Archivo de enero, 2019

Iglesias, Errejón y Podemos

26

01 2019

Podemos pasa por su momento más delicado desde que nació hace cinco años. No es extraño que le ocurra así, puesto que a todos los demás partidos les ha pasado más o menos lo mismo. Es una especie de ley de la política que se cumple de manera inexorable. Toda formación experimenta una crisis tras su aterrizaje en la política práctica institucional, más pronto que tarde, cuya intensidad es proporcional a la magnitud de su poder y / o representación en escaños. Le ocurrió a Alianza Popular, a Unión del Centro Democrático, al PSOE, al PP, al PCE – éste es el número uno en el ranking de escisiones, y aunque mucha gente no lo sabe sigue existiendo – y a escala regional al PSM, y al resto por igual. 

Así que, por tanto, lo que acontece en el seno de Podemos no es inédito. Quizás el partido morado se diferencie de otros en la velocidad con la que quema etapas. Sin embargo nada de lo que le acongoja estos días puede considerarse original. Así que ciertos análisis que dan por seguro un futuro dramático debido a lo que está pasando la formación morada son tal vez exagerados. Podría ser, sin duda, que ocurriera un desastre, pero no tiene por qué ser así. Habrá que esperar a ver cómo se suceden los movimientos internos, si los díscolos están localizados sólo en Madrid o bien el terremoto se ramifica a otras comunidades autónomas, si Pablo Iglesias rectifica o sigue enrocado, si Íñigo Errejón busca puentes o mantiene la apuesta de volar toda la organización desde la región capitalina – lo que sería absurdo en otro partido pero no en Podemos pues su origen es madrileño y toda las estrategias regionales se han amoldado durante estos últimos cuatro años a los intereses de la organización nacional, al mejor estilo piramidal de los partidos comunistas, sin parangón en los demás, y de hecho esta característica ha creado problemas en Andalucía, de relación con la Marea gallega, con Compromís… -… En resumen, son muchas las incógnitas abiertas que habrá ir cerrando a medida que se vea cómo se mueven los protagonistas. 

Al margen de lo que haga cada uno en los próximos días y semanas, en el fondo lo que se dilucida es lo que quiere ser Podemos. Si desea ser un partido más de la izquierda del PSOE que busca alternativas plurales a la derecha o si bien desea, como siempre quiso para su Izquierda Unida- Partido Comunista el gran amigo de Iglesias, a quien admira y del que dijo que toma ejemplo, Julio Anguita, la aniquilación del PSOE para sustituirlo como alternativa orgánica única a la derecha. 

Errejón apuesta con claridad por la primera opción, por la colaboración con los de Pedro Sánchez. Iglesias ha sido el adalid de la segunda, aborrece el PSOE y quiere superarlo. Otros, sobre todo líderes regionales, como aquí entendió hace tiempo Alberto Jarabo, han comprendido que el deseo de alcanzar el “sorpasso” – en el que se entesta el líder nacional – es la mejor manera de dar el poder institucional a la derecha, y por tanto es mucho mejor ser pragmático y pactar con el PSOE en función de la representación de cada uno en cada lugar.  

En Baleares queda en evidencia la pretensión de que en el último congreso nacional la victoria de Iglesias suponía haber cerrado el debate interno. Aquí Jarabo es “pablista” pero no ha tenido inconveniente alguno en buscar un candidato número 1 a las elecciones autonómicas que es “errejonista”. Y apuestan al unísono por el pacto con el PSOE – y los Més- e incluso entrar en el Gobierno regional, incluso si tuviera que forjarse éste con un partido de centroderecha como es el PI, nada menos. 

Podemos en Baleares muestra el camino pragmático y más racional a toda la organización nacional. Lo otro llevaría a Podemos a una progresiva reducción de su fuerza institucional, disminuiría la capacidad de influencia sobre el PSOE y acabaría como una Izquierda Unida – Partido Comunista ampliada. 

Sin embargo, en política el camino más lógico no por fuerza es el que elige un partido político. 

Sánchez, los dineros, los indepes y España

12

01 2019

Pedro Sánchez ha advertido a PP y Ciudadanos que esperen sentados. Que no piensa convocar elecciones hasta que finalice la legislatura en su plazo ordinario. Dado que los últimos comicios fueron el 26 de junio de 2016 los próximos pueden ser, como máximo, el 26 de julio de 2020. 

Para conseguir su objetivo está negociando de manera desesperada con los independentistas catalanes. Con los vascos ya lo tiene cerrado. Igual que con Podemos. El canario progre está en el bote. Así que sólo le queda el flanco nacionalista catalán. El sector ERC parece entregado, la porción razonable de Convergencia está por la labor pero los irreductibles ultranacionalistas de Puigdemont y Torra es una incógnita hacia qué se inclinarán al final. Ahí está el objeto del deseo de Sánchez y hacia ellos se dirigen sus denodados esfuerzos. 

El presidente quiere atraérselos a base de promesas de dinero. La táctica de siempre del Madrid eterno. La consideración de los nacionalistas catalanes como unos comerciantes que buscan nada más que el máximo beneficio económico inmediato. Se equivoca de medio a medio. Puede que sí, que consiga un voto táctico – al fin y al cabo, ¿qué alternativa tienen los nacionalistas al actual Gobierno nacional, acaso uno de PSOE-Ciudadanos u otro de PP-Ciudadanos-Neofascistas? ¿Alguno sería mejor para ellos que el débil, desesperado y dispuesto a todo actual con tal de aguantar hasta 2020? Pero contando con que el siempre fascinante hombre sin principios ni ideologia consiguiera sacar adelante sus Presupuestos, el conflicto catalán seguiría igual de intenso. Eso es lo que en Madrid cuesta tanto de entender. Algunos creen que Sánchez lo sabe y le importa un comino, por supuesto, porque a él sólo le interesa él mismo. Sin duda él es lo primero y único, cierto, pero bien podría ser así y, además, estar imbuido de la típica forma de (no) entender Cataluña que en Madrid comparten tantos y tantos. Esa manera de (des) enfocar el conflicto catalán de la que de ninguna manera puede salir una solución. Es la creencia en que eso que ha venido en llamarse «el procés» es una invención de cuatro pirados, que si se les aparta a la fuerza – de ahí la aberrante utilización de la prisión preventiva de los independentistas presos – todo «el suflé» acabará en nada. Como si dos millones de votos separatistas ejercidos de forma reiterada pudieran ser manipulados con tanta facilidad como por la Villa y Corte se creen, como si en Cataluña aparte de TV3 no llegaran más televisiones, ni radios, ni diarios, ni existiera internet… 

La lógica indica que sólo existe un apaño para evitar males mayores. Que hasta que no sea factible una reforma de la Constitución se llegue a un acuerdo político para blindar la autonomía catalana – como lo está, de hecho, la vasca – en cuestiones esenciales – presupuesto, inversiones, lengua y cultura, etc. – que no puedan depender de quién gobierne en Madrid. O sea y en el fondo: aceptar que la unidad no significa homogeneidad y que la diversidad no debe depender de cómo Madrid quiera que sea sino que sólo deben decidir cómo es los que son y se comportan de forma política y electoral diferente al resto desde 1977, vascos y catalanes. 

O esto o seguir igual.