Ultraderecha, ultraizquierda y qué pasaría si España no estuviera en la Unión Europea: el fin de la democracia

14

06 2020

Estamos en la Unión Europea (UE),un paraguas institucional que nos guarece de la lluvia ácida que en Madrid se fabrica y se arroja hacia todo el país. Si no fuera por la UE la situación política nacional, tan degradada, podría estar amenazando en serio con provocar enfrentamientos algo más que verbales. Nunca en cuarenta años de democracia se habían vivido episodios iguales a los actuales. La tercera y la cuarta fuerza del país están lanzadas en pos de la confrontación mutua, convencidas que así se ayudan la una a la otra a debilitar a su respectivo aliado y enemigo. Y la primera y la segunda tienen unos supuestos líderes tan inútiles que si se percatan de ello hacen como si no fuera así. Sólo Inés Arrimadas parece haber entendido – ¿demasiado tarde? – qué es hacer política, al no seguir la senda de Albert Rivera – con sus castillos en el aire-, al parecer dispuesta incluso a inmolar su carrera, si es que le quedaba alguna.

Tanto la ultraderecha como su hermana la ultraizquierda se han quitado las caretas y aunque siguen con las imposturas que son costumbre en ellas dejan ver sus reales objetivos, tanto el táctico como el estratégico. El primero es el comentado, el ataque desaforado de una contra otra con el convencimiento de que así debilitan al prójimo respectivo. Cuando Vox eleva el tono hasta el insulto y no critica el Gobierno de PSOE sino que lo acusa de estar atado a Podemos por delirantes motivaciones y de actuar con dolo en su incapacidad en la gestión de la crisis sanitaria – de su incompetencia no hay duda, aunque sí de la intención criminal, que huelga – en realidad lo que está haciendo es, a costa de llegar al absurdo en el ataque, intentar acotar la posición del PP, pretendiendo que se escore todavía más a la derecha para así poder morderle en el futuro con mejores resultados que hasta ahora, por aquello que ante la confusión de mensajes siempre le va mejor en votos al original, que este caso es, claro, el neofascismo, pues la derecha democrática nunca podría igualar, por mucho que se escorase, la pureza antidemocrática de Vox. Y en cuanto a los de Podemos, es lo mismo pero en el otro ámbito ideológico. Sus desaforados ataques a las dos derechas buscan, por un lado, igualarla toda en una y, por otro, satisfacer a su parroquia neocomunista. Pensando, al mismo tiempo, que así condenará al PSOE a quedar fijado en la izquierda del populismo de los imposibles, cosa que le perjudicaría y sería posible al fin superarle, que de hecho es la razón de ser morada – ¿se acuerdan del famoso “sorpasso” del que, al modo griego, tanto se habló en 2015?-, con el callado objetivo de dejar a los socialistas en la irrelevancia, no en vano son su enemigo, tal y com siempre ha sido para el comunismo histórico el socialismo democrático. 

El objetivo estratégico, pues, de los hermanos ultraderechista y ultraizquierdista es meridiano y compartido: debilitar a los dos partidos de gobierno, el PP y PSOE, con el ulterior deseo de futuro de cambiar de arriba abajo la democracia hasta dejarla reconvertida en un sistema que de ella tenga poco, muy poco. Al fin y al cabo, tal y como enseña la historia contemporánea, tanto el comunismo como el fascismo -y hoy sus ‘neo’ respectivos,que son en España Podemos y Vox – no han dudado nunca en colaborar entre sí, cuando les ha convenido, para cargarse las libertades que son su objetivo último a batir. Incluso enfrentándose a muerte, si ha sido necesario, para así fortalecerse mutuamente –como hicieron en la República de Weimar, en laTercera República francesa, en la monarquía parlamentaria británica coetánea a las dos anteriores, en nuestra Segunda República… – en su empeño de hundir las democracias. 

Menos mal que no estamos, como se decía al principio, fuera de la Unión Europea – no es casualidad al respecto, por cierto, que ambos movimientos extremos también estén hermanados por su euroescepticismo -, porque si no este país embocaría hacia una situación muy peliaguda y potencialmente letal. Desde luego no es por la altura de miras y capacidad de liderazgo político de Pedro Sánchez y Pablo Casado que nos vamos a salvar de condenarnos al terrible futuro que sería volver a nuestro dramático pasado.

Acerca del autor

Miquel Payeras

Otras entradas por

Sitio web del autor

10 Agregá los tuyos ↓

El comentario superior es el más reciente

  1. José Manuel #
    1

    «no es por la altura de miras y capacidad de liderazgo político de Pedro Sánchez y Pablo Casado que nos vamos a salvar de condenarnos al terrible futuro que sería volver a nuestro dramático pasado.»

    Estoy de acuerdo en casi todo lo expuesto, pero no debemos olvidar que fue Pedro quien debía decidir, y decidió hacia donde mirar, con quien pactar, y a quien ignorar (por resumirlo y decirlo finamente).

  2. Tomeu #
    2

    Hoy te has levantado un poco negativo, no?. Crees de verdad que España y los españoles somos tan poca cosa que dependemos de que Europa nos lleve de la manita? Vamos. La democracia depende de nosotros y de nadie más. Es más si lo que tenemos ahora depende de Francia, Alemania o cualquier otro país, no sería democracia.

  3. Lector #
    3

    Lo de la ultraderecha, vale. Lo de la ultraizquierda, me parece a mí que debería usted leer más libritos, porque aparenta no ser muy entendido en el tema. Un artículo que deja a la vista una postura ideológica del siglo pasado y que no aporta nada al debate político actual. Un saludo.

  4. DCU #
    4

    Lo que se oye en el congreso, por unos y otras, no es de recibo. La confrontación y no la construcción es el rasgo común de la democracia española. Si es que podemos llamar democracia a un sistema político pasional que aquí evidencia la ausencia de demócratas porque se rige últimamente sólo por las pasiones. La democracia es respeto y aquí lo que hay es una perversión democrática focalizada en llamar enemigo al adversario y en anatematizarlo intendando hundirlo, en lugar de aprovechar sus puntos positivos y tener la capacidad de pactar con él la construcción y el avance del país. Porque tambien son españoles. Pero de ahí a decir que tenemos democracia gracias a la UE ( “Unión”? cuando es uno de los organismos menos democráticos del mundo, en que un país y dos adláteres adjuntos dominan a todos los demás socios, porque son más ricos y pesan más) va un enorme abismo. Muchos a la vista de lo que es realmente la UE, preferiríamos salirnos. Como los inteligentes británicos. Había democracia antes de entrar en la UE, el problema real es la falta del espíritu, realmente democrático, que posibilitó la Transición. Falta preparación y falta cultura democrática. Así nos va ahora.

  5. Epaminondas #
    5

    Un artículo con un posicionamiento político de extremo-centro que desde una pose de desdén facilón descalifica como no democráticas las líneas políticas que se alejan un poco de sus postulados.

  6. Luis #
    6

    El artículo es interesante. Se fija que gracias a que estamos en la UE no hay peligro de que los extremismos destruyan la «democracia» española.
    Al lector que opina que el articulista al referirse a la ultraderecha acierfta, pero cuando habla de ultraizquierda se equivo, además de ser un ignorante. Se animaría a leer más «libritos», pero de todas las visiones, le daría amplitud de miras. Además es muy interesante leer y comparar los discursos de PCE de los años de la República y los UP de hoy.

  7. incienso #
    7

    Hay una diferencia sustancial entre lo que llaman ultraderecha y ultraizquierda.Los primeros no son fascistas ni aspiran a que la gente viva en la pobrezaa,mientras los segundos son comunistas cuya motivacion es a tener al pueblo bajo la suela del zapato y en la mas extrema de las miserias

  8. Mallorqui #
    8

    Para mí había más democracia antes de entrar en Europa ahora es partitocracia represiva.

  9. Mateu #
    9

    Uno de los artículos más bien escritos este año sobre temas políticas de actualidad, con verdades directas.

  10. Neró #
    10

    Es muy fácil caer en el error de equiparar a Vox y Podemos como partidos igualmente radicales de uno y otro lado del espectro. Pero no son asimilables; salvo, claro está, que esa comparación quiera hacerse para salvaguardar el sacrosanto bipartidismo, dogma de fe de todos los comentaristas inmovilistas de la España una, grande y libre. Además, no lo olvidemos, España no es Madrid (por mucho que lo intenten), y las tonterías de la Carrera de San Jerónimo cada vez tienen menor repercusión lejos de la M-30.