Archivos del autor

Periodistas, el juicio, nosotros y ellos

15

03 2019

Si uno lee la prensa barcelonesa y madrileña sobre el juicio que se desarrolla en el Tribunal Supremo a los dirigentes independentistas catalanes sólo puede concluir una cosa: que vive en mundos paralelos, cada una en el suyo, en los que la respectiva verdad no está contaminada, ni un ápice, por la realidad. Y ambas visiones se ofrecen a sus particulares lectores de forma rotunda y absoluta, sin matices de ningún tipo. Lo suyo es blanco o negro. El mundo dividido, en fin, entre los buenos – los nosotros – y los malos – el ellos -, lo que unos se llaman constitucionalistas y los otros soberanistas, los separatistas y los unionistas, patriotas contra patriotas – que nombre más terrible, qué triste tiene que ser padecer tal condición – de patrias que querrían ver enfrentadas.

Algunas veces se ha echado mano de la comparación histórica entre esta aberrante forma de hacer política que se ha generalizado en España y la misma que se daba en este país durante la Segunda República, que no era desigual a la que en las otras democracias se estaba llevando a cabo a la sazón y que lo que hacía en todas partes era carcomer el sistema gracias a la acción de comunistas, fascistas y ultranacionalistas que, al modo de termitas, llevaban a cabo la destrucción de los regímenes liberales. Gracias a tales totalitarismos, Europa vivió las dictaduras y las guerras por todos conocidas. 

No, no es la misma situación, afortunadamente, si bien no cabe ninguna duda de que la tensión provocada por el conflicto catalán está pervirtiendo no sólo la política democrática sino también la impartición del Derecho, retorciéndolo por interés político evidente, aunque no pueda decirse – es una exageración demagógica excesiva – que en nuestro país haya presos políticos. 

Si uno consulta prensa extranjera se da cuenta – aunque sea, como servidor, a través del ‘translate’ famoso, una maravilla alucinante de la tecnología – del contraste brutal que existe entre ella y la nuestra – sea ésta madrileña y/o barcelonesa -. Ahí afuera, donde no se padece en general interés parcial – alguno habrá, pero anecdótico -, se informa y se analiza con bastante mayor objetividad y deontología sobre el juicio y el conflicto político catalán. Y es curioso observar que los foráneos tienen claras dos cosas: que no habrá independencia ni tampoco solución judicial. Contrasta esa lucidez con la bruma nacional que retrata nuestra pasión ilógica, visceral y terrible, la de siempre. El tópico que vuelve y que no por serlo deja de ser cierto. 

Pedro Sánchez, el PP, Vox y las elecciones

26

02 2019

Sólo hay una razón para que un presidente avance elecciones. Que crea que así obtendrá mejores resultados que si espera a la finalización del período ordinario. Y Pedro Sánchez no es excepción. El actual jefe del Gobierno entendió que si agotaba la legislatura le iría peor. No tenía importancia, en realidad, que se hubiera quedado sin nuevos Presupuestos Generales del Estado. Podría haber funcionado perfectamente sin ellos durante todo el año y ya en el que viene embocar a urnas sin problema. Si ahora ha convocado es porque ve opciones ciertas de poder seguir en la presidencial. Tal cual.

Aunque desde la derecha se pretende que Sánchez está hundido, no es así. Ya veremos qué ocurre en las urnas, pero bien harían los derechistas en no dar por derrotado todavía al presidente, que este hombre, si algo ha demostrado –además de no tener principios- es que no es fácil de vencer.  

¿Por qué convoca ahora?

Por un lado porque empiezan a verse algunos nubarrones en el horizonte económico, y bien podría ser que a lo largo del año descargaran y la situación fuera peor de lo que es ahora. Por otro, porque no podía llegar al acuerdo de mínimos que persigue con el independentismo catalán –con el vasco ya lo tiene atado- hasta que no acabe el juicio contra los líderes separatistas, y haya sentencia, y él esté ya validado por las urnas, haya sido de nuevo investido presidente y tenga más aborregado a su partido, lo suficiente como para evitar tentaciones de rebelión, como con las que ha tenido que lidiar en el pasado. En tercer lugar y sobre todo, la cuestión fundamental que le ha llevado al avance electoral es que sus asesores demoscópicos  han visto ahora una oportunidad de hundimiento del PP debido a la irrupción de Vox que podría regalar al PSOE un montón de escaños.

En efecto, incluso Pablo Casado, que no ganará nunca el Nobel a pesar de coleccionar títulos académicos, se ha dado cuenta al fin, tras más de dos meses de creer que lo de Andalucía se repetiría de forma automática por todo, que Vox puede darle a Sánchez la investidura. Así es: en España las circunscripciones electorales son las provincias, según la Constitución, y 22 de ellas eligen entre 2 y 5 escaños -amén de las ciudades africanas que envían a Madrid un diputado cada una-, son las menos pobladas, en las que de siempre los diputados se los han llevado PP y PSOE –en proporción de 2 a 1- y las terceras candidaturas sólo han podido arañar un puñado a razón de uno por circunscripción, como máximo. En 2016 el PP sacó ahí 47 escaños, el PSOE 26, Podemos 12 y Ciudadanos 2. Pues bien, si, como dicen las encuestas, Vox firma en ellas alrededor de un 10%-12% de votos, la transferencia de apoyos del PP hacia la formación ultra más el impulso propio del PSOE hará que éste sea el partido más votado. Y el más votado, por el sistema d’Hondt de conversión de votos en escaños, recibe el gran premio en diputados. Por eso el PP –como bien reconocía Casado- derramaría al menos 20 escaños –en verdad sería más probable que fueran 25- que se irían todos al PSOE mientras que Vox no conseguiría ninguno, excepto que en alguna provincia superarse a Podemos y Ciudadanos. Dicho de otra manera: sólo en esas 24 provinciales Vox provocaría que el resultado global del PP bajase a 110-115, mientras que el del PSOE llegase a unos 105. Súmese a esto la previsión demoscópica en grandes ciudades –caída de Podemos, gran aumento del PSOE, descenso del PP, irrupción de Vox, incremento pero no tanto como hace unos meses se preveía de Ciudadanos- y se entenderá por qué convoca ahora Sánchez a elecciones.

Por supuesto que el riesgo existe, para el socialista. Nada está escrito. Pero ahora mismo tiene esa ‘ventana de oportunidad’, tal y como dicen en el PSOE, que no es seguro que se mantenga abierta mucho más tiempo. Por eso era ahora o ya esperar al final. Y decidió ahora. Como suele ser en él, sin miedo, asumiendo gran riesgo y dejando descolocados a sus adversarios.

Hasta la fecha tanto arrojo le ha salido siempre bien. Veremos esta vez.

El juicio y el futuro

15

02 2019

Iniciado el juicio contra los dirigentes independentistas, se recrudece la propaganda de todas las partes, de forma que resulta a veces difícil discernir entre tanta impostura. No obstante, el meollo de todo es el mismo que ha sido siempre. 

En España no hay presos políticos, al contrario de lo que dicta la propaganda secesionista. Si los hubiera los que pensaran como los acusados serían perseguidos. Y no lo son. Tan rotunda evidencia debería bastar para convencer a cualquiera de lo absurdo que es mantener la consigna. Sin embargo se sigue con ella, a despecho, incluso, de que Amnistía Internacional ya dejó claro que en nuestro país no constan presos de conciencia y por ende no hay nadie a quien se persiga por lo que piensa. Así es, se enjuicia, si acaso, por lo que se hace. 

Y lo que hicieron los líderes separatistas fue llevar a cabo acciones políticas en contra de las órdenes recibidas por parte del Tribunal Constitucional. Al contrario de lo que dijo en el juicio Oriol Junqueras, hacer política pacífica puede ser delito. Aquí y en cualquier otro país democrático. Por supuesto. Lo es si así está tipificada la actuación política. En Alemania, por ejemplo, hacer política nazi o simplemente ejercer la libertad de expresión para abrazar en público esta ideología está prohibido – al contrario que en España, mismamente –; en Estados Unidos, como en España, se puede ser independentista – sí, no se rían, los hay, en Texas – pero no se pueden llevar a cabo acciones políticas en contra de la unidad federal del país – el año pasado el FBI abortó una reunión secesionista en ese estado -; en Francia se puede defender cualquier teoría separatista, pero cuidado con llevarla a la práctica que las penas pueden llegar a ser durísimas… Y no parece que nadie vaya a dudar de que Alemania, Estados Unidos y Francia sean democracias. Así que Junqueras no tiene razón y cuando Quim Torra dice que “la democracia está por encima de las leyes” está diciendo una simpleza que le retrata y que, además, es mentira. 

Sin embargo no puede negarse que aquello que hicieron, y por lo que están enjuiciados, es política. Y cuando se conculca la ley por razón política no vale sólo aplicar la ley. Hay que tener en cuenta – siempre que se quiera solucionar la parte política del asunto, claro – esa motivación y abordarla de una manera u otra pero ahuyentando el ridículo y falso exorcismo de pretender que con ley se soluciona todo. Más que exorcizar es meter la cabeza bajo tierra, judicial. 

Por esto el conflicto político catalán, como bien dijo en el juicio Junqueras, no se solucionará con la sentencia, sea cuál sea. No existe solución posible sólo con la ley. Antes o después la derecha tendrá que convenir con el socialismo – y dejando al neofascismo al margen, pues éste nunca aceptará la democracia – que hay que ofrecer una salida política al conflicto, y el separatismo democrático tendrá que aceptar – dejando de lado al ultra – que una España en la que Cataluña tenga un cierto blindaje de su autogobierno – respondiendo a la evidencia democrática que, junto al País Vasco, es diferente porque sus ciudadanos votan siempre diferente al resto -, aunque sea fáctico, en diferentes aspectos – lengua, financiación, etc. -, es la única salida aceptable para todas las partes. 

No será fácil ni rápido, pero no existe alternativa. 

Iglesias, Errejón y Podemos

26

01 2019

Podemos pasa por su momento más delicado desde que nació hace cinco años. No es extraño que le ocurra así, puesto que a todos los demás partidos les ha pasado más o menos lo mismo. Es una especie de ley de la política que se cumple de manera inexorable. Toda formación experimenta una crisis tras su aterrizaje en la política práctica institucional, más pronto que tarde, cuya intensidad es proporcional a la magnitud de su poder y / o representación en escaños. Le ocurrió a Alianza Popular, a Unión del Centro Democrático, al PSOE, al PP, al PCE – éste es el número uno en el ranking de escisiones, y aunque mucha gente no lo sabe sigue existiendo – y a escala regional al PSM, y al resto por igual. 

Así que, por tanto, lo que acontece en el seno de Podemos no es inédito. Quizás el partido morado se diferencie de otros en la velocidad con la que quema etapas. Sin embargo nada de lo que le acongoja estos días puede considerarse original. Así que ciertos análisis que dan por seguro un futuro dramático debido a lo que está pasando la formación morada son tal vez exagerados. Podría ser, sin duda, que ocurriera un desastre, pero no tiene por qué ser así. Habrá que esperar a ver cómo se suceden los movimientos internos, si los díscolos están localizados sólo en Madrid o bien el terremoto se ramifica a otras comunidades autónomas, si Pablo Iglesias rectifica o sigue enrocado, si Íñigo Errejón busca puentes o mantiene la apuesta de volar toda la organización desde la región capitalina – lo que sería absurdo en otro partido pero no en Podemos pues su origen es madrileño y toda las estrategias regionales se han amoldado durante estos últimos cuatro años a los intereses de la organización nacional, al mejor estilo piramidal de los partidos comunistas, sin parangón en los demás, y de hecho esta característica ha creado problemas en Andalucía, de relación con la Marea gallega, con Compromís… -… En resumen, son muchas las incógnitas abiertas que habrá ir cerrando a medida que se vea cómo se mueven los protagonistas. 

Al margen de lo que haga cada uno en los próximos días y semanas, en el fondo lo que se dilucida es lo que quiere ser Podemos. Si desea ser un partido más de la izquierda del PSOE que busca alternativas plurales a la derecha o si bien desea, como siempre quiso para su Izquierda Unida- Partido Comunista el gran amigo de Iglesias, a quien admira y del que dijo que toma ejemplo, Julio Anguita, la aniquilación del PSOE para sustituirlo como alternativa orgánica única a la derecha. 

Errejón apuesta con claridad por la primera opción, por la colaboración con los de Pedro Sánchez. Iglesias ha sido el adalid de la segunda, aborrece el PSOE y quiere superarlo. Otros, sobre todo líderes regionales, como aquí entendió hace tiempo Alberto Jarabo, han comprendido que el deseo de alcanzar el “sorpasso” – en el que se entesta el líder nacional – es la mejor manera de dar el poder institucional a la derecha, y por tanto es mucho mejor ser pragmático y pactar con el PSOE en función de la representación de cada uno en cada lugar.  

En Baleares queda en evidencia la pretensión de que en el último congreso nacional la victoria de Iglesias suponía haber cerrado el debate interno. Aquí Jarabo es “pablista” pero no ha tenido inconveniente alguno en buscar un candidato número 1 a las elecciones autonómicas que es “errejonista”. Y apuestan al unísono por el pacto con el PSOE – y los Més- e incluso entrar en el Gobierno regional, incluso si tuviera que forjarse éste con un partido de centroderecha como es el PI, nada menos. 

Podemos en Baleares muestra el camino pragmático y más racional a toda la organización nacional. Lo otro llevaría a Podemos a una progresiva reducción de su fuerza institucional, disminuiría la capacidad de influencia sobre el PSOE y acabaría como una Izquierda Unida – Partido Comunista ampliada. 

Sin embargo, en política el camino más lógico no por fuerza es el que elige un partido político. 

Sánchez, los dineros, los indepes y España

12

01 2019

Pedro Sánchez ha advertido a PP y Ciudadanos que esperen sentados. Que no piensa convocar elecciones hasta que finalice la legislatura en su plazo ordinario. Dado que los últimos comicios fueron el 26 de junio de 2016 los próximos pueden ser, como máximo, el 26 de julio de 2020. 

Para conseguir su objetivo está negociando de manera desesperada con los independentistas catalanes. Con los vascos ya lo tiene cerrado. Igual que con Podemos. El canario progre está en el bote. Así que sólo le queda el flanco nacionalista catalán. El sector ERC parece entregado, la porción razonable de Convergencia está por la labor pero los irreductibles ultranacionalistas de Puigdemont y Torra es una incógnita hacia qué se inclinarán al final. Ahí está el objeto del deseo de Sánchez y hacia ellos se dirigen sus denodados esfuerzos. 

El presidente quiere atraérselos a base de promesas de dinero. La táctica de siempre del Madrid eterno. La consideración de los nacionalistas catalanes como unos comerciantes que buscan nada más que el máximo beneficio económico inmediato. Se equivoca de medio a medio. Puede que sí, que consiga un voto táctico – al fin y al cabo, ¿qué alternativa tienen los nacionalistas al actual Gobierno nacional, acaso uno de PSOE-Ciudadanos u otro de PP-Ciudadanos-Neofascistas? ¿Alguno sería mejor para ellos que el débil, desesperado y dispuesto a todo actual con tal de aguantar hasta 2020? Pero contando con que el siempre fascinante hombre sin principios ni ideologia consiguiera sacar adelante sus Presupuestos, el conflicto catalán seguiría igual de intenso. Eso es lo que en Madrid cuesta tanto de entender. Algunos creen que Sánchez lo sabe y le importa un comino, por supuesto, porque a él sólo le interesa él mismo. Sin duda él es lo primero y único, cierto, pero bien podría ser así y, además, estar imbuido de la típica forma de (no) entender Cataluña que en Madrid comparten tantos y tantos. Esa manera de (des) enfocar el conflicto catalán de la que de ninguna manera puede salir una solución. Es la creencia en que eso que ha venido en llamarse “el procés” es una invención de cuatro pirados, que si se les aparta a la fuerza – de ahí la aberrante utilización de la prisión preventiva de los independentistas presos – todo “el suflé” acabará en nada. Como si dos millones de votos separatistas ejercidos de forma reiterada pudieran ser manipulados con tanta facilidad como por la Villa y Corte se creen, como si en Cataluña aparte de TV3 no llegaran más televisiones, ni radios, ni diarios, ni existiera internet… 

La lógica indica que sólo existe un apaño para evitar males mayores. Que hasta que no sea factible una reforma de la Constitución se llegue a un acuerdo político para blindar la autonomía catalana – como lo está, de hecho, la vasca – en cuestiones esenciales – presupuesto, inversiones, lengua y cultura, etc. – que no puedan depender de quién gobierne en Madrid. O sea y en el fondo: aceptar que la unidad no significa homogeneidad y que la diversidad no debe depender de cómo Madrid quiera que sea sino que sólo deben decidir cómo es los que son y se comportan de forma política y electoral diferente al resto desde 1977, vascos y catalanes. 

O esto o seguir igual. 

Sánchez, Torra y la negociación

24

12 2018

Para analizar la vida política conviene siempre fijarse mucho más en lo que acontece que no en lo que dicen los líderes de los partidos que pasa. Por ejemplo, la situación en Cataluña al decir de Pablo Casado y de Albert Rivera es de insurrección revolucionaria, y te vas al Principado y no ves nada de eso por ningún sitio. Sí, es verdad que algunos días hay protestas y enfrentamientos con la policía, en Barcelona. Pero como si eso fuera novedad. La capital catalana tiene una larga tradición de este tipo de diversión de los jóvenes anarquistas y adheridos. Absténgase el lector del motivo que se dice que les empuja ahora y bucee en los medios de comunicación de los últimos veinte años y verá cómo se reproducen cíclicamente los incidentes, casi calcados. Nada nuevo, pues, excepto que las antiguas banderas negras – o negras y rojas – de los ácratas ahora se han sustituido por las burguesas enseñas a la cubana de la estrella solitaria en un triángulo que corona las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo. 

Otrosí: Pedro Sánchez y Quim Torra se reúnen de tú a tú y se monta la de aquel es un cristo, como si de veras alguien pudiera creerse que de una hora y cinco minutos de encuentro – que fue lo que duró – puedan extraerse tantas conclusiones. No se fijen en el comunicado ni en las interpretaciones. Atiendan al hecho que llevan siete meses, siete, negociando. Unas veces se conocen las reuniones de consellers con ministros pero las más no trascienden. Qué van a hacer si no. Es su obligación. Explorar opciones de posibles pactos. Por supuesto. Cuando hay un conflicto se habla, se dialoga y se negocia con el adversario, y más, si cabe, con el enemigo. Siempre ha sido así. Por todo y también en España. Si los sucesivos gobiernos nacionales negociaron siempre, algunas veces a las claras y muchas más de manera velada a la opinión pública, con los asesinos de ETA y su brazo político al que José María Aznar llamó “movimiento de liberación vasco”, ¿en serio alguien puede ser tan corto de miras como para creerse que no se negociará con los independentistas catalanes? Claro que se negocia ahora, como antes lo hizo Mariano Rajoy, aunque en su caso de forma indirecta. De una u otra manera, está bien que así se haga. 

Apunte final: Sánchez es un tipo sin principios, ideología ni anclajes en ningún compromiso orgánico o institucional. Es un César que hace y deshace lo que le da la gana. Por esto mismo, al no tener que pedir permiso, es el único que podría encauzar una solución de compromiso con los separatistas catalanes o, al menos, con una sección de ellos. La suficiente como para buscar los puentes que permitan conllevarnos unos con otros de forma pacífica y educada. 

La irrupción del ultraderechista Vox

14

12 2018

La intensidad con que el partido ultraderechista Vox ha irrumpido en el Parlamento andaluz ha dejado boquiabiertas al resto de formaciones. Tanto, que todavía no saben cómo relacionarse con el nuevo actor.

En el PP se niegan a tildar de ultraderechista al partido cuyo secretario general dice que el franquismo “fusilaba, sí, pero no con odio sino con amor”, que quiere ilegalizar a los partidos independentistas, que recupera el espantajo del nacionalcatolicismo, que se envuelve en la bandera al mejor estilo ultranacionalista, que se alinea con toda la ultraderecha europea… ¿Qué más necesitarán? En verdad lo saben perfectamente. El problema, su problema, es que necesitarán pactar con él. Por tanto…

En el PSOE ya dudan de si su inicial favor a Vox para perjudicar al PP fue una idea acertada o más propia de un bombero – ¿todavía puede decirse o la corrección política lo impide y acaso los hombres del fuego se me ofenderán? – y ven con terror como la mentira ultra anticatalanista se ha contaminado en ignorantes como Lambán y García-Page, presidentes aragonés y castellano-manchego, respectivamente.

En Ciudadanos miran a Vox… pues depende del día, a veces mejor y otras peor, pero eso sí, siempre de reojo.

Y en Podemos están la mar de contentos porque con los ultradechistas en juego sus dirigentes pueden fantasear con “frentes antifascistas” y demás retórica inflamada que tanto les gusta.

En realidad Vox es un partido típico de la neo ultraderecha europea. Como bien explicaban ellos mismos, nuestros ultras, cuando se creó – en febrero de 2017 – la internacional negra – con los franceses, húngaros, italianos, alemanes… – cada cual es ultra a su manera nacional. Aquí, a base de mucha caspa religiosa, ultranacionalismo, toros, anti inmigración y poco disimuladas ansias totalitarias. Y en lo que mejor se expresa esta demagogia ultra es en los detalles. Por ejemplo, al asegurar que en países como Francia y Alemania se prohiben los partidos independentistas, lo cual es mentira: en la Unión Europea se prohiben actos no ideas, O cuando dicen que ellos no son como los demás partidos porque sus representantes no son “profesionales” – según asegura a menudo la dirigente negra Rocío Monasterio – aunque su presidente, Santiago Abascal, lleve desde los 22 años viviendo de la política, o cuando ella misma miente con desparpajo, contra toda evidencia de los datos oficiales, que hay multitud de falsas denuncias de malos tratos a mujeres…

Vox es lo que ha sido siempre el fascismo. Mentira, demagogia y engaño. No es nada nuevo. Aunque se presente, eso sí, bajo unas formas modernas.

Dani Mateo, Hazte Oír y la libertad de expresión

23

11 2018

Existe una conexión evidente entre el caso de las persecuciones contra el humorista Dani Mateo y contra la conferencia de hace un par de semanas en Palma de Hazte Oír. Son sólo dos ejemplos entre otros muchos que se están produciendo en los últimos años en este país. Vivimos momentos de zozobra en la que los totalitarios,de derecha e izquierda, están avanzando en su cruzada contra las libertades en general y en concreto en contra de la de expresión, su primer objetivo a batir a base de intentar arrinconarla cada vez más.

Es irritante que la presión ultraderechista consiga  – de nuevo – que un juez abra diligencias por la actuación de un teatrero – que esto y no otra cosa es el humorista en cuestión – durante su espectáculo. Son estas cosas las que dan alas al movimiento negro que en España representa Vox. Salvando las diferencias entre los hechos, la saña con la que la ultraderecha ha perseguido a Dani Mateo por sonarse los mocos con la bandera española comparte su odio haciala libertad de expresión con la ultraizquierda que quería conculcar el derecho a expresarse de Hazte Oír en Palma.

El primer caso es otro de los derivados de la existencia de unos delitos aberrantes en democracia, como los que hacen referencia a la protección absurda de la Jefatura del Estado – a la que se trata como cuasi sagrada en lugar de lo que es, una institución política aunque su titular no lo sea por elección ni méritos sino por herencia –, a la de las creencias extraterrenales – de las ofensas contra las cuales casi siempre se concreta en una sola de ellas, la católica, qué curioso –, a los símbolos nacionales y a la persecución del enaltecimiento del terrorismo – que es el peor de los instrumentos contra la libertad de pensamiento – … Ninguno de estos delitos, por mucho que se mienta al respecto, tiene parangón en los países más democráticos, al menos no en la intensidad represora que aquí se perpetra y que fuera de nuestras fronteras – si se duda, léase las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos al respecto de decisiones judiciales españolas que se han rectificado: la quema de la foto de Borbón, por ejemplo – se considera incompatible con un régimen de libertades de veras. No sólo en Europa. Si algo así existiera en Estados Unidos – como servidor ya he argumentado otras veces – medio país estaría en la cárcel, con lo que le han dicho, y dicen, a Trump. Allí su Tribunal Supremo – envidia da – sentenció que la quema de la bandera nacional está amparada por la libertad de expresión. Fingir sonarse los mocos con la de aquí supone abrir diligencias judiciales. ¿Es que no vemos por el contraste la creciente putrefacción democrática que padecemos?

Pero si sólo fuera esto, pues, bueno, habría esperanzas de revertirlo. El problema, gravísimo, es que aquellos que dicen estar a favor de acabar con esta represión no es que no lo hagan, es que aumentan los instrumentos para perseguirla. Ahí está para probarlo ese delito de “odio” contra las minorías que se está intentando usar cada vez más de forma bastarda. Como lo intento la asociación Ben Amics contra Hazte Oír en Palma. Como si la derecha, e incluso la ultra, no tuviera derecho a la libertad de expresión. Pues la tiene. Aunque diga sandeces como las de Hazte Oír o destile, incluso, odio a la libertad de elección más íntima.

Ahora debería acabar citando la famosa frase –y repetida hasta el aburrimiento – de Winston Churchill sobre el derecho a expresarse como uno quiera y, sobre todo, reconociendo este derecho cuando no nos gusta lo que oímos, pero es que este político sólo fue una fachada creada luego de la Segunda Guerra Mundial a beneficio de la fantasía de haber ganado la democracia anglosajona el conflicto, cuando fue la dictadura soviética – otro ejemplo de cómo la propaganda puede convertir una obviedad en algo que no se note – la que derrotó a su hermano totalitario nazi. Así que me ahorro el esfuerzo. Prefiero acabar con la definición que hacía un amigo, ya hace mucho tiempo: “la libertad de expresión es vomitar al escuchar a un facha (sustitúyase, si place, por comunista), limpiarse la boca, contestarle y saber que el hecho de que les reconozcamos la libertad deasquearnos es lo que hace grande la democracia”. El mejor, con diferencia, de los sistemas políticos, como no dijo Churchill.

España, su justicia, la democracia y Europa

13

11 2018

El espectáculo del sistema judicial español no cesa. Dado que no le bastaba con los ridículos que está cosechando por Europa por sus decisiones y / o peticiones a tribunales de otros países y con la defensa cerrada al máximo nivel de los beneficios bancarios, ahora no rechista ante la ayuda que recibe por parte de los principales partidos del régimen para avergonzar a cualquier ciudadano– mediante la designación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGP J) – que desee la existencia de una justicia que no sólo sea independiente sino que, también, lo parezca.

La decrepitud del sistema judicial no es ajenaa la de todo el Estado. No obstante, por su importancia y trascendencia tiene una especial gravedad.

España tiene un déficit legal y judicial importante en relación a los países cercanos. Legal por la existencia de normas – la ley de Amnistía, las tipificaciones de delitos contra la ultra protección a la creencia católica, a la jefatura del Estado, los supuestos que persiguen con gravedad delitos de opinión relacionados con el terrorismo … – que gravan al disidente con tanto ahínco vengativo y voluntad ejemplarizante que no tienen parangón en otras democracias, y que por ello nos convierte en originales de forma harto incómoda para cualquier demócrata. Y tenemos asimismo un déficit judicial que se evidencia por el ridículo que ha hecho el Tribunal Supremo en los últimos meses en Alemania, Escocia y Bélgica, sin que nadie haya asumido la vergüenza y dimitido, y que sólo es el primer paso hacia la segura desautorización brutal que recibirá la justicia española en su conjunto –mucho peor que la recibida por lo del infame Arnaldo Otegui, que no es poca – cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentencie que si bien España es un Estado de Derecho algo tiene de torcido también; y al respecto la decisión de este tribunal por el caso Valtonyc sólo va a ser la primera de las que llegarán a medida que discierna sobre la delirante persecución de los líderes separatistas catalanes a base de un retorcimiento de la ley que provoca un daño infinito a la credibilidad de nuestra democracia.

En fin, que el espectáculo último, lo del CGPJ, no es más que un nuevo ejemplo de la triste situación del sistema judicial español.

El neofascista Vox perjudica al PP y favorece al PSOE

20

10 2018

Vox es un partido neofascista. Neo, porque se diferencia del fascismo clásico en que no explicita su naturaleza sino que la esconde bajo una pátina de modernidad populista. Es lo que hacen los nuevos fascismos en toda Europa, desde el Frente Nacional de Le Pen en Francia a la Unión Cívica de Viktor Orbán en Hungría, pasando por la italiana Liga Norte de Mateo Salvini. El fenómeno español es calcado a todos ellos. De hecho se coordinan y beben de la misma estrategia de penetración social: mensajes simples, recetas mágicas, poder estatal fuerte -con voluntad autoritaria, aunque nunca lo dicen-, xenofobia, ultranacionalismo… Se dirigen a las bases sociales menos formadas y más afectadas por la crisis económica y que no recuperarán nunca la posición socioeconómica que tenían antes de la misma, y que por ende están resentidas contra todos los partidos políticos democráticos.

Como todos sus colegas de esa verdadera ‘Internacional Negra’, Vox intenta disimular su condición ideológica travistiéndose de supuesto demócrata, e incluso algunos de sus dirigentes poco menos que se erigen en únicos defensores de la Constitucion. Sería de risa si no fuera tan serio. Eso sí, a pesar de la consigna de ponerse la piel de cordero de vez en cuando les sale el lobo de lo más profundo: como le pasó a Javier Ortega, el secretario general, cuando se grabó en video diciendo que el franquismo “fusiló, sí, pero sin odio, con amor” a los demócratas.

¿Por qué cala ahora el mensaje neofascista y no antes? Si pasaba en otros países era cuestión de tiempo que aquí pasara igual. Jesús Gil y Mario Conde lo intentaron, pero llegaron demasiado pronto. Ahora existen -como diría un marxista de libro- “las condiciones objetivas” para que cristalice. ¿Cuál ha sido el catalizador? Sin duda alguna la base socioeconómica comentada es fundamental a la hora de explicar el renacimiento negro, sin embargo también la actitud de Mariano Rajoy en relación al desafío independentista catalán se convirtió en un elemento que ha resultado clave para Vox, tanto por la entidad política de la cuestión como por su relevancia ideológica y llamativo simbolismo.

La incógnita ahora estriba en saber hasta qué punto puede hacer daño el desarrollo de Vox al PP. Es casi seguro que obtendrá representación al Parlamento Europeo, porque la circunscripción única se la asegurará en caso de que la actual intención de voto demoscópica se convierta en acto en urnas. Mucho más difícil lo tendrá en los comicios locales y autonómicos, si bien por Madrid podría asomar a la Asamblea y ayuntamiento capitalino. En la próxima cita electoral, en Andalucía, tendremos una visión más nítida del potencial erosivo de Vox. Pero el gran reto de la formación ultraderechista serán las elecciones generales. En ellas se lo jugará todo. Porque por mucho que obtuviera representación en el Parlamento Europeo si se quedase fuera del Congreso quedaría abortada. Para consolidarse, como cualquier otra formación, requiere de obtener al menos un diputado en las Cortes. Con él se puede ganar el futuro o no -el fascismo tradicional ya tuvo un diputado hasta 1982: Blas Piñar, de Fuerza Nueva, pero fue incapaz de desarrollar su proyecto-, pero sin él es imposible.

Y en este empeño tiene enfrente al PP. El gran objetivo ultraderechista es liquidar las opciones de poder de la derecha democrática. Sólo si consigue que el PSOE, con apoyo de Podemos y los independentistas, se mantenga en el Gobierno tendrá opciones de crecer a costa del partido derechista tradicional. Por eso se suele decir que si Vox tiene éxito -le bastaría más o menos un 4%-5% de voto- significará apuntalar en La Moncloa a Pedro Sánchez. Así es.

De momento los dirigentes conservadores no saben cómo enfrentarse a la eclosión fascista que amenaza con quitarles una bolsa de votos que sin ser muy grande puede resultar esencial. Porque Vox podría restarles suficientes sufragios en algunas circunscripciones que les supusieran -por la matemática electoral- una derrama significativa de diputados, sin que los ultras los sumaran sino que se irían a las otras formaciones . Con el resultado dicho:  la derecha quedaría condenada a la oposición durante un buen puñado de años. Como poco Vox ya ha ayudado a que el PP haya perdido su principal fuerza política y electoral: la unidad, la concentración del voto desde el centro hasta la ultraderecha bajo las mismas siglas. Perdió primero a los que le huyeron hacia Ciudadanos y ahora Vox le quitará otra parte.

Como le ha ocurrido al PSOE, que fue mordido por Podemos -una formación de ultraizquierda que alberga en su seno a comunistas de libro- el PP no tiene otro remedio que acostumbrarse a la nueva situación. Le costará y sin duda será dramático porque es un partido que lleva décadas mirando por encima del hombro a cualquiera que intentara toserle desde la derecha. El doloroso tránsito será largo y no ha hecho más que empezar. Pero no hay vuelta atrás aunque todavía algún ingenuo, como José María Aznar, sueñe con recuperar la unidad y que reverdezcan laureles pasados en forma de índices de apoyo del 35% o 40% del voto. No, esos tiempos no volverán.