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ETA, Rajoy y la nueva España sin Cataluña ni País Vasco

05

05 2018

El acto protocolario del fin de ETA ha servido para que emerja el debate sobre aquello de lo que tantos y tantos no quieren hablar: la política penitenciaria favorable a los asesinos.

El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, asegura que de ninguna manera habrá acercamiento de presos ni, mucho menos, trato de favor a los criminales etarras para que salgan en libertad antes de lo que les tocaría. Miente. Igual que miente cuando dice que no se ha producido nada de esto en los años que lleva al frente del ejecutivo.

Recordemos: tras la sentencia del caso Parrot en 2013 del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el gobierno del PP se apresuró a liberar a todos los etarras afectados por ella –entre otros presos- y se nos dijo que “no hay otro remedio”. Mentira. El artículo 15 de la Convención Europea de Derechos Humanos establece que se pueden suspender derechos civiles “en caso de guerra o en caso de otro peligro que amenace la vida de la nación” –la negrita es mía-, que es el supuesto al que por ejemplo se acogió muchas veces el gobierno de Londres para hacer oídos sordos y no acatar de forma inmediata sentencias del susodicho tribunal, sobre todo -aunque no siempre- relacionadas con el terrorismo del IRA. Rajoy podría haber optado por una vía semejante invocando la excepcionalidad de la doctrina Parrot por “la amenaza a la nación” que implicaba el terrorismo de ETA, no tanto para incumplir la sentencia cuanto para retrasarla, años incluso, y no habría pasado nada. Sin embargo tardó escasos días en liberar etarras. ¿Por qué?

En efecto: tienen ustedes razón, si son malpensados y han contestado lo único posible.

Así que por tanto a partir de ahora se iniciará, y es bueno que así sea porque no existe otro camino, un proceso largo de iniciativas discretas que tenderán a, primero, acercar presos etarras al País Vasco y, segundo, a excarcelarlos, siempre, eso sí, con alguna excusa legal al estilo sentencia europea contra la doctrina Parrot o cualquier otra, mismamente la llamada Vía Nanclares: pedir perdón de forma individual, sin necesidad de acto de contrición pública, y acogerse a beneficios penitenciarios e incluso al indulto.

¿Cuánto durará este proceso? No se sabe, pero sí cuándo comenzará. En la próxima reunión del Pacto Antiterrorista, que ya se ha anunciado su convocatoria, en la que habrá alguna parte que pedirá el acercamiento de presos. No se aceptará formalmente pero en la práctica será sin duda el comienzo.

Sea cuando sea que termine el proceso, los asesinos acabarán en la calle, la mayoría de ellos antes de que cumplan el total de sus condenas. Y el País Vasco se normalizará políticamente al fin de forma absoluta. A la sazón, qué duda puede caber, ya hará tiempo que no habrá políticos catalanes presos –si los asesinos son liberados, cómo iba a mantenerse encerrada a gente pacífica-, y, más importante, este independentismo ya dispondrá de un nuevo encaje en España, semejante al vasco.

Una vez que País Vasco y Cataluña estén casi a la par en autogobierno, a años luz del resto de autonomías, acabarán el trabajo de hacer desaparecer todo lo que sea español en sus territorios –fase casi ya terminada en Euskadi y que avanza rápida en el Principado- excepto la representación simbólica de las instituciones nacionales.

A la sazón España será incapaz de hacer frente a una ofensiva separadora que al alimón las dos naciones pongan en marcha. ¿Cuándo ocurrirá? No se puede saber. Pero el calendario no es de décadas

La Manada, la justicia y el espectáculo mediático

27

04 2018

El caso llamado de la “manada” se ha convertido en carnaza mediática, sobre todo en objeto de plató de televisión. De hecho lo ha sido desde que se conocieron los hechos. Podría uno interrogarse sobre si esta permanente focalización no acaba por influir en negativo en el curso de la justicia.

Es pertinente la duda porque, recuérdese, en este país ya tenemos experiencia en montar un ambiente de locura mediática comentando, opinando, desmenuzando en platós un caso judicial –el llamado Wanninkhof- de forma tan intensa que todo el mundo tuvo claro quién era la culpable de un terrible asesinato trufado de relaciones lésbicas –ideal para el espectáculo televisivo morboso- y así fue señalada por radios, televisiones, diarios y revistas, así lo recogió la Guardia Civil en sus informes, así lo entendió la fiscalía y así lo sentenció la justicia. A la cárcel. Sólo una casualidad quiso que en otro crimen –creo que al cabo de dos años- las pruebas de ADN forzaran a declarar inocente a la mujer por todos sentenciada como culpable. ¿Alguna petición de perdón? Ni una. Esto es lo que pasa cuando la justicia se convierte en parte del espectáculo mediático.

No se debería mezclar la aplicación del derecho -si esos tipos de “la manada” son inocentes o culpables y, si fuera el caso, en qué grado respecto de qué delito-, que compete en exclusiva al ámbito especializado que es la justicia, con las ferias de platós televisivos. En éstos se ofrece morbo a la masa. En aquéllos se requiere de conocimiento, racionalidad y capacitación técnica.

Al mezclar ambos ámbitos se incurre en la manipulación y se fuerzan reacciones viscerales –como ha sido el caso- que son muy peligrosas en potencia. Vivimos en un Estado de Derecho en el que las garantías de un acusado son parte substancial del sistema democrático. Dejemos que sean los defensores y fiscales los que recurran la sentencia del tribunal navarro ante el Tribunal Superior de Navarra y, si fuera el caso, luego ante el Tribunal Supremo. Que esto no ha acabado. Azuzar la reacción de la masa en la calle a golpe de twitter puede ser tan rentable para las televisiones como letal para el sistema de libertades. Debería irse con mucho cuidado con esto.

El independentismo gana a España

14

04 2018

Se suponía que el 155 combinado con la convocatoria de elecciones amén de la represión judicial devolvería Cataluña a la “normalidad”. Ni por remota aproximación ha sido así. El balance de estos meses es preocupante visto desde la óptica de los que desean que España no se rompa, a la vez que, claro, es esperanzador para aquellos que desean romperla.

Una mirada a los medios de comunicación europeos y americanos –con la última versión del Firefox Godzilla se traduce de forma automática, entre muchos más, el inglés, francés, alemán, italiano y portugués, al menos para poder entender el sentido de lo que se escribe por ahí- muestra un panorama desolador para España. Menudean las comparaciones con los tiempos de la dictadura de Francisco Franco, las alineaciones de nuestro país con Turquía, florece por todo la simpatía hacia los separatistas y la antipatía para con el gobierno y el Estado, se contrasta la escasa democracia española con las esplendorosas europeas, se recuerda el histórico alejamiento español de los valores de modernidad y libertad europeos desde el siglo XIX…

No se trata sólo de medios de comunicación. En Alemania, las declaraciones de la socialdemócrata ministra de Justicia, Katarina Barley, a favor de dialogar en España sobre los “componentes políticos” del conflicto catalán helaron la sangre en el Consejo de Ministros español. Pero es que no fue solamente ella. El partido de Los Verdes da su apoyo cerrado a los independentistas e incluso ha habido varios representantes regionales y nacionales de la CDU –el partido democratacristiano de Angela Merkel- que se han manifestado a favor del “diálogo” entre “España y Cataluña” –así, como dos países enfrentados, es la terminología que se usa por todo- y hasta uno de sus parlamentarios, Alesander Dobrindt, se ha mostrado a favor de la potencial secesión porque “lo que puede ser aceptado para Escocia no puede ser negado para Cataluña, lo que se considera derecho a la autodeterminación de los escoceses no puede ser golpismo para los catalanes”. Aunque desde España se cierra los ojos y oídos a estas opiniones, son las que están creciendo en Alemania. Cierto, no es el único país con el que hay que contar. Pero es el más poderoso de Europa y cuenta más que cualquier otro.

Hace seis años nadie en Alemania ni en el resto de Europa, y mucho menos todavía en América, conocía la existencia de algún conflicto territorial en el interior de España. Hoy no hay en el mundo gobierno que no sepa que “España y Cataluña” están enfrentadas porque la segunda quiere “liberarse” de la primera y ésta no sólo no le deja irse sino que incurre en el “uso de los jueces” –según Der Spiegel- para “intentar solucionar”, sin conseguirlo, “lo que no quiere afrontar políticamente”.

España, qué duda cabe, está perdiendo esta guerra incruenta y no es seguro que en Madrid haya alguien que sea consciente de que el saldo de estos pocos años es que hoy por hoy en Europa y América son muchos los políticos –aparte de casi todos los medios de comunicación- que asumen que como poco “España” deberá conceder “más autogobierno” –de nuevo Der Spiegel, el semanario más vendido de Europa- a “Cataluña” para “parar” la independencia. Por ahora.

Así están las cosas. Nada bien para España, sin duda

Actúa contra el PP y el PI beneficiado

23

03 2018

El nuevo intento de la ultraderecha de hacer cuajar una oferta electoral creíble en Baleares se llama Actúa. Viene de la mano del acreditado radical Jorge Campos, creador del Círculo Balear, la entidad que llegó a movilizar casi 1.500 ultras contra el catalán. La pesquera de votos de la que espera obtener la captura no es ningún secreto. Votantes descontentos del PP.

Es cierto que existe ese grupo de votantes conservadores que por un motivo o por otro, o sobre todo por la actitud de M Punto Rajoy hacia el proceso separatista catalán -un prodigio de mucho hacer para parecer que se hace algo aunque se acabe por no hacer casi nada-, podría huir buscando otro cobijo electoral. Da la sensación, sin embargo, que Ciudadanos acabará por ser el destino final de la inmensa mayoría de los ex votantes del PP ¿Quedan expectativas, pues, para el partido ultra?

La verdad es que más bien no. Su expectativa de voto máximo está muy por debajo de 5% que se necesita para obtener representación. En las últimas elecciones autonómicas, las de 2015, por la circunscripción de Mallorca ese 5% valió unos 16.000 sufragios. No será muy diferente el año que viene. Como poco el coste es de unos 15.000 y sobre los 18.000 como tope máximo. Unas cifras que están fuera del alcance, por mucho, de lo que pudiera restar Actúa al PP.

Pero el partido ultra puede tener una gran utilidad. En efecto, sus votos, sean cuántos sean, no bastarán para tener un diputado, ni por remota aproximación, pero sin duda se sumarán a los que Ciudadanos reste al PP, con lo cual el debilitamiento del partido conservador será todavía mayor. Esta va a ser la gran aportación que hará Actúa al panorama político balear. Ayudará a hundir más al PP.

Es irónico que el partido más favorecido por la aportación de Actúa sea el PI, que al decir de los ultras es catalanista. Los regionalistas tendrán la llave para formar gobierno, esto ya se sabe, pero su posición negociadora será tanto mejor cuanto más débil sea la de los dos grandes. El PSOE, partiendo de 14 escaños, poco variará. El PP, con 20 hace 3 años, bien podría recibir una severa merma por parte de Ciudadanos y si Actúa le da la puntilla la posición negociadora del PI será muchísimo más fuerte.

Y ya sería de ironía cruel que el gran éxito de la ultraderecuha fuera fortalecer un PI que acabe -como todo el mundo da por supuesto que pasará- dando la presidencia a Francina Armengol por segunda vez para que pueda formar otro Govern con aportación soberanista, separatista y pancatalanista.

Vamos, de una brillantez estratégica sólo al alcance de grandes estadistas.

Feminismo, manifestación, todos o partes

10

03 2018

La huelga feminista en Baleares tuvo una escasa participación. Es raro, dado que en otras capitales provinciales –más cuanta más población tienen- el éxito acompañó la jornada de paro. Y por éxito quiero decir que el ciudadano notó con claridad, debido a un cúmulo de servicios que no funcionaron como a diario – el transporte público, educación, empresas privadas grandes, comercios céntricos…-, la intensa disminución del trabajo. Sin embargo en nuestras islas en ningún sitio se sintió la huelga. Como mucho en la educación pública un poco. Una muestra más de nuestra especificidad económica. Que cada cual saque sus conclusiones al respecto. Para unos será positivo, para otros negativo. Lo que está fuera de duda es que somos más islas que nunca en España. Nuestra economía crece mucho, desordenadamente, basada en lo mismo de siempre –turismo y construcción- y que el trabajo en su inmensa mayoría es tan peculiar que nadie –excepto algunos funcionarios- se atreve a huelgas globales como la feminista.

Otrosí: contrastó el fracaso del paro con el éxito de la manifestación que congregó una enorme cantidad de gente en Palma. Personas entre las cuales se notó a faltar inmigrantes. Al menos de los que se pueden identificar a simple vista. No se les veía. ¿Acaso nuestros conciudadanos nacidos en otros países –un 22% del total, aproximadamente- así como sus hijos mayores aquí alumbrados –con ellos están entre el tercio y la mitad del global demográfico- no suscriben con el mismo ímpetu y decisión la igualdad de derechos de las personas al margen del sexo que tengan? La respuesta no debería ser positiva. Por tanto habría que buscar otra explicación. ¿Desestructuración social, sentimiento de no pertenencia a la sociedad de acogida?…

Y más: tras la masiva reivindicación de igualdad entre las personas, ¿ahora qué? Es el problema de las movilizaciones genéricas como la del 8 de marzo, que al no ser por un objetivo concreto, tangible y con sujeto inequívoco ante el que presentar lo reclamado –una subida salarial, derogación o aprobación de una ley o decisión política…- y como los estamentos que podrían ser los aludidos son tantos y tan diferentes –todos los gobiernos desde el nacional a los locales pasando por los regionales, todos los partidos, todas las instituciones públicas, todas las empresas, todos los medios de comunicación, todos los sindicatos, todas las familias…- ocurre aquello de lo que advierte el refranero: quien mucho abarca… Aunque si todos tomásemos un poquito más de conciencia de que podemos aportar algo individualmente para cambiarlo todo –por a largo plazo que sea- la jornada reivindicativa ya habría sido más que un éxito, un milagro.

Y final: la gran movilización de calle partía de una convocatoria teórica hecha por los progres anticapitalista republicanos de lo políticamente correcto tan rancia que era de alucine. Mezclar la crítica al capitalismo y la reivindicación republicana con el feminismo es una idiotez. El enorme seguimiento que tuvieron las manifestaciones fue gracias a que nadie leyó el manifiesto o, en su defecto, nadie se lo tomó en serio. Se notó en la manifestación de Palma, cuando lo que queda de algo que se llamó sindicatos quisieron protagonizar el acto justo detrás de la cabecera, blandiendo sus banderas, y cientos de mujeres les gritaron “sindicatos!, sin banderas!”, a lo que una energúmena sindical les contestó que “a ver quiénes coño creéis que convocamos” y replicaron las críticas con un “¡todas, todas, todas!” que aconsejó callar a la representante del pasado y a lo que alguna vez fueron sindicatos de clase a moderar su obsesiva fijación por las fotos y cámaras de televisión.

Por la libertad de expresión: ¡Libertad para Valtonyc!

25

02 2018

España es un país que tiene todavía carencias democráticas serias. Una de ellas hace referencia a todo lo relacionado con la libertad de expresión, severamente mermada por delitos delirantes que no son imaginables en cualquier otra democracia. Por ejemplo, enaltecimiento del terrorismo, injurias y calumnias al jefe del Estado y /o consorte, e ídem a la religión católica, entre otros previstos penales que son una barbaridad porque amordazan la capacidad de expresarse libremente del ciudadano.

Se debería entender de una vez que nadie ni nada está por encima del resto de ciudadanos en una democracia y que Borbón no merece más respeto que Rajoy, Sánchez o nuestro vecino. No somos súbditos de nadie. Somos ciudadanos. Y así las leyes deberían tratarnos. No de la forma injusta en la que se nos trata al dar un exceso de protección claramente antidemocrático a ciertos ámbitos. Cuyo origen hay que buscar en la excepcionalidad, que se lleva siempre mal con la democracia. Porque en efecto es excepcional la protección al jefe del Estado español. Si existieran las mismas aberrantes normas liberticidas en Estados Unidos, medio país habría sido enjaulado en el último año. Lo es asimismo el blindaje a los de la religión del Vaticano, pues ni ellos ni ningún otro seguidor de cualquiera de los múltiples dioses a los que se adoran en el mundo merecen nada más que su derecho a expresar su respectiva adoración libremente. Y por supuesto que es excepcional el enaltecimiento del terrorismo, figura metida con calzador en la ley –denostada por toda Europa, junto a la protección de los Borbones, por cierto, por su imposible acomodo al mínimo sentir democrático- como respuesta al fenómeno violento etarra, que no por comprensible evita su perversa naturaleza al cercenar la libertad de expresión.

En suma, España no es un país que carezca de libertad de expresión, ni está en juego la esencia democrática, pero sí es cierto que episodios como la sentencia absurda, delirante e impropia de una democracia contra Valtonyc demuestran que todavía tenemos asignaturas pendientes importantes para homologarnos a nuestras vecinas europeas.

O sea: ¡libertad para Valtonyc!

La confederación ibérica después del 155

09

02 2018

Según el gobierno nacional, enseguida que haya un nuevo ejecutivo en Barcelona quedará sin efecto el artículo 155 y la Generalidad catalana volverá a estar en manos de los independentistas. Formalmente. Porque de hecho no ha dejado de estarlo ni un segundo desde que se activó supuestamente la famosa intervención. Cierto es que no está en manos de Fuigdemont y compañía, pero sí en las de sus segundos y terceros de a bordo que han seguido marcando el rumbo.

Es inevitable preguntarse si tanto escándalo habrá servido para algo. Todo el mundo conoce la respuesta. Entonces, ¿a qué vino? Ahí ya las variantes interpretativos se acumulan, pero va abriéndose camino cada vez con más intensidad la opción de pensar que a lo único que han podido llegar Rajoy, Borbón, Sánchez, Rivera, los generales y el Íbex ha sido a intentar convencer a la España profunda de que han hecho algo intenso e importante, aunque la pretensión quedará en evidencia cuando, dentro de unos meses, se pueda analizar fríamente todo lo acontecido.

Debe ser demoledor para los unionistas ver como meter en la cárcel a unos y que se fuguen los otros no habrá conducido a nada más que a su sustitución por otros tan o más independentistas de la vía unilateral que pondrán en práctica cuando crean oportuno, porque el Estado ha sido incapaz de volver atrás ni uno solo de los vectores de actuación separatista que condujeron al escarceo de octubre, claramente usado por el secesionismo a modo de test. Ahora ya saben qué hacer y qué no la próxima vez. El Estado, por su lado, está de los nervios sin saber qué hará ni cuándo el independentismo.

La conclusión lógica de todo este episodio la ha dado el PNV. Que ha recomendado a Madrid que si quiere mantener la formal unidad nacional reconozca, vía reforma de la Constitución, una especie de confederación ibérica, con tres naciones –España, Cataluña y País Vasco- en pie de igualdad. Dado que el Estado ha demostrado ser incapaz de rectificar la no existencia de España en Cataluña, igual que pasa en las Vascongadas, lo de la confederación se barrunta como la única salida airosa. Aunque sea el preludio de una futura separación entre las tres naciones, algo que al menos de esta forma se aplazará hasta un futuro en el que ya no quedará en activo ninguno de los políticos de ahora. Y a los que les toque –pensarán Rajoy y compañía-, que apechuguen.

Democracia en España, de mal en peor

26

01 2018

Lo que ha pasado durante la semana previa a la sesión de investidura convocada por la Mesa del Parlamento catalán para el martes día 30 de enero es muy grave.

Nos podemos quedar en el anecdotario, muy rico sin duda, provocado por un gobierno nacional de los nervios que ve “puigdemonts” por todas partes y que hace peinar a la Policía Nacional y a la Guardia Civil puertos deportivos, alcantarillas, aeródromos donde sólo de realizan vuelos de paracaidismo… provocando los chistes y mofas consiguientes, más que merecidas. Podemos, igualmente, reducir al esperpento valleinclanesco tanto a lo que hace el Ejecutivo de M. Rajoy como a las acciones no menos delirantes del independentismo, con un Puigdemont lanzado en pos del estrellato del absurdo. Sí, podemos quedarnos en todo esto, que no diré que no sea llamativo e incluso divertido. Y merece ser reído, qué duda cabe. Pero no dejemos en el olvido dos cosas acaecidas en estos días que ponen los pelos de punta.

La primera es la decisión del magistrado del Tribunal Supremo de no emitir la orden de detención europea contra el expresidente de la Generalidad catalana porque, dice el juez, precisamente esto mismo el huido querría que ocurriese para favorecer sus opciones de ser de nuevo investido en el cargo. Esto debería ser motivo de análisis del Consejo General del Poder Judicial. ¿Cómo un juez se permite hacer estas valoraciones políticas en un auto para justificar que no ordena detener a un fugado de la justicia?¿Desde cuándo la justicia obedece a estos intereses políticos y no a una aplicación del derecho políticamente neutra?… Esto es muy grave y no puede pasar al olvido. O no debería, para más bien decir, porque a fuerza de ser sincero todo indica que ahí mismo acabará. Y peor: siempre nos quedará –a los demócratas, me refiero- la inquietud de saber que ¡en el Tribunal Supremo! se decide detener a un fugado o no en función de valoraciones políticas. Lo cual no casa de ningún modo con el Estado de Derecho y la democracia.

Otrosí: la vicepresidenta del Gobierno compareció ante los medios de comunicación para anunciar que el Ejecutivo decidió hacer caso omiso de la recomendación del Consejo de Estado en el recurso ante el Tribunal Constitucional contra la convocatoria del pleno para investir a Puigdemont. Y que por tanto lo presentó. Erre que erre. En su intento de justificación, Soraya Sáenz se mostró balbuceante, insegura y con voz trémula aseveró que a Puigdemont no le concurren sus plenos derechos como ciudadano, sin especificar cuáles han sido suspendidos por la justicia, la única instancia que podría hacer algo así. La respuesta es obvia. Ninguno. Los tiene todos. Porque es inocente hasta que un juez dictamine lo contrario o, en su defecto, hasta que otro, el instructor de la causa, determine que se le imponen cauciones que le impidan ser investido. Pero nada de esto ha ocurrido. No pueden extrañar los balbuceos de una abogada del Estado al presentar esa ignominia que tiene por objetivo retorcer la ley para evitar que un adversario político se salga con la suya.

No sé cómo acabará lo de Cataluña, pero sin duda lo de la democracia en España va de mal en peor.

El PP y el PSIB desean al PI

12

01 2018

Quedan apenas catorce meses para nuestras elecciones regionales. ¿Quién nos gobernará? ¿Seguirá Francina Armengol o la sustituirá Biel Company?

El conservador, a despecho de quienes desearían quitárselo de encima, quiere ser el candidato y tiene todo a su favor para serlo. Otra cosa muy diferente es cómo le irá en las urnas. El mismo Company reconocía implícitamente ante los micrófonos de IB3-Ràdio –en el programa Al Día, el 12 de enero- que sabe que el PP no sólo no va a obtener la mayoría absoluta sino que va a quedarse bastante por debajo de ella. Y que por tanto –literal- aspira a pactar a la vez con Ciudadanos y el PI (Proposta per les Illes). Lo tiene muy claro. Es al menos la segunda vez que lo dice en público, pero en la primera, allá por la pasada primavera, no lo enfatizó tanto. Es puro acto de aceptación de la realidad. El PP, con el 28,5% de voto en 2015, en su media balear, no puede ni siquiera soñar con arañar aquellos porcentajes superiores al 45% que obtuvo de 1991 a 2011 que dejaban los comicios con únicamente el interrogante de si obtenía o no –en cuyo caso gobernaba UM con la izquierda- la mayoría absoluta. Todo lo demás era irrelevante. Ahora sin embargo Company es consciente de que si tiene la suerte de no bajar su porcentaje, un resultado por encima del 30% ya sería bueno y acercarse al 35% resultaría fetén. Y estas cifras seguirían dejándolo muy, pero que muy lejos de los 30 escaños de la mayoría absoluta. Por tanto sus márgenes de esperanza quedan reducidos de hecho a solamente que sus diputados más los que obtengan el PI y Ciudadanos sumen 30 y pueda pactar con ambos.

Hay gente que lo considera imposible porque son partidos antagónicos en cuestiones culturales y lingüísticas. No obstante a Company no parece importarle mucho: “en política nada es imposible”, dijo en la radio autonómica. Tiene razón. No obstante no será ésta la cuestión fundamental, si puede o no pactar con las dos formaciones a la vez. No. Lo será si la izquierda necesitará el PI para gobernar en caso de que no obtenga mayoría absoluta como tiene ahora. Ahí estará la clave esta vez.

Lo ha entendido a la perfección de Francina Armengol que se apresta a llevar entre algodones a Jaume Font y a los suyos en lo que resta de legislatura. Lo mismo que Company, por la cuenta que le trae. PP y PSOE van a disputarse el amor –político- del PI con intensa pasión.

En caso de que la izquierda necesite también el PI para gobernar, entonces el precio de los regionalistas, que podrán ellos solos inclinar la balanza a un lado u otro, aumentará hasta los límites que ya hemos visto en nuestra historia. Y ambos partidos mayoritarios se disputarán su favor ofreciéndole de todo y más.

Cataluña, ahora y luego: independiente

28

12 2017

Ya tenemos resultado de urnas catalanas con todas las garantías democráticas. Vencen los separatistas. Setenta diputados sobre ciento treinta y cinco. Mayoría absoluta. Sí, hay divergencias profundas entre Juntos por Cataluña, ERC y CUP pero no obsta para que sea lo que es: los constitucionalistas han perdido frente a los separatistas. Y ahora, ¿qué se puede hacer?

Después de la declaración de la república independiente de Cataluña, el pasado octubre, no queda duda alguna de que algo así no es viable. Y así seguirásiendo a corto plazo si pretenden volver a declararla de forma unilateral. Ningún país la ha reconocido y la actuación del Estado, mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución, interviniendo la Generalidad autonómica, no ha merecido la respuesta de un pueblo levantado por su libertad. Por tanto, luego de la constitución del Parlamento regional y de la toma de posesión del presidente catalán, y del nombramiento de su gobierno, no quedará otra que buscar vías para negociar entre Madrid y Barcelona. No sabemos todavía cómo ni entre quiénes, pero desde luego el qué está muy claro. Algún tipo de pacto, en primera instancia no es necesario que sea a través de la reforma de la Constitución, para que las competencias esenciales y más simbólicas de Cataluña estén en la práctica blindadas. Luego, a medio plazo, será inexorable la muda constitucional para hacer de España un país confederal al menos en algunos aspectos, para que el País Vasco y Cataluña sean naciones políticas -casi- al mismo nivel que España.

De esta manera se evitaría la secesión unilateral durante algunos años. Es verdad, sin embargo, que como se analizaba estos días en la BBC, el futuro a largo plazo, más allá de una década, pinta mal para el mantenimiento de España. Y lo mismo para otros países, no sólo de Europa. Cada vez se está extendiendo más el fenómeno de zonas ricas que quieren separase de las pobres de su propio país, para ser más pudientes. Según el servicio de análisis estratégico del ministerio de Defensa británica -citado por la radio y televisión pública referida- este proceso es imparable, y no sólo en Europa, y augura para mediados de siglo una verdadera epidemia global al respecto. A saber qué pasará dentro de tres décadas, pero a mucho menos tiempo vista es inevitable imaginar a Cataluña independiente de España. Porque tras los resultados electorales -nada que ver con la fantasmada del 1 de octubre- no puede negarse la legitimidad de la aspiración separatista, que se ha expresado mediante las leyes y las normas democráticas. Todo puede cambiar, pues es política de lo que hablamos, un ámbito cambiante como ninguno, pero la solidez separatista -al menos hoy por hoy- se demuestra tan contundente que de mantenerse así un par de elecciones más sería imposible contener -excepto que mediara la violencia, así sí- el deseo de separación.