Archivo de febrero, 2019

Pedro Sánchez, el PP, Vox y las elecciones

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02 2019

Sólo hay una razón para que un presidente avance elecciones. Que crea que así obtendrá mejores resultados que si espera a la finalización del período ordinario. Y Pedro Sánchez no es excepción. El actual jefe del Gobierno entendió que si agotaba la legislatura le iría peor. No tenía importancia, en realidad, que se hubiera quedado sin nuevos Presupuestos Generales del Estado. Podría haber funcionado perfectamente sin ellos durante todo el año y ya en el que viene embocar a urnas sin problema. Si ahora ha convocado es porque ve opciones ciertas de poder seguir en la presidencial. Tal cual.

Aunque desde la derecha se pretende que Sánchez está hundido, no es así. Ya veremos qué ocurre en las urnas, pero bien harían los derechistas en no dar por derrotado todavía al presidente, que este hombre, si algo ha demostrado –además de no tener principios- es que no es fácil de vencer.  

¿Por qué convoca ahora?

Por un lado porque empiezan a verse algunos nubarrones en el horizonte económico, y bien podría ser que a lo largo del año descargaran y la situación fuera peor de lo que es ahora. Por otro, porque no podía llegar al acuerdo de mínimos que persigue con el independentismo catalán –con el vasco ya lo tiene atado- hasta que no acabe el juicio contra los líderes separatistas, y haya sentencia, y él esté ya validado por las urnas, haya sido de nuevo investido presidente y tenga más aborregado a su partido, lo suficiente como para evitar tentaciones de rebelión, como con las que ha tenido que lidiar en el pasado. En tercer lugar y sobre todo, la cuestión fundamental que le ha llevado al avance electoral es que sus asesores demoscópicos  han visto ahora una oportunidad de hundimiento del PP debido a la irrupción de Vox que podría regalar al PSOE un montón de escaños.

En efecto, incluso Pablo Casado, que no ganará nunca el Nobel a pesar de coleccionar títulos académicos, se ha dado cuenta al fin, tras más de dos meses de creer que lo de Andalucía se repetiría de forma automática por todo, que Vox puede darle a Sánchez la investidura. Así es: en España las circunscripciones electorales son las provincias, según la Constitución, y 22 de ellas eligen entre 2 y 5 escaños -amén de las ciudades africanas que envían a Madrid un diputado cada una-, son las menos pobladas, en las que de siempre los diputados se los han llevado PP y PSOE –en proporción de 2 a 1- y las terceras candidaturas sólo han podido arañar un puñado a razón de uno por circunscripción, como máximo. En 2016 el PP sacó ahí 47 escaños, el PSOE 26, Podemos 12 y Ciudadanos 2. Pues bien, si, como dicen las encuestas, Vox firma en ellas alrededor de un 10%-12% de votos, la transferencia de apoyos del PP hacia la formación ultra más el impulso propio del PSOE hará que éste sea el partido más votado. Y el más votado, por el sistema d’Hondt de conversión de votos en escaños, recibe el gran premio en diputados. Por eso el PP –como bien reconocía Casado- derramaría al menos 20 escaños –en verdad sería más probable que fueran 25- que se irían todos al PSOE mientras que Vox no conseguiría ninguno, excepto que en alguna provincia superarse a Podemos y Ciudadanos. Dicho de otra manera: sólo en esas 24 provinciales Vox provocaría que el resultado global del PP bajase a 110-115, mientras que el del PSOE llegase a unos 105. Súmese a esto la previsión demoscópica en grandes ciudades –caída de Podemos, gran aumento del PSOE, descenso del PP, irrupción de Vox, incremento pero no tanto como hace unos meses se preveía de Ciudadanos- y se entenderá por qué convoca ahora Sánchez a elecciones.

Por supuesto que el riesgo existe, para el socialista. Nada está escrito. Pero ahora mismo tiene esa ‘ventana de oportunidad’, tal y como dicen en el PSOE, que no es seguro que se mantenga abierta mucho más tiempo. Por eso era ahora o ya esperar al final. Y decidió ahora. Como suele ser en él, sin miedo, asumiendo gran riesgo y dejando descolocados a sus adversarios.

Hasta la fecha tanto arrojo le ha salido siempre bien. Veremos esta vez.

El juicio y el futuro

15

02 2019

Iniciado el juicio contra los dirigentes independentistas, se recrudece la propaganda de todas las partes, de forma que resulta a veces difícil discernir entre tanta impostura. No obstante, el meollo de todo es el mismo que ha sido siempre. 

En España no hay presos políticos, al contrario de lo que dicta la propaganda secesionista. Si los hubiera los que pensaran como los acusados serían perseguidos. Y no lo son. Tan rotunda evidencia debería bastar para convencer a cualquiera de lo absurdo que es mantener la consigna. Sin embargo se sigue con ella, a despecho, incluso, de que Amnistía Internacional ya dejó claro que en nuestro país no constan presos de conciencia y por ende no hay nadie a quien se persiga por lo que piensa. Así es, se enjuicia, si acaso, por lo que se hace. 

Y lo que hicieron los líderes separatistas fue llevar a cabo acciones políticas en contra de las órdenes recibidas por parte del Tribunal Constitucional. Al contrario de lo que dijo en el juicio Oriol Junqueras, hacer política pacífica puede ser delito. Aquí y en cualquier otro país democrático. Por supuesto. Lo es si así está tipificada la actuación política. En Alemania, por ejemplo, hacer política nazi o simplemente ejercer la libertad de expresión para abrazar en público esta ideología está prohibido – al contrario que en España, mismamente –; en Estados Unidos, como en España, se puede ser independentista – sí, no se rían, los hay, en Texas – pero no se pueden llevar a cabo acciones políticas en contra de la unidad federal del país – el año pasado el FBI abortó una reunión secesionista en ese estado -; en Francia se puede defender cualquier teoría separatista, pero cuidado con llevarla a la práctica que las penas pueden llegar a ser durísimas… Y no parece que nadie vaya a dudar de que Alemania, Estados Unidos y Francia sean democracias. Así que Junqueras no tiene razón y cuando Quim Torra dice que “la democracia está por encima de las leyes” está diciendo una simpleza que le retrata y que, además, es mentira. 

Sin embargo no puede negarse que aquello que hicieron, y por lo que están enjuiciados, es política. Y cuando se conculca la ley por razón política no vale sólo aplicar la ley. Hay que tener en cuenta – siempre que se quiera solucionar la parte política del asunto, claro – esa motivación y abordarla de una manera u otra pero ahuyentando el ridículo y falso exorcismo de pretender que con ley se soluciona todo. Más que exorcizar es meter la cabeza bajo tierra, judicial. 

Por esto el conflicto político catalán, como bien dijo en el juicio Junqueras, no se solucionará con la sentencia, sea cuál sea. No existe solución posible sólo con la ley. Antes o después la derecha tendrá que convenir con el socialismo – y dejando al neofascismo al margen, pues éste nunca aceptará la democracia – que hay que ofrecer una salida política al conflicto, y el separatismo democrático tendrá que aceptar – dejando de lado al ultra – que una España en la que Cataluña tenga un cierto blindaje de su autogobierno – respondiendo a la evidencia democrática que, junto al País Vasco, es diferente porque sus ciudadanos votan siempre diferente al resto -, aunque sea fáctico, en diferentes aspectos – lengua, financiación, etc. -, es la única salida aceptable para todas las partes. 

No será fácil ni rápido, pero no existe alternativa.