Archivo de febrero, 2021

Las elecciones en Cataluña, el éxito de Pedro Sánchez, ERC y la salida del bucle catalán

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02 2021

Han pasado las elecciones catalanas y en Madrid la clase política sigue en su mayoría instalada en su tan apreciada táctica de no mirar para así no ver nada de lo que ocurre en Cataluña. No es una forma de conducirse nueva. Ya en 1895, tras la eclosión de la última revuelta independentista en Cuba, la actitud de la élite española en la villa cortesana fue calcada e incluso casi con las mismas palabras que ahora excusaba su ceguera política: que la “perla antillana” no era una colonia, que era “una provincia española” como cualquiera de las peninsulares, que “la razón y la ley están de nuestro lado” (1896, presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo) y toda la retahíla, exacta, que podemos escuchar y leer ahora respecto al Principado catalán desde que en él explotó, ya hace 9 años, el movimiento separatista actual. 

Fuera de nuestras fronteras se ve con más claridad. Los grandes medios europeos -Euronews, Le Monde, Der Spiegel, Corriere della Sera, BBC, Frankfurter Allgemeine Zeitung, Público (de Portugal), The Times… -y norteamericanos -The New York Times, Washington Post, Los Angeles Times, CNN… – han destacado la victoria separatista en votos y escaños, dejando entrever que seguir negándose a ver esto es no querer encontrar solución -salida, en verdad – a la situación. Pero en Madrid las cabeceras de referencia nacional y los líderes políticos de partidos del mismo ámbito han interpretado los resultados -con la relativa excepción de la extrema izquierda mediática y política – al mejor estilo de “Santiago y cierra España”, tomándose como una afrenta la democrática expresión política de los catalanes o, incluso, como muestra de alguna patológica desviación: “sociedad enferma”, “no tienen remedio”, “Cataluña es España, no hay más”, “hay que ser más contundentes”, “hay que ilegalizarlos”, “no habrá referéndum, no importa el porcentaje de votos independentistas” (Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, en una sublime demostración del concepto mesetario de democracia, aunque en este caso la palabra dada vale tanto como si hubiera asegurado todo lo contrario)…

El paralelismo, en fin, entre lo que decía el todo Madrid político y mediático a fines del XIX en relación a Cuba (por cierto, al cabo de 3 años de tanta fiebre nacionalista imperial, España la perdió) y lo que dice ahora respecto a Cataluña hace dudar de aquello de que no es verdad que la historia se repita. Puede que no, pero a veces, como es el caso, dos situaciones diferentes y tan lejanas en el tiempo parecen calcos. 

Siendo cierto que la ofuscación de la élite en Madrid sigue la acendrada tradición imperiofílica y patológica que es marca de la casa desde hace siglos, existe un elemento nuevo: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que al menos ha conseguido crearun camino para la negociación política con el independentismo. En efecto, tal y como se ha analizado por parte de servidor en numerosas ocasiones, Sánchez tiene a su favor que no se siente lastrado por ningún principio ético ni ideológico y como además es un tipo de carácter temerario puede, por tanto, buscar salidas al bucle catalán que ningún otro presidente ni siquiera se hubiera atrevido a imaginar. 

En el diseño del líder socialista para superar a Felipe González en años de estar instalado en La Moncloa -el primero estuvo 14 años, él va para los 3 – existe un elemento de apoyo externo al que sólo puede alentar, Vox, cuya misión ha de ser debilitar al PP vía la fragmentación del centroderecha. De momento le va muy bien, pues los ultras son hoy por hoy el mejor seguro de que él seguirá en la presidencia en los próximos años al imposibilitar que lo haga Pablo Casado y, es probable, su sucesor. Pero no le basta con esto. Para tener la esperanza racional de conseguir mantenerse en el poder unos 12 años más requiere del debilitamiento de su izquierda, que la está consiguiendo, -en eso Podemos se basta solo pero al darle ministerios vacíos Sánchez les está dejando en evidencia, lo que se traduce en una pérdida de intención de voto morada que es lo que quería el socialista – y, además, de la reedición adaptada de lo que fue el Pacto de San Sebastián de 1930 entre el PSOE y los nacionalistas, a la sazón para derribar a la monarquía e instaurar la república, hoy para acotar la inútil corona y avanzar en libertades republicanas aun sin cambiar el sistema. Para esto último, obvio es, necesitaba atraerse a los nacionalistas vascos -lo que se da por descontado, pues siempre están en venta – y a la vez conseguir canalizar la negociación política con los catalanes. 

Esto último era lo muy peliagudo, porque el liderazgo electoral y por ende político correspondía al movimiento de Carles Puigdemont que se basa en el cuanto peor, mejor. Con él no había posibilidad de nada y pronto Sánchez lo entendió. Ahí empezó a tejer su operación. Que en síntesis se trataba de, primero, converger con los intereses de ERC y, segundo, evitar que el puigdemontismo se hiciera otra vez con la presidencia de la Generalidad. Y justo esto es lo que consiguió en las elecciones catalanas. Por muy poco y sobre todo gracias al inútil de Artur Mas, que con sus celos consiguió situar al PSOE y a ERC por encima del puigdemontismo. 

A ver, Sánchez no ha logrado todavía nada concreto respecto a la salida del bucle catalán. Sin embargo ha alcanzado una posición que hasta ahora había sido imposible. Tener un presidente de la Generalidad de su aliado ERC y así poder comenzar a negociar a ver si se pueden tejer suficientes complicidades como para pactar, luego de los indultos, un referéndum. Muy difícil, cierto. Pero ahora el camino tiene la puerta abierta para recorrerlo. Que es mucho más de lo que existía. Y no cabe olvidar que un referéndum puede ser convocado por el Gobierno nacional sobre, pongamos por caso, un nuevo Estatuto catalán que no se diga de autonomía -aún siéndolo- sino de autogobierno, que no haga expresa referencia a la autodeterminación aunque los nacionalistas tal lo consideren de forma fáctica…Vías hay muchas. La cuestión fundamental es que existan canal de negociación y voluntad de acuerdo. El primero lo ha abierto Sánchez a través de las elecciones catalanas. Veremos qué pasa con la segunda.

Pablo Iglesias, el ruso y cómo se va viendo en Europa la escasa calidad democrática de España

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02 2021

España es un país peculiar. Tanto como que es el único que tiene un Gobierno con dos políticas exteriores, que además son contrapuestas. Originales que somos. Por un lado está el sector neocomunista con su agenda internacional extra oficial -y cuyo fondo exacto se desconoce pero que se relaciona con la dictadura comunista cubana y con los regímenes populistas de pseudo izquierda latinoamericana – , bajo la batuta del vicepresidente Pablo Iglesias.Por el otro está la diplomacia oficial, controlada por el PSOE. 

Esta extraña coexistencia se ha visto reflejada en la polémica causada por las declaraciones de Iglesias, rectificando a la ministra de Exteriores, Arancha González, cuando ésta recriminó la comparación hecha por su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, entre la represión que impone el Kremlin a los activistas demócratas y los presos independentistas catalanes. La ministra negó la existencia de presos políticos, loando la democracia patria, a lo que Iglesias contestó que en España “no hay plena normalidad política y democrática”, tal y como a su entender prueba que los líderes de los dos principales partidos separatistas catalanes estén “en la cárcel y en el exilio”. Lo cual mereció, a su vez, la invectiva de la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, que aseguró estar “absolutamente” en contra de lo dicho por su compañero de gobierno, amén de asegurar que España goza de la “normalidad propia de un Estado de Derecho”. Más tarde la portavoz del Gobierno, también sector PSOE, María José Montero, se sumó al espectáculo asegurando que “España es una democracia plena” en la que “hay plena normalidad democrática” y no redundó más porque se contuvo. Y acto seguido tanto Iglesias como sus clones internáuticos coligieron que tanta crítica socialista y de derechas “prueban que es verdad” lo dicho por el vicepresidente.

Bien, hasta aquí el edificante festival. Uno más, cabría añadir. Marca de la casa. Pero hay más. Mucho más. Aunque Iglesias sea un tipo clásico de los que les gusta más una buena pelea – ideológica y política – que una comida, esta vez al menos hay que reconocerle que con su opinión discrepante de la línea oficial de Exteriores se alinea con la creciente opinión europea que ve en nuestro país a un estado escasamente democrático o, al menos, con fallas muy hondas en su Estado de Derecho.

No es baladí que la justicia belga diera -el ya comentado por servidor – brutal varapalo nada menos que al Tribunal Supremo español, al no aceptar la extradición del ex conseller de la Generalitat Lluís Puig, uno de los huidos a aquel país, con el argumento que no era el ámbito competente para juzgar aquellos hechos. Lo que augura una autopista de vergüenzas para nuestro país en los próximos meses y años en los diferentes ámbitos judiciales europeos, en especial en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Pero todavía es mucho peor que en los últimos meses las críticas a España por su escaso respeto a los derechos humanos -y ahora abstraigámonos de si es así o no –, que la justicia en Europa va dando por hecho, han empezado a trascender el espacio de los medios de comunicación y los tribunales para entrar en el político sin disimulos. Ya son: medio centenar de senadores franceses, un ministro belga, el ministro de Exteriores ruso, el primer ministro de Esvolenia, un grupo de parlamentarios estonios que han creado una comisión de estudio de la situación en Cataluña… Todos ellos, amén de diputados aislados de otros varios países, ya hablan sin tapujos de que la situación en España es de “escasa calidad” democrática, que hay“presos políticos”, que“no están asegurados los derechos fundamentales”… No, no son el primer ministro británico, ni la de Alemania, ni el presidente de los Estados Unidos o de Francia… Cierto. Pero el desprecio nacionalista español hacia la escasa relevancia de estas voces es engañosa. Algo se ha movido ahí afuera en contra de nuestro país. Algo que hace cuatro años era impensable, imposible. Es que ni siquiera en los más febriles delirios separatistas se llegaba a soñar con algo así. Ahora cada dos por tres se pueden leer – no en la democrática e independiente prensa de Madrid, por supuesto – declaraciones política de ese cariz. 

Habrá que ir aceptándolo. No es sólo Iglesias ni tampoco el pérfido ministro ruso. Quiérase asumir o no, si cada vez son más lo que nos ven así, el problema lo tenemos nosotros. Más claro resulta todavía si se mira, además de verlo, lo que dijo el TEDH sobre las que aquí se dieron por probadas injurias al monarca al quemar su fotografía dos independentistas catalanes, a los que se quiso encerrar por más de dos años: anulada la condena por atentar contra la libertad de expresión. El mismo camino siguen otros delitos imposibles en una democracia, como enaltecimiento del terrorismo y otros análogos que no pueden existir en una democracia plena. O lo de las amenazas en una canción -por bodrio que ésta sea – que sólo pueden creérselas personas que necesitan ayuda médica o bien sean jueces que se aferran a la literalidad de la ley por encima del mínimo sentido común.

Por muy cierto que sea que Iglesias no es precisamente un demócrata, no deja de tener razón cuando dice eso de que en España no hay “plenitud democrática”. Sí, es verdad que él lo asevera porque le interesa carcomer la democracia de nuestro país, como es de esperar que haga todo neocomunista que se precie, como lo mismo se le supone a sus hermanos neofascistas. No obstante, el hecho esencial es que en eso Iglesias tiene razón y que se hace flaco favor a la democracia impidiendo ver, a través de la fáctica censura de los medios arraigados en el sistema, esa carencia. Lo mejor sería suplirla de una vez. No esconderla. Que es lo que hacemos desde 1978. Va siendo hora de rectificar, si queremos recuperar el respeto y el prestigio ahí afuera.