Archivo de agosto, 2018

Sánchez, Franco y el Valle de los Caídos

26

08 2018

 

Acabando el mes de agosto y con septiembre a punto de iniciarse vamos enfilando hacia los primeros cien días de Pedro Sánchez al frente del Gobierno. En este tiempo -durante el cual se supone que los nuevos responsables institucionales muestran sus credenciales a los ciudadanos- el presidente del Ejecutivo no ha decepcionado. Ha trasladado con absoluta fidelidad su manera de hacer política en la oposición a la forma de gobernar el país. Todo en él son clichés propagandísticos, destellos de ideas nunca desarrolladas, principios que se multiplican y contradicen a conveniencia en función del único objetivo: aguantar en La Moncloa cómo sea, con quién sea que le apoye para conseguirlo y a costa de lo que sea. Nada diferente en su esencia a Mariano Rajoy, podría aducirse. Y sin duda es así. Rajoy prometía bajar impuestos y los subió más que nunca, aseguró mano dura con el nacionalismo y pactó con el PNV el adelgazamiento definitivo de España -lo poco que queda de ella- en el País Vasco… Así que no hay que tener vanas esperanzas. Ni el PSOE será jamás una alternativa ideológica al PP ni viceversa, ni Sánchez hará olvidar a Rajoy… y lo que podría resultar mucho peor: a ver si nos convierte a Zapatero en un gran estadista. 

Si algo queda claro de estos cien días es que Sánchez intentará aguantar con pactos de todo tipo con Podemos y con los independentistas catalanes -el apoyo de los separatistas vascos del PNV ya lo tiene comprado a buen precio-, pero ni así se asegura del todo poder gobernar de veras, además de aguantar en la cómoda silla. Bien podría ser que, como Rajoy durante dos años, no pudiera más que vegetar en La Moncloa. Conocedor del riesgo, el presidente ha intentado en estas semanas iniciales ofrecer mucho aparato de imagen, tal y como ha hecho con la política de inmigración, y centrarse en la venta de lo más ideológico que entiende que puede ofrecer a su parroquia: Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de (su) Dios.

Que el qué hacer con el polvo del dictador sea lo más tangible de la política desplegada por el Gobierno de Sánchez en estos cien días da el tono exacto tanto de la capacidad del presidente como de la seriedad de su gestión. Ahora bien, que este asunto sea una especie de revival interesado por parte de Sánchez -de lo que no cabe ninguna duda- no sella ningún derecho a mantener el Valle de los Caídos como el mausoleo a posta del dictador. No existe parangón. No hay monumento funerario de Hitler en Alemania, ni de Mussolini en Italia, ni de Stalin en Rusia… No debe haberlo de Franco en España. Que la extracción de los restos del dictador sea políticamente interesada y que tenga tanto el aspecto de cortina de humo no la convierte en menos justa.

Sánchez, Armengol y el famoso REB

14

08 2018

La breve visita de obligado cumplimiento de Pedro Sánchez a Palma, para departir con Borbón sobre no se sabe muy bien qué, culminó estas vacaciones con el desplazamiento a la sede del gobierno regional, donde su compañera de partido, Francina Armengol, trabaja desde junio de 2015. Todo fueron sonrisas y buen rollito, como es norma en este tipo de encuentros protocolarios que no tienen un orden del día ni, mucho menos todavía, intención de concretar acuerdo alguno.

Por eso mismo, por no tener razón de ser más allá del encuentro en sí mismo, sorprendió que nuestra jefa de gobierno se desmelenara con una valoración política de la visita según la cual ambos ejecutivos trabajarían a partir de ahora con denuedo en la consecución del archi famoso REB, o Régimen Especial de Baleares. Talmente como si hasta la fecha no hubiera hecho nada de nada al respecto, lo cual es cierto y deja la confesión como un desliz de insólita sinceridad tratándose de políticos.

¿Cabe confiar en que el Gobierno nacional de Sánchez sea más sensible al REB que el de Mariano Rajoy?

La experiencia aconseja mucha prudencia. Más todavía: escepticismo. Sobre todo porque tal y como se plantea en Palma el régimen de privilegios susodicho es un imposible legal. Ni la Unión Europea (UE) lo aceptaría jamás ni tampoco en el Congreso sería posible aprobarlo. Recuérdese: la UE acepta privilegios fiscales nada más que para las regiones llamadas ultraperiféricas, la más cercana de las cuales es Canarias, a casi 1.000 km del Continente; de broma es suponer que las Baleares, a 200 km, puedan caber en el cesto. No menos importante es la falta de apoyos parlamentarios que tiene el PSOE -si es que de veras el partido federal quisiera aprobar los privilegios isleños- para sacar adelante una ley sin sentido de discriminación objetiva de una región rica para serlo más en relación a las pobres de España. Una reivindicación típica del nacionalismo que en Madrid desdeñan aunque se la tragan cuando se trata de Cataluña y País Vasco porque a la fuerza ahorcan, pero como todos sabemos no es nuestro caso.

Por estas razones Sánchez no quiso comprometerse a nada en Palma. Excepto a ese siempre recurrente, en boca de políticos, “trabajar” sin descanso en pos del objetivo, un deseo tan sincero como cuando anuncian una comisión de estudio para equis cosa y la cosa queda así condenada a dormir el sueño de los olvidados por siempre jamás.

Otra cosa es que como Armengol necesita con desespero algo que pueda parecerse, aunque sólo sea en el nombre, al REB, acepte al final lo que Sánchez quiera darle, que no puede ser ni privilegio fiscal ni mucho menos obligaciones de inversión del Estado en la región. Y al respecto de esto último conviene conocer que la justicia ya ha dictaminado que una ley, ni siquiera una orgánica como es un estatuto de autonomía, no hablemos ya de otra común, como sería el caso, no puede obligar a inversiones concretas del Estado en una región pues éstas deben canalizarse a través de convenios bilaterales firmados ad hoc. Si no, no hay nada que reclamar. Que es una manera de decir que ya pueden ponerse cantidades fijas en las leyes -hágase memoria con los 400 millones anuales de inversión obligada del Estado en Balears que incluyó  la reforma del Estatuto isleño en 2007, tan celebrados en su momento como nunca llegados con posterioridad- que no sirven para nada.

Dicho de otro modo: un REB con ningún privilegio fiscal y con mucha palabrería de inversión sin efectiva obligación alguna podría alumbrarse antes de las elecciones autonómicas del próximo año, para que sirviera de banderín de enganche electoral de Armengol.