Archivo de junio, 2020

Fray Junípero, los derribos de estatuas, el pasado colonial, la historia y los idiotas

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06 2020

El movimiento contra los monumentos ensalzadores de la colonización y el ulterior aniquilamiento cultural y humano de los pueblos colonizados hace cuarenta años que está creciendo en el Norte de América -tanto en Estados Unidos como en Canadá y, más reciente, en México y otros países más al sur– y sus motivaciones de fondo sólo son discutidas por la ultraderecha en aquel país -que no es poca – que se siente directa descendiente de los europeos y que desdeña a los indios o, en lenguaje políticamente ridículo al uso, “a las naciones originarias”. 

Esta contracorriente ultraderechista usa la historia como elemento político que lanzar contra esa izquierda a la que aborrece y que identifica como la responsable de todos los males, tanto de las manifestaciones contra un asesinato racista como, para el caso, de los derribos de las susodichas estatuas. 

En España pasa más o menos lo mismo. Cuando el movimiento a favor de una razonable interpretación histórica de la colonización americana empezó a cuajar -pidiendo, entre otras muchas cosas, que la fiesta nacional no sea la del inicio de la colonización de aquel continente, una ofensa gratuita para millones de los descendientes de los colonizados – enseguida se activó su contrario, que ha dado grandes fabuladores, como la ínclita María Elvira Roca Barea con su fantasiosa obra Imperiofobia y la leyenda negra, destrozada por insignes historiadores pero que a despecho de cualquier evidencia se ha convertido en musa -y su obra en biblia – del más desgastado españolismo que glorifica todavía que lo de América no fue una colonización sino la obra de apóstoles y civilizadores. Son los mismos que hablan de la batalla de Covadonga -supuestamente ocurrida en 722 – como inicio del largo proceso de victoria ante los moros, cuando en verdad no fue – de haber sido algo – más que una de las miles de escaramuzas que se daban en la frontera y que por tanto no existió com tal “batalla” más que en la fantasía cristiana que se la inventó -fue creación política del rey Alfonso III en el año 900 – como gesta seminal de la mal llamada Reconquista, término acuñado en el siglo XIX de forma intencionadamente errónea, pues mal podían “recuperar” los reinos cristianos lo que no fue suyo antes.

Esta utilización perversa de la historia que hace la ultraderecha en el fondo es la misma que hace cierta ultraizquierda para justificar los ataques a estatuas de Fray Junípero -entre otros colonizadores – y la crítica de trazo grueso al conjunto de la colonización americana, asumiendo la leyenda negra como si fuera cierta, cuando en verdad fue inventada -a partir del siglo XVI – bien a posta como operación propagandística – en los Países Bajos, Inglaterra, Francia… – contra el imperio español. 

Habría que dejar a los historiadores debatir sobre esos aspectos tan sensibles de la historia que se usan como elementos políticos e ideológicos. Nunca pasará, por supuesto. Pero si al menos consiguiéramos que tantos y tantos idiotas de ultraderecha y ultraizquierda hicieran un cursillo de iniciación a la historia aprenderían que la primera lección es no juzgar con valores de hoy el pasado. Lo cual no significa que no se deba aprender ese pasado con los valores de hoy. Si se aprecia la diferencia se entiende cuán estúpidos son los derribos de estatuas y, sin embargo, se entiende por qué el Museo de Historia Natural de Nueva York ha mostrado el camino que debería seguirse por todo. No se trata de volver a escribir la historia, que es la que ha sido, pero sí de aprender que el blanco de hoy, como epítome europeo, no tiene culpa pero si puede pedir excusas – no perdón, que no es lo mismo – al comprender el dolor que causó la colonización americana -como las otras, sin duda, de las que no se habla apenas: la asiática, africana… – y, por ende, empezar a retirar – y colocar en museos a posta – los monumentos -como la estatua de Fray Junípero – que ensalzan el pasado colonizador, al margen de si una estatua equis es la de quien fue un asesino o una bellísima persona porque fuera una cosa u otra formaba parte por igual de la operación colonizadora. Tan simple como esto. Tan difícil como esto. 

Ultraderecha, ultraizquierda y qué pasaría si España no estuviera en la Unión Europea: el fin de la democracia

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06 2020

Estamos en la Unión Europea (UE),un paraguas institucional que nos guarece de la lluvia ácida que en Madrid se fabrica y se arroja hacia todo el país. Si no fuera por la UE la situación política nacional, tan degradada, podría estar amenazando en serio con provocar enfrentamientos algo más que verbales. Nunca en cuarenta años de democracia se habían vivido episodios iguales a los actuales. La tercera y la cuarta fuerza del país están lanzadas en pos de la confrontación mutua, convencidas que así se ayudan la una a la otra a debilitar a su respectivo aliado y enemigo. Y la primera y la segunda tienen unos supuestos líderes tan inútiles que si se percatan de ello hacen como si no fuera así. Sólo Inés Arrimadas parece haber entendido – ¿demasiado tarde? – qué es hacer política, al no seguir la senda de Albert Rivera – con sus castillos en el aire-, al parecer dispuesta incluso a inmolar su carrera, si es que le quedaba alguna.

Tanto la ultraderecha como su hermana la ultraizquierda se han quitado las caretas y aunque siguen con las imposturas que son costumbre en ellas dejan ver sus reales objetivos, tanto el táctico como el estratégico. El primero es el comentado, el ataque desaforado de una contra otra con el convencimiento de que así debilitan al prójimo respectivo. Cuando Vox eleva el tono hasta el insulto y no critica el Gobierno de PSOE sino que lo acusa de estar atado a Podemos por delirantes motivaciones y de actuar con dolo en su incapacidad en la gestión de la crisis sanitaria – de su incompetencia no hay duda, aunque sí de la intención criminal, que huelga – en realidad lo que está haciendo es, a costa de llegar al absurdo en el ataque, intentar acotar la posición del PP, pretendiendo que se escore todavía más a la derecha para así poder morderle en el futuro con mejores resultados que hasta ahora, por aquello que ante la confusión de mensajes siempre le va mejor en votos al original, que este caso es, claro, el neofascismo, pues la derecha democrática nunca podría igualar, por mucho que se escorase, la pureza antidemocrática de Vox. Y en cuanto a los de Podemos, es lo mismo pero en el otro ámbito ideológico. Sus desaforados ataques a las dos derechas buscan, por un lado, igualarla toda en una y, por otro, satisfacer a su parroquia neocomunista. Pensando, al mismo tiempo, que así condenará al PSOE a quedar fijado en la izquierda del populismo de los imposibles, cosa que le perjudicaría y sería posible al fin superarle, que de hecho es la razón de ser morada – ¿se acuerdan del famoso “sorpasso” del que, al modo griego, tanto se habló en 2015?-, con el callado objetivo de dejar a los socialistas en la irrelevancia, no en vano son su enemigo, tal y com siempre ha sido para el comunismo histórico el socialismo democrático. 

El objetivo estratégico, pues, de los hermanos ultraderechista y ultraizquierdista es meridiano y compartido: debilitar a los dos partidos de gobierno, el PP y PSOE, con el ulterior deseo de futuro de cambiar de arriba abajo la democracia hasta dejarla reconvertida en un sistema que de ella tenga poco, muy poco. Al fin y al cabo, tal y como enseña la historia contemporánea, tanto el comunismo como el fascismo -y hoy sus ‘neo’ respectivos,que son en España Podemos y Vox – no han dudado nunca en colaborar entre sí, cuando les ha convenido, para cargarse las libertades que son su objetivo último a batir. Incluso enfrentándose a muerte, si ha sido necesario, para así fortalecerse mutuamente –como hicieron en la República de Weimar, en laTercera República francesa, en la monarquía parlamentaria británica coetánea a las dos anteriores, en nuestra Segunda República… – en su empeño de hundir las democracias. 

Menos mal que no estamos, como se decía al principio, fuera de la Unión Europea – no es casualidad al respecto, por cierto, que ambos movimientos extremos también estén hermanados por su euroescepticismo -, porque si no este país embocaría hacia una situación muy peliaguda y potencialmente letal. Desde luego no es por la altura de miras y capacidad de liderazgo político de Pedro Sánchez y Pablo Casado que nos vamos a salvar de condenarnos al terrible futuro que sería volver a nuestro dramático pasado.