El coronavirus de diciembre 2019, la nueva normalidad y los augurios que se hacen sobre el mundo post todo eso.

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05 2020

Un día se acabará. Aunque todavía falta mucho para eso. El coronavirus de diciembre de 2019, según lo bautizó la genial presidenta regional madrileña, uno de los políticos de más inteligencia y formación cultural de este país, como todos sabemos, seguirá entre nosotros durante bastante tiempo. Si es que se va alguna vez. Que los hay, entre los expertos, que auguran que se va a quedar por siempre jamás, aun cuando ya no nos mate tanto. Sea cuando se harte y se desvanezca o cuando se modere en su capacidad letal, un día volveremos a la normalidad y dejaremos atrás la anormalidad ésta que Pedro Sánchez -el otro que comparte el podio con Ayuso – ha definido, con su ñoñería vacía, como “nueva normalidad”. ¿Y qué pasará entonces?

Los augures son muchos. Uno de los más pintorescos es eso de que el capitalismo nunca volverá a ser igual o, incluso, que va a desaparecer. Lo dicen porque lo anhelan los comunistas -viejos y nuevos de todo pelaje, incluido Bergoglio, uno de los más peligrosos liberticidas que corren por ahí – que nos amenazan con ese ignoto futuro sustitutivo al que no identifican. ¿Qué será lo que ocupe el sitio del único sistema productivo que ha logrado – según datos de la ONU, para nada sospechosa de anti izquierdismo – reducir la pobreza extrema a su nivel más bajo en toda la historia de la Humanidad? ¿Acaso será el susodicho comunismo, ideología cuya concreción política ha conseguido asesinar a más gente en la Unión Soviética y China que las víctimas imputables a todos los genocidas nazi-fascistas juntos y que, entre otros grandes logros, ha dejado en la miseria más paupérrima a todos los países que lo han padecido, incluido el poderoso gigante oriental que basa su espectacular incremento del PIB en mantener en la pobreza más misérrimaa la mayoría de los esclavos de su Partido Comunista? ¿O tal vez lo hará el modelo económico de los países sarracenos, toda una expresión de modernidad teocrática productiva al modo medieval?…

Otro de los bellos deseos de futuro post COVID-19 nos lo cantan los que dan por cierto que en ese nuevo mundo habremos aprendido a convivir mejor con la naturaleza, tras ver como en estos meses se ha regenerado, amén de con nosotros mismos y con nuestros prójimos, que seremos más responsables en todo y que la vida será poco menos que una peli de Walt Disney. No vale la pena añadir comentarios. 

Y otras muchas profecías se están haciendo para esa era post “nueva normalidad”, pero en el ranking ocupa una de las primeras posiciones la de que por estos lares vamos a cambiar el modelo turístico. Bueno, la verdad es que desde que el Gobierno del PSOE, Podemos y Més per Mallorca alumbró el decreto de más privilegios hoteleros, que dejó patidifuso al personal progre de base y heló la sangre de los activistas del ecologismo, este augurio ha perdido mucha entidad y va desvaneciéndose a marchas forzadas. Pero no se puede negar que en las semanas previas fue uno de los que más triunfó, al menos en nuestro ámbito doméstico. Se suponía que alcanzaríamos el Saber Universal Turístico y viviríamos de la “sostenibilidad” del sector, fuera lo que fuera lo que tal cosa pretendiese ser. Sin embargo, gracias a la diligencia de nuestra izquierda en servir a sus amos y señores -para que Alberto Jarabo siga diciendo, como aseveró en 2015, que “se acabó que aquí manden los hoteleros”: je, je, je… -, a los que ha regalado ese magnífico decreto especial de privilegios, ha quedado claro de golpe político y porrazo ideológico que de eso nada de nada, que aquí mandan los de siempre y que su modelo turístico no se toca. Ya lo sabíamos al menos desde 2003, cuando toda la izquierda se convirtió al hotelerismo tras interiorizar que perdió el poder regional debido a la imposición de la ecotasa contra los hoteleros, pero es de agradecer que los del PSOE, Podemos y Més hayan al fin obligado a abrir los ojos a los afectados por la delirante ingenuidad de suponer que todavía existían esperanzas de tener un futuro sistema turístico y económico alternativo. 

En el número 1 de los vaticinios para el mundo post COVID-19 se encuentra la genérica pretensión que viviremos habiendo aprendido algo bueno de esta brutal crisis sanitaria que padecemos y de la económica que seguiremos sufriendo. No seamos cándidos. Si la historia enseña algo es que de una fase traumática no se aprende nada. Ni si es crisis económica -¿se acuerdan de la que empezó en 2008 y que nos decían que serviría para el cambio de modelo o que era una oportunidad y demás chorradas: acaso cambió algo para mejor? -, ni menos aún si se trata de una sanitaria tan bestial como la presente – recuérdese la gripe “española” de hace un siglo –: lo único para que sirven estas desgracias es para perjudicarnos. Aun cuando algunos, siempre los hay, se beneficien de ellas. Pero para el común ya sabemos lo que ocurre. 

En fin, el mundo post coronavirus de diciembre de 2019 ayusiano o, lo que es lo mismo,el ulterior a la nueva normalidad sanchista será diferente al del pasado, porque nunca nada vivo se mantiene inmutable, pero no cambiará a mejor, es lo único que podemos tener por seguro.

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Miquel Payeras

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  1. 1

    Miguel, te veo muy pesimista, yo confío que al menos, eso nos ayudará a ser más precavidos y a mirar a la gente con otros ojos. Si no cogemos tanto el coche y andamos más o con la bici, el aire no será tan tóxico, el ambiente enrarecido de la ciudades será más puro. Creo que algo habremos ganado, el agujero de ozono que teníamos se ha ído cerrando y el cielo es mucho más azul. En fin, tengo la esperanza de que viviremos en un mundo mucho mejor..

  2. Klunge #
    2

    Creo que desde que estamos en fase 1 los patos ya no circulan por Paseo Mallorca. Ni los jabalíes por la Diagonal barcelonina…

  3. 3

    Nada cambiará a mejor. Seguirá el turismo en masa, las emisiones de CO2, se construirá más y llegaremos a los 8000 millones de habitantes en un planeta que está lanzando a gritos SOS.

  4. manumenorca #
    4

    … después de la gran guerra vinieron los felices y locos años veinte, tras la guerra mundial vino el baby boom y el desarrollismo, tras la dura posguerra el turismo y los hippies con su paz hermano haz el amor y no la guera… siempre ha habido un flujo y un reflujo… seguro tendremos cal y arena, no soluciones absolutas, una mayor consciencia ecológica seguro, pero sólo temporal, buenas intenciones de mejorar el sector sanitario, seguro, más recursos para investigación, espero… ostracismo a los vendedores de dioses todopoderosos, por supuesto, alabanzas a internet y las redes sociales, despegue final del teletrabajo y del teleestudio, tenedlo por cierto, obsesión por progresar y que no nos vuelvan a pillar viviendo en un cutre e incómodo mini piso… priorizaremos la calidad de vida al éxito y visitaremos más a nuestros abuelos de las residencias… relativizaremos al máximo nimiedades tales como el procés catalán o el campeón de liga, viajaremos más, consumiremos más y aprovecharemos más el tiempo, aunque sea de manera contemplativa, que la vida son cuatro días y el COVID19 nos lo ha mostrado crudamente

  5. rosario #
    5

    Eso de la genial presidenta que bautizo «El coronavirus de diciembre de 2019» como sabrás fue una metedura de pata de la genial presidenta que confundió la «D» de COVID-19 creyendo que se refería al mes de diciembre y no era así, ella misma admitió fue un error.