Archivo de octubre, 2020

La moción de censura de Vox, Pablo Casado y su centrismo entre el neofascismo y el sanchismo

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10 2020

La moción de censura que se suponía contra Pedro Sánchez fue diseñada por el partido ultraderechista Vox con la clara intención de segar la hierba bajo los pies de Pablo Casado. El objetivo relucía sin posibilidad de que nadie se engañara a ese respecto. Se trataba de una operación propagandística para otorgar a Santiago Abascal el aura de líder opositor ante el felón presidente Sánchez -y demás epítetos que por el estilo le dedican los de ese movimiento nacional–, dado que la “derechita cobarde” que a su juicio es el PP no cumplía con el cometido por miedo a molestar la “dictadura progre”. 

El guión resultaba nítido para cualquiera que estuviera lo mínimo avezado, por poco que fuera, en ese tipo de ritos políticos. Y cierto es que en los meses anteriores Casado parecía atado de pies y manos ante los ultras. Entre José María Aznar, Cayetana Álvarez y demás personajes por el estilo, no era capaz de marcar su territorio. En esas circunstancias la presentación de la moción de censura adoptaba la clara forma de un torpedo contra la línea de flotación del liderazgo de Casado. Cualquiera de las opciones de éste ante la moción que, previamente al debate, pudieran imaginar los de Vox -y todos los periodistas y analistas, sin excepción – pasaban porque Abascal obtuviera un importante rédito -aun cuando sólo fuera el de las portadas y oberturas de informativos de radio y televisión – mientras que Casado sólo podría aspirar a salir “vivo” en el mejor de los casos, contando con muchas probabilidades de que fuera al revés. 

Sin embargo, sin que nadie -y menos que nadie Abascal y el resto de la dirigencia neofascista – lo sospechara, Casado optó por un camino insólito: cortar abruptamente con los ultras y reivindicarse como líder del partido centrista que quiere situado con claridad entre el sanchismo y el neofascismo. Nadie había previsto esa jugada. Nadie imaginó que tuviera esas agallas. Hay que reconocérselo. El golpe ha sido audaz, hábil y a efectos de imagen y propaganda ha resultado un diez con matrícula de honor. Nunca en la historia democrática española un líder político había realizado una operación tan delicada con tanto desparpajo. Fue una apuesta de mucho riesgo y la ganó. 

Esto no quiere decir que el PP tenga solucionado nada para su inminente futuro. Los análisis que se han podido leer -en prensa impresa y digital – que dan por hecho que esa intervención parlamentaria es el trampolín que lanza a Casado hacia La Moncloa son un exceso impropio de la mayoría de tales firmas. Nadie gana unas elecciones por un discurso. Si acaso, luego de ganarlas, un discurso suyo previo puede ser señalado -casi siempre con mucha fantasía mediante– como elemento seminal de su éxito y pasar a convertirse en el mítico -y como tal, falso o, como poco, exagerado- paso que le llevó a la victoria. Esto pasa a veces. Pero no hay discurso maravilloso que valga si el que lo lee luego pierde en las urnas. Aun siendo así no cabe duda de que la intervención de Casado en el Parlamento hace añicos la foto famosa de Colón -la derecha junta y revuelta, desde el neofascimo al centro derecha pasando por el riverismo – y que por primera vez desde que asumió la presidencia del PP en 2018 marca con rotundidad su territorio, tanto el ideológico como el político. Que no puede ser otro que el del centroderecha meridiano. Lo cual no contradice que tras unas futuras elecciones generales pueda catapultarse sobre Vox para conseguir el poder, como ya ha hecho en tres regiones. Lo que era absurdo es lo que ha hecho Casado estos dos últimos años, desde que alcanzó la cúspide del PP, como ha sido intentar competir en radicalismo con la ultraderecha. 

Esto, en realidad, más que una torpeza era un suicidio político. Es imposible que un partido de centroderecha con aspiraciones de gobierno pueda rivalizar con otro ultraderechista que todo en él es demagogia,mentiras sin fin, burradas de todo tipo, teorías conspiranoicas, sordidez, caspa ideológica y disimulo para esconder su fascismo reivindicador del franquismo. Si seguía por ese camino estaba abocado al desastre. No quiere decir esto que con su ya famoso discurso Casado haya exorcizado la posibilidad de que Vox le coma espacio y votos. Sin embargo, a veces este tipo de reacción brusca, fuerte, inesperada, desestabilizadora de vicios adquiridos, valiente, desacomplejada y con convicción a despecho de las circunstancias  permite romper la inercia previa que conducía a la hecatombe. Así ha sido. Al menos Casado se ha abierto ante sí un camino que por lleno de peligros e incertidumbres que esté es el que él desea seguir porque cree que es el correcto y no el que otros le imponían antes con la certeza de que así se precipitaría al abismo.

Lo de Madrid y el monstruo Sánchez&Ayuso como forma de actuar de la nueva política que se nos va cayendo encima.

10

10 2020

El brutal enfrentamiento político entre el gobierno nacional y el regional de Madrid nos alumbra la esencia verdadera de la nueva política. Tanto Pedro Sánchez como Isabel Díaz Ayuso la personalizan en este caso, aunque, por supuesto, no son sus únicos representantes. De hecho la norma de actuación entre las más recientes hornadas de dirigentes de partidos es exactamente la misma. Pronto no habrá ninguno que siga otra forma de conducta.

Sánchez, junto a su aliado Pablo Iglesias, tiene fijado su objetivo sobre el gobierno de Madrid. Para ellos es una ofensa que la región y la capital no estén gobernadas por la izquierda. De la misma manera, Ayuso y Pablo Casado consideran a su poder mesetario como una especie de ariete contra la izquierda gubernamental. Esta consideración de lo madrileño como esencia de lo español ha renacido de entre la caspa pretérita. Vuelve a ser lo habitual. La mayor parte de clase política española tiene estos renovados tics mesetarios centralistas que entroncan de forma directa con la más rancia tradición. Para ella Madrid y su comunidad forman el territorio político más importante del país. Cuarenta años de autonomías no ha cambiado esta psico patología centralista. Que es jaleada por todos los medios de comunicación mesetarios de derechas. Se pudo ver durante la eclosión de la pandemia, en marzo. A la sazón debió cerrarse la capital y su región para contener el virus. No se hizo porque la clase política madrileña no puede concebir que el “corazón” de España sea confinado y el resto no. Ningún medio ni partido político nacional se atrevió siquiera a sugerirlo, ni de izquierdas ni de derechas. 

Con la segunda oleada de la pandemia en agosto y, sobre todo, a partir de septiembre, de nuevo la comunidad madrileña quedó afectada por una intensa nueva fase de contagios y muertes. A partir de ahí los medios derechistas empezaron a advertir del “ataque” que recibía Madrid de medios y políticos periféricos. Se ofendían. A la vez, empezó la guerra política de datos falsos o, más, forzados por interés de parte: desde el gobierno nacional se señalaba la gestión de la inútil Díaz Ayuso y el de ésta apuntaba al otro incompetente.  

El espectáculo no ha hecho más que intensificarse durante las siguientes semanas. Medias verdades y mentiras han usado ambas partes intentando justificar sus propias opiniones y/o medidas al mismo tiempo que las usaban contra la otra. Eso sí, las dos invocaban los sempiternos “expertos”, cada uno los suyos, que a su juicio les daban la razón. Estos expertos en ciencia que sirven a los políticos son igual que los abogados respecto a sus clientes. Los informes de unos y otros nunca contradicen la voluntad de quienes se los encargan. 

A lo largo de este tiempo Sánchez y Ayuso han ido desdibujando sus respectivos perfiles políticos para ya confundirse en una sola monstruosidad compartida. Ya son lo mismo. Sin atisbo de vergüenza ni de decencia. Hasta ahora habíamos podido conocer a políticos cínicos, incluso a alguno que lo eran mucho, pero nunca habíamos podido observar nada igual a esto. Sánchez y Ayuso no viven más que para sí, no atienden más que a sí mismos y todo lo demás les importa un bledo, aunque se trate, como se trata, de la salud pública. Su indignidad es de tal calibre que mienten sobre montañas de contaminados por el virus y montones de muertos. Para este monstruo bicéfalo esto carece de importancia. Su objetivo es la aniquilación política de su media parte contraria y no atiende a nada más. La gestión ha sido sustituida por la propaganda. Las ideas por las consignas. La ciencia por la militancia. El bien común por el particular. 

Todavía, es verdad, existen ejemplos de la vieja política. Como vemos en Baleares, donde el presidente derechista del Consejo Insular de Ibiza, Vicent Marí, ha tenido y tiene una actitud ejemplar en esta pandemia, colaborando en todo momento con el gobierno izquierdista de Francina Armengol, a la vez que éste ha demostrado que su gestión -en cuanto al virus- carece de sesgo ideológico. Dicho de otra manera: Marí, del PP, y Armengol, del PSOE, ponen por delante de sus intereses de partido el interés general, el bien común, la colaboración mutua en beneficio de los ciudadanos. 

No nos engañemos. Lo de Armengol&Marí es una actitud propia de la vieja política que va periclitando por todo. El futuro nos lo alumbra el monstruo Sánchez&Ayuso. Es lo que viene. Es lo que hay.