Sánchez, Iglesias, el socialismo, el comunismo y la investidura

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07 2019

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial se produjo el cisma en el movimiento socialista. Una parte, los partidos que actuaban en países democráticos, sobre todo, se mostraban partidarios de dar apoyo al esfuerzo bélico de la respectiva nación, mientras que los otros rechazaban el apoyo al gobierno de cualquier país en guerra. Las diferencias no eran nuevas, de hecho desde la creación de la Segunda Internacional, en 1889, las dos ramas del socialismo – reformista y moderada la una, radical y revolucionaria la otra- ya habían chocado. En síntesis se trataba de aceptar la democracia, de ahí lo de ‘socialdemocracia’, o de rechazarla por considerarla igual a cualquier otro régimen de los existentes en Europa, como los aristocráticos, tal y como defendían los comunistas. 

A partir de esa ruptura, el comunismo no cesó de degenerar hasta llegar al paroxismo perverso con Stalin en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y con Mao Tse Tung en la República Popular de China, los dos regímenes más abyectos de la historia de la humanidad, que vencen por méritos propios sangrientos y abominables al nazismo y el fascismo en cantidad de bestialidades, si bien en cualidad de ignominia humana y política son todos iguales, hermanos. El comunismo proyectó su degeneración hacia otros países, incluso hoy en día existen epígonos patéticos en Corea del Norte, Cuba, Venezuela… Y la misma China actual, culmen de lo peor del ser humano: un capitalismo sin control humanitario alguno multiplicado por la dictadura comunista, una brutal aberración como nunca conoció el mundo, se ha convertido en una potencial mundial y extiende su influencia por África y Latinoamérica.

En la Europa democrática de la década de 1970 se alumbró el eurocomunismo como opción política que pretendía acercarse al socialismo y que rechazaba el totalitarismo de la URSS y la China. En los años ochenta pareció que iba a imponerse al decrépito comunismo tradicional y con la implosión de la dictadura soviética todo indicaba que el comunismo ortodoxo moría. No fue así. Se rehizo bajo otras formulaciones y en muchos países democráticos fue pervirtiéndose de nuevo al abandonarse otra vez a la obsesión contra la democracia y por ende contra la socialdemocracia.

A partir de ahí, allí donde pudo el comunismo trató de destrozar a la socialdemocracia, a la que siempre ha despreciado, aceptando la democracia como mera táctica con la intención de liquidar el socialismo democrático y sobre sus ruinas asaltar el poder. Nunca lo ha logrado, afortunadamente. 

En España representó como nadie esa nuevo retorno al pasado Julio Anguita, secretario general del Partido Comunista y coordinador general de Izquierda Unida. El ídolo y referencia política de Pablo Iglesias, según él mismo ha dicho en numerosas ocasiones. 

Cuando los dirigentes de un partido político blanden a Anguita como referente, a la bandera roja con guadaña y martillo -sí, ya sé que no eso del todo, pero casi -, cantan con el puño en alto La Internacional, muestran carteles de Lenin y nunca han querido condenar el estalinismo o el maoismo, la probabilidad de que ese partido no sea comunista tiende a cero. Y el comunismo nunca jamás ha sido, ni es ni será democrático. Actuará bajo una democracia, dirá que la acepta pero en verdad siempre la combatirá. Y en ese combate el primer objetivo táctico es la destrucción del enemigo, o sea del más cercano: la socialdemocracia. 

Así las cosas, a nadie puede extrañar que a Podemos, como partido neocomunista que es -por mucho que, es verdad también, en él haya gentes que puedan ser demócratas, igual que en Vox los habrá, supongo, a pesar de que su cúpula es neofascista-, y a Pablo Iglesias, como líder del neocomunismo español que es, les cueste horrores pactar con el odiado PSOE, que para ellos no es más que esa socialdemocracia a la que hay que combatir, a la que hay que dar “sorpasso” para sobre sus ruinas “asaltar el cielo”. 

Puede ser, todavía, que el vértigo que sienten ambos partidos ante la posibilidad de elecciones anticipadas les lleve a un pacto de no agresión, como los ha habido muchos y variados entre enemigos irreconciliables a lo largo de la historia, mismamente entre el nazismo y el comunismo o, en la España de los novanta entre el comunista Anguita y el ex falangista José María Aznar. Sí, tal vez aún vayan a coaligarse para gobernar el PSOE y Podemos, pero como demuestran todos los ejemplos de acérrimos rivales que han pactado, el acuerdo duraría poco. 

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Miquel Payeras

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  1. Julio #
    1

    TEATRO MALO, PESIMOS ACTORES, ABAJO EL TELON. Macron, Merkel, Lagarde y demás capitostes de la Europa ultraliberal respiraron tranquilos, la gobernanza de España está bajo control, no habrá izda en el gobierno que ponga en peligro el plan trazado para la privatización de las pensiones y los proximos recortes en aplicación del ajuste presupuestario que demanda la Europa del capital. Respiran tranquilos el IBEX 35, la banca y la patronal que no han dejado de presionar. Sanchez esta bajo control, el PSOE en su lugar. No podía haber acuerdo con UP, Sanchez ya había prometido a la UE la implantación de la mochila austriaca para atornillar las pensiones y facilitar el despido gratuito y eso hubiera peligrado con un ministro de trabajo de UP igual que en su caso hubieran sido cuestionadas las vacaciones fiscales de los mas ricos o las privatizaciones etc. Todo ha consistido en interpretar una obra de teatro para desviar el tiro y sacarse las pulgas el PSOE que nunca quiso llegar a un acuerdo, No ha intentado ni siquiera hablar con los partidos nacionalistas, al igual que el trifachito la cuestión territorial solo es una cuestión de votos por eso en Castilla votan en el parlamento autonómico que se aplique el 155 contra Cataluña o en el primer punto de acuerdos municipales con Cs aparece que se aplique el «a por ellos» y con podemos han quedado en evidencia tras poner una excusa tras otra que al decaer cada una les han dejado desnudos, primero la no coincidencia en el conflicto territorial, despues el veto a Pablo Iglesias etc. La dirección del PSOE no quiso pactar nunca como nunca ha querido hacerlo a lo largo de seis legislaturas y lo que cuelga desde el voto de censura, ellos eran más de pactar con Pujol o la abstención para que gobernara el PP. Despues de haber gobernado más de la mitad del tiempo desde la transición tenemos un país con la justicia manipulada, infectado de corrupción, con el postfranquismo enquistado en las principales instituciones y con los medios de comunicación absolutamente controlados, los derechos civiles, sociales y laborales en continuo retroceso, lo único que está bien engrasado son las puertas giratorias y esto sólo es el resultado de décadas de políticas de derechas. Ni querian pacto con UP ni les han dejado los poderes fácticos y el bluf Sanchez está totamnente desinflado, entregado al capital y acobardado frente al trifachito. Todo lo demás es teatro del malo con pésimos actores. Otro día hablaremos de los errores y complejos que las izdas han supurado antes y durante el debate pero mientras tanto y con urgencia que sus lideres estatales y territoriales dejen de referirse al PSOE como una fuerza de izquierdas, dejó de serlo hace 80 años, por respeto a la verdad dejen de blanquear a la farisea dirección PSOE.

  2. Robsp. #
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    Lo malo de las interpretaciones historicistas es que valen para justificar casi cualquier cosa… igual que el Sr. Payeras se remonta a la división entre la socialdemocracia y lo que los marxistas autodenominaban como «socialismo cientifíco» -para justificar la falta de acuerdo- la derecha, en el debate de investidura, se remontaba al Frente Popular -para justificar que sí habría acuerdo…- (por cierto, como si el Frente Popular fuera el dimoni cucarell y como si la derecha, durante la república, no lo hubiera imitado en las siguientes elecciones creando la CEDA…).El tema me parece que es mucho más sencillo, y que viene limitado a una combinación de falta de talla y exceso de ego tanto presente tanto en Iglesias como en Sánchez; los dos se creen tocados por la varita de los dioses siendo ambos políticos más bien mediocres… eso, sumado a que, a mi juicio, el PSOE no tenía ningunas ganas de llegar a un acuerdo. Quizás se debiese a presiones del IBEX35, la gran banca, el búnker y lo que sea -como dice Julio en el comentario anterior- pero está claro que muchos de los votantes del PSOE tienen claro que en esta UE se pueden hacer políticas socialdemócratas dentro de las lineas rojas que marca Europa (mantenimiento de la reforma laboral, desde luego; cuidadín con los impuestos; austeridad como forma de controlar el déficit, etc). Ya ha habido precedentes de intentar acometer políticas más allá de esa socialdemocracia respetuosa con el BCE y ya hemos visto como han acabado: remember Syriza & Varoufakis… Puede que sea «chungo», pero es lo que hay.