflicto catalán hasta las agendas de las cancillerías europeas. Esto sin duda se consiguió. Cierto es también que tanto la UE en todos sus niveles como los gobiernos de los países continentales han cerrado filas con nuestra Constitución y contra la secesión unilateral. Por tanto cualquier declaración de separación será inútil en la práctica y como mucho buscará el consumo simbólico interno para la parroquia. Un forma de poder decir algo así como ‘hemos hecho lo que dijimos que haríamos’ aunque sepan que no lo han hecho, porque mintieron al decir que todo sería tan fácil, que tendrían un estado independiente en la Unión y que sería el más feliz de los países. Sí, mintieron. Afortunadamente este proceso se ha basado en mentiras, propaganda y mucha manipulación mediática en lugar de tiros.

Retomando el hilo, sí, es cierto: el separatismo ha perdido la batalla. Qué duda puede caber. En realidad ninguno de los dirigentes del “procés” pensaba que las cosas serían muy diferentes a como están siendo. Puede que sí alguno de la CUP o el mismo Puigdemont –que lo ha hecho rematadamente mal, por cierto- dudaran de que el gobierno nacional utilizaría, si no había otro remedio, el famoso 155. O lo que fuera. Pero no tenían dudas en el Pdcat donde el presidente no cuenta con las bendiciones de muchos de sus dirigentes. En este partido siempre ha habido absoluta claridad mental al respecto del objetivo a perseguir. “Claro que no habrá referéndum propiamente dicho, claro que no habrá independencia y claro que tendremos consecuencias negativas, pero obtendremos a medio plazo un mejor Estatuto y nos hemos asegurado que la cuestión catalana siga viva por muchos años”, me explicaba –la cita no es literal pero ése es el fondo- antes del 1 de octubre un nacionalista bien conectado con las alturas de la ex Convergència. Ahí está la clave de todo.

Al contrario de lo que ocurre en Valencia y en Baleares, donde la sustitución cultural debido a los aludes de inmigración han castellanizado tanto la sociedad, en Cataluña la guerra -por seguir con símil bélico- la está ganando el catalanismo y sobre él el nacionalismo ha erigido su hegemonía política y electoral. El “procés” ha convertido todo el nacionalismo en separatismo. Ha perdido aparentemente esta batalla, sí. Pero la guerra le va la mar de bien. Barcelona ha conseguido que la cuestión catalana se haya internacionalizado, cuando pase la tormenta actual va a obtener más autogobierno para la Generalidad y por ende ha conseguido una ventaja estratégica respecto a Madrid, porque en la próxima arremetida para alcanzar la secesión tendrá más eco internacional, más fuerza parlamentaria, más experiencia sobre qué no hacer y qué sí y más poder institucional que Madrid le va a dar. Y en buena parte todo será gracias a la derrota de esta batalla.

España y Baleares sin Cataluña

07

10 2017

Se habla día sí y día también sobre qué pasaría con una Cataluña independiente. De si tendría recursos suficientes o no para funcionar como un Estado serio. Para unos esto es un imposible y el nuevo país acabaría siendo un desastre económico y un drama social. Para otros sería poco menos que el paraíso con dinero de sobras y felicidad general. Quién sabe. De lo que nadie parece preocuparse es qué pasaría con la España que quedaría. Y a efectos regionales nuestros, qué pasaría con Baleares.

De entrada cualquier país que sufriera la amputación de un 19% de su PIB, como sería el caso, recibiría un golpe brutal a su economía en general y a sus presupuestos sociales en particular. Para hacerse una idea: Venezuela, gracias a la gran gestión de ese estadista universal que es Maduro, liquidó un 18% de su PIB en 2016, con el resultado por todos conocido. Si bien es cierto que ese pobre país rico ya venía de caídas grandes en años anteriores debido a la ineficacia corrupta del neo comunismo en forma de populismo que lo destroza desde hace tiempo, el golpe de casi un quinto del año pasado significó un golpe terrible y hundió el sistema de asistencia pública a la población más necesitada. No sería lo mismo en España, por supuesto, porque la situación de partida no puede compararse, pero la pérdida de casi un 20% supondría que quedarían en riesgo de, como poco, disminución severa las pensiones, la sanidad universal y la educación tal y como las conocemos.

Pero, claro, no es creíble que se fuera Cataluña y el País Vasco no le siguiera a corto plazo: un 6% del PIB. O sea que ya nos pondríamos más o menos con una derrama del 25%. A lo que en caso de añadírsele el casi 2% de Navarra, nada menos que España perdería el 27% de las aportaciones a su PIB. Entraríamos entonces en un nivel de drama que debería catalogarse de simplemente como catastrófico.

En esas circunstancias, sobre las regiones económicamente más dinámicas caería la responsabilidad de intentar evitar la ruina. ¿Adivinan el resultado? En efecto: más impuestos para todos pero en especial para nosotros los baleáricos, no en vano somos la región en la que más actividad económica relativa –en relación a la población- existe, lo cual queda en evidencia por el crecimiento que vamos registrando en estos últimos año, en el aumento de población por la inmigración…

En resumen, al margen de lo que cada cual piense sobre si Cataluña tiene o no derecho a independizarse y de qué pasaría con ese nuevo potencial Estado, lo más relevante es el enorme golpe que recibiría la economía española. Por eso nunca España dejará partir a su 19% del PIB. Al menos, sin que medien muchos muertos.