Archivo de diciembre, 2019

Junqueras, nuestra justicia , la verdadera justicia democrática (europea) y el español silencio de los corderos

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12 2019

Lo peor, con diferencia, de este último episodio -que no será el que cerrará la serie, vendrán más, no lo duden – de avergonzamiento público de la justicia española por parte de la europea, a cuenta de la inmunidad de Oriol Junqueras, no es la cuestión en sí, ni siquiera lo es lo que supone para el personaje más odiado en la España profunda, Carles Puigdemont, ni, mucho menos, lo es el embrollo judicial que plantea. No, lo grave, terrible, es el silencio de los corderos en el Madrid oficial. Que dura desde hace demasiado tiempo. 

¿Es que nadie en la Villa y Corte va a reaccionar, nadie tiene la mínima valentía como para reconocer no vamos bien, que así no, que hay que derogar los delitos de excepción y algunas sospechosas aplicaciones de ciertas leyes? Esto es lo que nos está diciendo la justicia en Europa en el último año y medio, o poco más. ¿O es que alguien es tan simple de creerse que cinco, ¡cinco!, decisiones judiciales europeas que enmiendan principios represores básicos de la ley hispánica en tan breve lapso de tiempo son una encadenación de hechos puntuales sin relación entre sí o, más alucinante todavía, resultado de una especie de conspiración contra España? Ni por remota casualidad. De lo que se trata es de serias advertencias en el sentido que un país básico para la Unión no puede estar aplicando ciertas normas excepcionales que no casan con la democracia e interpretando otras ordinarias de forma que en la práctica suponen un forzamiento brutal del Estado de Derecho. En España no hay presos políticos. Pero sí que se ha forzado la ley por razón política para que los presos independentistas paguen sus acciones porque de otro modo no podrían haber sido castigados preventivamente y luego en firme con tamaña desproporción. Esto es lo que le dice Europa a España, en el fondo. Y en Madrid nadie quiere darse por enterado. 

En marzo de 2018 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentenció que la condena a un año y medio de cárcel -con posibilidad de sustitución por multa económica – a dos separatistas catalanes que habían quemado fotos del Borbón que ocupaba en el momento de los hechos, 2007, la Jefatura del Estado, no era punible sino un ejercicio “de libertad de expresión política”. No era un bofetón, ni un varapalo, ni un golpe… No, era una enmienda a la totalidad de la existencia de la especial protección legal del Jefe del Estado. O de otra manera dicho: no hay democracia en la que exista esa excepcionalidad legal. La cual se pudo entender en su momento por la necesidad de dar estabilidad, cuando el país salía de la dictadura, al menos en la institución representativa, aislándola del debate político y de la crítica. Bien, pero eso ya es historia. No puede mantenerse la excepcionalidad por siempre, porque acaba por ser lo que Europa nos está diciendo que es: una aberración incompatible con la democracia. Sin embargo, nadie, nadie, ni una sola representación de ese Estado que tanto se llena sus bocas de decir que es de Derecho ha tomado en serio la decisión judicial referida. Nadie quiere ver lo que debe hacerse. Derogar esas antidemocráticas protecciones legales especiales de la Jefatura del Estado. Si no me creen, hagan el siguiente ejercicio: proyecten sobre la Jefatura del Estado de la República de los Estados Unidos de Norteamérica o sobre la del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte la misma protección legal excepcional que tiene la española y añádanle las críticas, burlas, escarnios, ofensas y ataques que reciben de forma habitual por parte de políticos, prensa y ciudadanos. Medio país respectivo estaría en la cárcel con los criterios de la Audiencia Nacional, Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional españoles. 

Pero es que no se queda aquí la cosa. Tras esa sentencia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos citada se han producido otras cuatro decisiones de las justicias de Bélgica, Alemania, Escocia -en relación a las extradiciones – y la Unión Europea -la inmunidad de Oriol Junqueras – que han rectificado de forma brutal las pretensiones represoras de las más altas instancias judiciales españolas al respecto de la persecución de los independentistas catalanes. Y en el Madrid oficial siguen silbando y mirando hacia todos los lados menos a Europa. 

Es normal que los fascistas aprovechen todas esas lecciones de democracia y Estado de Derecho para intentar vender su antieuropeismo hasta ahora larvado,pues su aspiración es cargarse la libertad y nada mejor para conseguirlo que insistir en el “Spain is different” de siempre, en el discurso de “Santiago y cierra España” y los etcéteras típicos y tópicos que ayudan a carcomer el régimen de libertades. Lo preocupante no es eso sino esa costra de caspa solidificada en forma de perversión democrática que va notándose en muchos ámbitos del Estado y que da por “normal” todo lo que está pasando y que a la vez, de hecho, pretende que “no nos entienden” por ahí afuera para así justificar el mantenimiento de las excepcionalidades legales – a las que habría que añadir el bestial “enaltecimiento del terrorismo”, una absoluta vergüenza que convierte en delitos meras opiniones- , sin que al parecer haya la más mínima necesidad de preguntarse si no será que en lugar de ir mal todas las justicias europeas la que no va del todo bien es la nuestra.

El alcalde Oliver, el tenista y hotelero Nadal, la famosa carta y el «tenir bo» como esencia de la mallorquinidad

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12 2019

El rico empresario hotelero, amén de tenista, Rafael Nadal, ha hecho escribir una carta pública que él firma dirigida al alcalde de la localidad que le vio nacer, Manacor, Miquel Oliver, en la que confirma que ha obtenido trato de favor del Parlamento balear y, a la vez, argumenta que tal deferencia hacia su augusta persona por parte de los políticos regionales es del todo legal y democrática. De lo que sea legal nadie, que se conozca, ha dudado jamás. De hecho fue el trato de favor el que convirtió en legal el objeto de polémica. Y respecto a lo democrático, bueno: ni Nadal ni sus escribidores son doctores en Politología así que no cabe ser crueles con su ignorancia al respecto de lo que es la democracia. 

Yendo a la cuestión básica, si se arguye – tal y como hacía Oliver- que el Parlamento regional dio trato de favor al susodicho empresario es porque se le concedió lo que a un ciudadano cualquiera de ningún modo se le daría. ¿O acaso conoce alguien un caso igual o semejante tratándose de un ciudadano cualquiera? Claro que hubo trato de favor. Y de hecho fueron dos, pues la Cámara en dos ocasiones ha favorecido sus intereses particulares. Todo lo demás que se dice en la famosa carta pública son las vacuidades típicas de quien necesita justificar no se sabe qué, pues que su empresa de referencia dé trabajo a equis personas no tiene la menor relación con el trato de favor que se le ha otorgado, que él lleve su “manacoridad” -sea lo que sea tal cosa – por el mundo pegando a una pelota con una raqueta no supone ningún misterioso vínculo con el fondo de la cuestión, que sus intereses particulares hayan sido favorecidos está al margen de que haya erigido su hotel y resto de negocio en Manacor y no “en cualquier otra parte del mundo” o, en fin, que su filantropía esté por encima de la del resto de hoteleros tampoco atañe a nada a la cuestión esencial.

Pocas veces una carta pública desdice el objetivo que aparenta perseguir. La firmada por Nadal lo consigue con meridiana y absoluta rotundidad. En efecto, los escribientes de la cosa debieron recibir el encargo por parte del empresario de “demostrar” que no ha habido trato de favor y ellos, unos linces de la redacción, confirman que lo dicho por el alcalde Miquel Oliver es exactamente cierto: que hubo trato de favor del Parlamento que convirtió en posible lo que de otro modo hubiera sido ilegal e imposible de llevar a cabo y que a efectos del pago de tasas – la parte enternecedoramente ridícula de la historia – se evidencia que se han satisfecho tal y como dijo el regidor -que sí, pero luego de habérsele pedido que lo hiciera – con todo lo cual confirman que Oliver tenía razón, sobre todo al poner de relieve lo que, por otro lado, todos sabemos. Que los que se dedican a la hostelería, como Nadal, tienen en esta tierra un trato de favor permanente por parte de los políticos -incluido el partido al que pertenece Oliver, por cierto – y que él lo ha tenido amén de por su condición empresarial por los contactos derivados de su éxito tenístico. 

Bien, todo esto ya lo sabíamos todos. Entonces ¿qué nos quería decir Nadal con su carta pública si lo del trato de favor es una perogrullada, lo de los tasas es tan ridículo que da vergüenza ajena y lo de su“manacoridad” parece como cosa propia de los territorios de la religión y en cualquiera caso es algo ajeno a los no manacorenses? Pues no hay respuesta. No se sabe cuál es el objetivo de la misiva. ¿Tal vez es una manera de dejar claro a todos que al ser rico y hotelero – con perdón por la redundancia – amén de dedicarse a la raqueta tiene contactos de altísimo nivel que nos son negados por razón de clase al resto de mortales, tanto que el Parlamento balear legisla como él quiere? Pues quizás podría ser éste el sentido último de la carta.Al menos no cabe duda de que es la única información relevanbte que da la misiva.

Eso de lo que tanto se enorgullece el hotelero Nadal se llama, en sociología indígena mallorquina, “tenir bo”. Que podríamos traducir por “tener contactos” aunque en castellano no se acaba de captar del todo la sibilina profunda penetración en el poder que define la expresión indígena. Pero en fin, casi todos entendemos de qué se trata y, a la vista de las respuestas en redes sociales y resto de comentarios al respecto de la polémica, es una obviedad que todos lo aceptamos como algo intrínseco a ser rico y poderoso, no nos parece en absoluto pernicioso para el conjunto social sino más bien parte de la idiosincracia común de la que hay que sentir orgullo: esencia de la mallorquinidad, en fin.Y no, aunque pensemos que por todo es igual no es así. De hecho muchas gentes de otros lares patrios cuando aterrizan aquí se sorprenden de esta interiorizada sumisión al escalonamiento social, con todo lo que conlleva – sobre todo ese antidiluviano y antidemocrático “tenir bo” -, como si hubiera sido éste forjado por designio divino. Pero es que así somos: el empresario Nadal,sus colegas hoteleros, los demás ricos y el resto de nosotros, qué le vamos a hacer.