Archivo de marzo, 2020

La responsabilidad del Gobierno del PSOE y Podemos en este desastre

26

03 2020

Pedro Sánchez y todos sus ministros, así como el resto de dirigentes del PSOE y Podemos, deben estar aterrorizados ante la perspectiva de que se consolide la idea – del todo cierta, por otro lado – que su imprevisión ha intensificado este desastre que estamos sufriendo y que nadie sabe cuándo va a acabar. Sólo sabemos que seguiremos encerrados en casa por bastante tiempo y que cuando empiece a amainar la destructiva tormenta sanitaria provocada por el coronavirus el panorama que quedará será una economía desolada. 

En especial así será en Baleares, donde el monocultivo turístico – como en Canarias – está bastante por encima del resto de regiones. Aquí el sector turístico aporta al PIB de forma directa el 35% y de manera indirecta a través del sector servicios que es su vasallo casi al completo el 45%, lo que hace que 8,5 euros de cada 10 que genera la actividad productiva balear se deba a la industria de los visitantes. 

Y resulta que el turismo ha quedado a cero y, como reconocía la vicepresidenta de la Federación Hotelera, María José Aguiló, dado que el verano está perdido o casi – decir lo contrario, como asegura Francina Armengol, no es más que “la expresión de un deseo”, en palabras de la citada representante empresarial – la situación que tenemos por delante es un páramo: “más de un año” para recuperarnos auguraba Antoni Riera, catedrático de Economía Aplicada de la UIB y director de la Fundación Impulsa. 

En otras regiones estarán mejor porque sus industrias y sector primario puedan reaccionar pronto – algo de lo que aquí no tenemos – y porque la mayor parte de su sector terciario está diversificado y no es de monocultivo turístico. Sin embargo el golpe será muy duro también. Y cualquier gobernante sabe que si la situación económica es mala y se le puede apuntar como responsable, su destino está casi cantado. Más todavía si, como es el caso, además hay que lamentar por la crisis sanitaria un desastre humano cuyas dimensiones son difícilmente soportables en el momento de escribir estas líneas y sin duda va a ser mucho peor en cuanto esta pesadilla acabe. La psicología de la persona la hace acostumbrarse a todo para superar cualquier adversidad y por eso miramos ahora el parte diario de muertos con la fatalidad estadística de quien vive como estando en una película de terror que no podemos dar crédito que sea cierta, pero el día que esto termine y miremos hacia atrás el dolor y la estupefacción mutarán en rabia. Y alguien tendrá que pagar. 

Ése es el gran miedo de Sánchez, Pablo Iglesias y compañía. Y es posible que en parte tengan razón cuando pretenden que ellos han hecho lo que les han dicho los “expertos”. Pero siendo cierto no pasa de ser un subterfugio cuya ridícula condicion miserable va quedando en evidencia así como van pasando los días y sumamos más y más muertos. 

Las comparaciones son tan odiosas como imprescindibles para dejar clara la diferente forma de prepararse para hacer frente a la amenaza. Puede ser cierto que en diciembre ningún gobierno ni experto occidental comprendiera el alcance mortífero del coronavirus, pero cuando en enero China experimentaba el ataque feroz ya resulta menos creíble que no se entendiera el potencial desastre. Y que en febrero nadie pudiera imaginarlo ya es mentira. Ni más ni menos: mentira. Porque hubo gobiernos europeos que no menospreciaron la amenaza, como sí hizo el español. El de Alemania, por ejemplo, cuando vio lo que empezaba a pasar en Italia dio orden de adquirir tanto material como se pudiera para dotar mejor todo el sistema sanitario y mejorar la capacidad de las UCI del país. O Noruega, que al tener el primer caso, su primera ministra empezó a ordenar preparar las medidas preventivas que impuso al cabo de una semana. O Dinamarca, que más o menos optó por lo mismo que su vecina del norte. Y todo esto se daba a finales de febrero y principios de marzo, cuando Madrid era una fiesta y se nos decía que no pasaba nada, que el “mejor sistema sanitario del mundo” no tenía de qué preocuparse, que el “bicho” no iba a ser tan nocivo aquí como se mostraba en China o empezaba a actuar a lo bestia en Italia… Y así un largo bla-bla-bla de nuestro Gobierno. 

Cuando esto pase, en fin, será el momento de exigir responsabilidades. Y habrá muchas que pedir, por mucho que los responsables ya estén en plena campaña mediática y propagandística de hacer ver que ellos no tienen ninguna, como que -talmente ha dicho Irene Montero – todo ha sido cosa “de los expertos y nosotros hicimos lo que ellos nos dijeron”. No se puede tener la cara más dura. 

La amenaza, el liderazgo y las reacciones de Sánchez y de Armengol

15

03 2020

En una situación como la presente, con tan grave epidemia campando por todo,no cabe otra que seguir las instrucciones que la autoridad decida. Hay que confiar en ella. Aunque a veces sea difícil. 

No hay duda de que el avance de la amenaza es el que marca los tiempos y naturaleza de la reacción de Sanidad. No obstante, la forma en que luego el poder institucional traslada a decisiones políticas los consejos de los especialistas no siempre se corresponde a como debería hacerse. Se nota si se contrasta la gestión de la crisis que hacen el Govern de Francina Armengol y el Gobierno de Pedro Sánchez. 

Mientras que el Ejecutivo balear decide en función de cómo evolucionan los acontecimientos pero siempre da respuestas concretas e inmediatas,no pasa igual con todas las determinaciones que ha tomado Sánchez y su equipo gubernamental. 

No puede entenderse de ningún modo que Madrid no fuera cerrada desde el mismo momento en que se tuvo plena conciencia de que la epidemia estaba descontrolada en la capital. El resultado de la falta de decisión fue que miles de madrileños aprovecharon para irse de vacaciones a la Comunidad Valenciana y a Murcia. Esto no se aguanta ni se puede aceptar. En tiempos de tan grave infección masiva un movimiento de población tan grande es talmente como la ha definido el socio valenciano del PSOE, Compromís: “una insensatez”. Ni más ni menos. 

Todavía es más gráfico que el Gobierno nacional decretara la prohibición de recibir vuelos desde Italia y sin embargo no hiciera lo propio con el tráfico marítimo que llegaba de aquel país. Con el resultado que arribaron a Palma más de 3.000 cruceristas italianos, paseándose por la Palma antigua como si nada. Esta locura era tan obscena que Francina Armengol tuvo que salir a afear en público la incomprensible actitud de Sánchez y sus miembros del Ejecutivo. ¿No había nadie en éste que entendiera la necesidad de parar también la vía marítima? ¿ Es que al no tener mar en la Meseta les importa una higa lo que ocurraen el litoral?… 

En el caso de la actuación del Govern de Francina Armengol puede que haya gente que considere que podría haberse hecho mejor algo. Siempre se puede así considerar. Cómo negarlo. Pero cuando ha sido necesario ha tomado las decisiones adecuadas con sentido y determinación. E incluso cuando ha dudado -como con el cierre de los centros educativos – ha rectificado de forma inmediata y ha hecho lo debido. Y no le ha temblado el pulso -como sí le ha ocurrido a Sánchez demasiado a menudo – cuando se ha tratado de cerrar lo que sólo un par de días antes resultaba inimaginable -discotecas, grandes bares, gimnasios, etc. -. 

El Gobierno nacional, por su lado, ha actuado a la contra. Ha decretado el estado de alarma cuando tenía la mitad de los gobiernos autonómicos yendo cada cual por su lado, decidiendo medidas de emergencia ante la pasmosa inoperancia de Madrid. 

En contexto complicados y graves como el actuales imprescindible el liderazgo político. Francina Armengol desmuestra que es una líder. No del todo pasa así con Sánchez.