Cuatro consideraciones sobre Pedro Sánchez, Felipe de Borbón, los indepes y todo lo demás (y lo de menos)

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09 2020

El gobierno de Pedro Sánchez ha prohibido al rey que vaya a un acto del Consejo General del Poder Judicial en Barcelona.Y se ha montado la marimorena. Se comprende, porque es la primera vez que trasciende un veto tan bestial al Jefe del Estado por parte del presidente del Gobierno. La historia tiene -al menos – cuatro consideraciones posibles, todas ellas relevantes para el interés político general. 

La primera es que el episodio deja en evidencia la condición de la jefatura del Estado. O sea, que el rey no tiene margen de actuación propia. El Gobierno le controla de forma absoluta tanto su agenda oficial como los discursos que hace. Y está bien que sea así y no sólo porque lo diga la Constitución sino porque a Borbón no lo ha elegido nadie mientras que todo Gobierno es electo por los representantes de los ciudadanos. Está fuera de duda dónde estaría la legitimidad democrática en caso de que hubiese un choque entre las dos instituciones. Además, también está muy bien que los ciudadanos sean conscientes de esa gradación. Durante décadas se ha procurado, con interés cortesano tan ridículo como anacrónico, que no se evidenciara pero ya es hora de que sea de público conocimiento, tal y como ha quedado claro ante todo el mundo por lo de Barcelona. 

La segunda consideración es la de la desfachatez de Pedro Sánchez. Su gozosa falta de lastre ideológico y político multiplicado por la ausencia de escrúpulos y principios le permiten conducirse de una forma nunca vista en un presidente. Se permite incluso humillar, como ha sido el caso, al rey. Servidor ya ha analizado muchas veces su desprendimiento absoluto de todas esas cortapisas que han condicionado bastante a sus antecesores en el cargo. Sin embargo él, al estar libre como ningún otro presidente, hace lo que quiere y gracias a la incapacidad de la oposición no encuentra acotaciones a su voluntad. Lo que le da una proyección política insólita en la España democrática. Se deja notar también en lo del inicio de la tramitación de los indultos a los independentistas, la reforma legal para liberar a los que no se indulte y el estudio de cómo conseguir que Carles Puigdemont pueda volver a España. El arrojo de Sánchez es tanto que no conoce límites. 

En tercer lugar, lo de Barcelona y Borbón no hace más que confirmar por enésima vez que a Sánchez lo único que le preocupa es mantenerse en la presidencia cómo sea, con quién sea y a costa de quién o qué sea. Es fascinante observar como este hombre miente a todo el mundo – sobre todo a los ciudadanos -, no sabe lo que es aguantar una opinión dos días seguidos, tiene disociación de identidades políticas – por fuerza su psique debe tener algo especial, si no sería imposible – que le permiten asegurar una cosa y su contraria argumentando que es pura coherencia, traicionar a derecha e izquierda, ser un incompetente – más que José Luis Rodríguez y Adolfo Suárez, que ya es decir – y sin embargo salirse con la suya, al menos hasta ahora. 

Y la cuarta consideración, inevitable, es la constatación de la impresionante victoria política del independentismo. La humillación que ha infringido Sánchez a Borbón ha sido un regalo a sus socios secesionistas. Aunque mucha gente no quiera darse cuenta, el independentismo está ganando mucho terreno en estos últimos tres años -desde la farsa del supuesto “referéndum” y todas las demás escenografías de la “república” catalana – gracias al Gobierno central, primero por la incomprensión de Mariano Rajoy de lo que estaba aconteciendo en Cataluña y ahora por la colaboración de Sánchez. No obstante, la posición del presidente socialista no deja de ser pragmática. Sabe que lo del separatismo no tiene solución, que la imagen internacional de España está cayendo bajo tierra en todo este asunto y que la justicia europea desarmará la venganza política que -retorciendo al Estado de Derecho – se ha llevado a cabo contra los líderes “indepes” que delinquieron. Sánchez es consciente de que sólo se puede embocar el problema catalán de dos maneras: por la fuerza o por la política. Él ha optado por la segunda porque -seamos sinceros – la primera no parece que sea posible. Y en su día presentará como una victoria que el separatismo se rompa en al menos dos partes gracias a él -lo cual será indudable – y que por tanto la independencia de Cataluña se aplace – si el independentismo se mantuviera unido sería imposible evitarla excepto, ya se ha dicho, mediante la fuerza – hasta un día futuro en el que él ya no será presidente y, por tanto, le importa una higa lo que entonces pueda ocurrir.

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Miquel Payeras

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El comentario superior es el más reciente

  1. Maria Carmen #
    1

    Sánchezfobia….. es lo q usted tiene. Le pagan para escribir basura.

  2. Sor Intrepida. #
    2

    Brillante análisis.

  3. Codicioso #
    3

    La Constitución no dice en parte alguna que el ejecutivo pueda interferir en la agenda del Rey. Lo que dice es que sus actos serán refrendados. Siendo esos actos debidos, sin el menor asomo de control jerárquico como aquí y en otros sitios se pretende. Como podría sino ejercer con tal control el Jefe del Estado sus funciones arbitrales y moderadoras Lo demostraré aludiendo casuisticamente a un importante cometido del Rey: cuando propone a quien deba someterse a la investidura para alcanzar la presidencia del Gobierno, el refrendo lo ejerce la presidencia del Congreso como actuación obviamente formal y debida. Por tanto, si el Rey no acudió al acto fue porque, por excesiva prudencia, así lo decidió el mismo, plegandose al deseo de un ejecutivo a su vez obediente a unos intereses de sus socios secesionistas. Ahí subyace la venganza de los rufianes, los puchdemones, los torras y todo ese submundo entreverado con el fascismo pandemita al dictado de la larga mano de la tiranía venezolana. De ser una imposición.

  4. José Manuel #
    4

    Dice Ud. «por fuerza su psique debe tener algo especial». Estoy de acuerdo. Posiblemente un trastorno de personalidad, de categoría B.

  5. Pepe #
    5

    Qué largas se le hacen las democracias a algunos. ¿Eh Miquel Payeras?

  6. 6

    En este pais vale todo, menos hacer politica justa y para el ciudadano de a pie. !!!! QUE CAMBIE YA!! para el mayor bien de todos.

  7. Ana Sampedro Bueno #
    7

    Narcisismo total el de Sánchez,se siente jefe del Estado,se palpa en el visto que despliega por donde va y uso hostentoso de coches,aviones……

  8. 8

    El Rey no fue a Barcelona porque las condiciones no le eran favorables, creo que con muy buen criterio, pues le hubieran abucheado y cantando la Internacional, ¿No ven que ellos quieren la Republica y no la Monarquía por muy parlamentaria que sea?

  9. Codicioso #
    9

    Ya lo ha dicho nada menos que Felipe González, con su habitual capacidad de discernimiento: Felipe VI se comporta de modo extraordinariamente prudente, incluso demasiado prudente para el gusto del expresidente. Varios millones de personas -creo- opinamos exactamente lo mismo.