Archivo de marzo, 2021

Del Madrid de Díaz Ayuso al liderazgo en duda de Pablo Casado, pasando por la ciénaga murciana y llegando a Pablo Iglesias

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03 2021

Las elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid tienen varios focos de interés. La primera consideración sobre la convocatoria avanzada es su estricto carácter utilitario de parte. No se hace por nada que tenga que ver con la vida de los madrileños. Se trata de interés exclusivo personal y político de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso. No hay más. Lo cual da el tono del nivelazo que tiene la ex contertulia de debates televisivos. 

Otrosí: no es tampoco baladí, en esta historia, que Pablo Casado se haya atrevido a mostrar su orgullo en público por haber comprado unos venales tránsfugas murcianos. Es la primera vez que pasa en la historia política democrática española. Hasta ahora a esa gentuza se la compraba, dado que siempre se ponen sí mismos a la venta a precios muy módicos – lo habitual es seguir cobrando del chollo público unos pocos años -, servían para lo previsto pero ningún dirigente comprador que se hubiera aprovechado de ellos, mucho menos si era un líder nacional, se mancillaba mostrándose orgulloso en público por haberlos adquirido. Nunca. Hasta ahora. Ver a Casado en Murcia henchido de alegría rebozándose en la inmundicia tránsfuga resulta inquietante porque demuestra que este hombre tiene menos escrúpulos políticos y éticos que Pedro Sánchez, que ya es decir. 

Volviendo a Madrid, el resultado electoral del 4 de mayo -si es que, cabe precisar, se pueden celebrar los comicios y no pasa que la pandemia obligue a aplazarlos– afectará de lleno a Casado. No es ningún secreto que a una parte de la derecha no le gusta como líder del PP. En principio era a la más moderada, que vio con horror cuando nombró portavoz parlamentaria a la hiper ventilada Cayetana Álvarez. Pero luego también irritó a la más radical cuando se la quitó de encima. Y no digamos cuánto molestó a esta última porción ideológica del PP que atacara con saña al líder ultraderechista Santiago Abascal, durante la fantochada de la moción de censura, que iba dirigida contra Casado. En fin, el pobre hombre hace lo que puede pero en los escasos tres años que lleva al frente del PP -fue elegido en julio de 2018 – ha generado más desconfianzas internas que cualquier otro en su lugar. Por eso desde hace meses muchas columnas de medios derechistas de Madrid especulan con su sustitución. No ahora mismo, por supuesto, ya que de momento parece que le dejarán presentarse a otras elecciones, pero si para el futuro tras los próximos comicios generales que en estos momentos nadie ve posible que los gane, o sea consiga ser presidente. Ahora bin, la política es muy voluble y un golpe de suerte podrían convertirle en un héroe para las bases derechistas que ahora recelan de él. Eso está fuera de duda. Pero ahora mismo no genera mucha confianza, más bien todo lo contrario. 

Este escepticismo sobre su capacidad de llevar a la victoria al PP es lo que va carcomiendo su posición. Y él lo sabe. Porque a pesar de sus numerosos títulos académicos de adorno, que podrían sugerir lo contrario, tonto no es. Tampoco es secreto para nadie a quién desearían ver en su lugar cada vez más derechistas con opinión publicada -se ignora, al respecto, qué pensarán las bases del partido – en los medios: Isabel Díaz, la actual presidenta madrileña.

Y es en este contexto en el que las elecciones madrileñas se entienden mejor. Se trata de la ventana de oportunidad para Díaz. Por eso las convocó. Su estratega, Miguel Ángel Rodríguez, – portavoz del Gobierno en tiempos de la presidencia de José María Aznar, del sector más derechista del PP, el de Esperanza Aguirre, del mismo Aznar y compañía – vio la gran oportunidad tras el anuncio de la moción de censura en Murcia. Le daba la excusa perfecta. Casado, entrado en pánico, no se atrevería a negarse. Y así Rodríguez construía para Díaz Ayuso un fabuloso trampolín del que salir eyectada hacia la presidencia del PP. Siempre y cuando, claro está, la operación electoral le salga bien: mayoría absoluta o, en su defecto, quedar a muy poco de ella para poder gobernar en solitario aun cuando necesitase el apoyo de Vox para la investidura. Y por supuesto también si Casado, como ahora todo indica que pasará, fracasa en las próximas generales. 

Respecto a Pablo Iglesias, el otro protagonista del mayo electoral madrileño, su operación es mucho más caótica. Al contrario de lo que sus exégetas periodistas aseguran, no se trata de un sacrificio político, ni mucho menos económico ni de ninguna compleja operación ultra inteligente del Conductor. Es el resultado de la pura desesperación. En su mente Madrid es esencial para el proyecto común español morado, aun cuando – o justo por ello – su actual estructuración de poder territorial indique el desplome que está padeciendo en muchas regiones. Así que tras intentar convencer a otros pesos pesados para que asumieran el alto riesgo y que le dijeran que no, se tuvo que poner él al frente. Para evitar la desaparición de podemos de la Asamblea que él considera que sería la antesala del fin para toda la organización. No hay más. Y éste es el objetivo. Todo lo demás que se dice -lucha Ayuso/Iglesias, «parar al fascismo», genial jugada… – es propaganda -ridícula en no pocas ocasiones – al mejor estilo de la que ha caracterizado a este personaje desde su irrupción en 2014. Su problema es que siete años más tarde parece como si a su imagen política le hubieran pasado por encima setenta. 

Por otro lado y al contrario de lo que suele comentarse, en nada afectará el resultado de Madrid a la relación entre Podemos y el PSOE. El fracaso morado en el Gobierno tiene el sello de Iglesias, de Irene Montero y de Alberto Garzón. Los tres se han revelado como inútiles a la hora de gestionar el poder institucional. Les da igual. En su cosmovisión eso no tiene importancia alguna. Su misión no consistía en mejorar en nada la vida de “la gente”, como suelen decir, sino en carcomer a su socio compartiendo con él el Gobierno, como nuevo experimento tras fracasar el anterior, aquel de aquellos tiempos cercanos que parecen tan lejanos cuando los morados soñaron con hacerle el sorpasso. Tras ese objetivo malogrado vino el acuerdo de coalición que enseguida se reveló también como un imposible. Las encuestas, con Podemos en caída libre en estos catorce meses, lo han condenado.Ya está en tiempo de descuento. Durará más o menos, pero está fuera de cualquier posibilidad de duda que la relación entre ambos no ha sido alterada por el hecho de compartir el poder (vale, es un decir, porque en realidad Sánchez no lo ha compartido, pero esto es otra historia), siguen talmente donde han estado siempre: en trincheras entrentadas. Porque el comunismo y la socialdemocracia se odian, son como agua y aceite: pensar en que puedan mezclarse bien para mejorar ambos a la vez y dar brillantez a un gobierno común es desconocer la historia política y la respectiva naturaleza ideológica, totalitaria y democrática, respectivamente.

Puigdemont consigue internacionalizar por primera vez el conflicto catalán

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03 2021

El Parlamento Europeo levantó recietementela inmunidad de Carles Puigdemont y de otros dos miembros de su antiguo gobierno regional, también fugados de la justicia española. La Cámara continental, sin embargo, lo aprobó con una cantidad de votos en contra sensiblemente superior a los que suele haber en estas ocasiones, verbigracia las dos últimas peticiones iguales se resolvieron con el voto a favor del levantamiento de más de 600 miembros de los 705 electos que forman la institución. 

El camino judicial de la cuestión no se verá afectado por esta decisión que es política, más allá, por supuesto, de que ahora puede seguir dilucidándose en ámbitos jurídicos diferentes si hay que extraditar o no a los tres fugados. Algo que está muy lejor de ocurrir, si es que al final llega a pasar algún día. Lo relevante es el contraste enminentemente político del asunto. Que no es manco. Estamos ante la primera vez que todas las fuerzas políticas con representación en el Parlamento continental han tenido la opción de expresarse de manera formal en la sede legislativa paneuropea sobre la relación entre la Unión y un miembro de ella, como es España, debido a cómo éste trata a disidentes que aspiran a romper su integridad territorial de forma unilateral. No es baladí, la cuestión. 

La interpretación de ambos nacionalismos, el españolista y el catalanista, ha sido la propia del que se pone anteojeras para no ver nada que no esté mirando, así poder no mirar lo que no quiere ver y pretender que no existe. Lo de siempre. Por aquí no hay resquicio para la sorpresa. Nunca. El primero celebra todo ufano el levantamiento de la inmunidad, «lo único que de veras importa», y el segundo el triunfo moral por el resultado de la votación «que deja en evidencia a España». Si se deja al margen las dos hermanadas celebraciones, se puede analizar desde el estricto prisma político el tema en toda su novedad. 

En efecto, hasta ahora el conflicto catalán no había tenido ninguna opción de ser votado en una institución política internacional. Porque eso es lo que ha pasado en el Parlamento Europeo. Se pueden arguïr muchas excusas a modo de pantallas que intenten impedir ver el fondo, pero éste es cristalino. Es la primera vez desde la eclosión en 2012 del conflicto que un estamento de representación demorática supra estatal tiene la oportunidad de votar sobre el asunto catalán. Así lo han interpretado todas las cabeceras más relevantes de la prensa internacional. 

La inmunidad ha sido el mero detonante que ha permitido ver ese constraste político internacional sobre el tema. Hasta ahora todo eran, en relación a ello, interpretaciones sobre posturas particulares de un político u otro, sobre lo que decían los medios de comunicación, sobre qué podrían pensar los gobiernos que nunca se manifestaban en público… Ya no. Ahora existe una cuantificación política que se puede relacionar de forma directa con el conflicto catalán, con cómo se ve desde ahí afuera. No significa esto que los votantes en contra del levantamiento de la inmudidad estén por fuerza de acuerdo con el privilegio de secesión unilateral de Cataluña, que en absoluto es así. Pero sin duda sí que ven, al menos, la existencia de un conflicto político. 

El 42% de los representantes de los partidos con representación en el Europarlamento han votado contra la lectura del asunto que hace la oficialidad española en Madrid. Han rechazado que se trate sólo y en exclusiva de una cuestión judicial. Porque si así fuera hubieran actuado como lo hacen cuando aceptan levantamientos por estricta razón judicial: votando a favor con porcentajes muy superiores al de esta vez. 

No parece muy arriesgado concluir que la votación a favor del levantamiento de la inmunidad de Puigdemont ha «internacionalizado el conflicto», tal y como gustan de decir los independentistas catalanes, como nunca había pasado. Así lo ha visto, por ejemplo, el germánico Süddeutsche Zeitung, con más de 1 millon de ejemplares diarios, que es de orientación liberal, nada sospechoso de buscar la destrucción de España ni nada por el estilo, no en vano ha editorializado contra la independencia catalana; un diario que hace escasos ocho años casi que ni sabía donde estaba Cataluña, un buen indicio de cómo está evolucionando el asunto en los medios internacionales. 

Por primera vez queda en evidencia formal, en fin, que España tiene, en relación a Cataluña, un serio problema político que ya adquiere interés internacionaln y que así lo considera una parte importante de los representantes de la voluntad popular de la Unión Europea.