Archivo de mayo, 2019

El 26 de mayo europeo, Sánchez, Puigdemont y la negociación

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05 2019

Después del gran éxito cosechado en las elecciones generales, Pedro Sánchez necesitaba rematar la faena el 26 de mayo, en las locales, autonómicas y europeas, para consolidar su poder institucional y, también, para reforzar su propia posición política para afrontar la delicada negociación con los independentistas catalanes.

Sanchez ha dejado entrever una parte de su estrategia negociadora, a través de sus terminales mediáticas. Quería que el 26 de mayo supusiera una meridiana victoria de ERC en las europeas en Cataluña ante la lista de Carles Puigdemont, con el objetivo ulterior de que también le venciera en los comicios autonómicas catalanes, sea cuándo éstos sean. De esta forma Puigdemont quedaría aislado en Waterloo, Junts marchitándose y el camino de la negociación con ERC – España para mi, Cataluña para ti- quedaría expedito, una vez que los republicanos ya han dejado claro – “tenemos que hablar” – que desean sentarse a negociar – Joan Tardà: “no habrá independencia, por ahora, pero no podemos seguir igual” – un serio incremento del autogobierno catalán a cambio de aplazar la ruptura con el resto de España.

Hace tres meses, cuando se publicó la primera encuesta de intención de voto al Parlamento europeo, Puigdemont no tenía ninguna opción de conseguir escaño. Sin embargo, a medida que transcurrieron las semanas y en Madrid se iba desarrollando el juicio contra los independentistas, el apoyo popular en Cataluña a Puigdemont crecía. Era él y no ERC quien rentabilizaba el proceso judicial y el victimismo consecuente. Con todo y con esto el PSOE todavía tenía la esperanza de que al final Junqueras le venciera en las urnas europeas. Sí, así ha sido si se contabiliza el voto en el conjunto de España, pero a estos efectos lo que cuenta en exclusiva es el voto en Cataluña, por obvias razones. Y ahí quien ha ganado ha sido Puigdemont.

Ha sido un serio revés para la estrategia negociadora. El expresident catalán no ha sido neutralizado por las urnas sino todo lo contrario. Ahora se abren ante él varias opciones, todas muy favorecedoras de sus intereses. La primera sería recoger el acta en Madrid, ser detenido y montar el “pollo” internacional. Podría ser, pero no parece muy probable. Porque ahora tiene alternativas muy rentables que le ofrecen las mismas consecuencias positivas sin necesidad de arriesgarse a ser metido en la cárcel, aunque fuera por poco tiempo debido a la inmudidad. La segunda opción es la de no ir a España y plantear un conflicto jurídico, sobre cuándo se adquiere la condición de eurodiputado y por ende se goza de inmunidad, ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que a saber qué podría decidir. Y tercera posibilidad, que podría poner en práctica al mismo tiempo que la segunda, hacerse nombrar ayudante personal de un eurodiputado suyo, con lo cual no sólo controlaría los muchos dineros que generarán sus dos escaños sino que, sobre todo, tendría acceso libre a todo el Parlamento Europeo y podría desde su seno montar mucho ruido en su intento – ya al alcance de la mano – de “internacionalizar el conflicto”, tal y como siempre dice.

Puigdemont ha conseguido un enorme éxito político, por mucho que en Madrid todavía no quieran verlo. Y lo que hace sonreír al expresidente catalán tiene por fuerza que hacer torcer el gesto a los dirigentes políticos españoles. Como mínimo el resultado del 26 de mayo ha lanzado sombras sobre la estrategia de negociación de Pedro Sánchez. Seguro que muchos se alegrarán. No obstante, que se estrechen las opciones de salida al conflicto – que no de solución, pues ésta no existe si no es la independencia – no es bueno para nadie.

Puigdemont, las elecciones europeas y su acta

13

05 2019

La candidatura de Carles Puigdemont al Parlamento europeo genera mucha controversia desde el mismo momento en que la anunció. No puede extrañar, por las especiales circunstancias del candidato.

De entrada la propia calificación que se le da ya es motivo de controversia. Está huido de la justicia. Que él diga que está localizable y por ende no huido es una tontería. Al situarse fuera del alcance de la ley española genera una posición que no es inédita, como suele afirmarse, aunque sí muy extraña, tratándose de un candidato electoral. Sin embargo, no hay sentencia firme que le restringa su derecho a ser elegido. Por tanto no existe duda alguna, como ha certificado el Tribunal Supremo y ratificado el Constitucional, que tiene plena la capacidad de presentarse a los comicios. Si el problema es que en España la legislación no prevé –como en efecto así es- un caso igual, pues es problema del legislativo, no de quien se presenta para ser elegido. Que se rectifique en el Congreso, si se considera conveniente, pero no se pueden aceptar normas excepcionales para una persona.

Hecha la precisión inicial, que ya desbarata muchas de las presunciones sobre el caso, pasemos a la polémica sobre si adquiriría, en caso de ser elegido, la condición plena de eurodiputado y cómo. Según general coincidencia, la condición se adquiere mediante el acta certificadora que expide la Junta Electoral Central, en Madrid. Es la única manera. Así que si el expresidente de la Generalidad catalana quiere ser eurodiputado, además de ser elegido no tiene otra opción que trasladarse a España a recoger el acta. Es pertinente la diferenciación entre ser sólo elegido y adquirir la condición porque bien podría ser que Puigdemont optase por la propaganda basada en el victimismo que tanto le gusta –la persecución antidemocrática de España y los etcéteras habituales- y no recogiera el acta, en cuyo caso no perdería –al contrario de lo que a menudo se asegura- el derecho a ser eurodiputado sino que éste quedaría suspendido hasta que hiciera efectiva tal condición a través del requisito citado, que estaría a su disposición durante todo el tiempo de la legislatura.

En caso de que optara por recoger el acta, ¿qué pasaría? Pues que en el mismo momento en que entrase en territorio español sería detenido. Como a cualquier otro prófugo se le mantendría en las dependencias policiales hasta que fuera presentado ante un juez. Y éste, al comprobar su condición de electo al Parlamento Europeo, no tendría más remedio legal que permitir que recogiera su acta de una forma u otra –incluso esposado, si así lo determinara- y, acto seguido, liberarle dado su aforamiento.

Y de esta manera se llega a la última cuestión del asunto: la inmunidad. Se asegura a menudo que el aforamiento no cubre actuaciones anteriores ni ajenas a la estricta condición de eurodiputado. Claro, como pasa con cualquier otro aforado. Esta cobertura legal especial no borra los potenciales delitos cometidos antes, en absoluto, sino que abre un paréntesis para que mientras sea aforado no pueda ser perseguido legalmente, excepto, claro está, que la Cámara dé el plácet. Así ha ocurrido con otros electos al Parlamento continental. Por ejemplo con nuestro José María Ruíz Mateos, cuya causa judicial abierta años antes se interrumpió al ser elegido europarlamentario y al finalizar su mandato se puso de nuevo en marcha.

En resumen. Si Puigdemont es elegido, tiene dos opciones. Recoger el acta o no. Si prefiere mantenerse alejado de la justicia española, haciendo propaganda victimista y acude, mientras tanto, al Tribunal de la Unión Europea, mantendrá la tensión de forma recurrente algunos años, y no se puede descartar cualquier fin del asunto, sea en el sentido de que se aceptase que no fuera eurodiputado pleno o, todo lo contrario, que el Parlamento se viera obligado a cambiar su normativa para que una cuestión formal como es dónde y cómo adquirir el acta no esté por encima de la substancial, la elección. Si por el contrario asumiese el trago de la detención, ésta se convertiría en portada mundial, a buen seguro, la imagen de España sería terrible, y, además, la justicia española no tendría más remedio que liberarlo en el momento en que recogiera el acta.