Sánchez, Torra y la negociación

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12 2018

Para analizar la vida política conviene siempre fijarse mucho más en lo que acontece que no en lo que dicen los líderes de los partidos que pasa. Por ejemplo, la situación en Cataluña al decir de Pablo Casado y de Albert Rivera es de insurrección revolucionaria, y te vas al Principado y no ves nada de eso por ningún sitio. Sí, es verdad que algunos días hay protestas y enfrentamientos con la policía, en Barcelona. Pero como si eso fuera novedad. La capital catalana tiene una larga tradición de este tipo de diversión de los jóvenes anarquistas y adheridos. Absténgase el lector del motivo que se dice que les empuja ahora y bucee en los medios de comunicación de los últimos veinte años y verá cómo se reproducen cíclicamente los incidentes, casi calcados. Nada nuevo, pues, excepto que las antiguas banderas negras – o negras y rojas – de los ácratas ahora se han sustituido por las burguesas enseñas a la cubana de la estrella solitaria en un triángulo que corona las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo. 

Otrosí: Pedro Sánchez y Quim Torra se reúnen de tú a tú y se monta la de aquel es un cristo, como si de veras alguien pudiera creerse que de una hora y cinco minutos de encuentro – que fue lo que duró – puedan extraerse tantas conclusiones. No se fijen en el comunicado ni en las interpretaciones. Atiendan al hecho que llevan siete meses, siete, negociando. Unas veces se conocen las reuniones de consellers con ministros pero las más no trascienden. Qué van a hacer si no. Es su obligación. Explorar opciones de posibles pactos. Por supuesto. Cuando hay un conflicto se habla, se dialoga y se negocia con el adversario, y más, si cabe, con el enemigo. Siempre ha sido así. Por todo y también en España. Si los sucesivos gobiernos nacionales negociaron siempre, algunas veces a las claras y muchas más de manera velada a la opinión pública, con los asesinos de ETA y su brazo político al que José María Aznar llamó “movimiento de liberación vasco”, ¿en serio alguien puede ser tan corto de miras como para creerse que no se negociará con los independentistas catalanes? Claro que se negocia ahora, como antes lo hizo Mariano Rajoy, aunque en su caso de forma indirecta. De una u otra manera, está bien que así se haga. 

Apunte final: Sánchez es un tipo sin principios, ideología ni anclajes en ningún compromiso orgánico o institucional. Es un César que hace y deshace lo que le da la gana. Por esto mismo, al no tener que pedir permiso, es el único que podría encauzar una solución de compromiso con los separatistas catalanes o, al menos, con una sección de ellos. La suficiente como para buscar los puentes que permitan conllevarnos unos con otros de forma pacífica y educada. 

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Miquel Payeras

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