Archivo de mayo, 2020

El COVID-19, el Govern balear y la impostura del nuevo modelo turístico

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05 2020

Durante más de dos meses Francina Armengol ha protagonizado de forma absoluta la vida política balear. El coronavirus ha sido su encumbramiento al éxito – tal y como la encuesta publicada en Última Hora, del Instituto Balear de Estudios Sociales, ponía de manifiesto – tanto por la responsabilidad demostrada en la gestión de la crisis sanitaria -en especial por el contraste con el festival de incompetencia que ha desplegado el Gobierno nacional de su colega de militancia Pedro Sánchez – como por el liderazgo político asumido. Sin embargo al ir retomando la normalidad espacios políticos le ha estallado el episodio de crítica furibunda de los ecologistas – por el decreto de (más) privilegios hoteleros – que ha requerido, a instancias de Més per Mallorca, una compensación en forma de restricciones a la construcción en suelo rústico en Mallorca -dado que la formación citada no tiene interés en Ibiza, allí todo seguirá igual, amén de en Menorca donde su respectivo Més ya impuso en su día la prohibición de construir en ese tipo de parcelas – que no acaba de convencer a los verdes aun cuando reconozcan que es un paso en la buena dirección, lo contrario de lo que creen -como es lógico – los promotores y constructores, ademásde la oposición política derechista. 

En el fondo del asunto brilla la ausencia del gran debate que en esta tierra nadie quiere hacer sobre el modelo productivo y en especial en relación al sistema turístico.¿Hay que seguir igual o rectificar y, si así fuera, cómo hacerlo, a costa de qué y hasta qué punto estamos dispuestos a llegar en cuanto a sacrificios en puestos de trabajo y en disminuir elincremento de riqueza estadística? 

No hay respuestas. Al Més mallorquín sólo le interesa poder decir a su parroquia que sigue siendo “ecologista”, aunque nadie lo reconozca como tal, y que si los -verdaderos- ecologistas le critican es porque son unos radicales que siempre protestan. Su homólogo menorquín hace oposición a Armengol por lo que ésta quiera hacer o no en su Menorca, pero de fronteras para afuera le importa una higa. A Podemos… bueno a Podemos es un misterio lo que le interesa en Baleares; al menos su referencia nacional se dedica a boicotear todo lo que puede al PSOE para seguir soñando con superarlo algún siglo, pero en la delegación balear se desconoce con qué estrategia sueñan, excepto la de seguir siendo muleta de los socialistas. Y en el caso del PSOE, este decreto de Més para Mallorca no le molesta del todo – aunque sí un poco, si bien al dejarlo todo cómo estaba en Ibiza ya se conforma – porque al fin y al cabo lo que le interesa es mostrarse sumiso ante los hoteleros, lo que hace a gusto y con notable eficiencia. En la oposición derechista nadie clama por ningún modelo productivo alternativo, por supuesto. Por tanto tenemos una ecuación muy rara. En la que que la suma de PSOE, Podemos y los Més multiplicada por las respectivas ideologías que les hacen prometer un “nuevo modelo” turístico y económico da como resultado dos decretos, uno de (más) beneficios hoteleros y el otro de compensación relativa a Més en Mallorca para que el suelo rústico se convierta en muchísimo más caro de lo que ya es y sólo quede definitivamente al alcance del poder adquisitivo de los muy ricos.

No puede extrañar por tanto que los ecologistas – a los de veras me refiero – estén que trinen contra el trío gobernante y que se sientan traicionados. No les falta razón. No obstante ellos también saben, o deberían, que en el fondo ninguno de los tres partidos cree en realidad en la imposición del famoso e ignoto nuevo modelo turístico. Hace muchos años, al menos 17 -desde 2003, cuando la izquierda se convirtió al hotelerismo al interiorizar que perdió el poder por culpa de la ecotasa – que se trata de una impostura. Ningún partido de este ámbito se cree lo de menos turistas que gasten más, lo de menos impacto negativo de la actividad…Todo eso no es más que pura verborrea política que sirve para estar en la oposición y que se olvida al gobernar. Pero seamos honestos. Todos sabemos que es así y nadie espera otra cosa. Incluso los ecolós. Así que tampoco les digamos de todo menos guapos por esta razón, a nuestros progres gubernamentales. Hace tiempo que todos somos conscientes de que no hay ninguna posibilidad de forjar un nuevo sistema turístico. Entre otras razones, porque no depende de aquí sino de allí, más de los alemanes y británicos que de los nativos hoteleros y desde luego absolutamente nada de los políticos regionales. Puede que a algunos les siente mal, pero en el fondo todos sabíamos que un día u otro quedaría claro que nadie cree de veras en un modelo alternativo. Lo que ha pasado ahora es que el COVID-19 loha dejado en evidencia rotunda, por si alguien todavía no lo sabía o hacía cómo si no lo supiera.

El coronavirus de diciembre 2019, la nueva normalidad y los augurios que se hacen sobre el mundo post todo eso.

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05 2020

Un día se acabará. Aunque todavía falta mucho para eso. El coronavirus de diciembre de 2019, según lo bautizó la genial presidenta regional madrileña, uno de los políticos de más inteligencia y formación cultural de este país, como todos sabemos, seguirá entre nosotros durante bastante tiempo. Si es que se va alguna vez. Que los hay, entre los expertos, que auguran que se va a quedar por siempre jamás, aun cuando ya no nos mate tanto. Sea cuando se harte y se desvanezca o cuando se modere en su capacidad letal, un día volveremos a la normalidad y dejaremos atrás la anormalidad ésta que Pedro Sánchez -el otro que comparte el podio con Ayuso – ha definido, con su ñoñería vacía, como “nueva normalidad”. ¿Y qué pasará entonces?

Los augures son muchos. Uno de los más pintorescos es eso de que el capitalismo nunca volverá a ser igual o, incluso, que va a desaparecer. Lo dicen porque lo anhelan los comunistas -viejos y nuevos de todo pelaje, incluido Bergoglio, uno de los más peligrosos liberticidas que corren por ahí – que nos amenazan con ese ignoto futuro sustitutivo al que no identifican. ¿Qué será lo que ocupe el sitio del único sistema productivo que ha logrado – según datos de la ONU, para nada sospechosa de anti izquierdismo – reducir la pobreza extrema a su nivel más bajo en toda la historia de la Humanidad? ¿Acaso será el susodicho comunismo, ideología cuya concreción política ha conseguido asesinar a más gente en la Unión Soviética y China que las víctimas imputables a todos los genocidas nazi-fascistas juntos y que, entre otros grandes logros, ha dejado en la miseria más paupérrima a todos los países que lo han padecido, incluido el poderoso gigante oriental que basa su espectacular incremento del PIB en mantener en la pobreza más misérrimaa la mayoría de los esclavos de su Partido Comunista? ¿O tal vez lo hará el modelo económico de los países sarracenos, toda una expresión de modernidad teocrática productiva al modo medieval?…

Otro de los bellos deseos de futuro post COVID-19 nos lo cantan los que dan por cierto que en ese nuevo mundo habremos aprendido a convivir mejor con la naturaleza, tras ver como en estos meses se ha regenerado, amén de con nosotros mismos y con nuestros prójimos, que seremos más responsables en todo y que la vida será poco menos que una peli de Walt Disney. No vale la pena añadir comentarios. 

Y otras muchas profecías se están haciendo para esa era post “nueva normalidad”, pero en el ranking ocupa una de las primeras posiciones la de que por estos lares vamos a cambiar el modelo turístico. Bueno, la verdad es que desde que el Gobierno del PSOE, Podemos y Més per Mallorca alumbró el decreto de más privilegios hoteleros, que dejó patidifuso al personal progre de base y heló la sangre de los activistas del ecologismo, este augurio ha perdido mucha entidad y va desvaneciéndose a marchas forzadas. Pero no se puede negar que en las semanas previas fue uno de los que más triunfó, al menos en nuestro ámbito doméstico. Se suponía que alcanzaríamos el Saber Universal Turístico y viviríamos de la “sostenibilidad” del sector, fuera lo que fuera lo que tal cosa pretendiese ser. Sin embargo, gracias a la diligencia de nuestra izquierda en servir a sus amos y señores -para que Alberto Jarabo siga diciendo, como aseveró en 2015, que “se acabó que aquí manden los hoteleros”: je, je, je… -, a los que ha regalado ese magnífico decreto especial de privilegios, ha quedado claro de golpe político y porrazo ideológico que de eso nada de nada, que aquí mandan los de siempre y que su modelo turístico no se toca. Ya lo sabíamos al menos desde 2003, cuando toda la izquierda se convirtió al hotelerismo tras interiorizar que perdió el poder regional debido a la imposición de la ecotasa contra los hoteleros, pero es de agradecer que los del PSOE, Podemos y Més hayan al fin obligado a abrir los ojos a los afectados por la delirante ingenuidad de suponer que todavía existían esperanzas de tener un futuro sistema turístico y económico alternativo. 

En el número 1 de los vaticinios para el mundo post COVID-19 se encuentra la genérica pretensión que viviremos habiendo aprendido algo bueno de esta brutal crisis sanitaria que padecemos y de la económica que seguiremos sufriendo. No seamos cándidos. Si la historia enseña algo es que de una fase traumática no se aprende nada. Ni si es crisis económica -¿se acuerdan de la que empezó en 2008 y que nos decían que serviría para el cambio de modelo o que era una oportunidad y demás chorradas: acaso cambió algo para mejor? -, ni menos aún si se trata de una sanitaria tan bestial como la presente – recuérdese la gripe “española” de hace un siglo –: lo único para que sirven estas desgracias es para perjudicarnos. Aun cuando algunos, siempre los hay, se beneficien de ellas. Pero para el común ya sabemos lo que ocurre. 

En fin, el mundo post coronavirus de diciembre de 2019 ayusiano o, lo que es lo mismo,el ulterior a la nueva normalidad sanchista será diferente al del pasado, porque nunca nada vivo se mantiene inmutable, pero no cambiará a mejor, es lo único que podemos tener por seguro.