Archivo de noviembre, 2018

Dani Mateo, Hazte Oír y la libertad de expresión

23

11 2018

Existe una conexión evidente entre el caso de las persecuciones contra el humorista Dani Mateo y contra la conferencia de hace un par de semanas en Palma de Hazte Oír. Son sólo dos ejemplos entre otros muchos que se están produciendo en los últimos años en este país. Vivimos momentos de zozobra en la que los totalitarios,de derecha e izquierda, están avanzando en su cruzada contra las libertades en general y en concreto en contra de la de expresión, su primer objetivo a batir a base de intentar arrinconarla cada vez más.

Es irritante que la presión ultraderechista consiga  – de nuevo – que un juez abra diligencias por la actuación de un teatrero – que esto y no otra cosa es el humorista en cuestión – durante su espectáculo. Son estas cosas las que dan alas al movimiento negro que en España representa Vox. Salvando las diferencias entre los hechos, la saña con la que la ultraderecha ha perseguido a Dani Mateo por sonarse los mocos con la bandera española comparte su odio haciala libertad de expresión con la ultraizquierda que quería conculcar el derecho a expresarse de Hazte Oír en Palma.

El primer caso es otro de los derivados de la existencia de unos delitos aberrantes en democracia, como los que hacen referencia a la protección absurda de la Jefatura del Estado – a la que se trata como cuasi sagrada en lugar de lo que es, una institución política aunque su titular no lo sea por elección ni méritos sino por herencia –, a la de las creencias extraterrenales – de las ofensas contra las cuales casi siempre se concreta en una sola de ellas, la católica, qué curioso –, a los símbolos nacionales y a la persecución del enaltecimiento del terrorismo – que es el peor de los instrumentos contra la libertad de pensamiento – … Ninguno de estos delitos, por mucho que se mienta al respecto, tiene parangón en los países más democráticos, al menos no en la intensidad represora que aquí se perpetra y que fuera de nuestras fronteras – si se duda, léase las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos al respecto de decisiones judiciales españolas que se han rectificado: la quema de la foto de Borbón, por ejemplo – se considera incompatible con un régimen de libertades de veras. No sólo en Europa. Si algo así existiera en Estados Unidos – como servidor ya he argumentado otras veces – medio país estaría en la cárcel, con lo que le han dicho, y dicen, a Trump. Allí su Tribunal Supremo – envidia da – sentenció que la quema de la bandera nacional está amparada por la libertad de expresión. Fingir sonarse los mocos con la de aquí supone abrir diligencias judiciales. ¿Es que no vemos por el contraste la creciente putrefacción democrática que padecemos?

Pero si sólo fuera esto, pues, bueno, habría esperanzas de revertirlo. El problema, gravísimo, es que aquellos que dicen estar a favor de acabar con esta represión no es que no lo hagan, es que aumentan los instrumentos para perseguirla. Ahí está para probarlo ese delito de “odio” contra las minorías que se está intentando usar cada vez más de forma bastarda. Como lo intento la asociación Ben Amics contra Hazte Oír en Palma. Como si la derecha, e incluso la ultra, no tuviera derecho a la libertad de expresión. Pues la tiene. Aunque diga sandeces como las de Hazte Oír o destile, incluso, odio a la libertad de elección más íntima.

Ahora debería acabar citando la famosa frase –y repetida hasta el aburrimiento – de Winston Churchill sobre el derecho a expresarse como uno quiera y, sobre todo, reconociendo este derecho cuando no nos gusta lo que oímos, pero es que este político sólo fue una fachada creada luego de la Segunda Guerra Mundial a beneficio de la fantasía de haber ganado la democracia anglosajona el conflicto, cuando fue la dictadura soviética – otro ejemplo de cómo la propaganda puede convertir una obviedad en algo que no se note – la que derrotó a su hermano totalitario nazi. Así que me ahorro el esfuerzo. Prefiero acabar con la definición que hacía un amigo, ya hace mucho tiempo: “la libertad de expresión es vomitar al escuchar a un facha (sustitúyase, si place, por comunista), limpiarse la boca, contestarle y saber que el hecho de que les reconozcamos la libertad deasquearnos es lo que hace grande la democracia”. El mejor, con diferencia, de los sistemas políticos, como no dijo Churchill.

España, su justicia, la democracia y Europa

13

11 2018

El espectáculo del sistema judicial español no cesa. Dado que no le bastaba con los ridículos que está cosechando por Europa por sus decisiones y / o peticiones a tribunales de otros países y con la defensa cerrada al máximo nivel de los beneficios bancarios, ahora no rechista ante la ayuda que recibe por parte de los principales partidos del régimen para avergonzar a cualquier ciudadano– mediante la designación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGP J) – que desee la existencia de una justicia que no sólo sea independiente sino que, también, lo parezca.

La decrepitud del sistema judicial no es ajenaa la de todo el Estado. No obstante, por su importancia y trascendencia tiene una especial gravedad.

España tiene un déficit legal y judicial importante en relación a los países cercanos. Legal por la existencia de normas – la ley de Amnistía, las tipificaciones de delitos contra la ultra protección a la creencia católica, a la jefatura del Estado, los supuestos que persiguen con gravedad delitos de opinión relacionados con el terrorismo … – que gravan al disidente con tanto ahínco vengativo y voluntad ejemplarizante que no tienen parangón en otras democracias, y que por ello nos convierte en originales de forma harto incómoda para cualquier demócrata. Y tenemos asimismo un déficit judicial que se evidencia por el ridículo que ha hecho el Tribunal Supremo en los últimos meses en Alemania, Escocia y Bélgica, sin que nadie haya asumido la vergüenza y dimitido, y que sólo es el primer paso hacia la segura desautorización brutal que recibirá la justicia española en su conjunto –mucho peor que la recibida por lo del infame Arnaldo Otegui, que no es poca – cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentencie que si bien España es un Estado de Derecho algo tiene de torcido también; y al respecto la decisión de este tribunal por el caso Valtonyc sólo va a ser la primera de las que llegarán a medida que discierna sobre la delirante persecución de los líderes separatistas catalanes a base de un retorcimiento de la ley que provoca un daño infinito a la credibilidad de nuestra democracia.

En fin, que el espectáculo último, lo del CGPJ, no es más que un nuevo ejemplo de la triste situación del sistema judicial español.