Archivo de noviembre, 2017

Cataluña luego de urnas

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11 2017

A medida que pasan las semanas se va viendo con más nitidez que el 155 no va a ser lo que muchos pretendían. No habrá, de ninguna manera, una intervención efectiva en ningún ámbito de la Generalidad catalana excepto en el gasto, controlado desde Madrid. Durante, esto sí, poco tiempo. Ni esto será a largo plazo porque, como ha dicho Mariano Rajoy, cuando el futuro nuevo gobierno catalán tome posesión, si se porta bien se deshará la intervención presupuestaria.

Es de suponer que a nadie le quede ya duda alguna de que incluso ganando los separatistas el ejecutivo entrante se portará tal y como es debido hacerlo. Como siempre habían hecho y que tan bien les había ido hasta hace cinco años, cuando Artur Mas quiso ser un gran estadista jugando de farol con Rajoy y Madrid y acabó por demostrar ser sólo un enorme desastre a quien se le fue de las manos el invento del “procés”. Ahora poco a poco volverá a la normalidad. Con el gobierno de Barcelona aceptando “por imperativo” legal la Constitución y porque a la fuerza ahorcan el ordenamiento jurídico. Y a seguir trabajando por la futura independencia. Incluso así sería con el PSC gozando –como tantos esperan que ocurra- de la presidencia, porque los secesionistas de ERC seguirían teniendo enorme poder institucional.

Al mismo tiempo que en Cataluña la situación política irá normalizándose en Madrid se intentará buscar una solución para “el conflicto catalán”. No existe tal. Pero dado que en la Meseta los del PP y PSOE se creen que sí -y Podemos se apunta a ella, aunque nadie sabe ya a estas alturas qué cree este extraño partido- más pronto que tarde irán poniéndose las bases para un compongo con los nacionalistas catalanes más o menos al estilo del que existe con los nacionalistas vascos del PNV, y que funciona la mar de bien, como se está viendo estos meses.

En fin, como decía el torero filósofo, “lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible”. E imposible es que a estas alturas en Madrid se atrevan a intervenir la autonomía catalana, y, además, es que si fuera posible sería tal bestialidad que nadie en verdad lo desea. Así que por tanto no existe otro camino que el visto. Que es ir retrasando lo inevitable a fuerza de consolidarlo.

Así son las cosas. Y con ellas se puede convivir. Qué remedio.

El triunfo indepe, Cataluña: salida y solución

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11 2017

Decía a la BBC el ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, que en España se va a afrontar una reforma constitucional para “acomodar mejor los deseos de algunos catalanes”. De los separatistas. De quiénes si no. Queda claro, pues, quién ha ganado esta batalla. A algunos de ellos les ha costado un buen susto y es posible que incluso haya quien pague con cárcel en firme durante algún tiempo, no mucho en todo caso. No obstante, el saldo de este duro y agrio enfrentamiento entre Madrid y Barcelona –todavía inconcluso- será nítido a favor catalán. Es verdad que con tanto ruido y niebla política como todas las partes echan, a menudo cuesta entender y ver qué está ocurriendo en realidad, pero si se hace abstracción de la cacofonía y de la bruma se observa de forma cristalina el éxito independentista.

Por supuesto que el Gobierno negará lo que Dacis ha avanzado. Pero seamos sinceros con nosotros mismos. Ni siquiera el ministro de Exteriores es el primero en formular lo que todos sabemos que ocurrirá. Es que no existe otra posibilidad. Claro que muchos españoles quisieran ver que Junqueras, “Fuigdemont”, Forcadell y compañía pagar con prisión durante décadas. Pero no pasará. Si el Gobierno del PP no ha dejado de excarcelar etarras, en cumplimiento del pacto no declarado –y del que jamás se aceptará su existencia- de rendición de la banda violenta –más de 200 han salido de las cárceles desde 2012-, cómo iba a enchironar a los independentistas catalanes que serán lo que se quiera pero violentos no son.

El separatismo catalán obtendrá a medio plazo, pues, su gran aspiración táctica. Una reforma constitucional que le suponga de hecho el blindaje de algunas de sus competencias. Mismamente, la regulación del idioma propio, de tal forma que sean imposibles los recursos judiciales contra el sistema lingüístico vigente en Cataluña que tanto gustan a algunos. Esto se da por descontado. Otrosí: algún tipo de financiación particular que si bien no será formalmente como la vasca se le parecerá mucho. Tampoco cabe descartar el acceso a las instancias europeas mediante delegación de Madrid, al menos en ciertos casos. Amén de quizás, sólo quizás, la consagración del separatismo simbólico en alguna que otra selección deportiva catalana compitiendo internacionalmente en aquellos deportes minoritarios que tengan escaso eco en la sociedad española…

No será inmediato, ni siquiera rápido pero así se hará. Porque no hay otra salida posible. No será, empero, la solución. Porque ésta, ya lo sabemos de sobra, se llama divorcio. Y éste ocurrirá más adelante, cuando Cataluña ya haya gozado suficiente de su nuevo estatus y la siguiente generación política de líderes separatistas -ya en cargos de segundo y tercer nivel- se apresten a dar el definitivo intento secesionista. ¿Cuándo? Quién sabe, pero no faltan décadas sino años solamente para llegar a esta solución.