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El triunfo indepe, Cataluña: salida y solución

10

11 2017

Decía a la BBC el ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, que en España se va a afrontar una reforma constitucional para “acomodar mejor los deseos de algunos catalanes”. De los separatistas. De quiénes si no. Queda claro, pues, quién ha ganado esta batalla. A algunos de ellos les ha costado un buen susto y es posible que incluso haya quien pague con cárcel en firme durante algún tiempo, no mucho en todo caso. No obstante, el saldo de este duro y agrio enfrentamiento entre Madrid y Barcelona –todavía inconcluso- será nítido a favor catalán. Es verdad que con tanto ruido y niebla política como todas las partes echan, a menudo cuesta entender y ver qué está ocurriendo en realidad, pero si se hace abstracción de la cacofonía y de la bruma se observa de forma cristalina el éxito independentista.

Por supuesto que el Gobierno negará lo que Dacis ha avanzado. Pero seamos sinceros con nosotros mismos. Ni siquiera el ministro de Exteriores es el primero en formular lo que todos sabemos que ocurrirá. Es que no existe otra posibilidad. Claro que muchos españoles quisieran ver que Junqueras, “Fuigdemont”, Forcadell y compañía pagar con prisión durante décadas. Pero no pasará. Si el Gobierno del PP no ha dejado de excarcelar etarras, en cumplimiento del pacto no declarado –y del que jamás se aceptará su existencia- de rendición de la banda violenta –más de 200 han salido de las cárceles desde 2012-, cómo iba a enchironar a los independentistas catalanes que serán lo que se quiera pero violentos no son.

El separatismo catalán obtendrá a medio plazo, pues, su gran aspiración táctica. Una reforma constitucional que le suponga de hecho el blindaje de algunas de sus competencias. Mismamente, la regulación del idioma propio, de tal forma que sean imposibles los recursos judiciales contra el sistema lingüístico vigente en Cataluña que tanto gustan a algunos. Esto se da por descontado. Otrosí: algún tipo de financiación particular que si bien no será formalmente como la vasca se le parecerá mucho. Tampoco cabe descartar el acceso a las instancias europeas mediante delegación de Madrid, al menos en ciertos casos. Amén de quizás, sólo quizás, la consagración del separatismo simbólico en alguna que otra selección deportiva catalana compitiendo internacionalmente en aquellos deportes minoritarios que tengan escaso eco en la sociedad española…

No será inmediato, ni siquiera rápido pero así se hará. Porque no hay otra salida posible. No será, empero, la solución. Porque ésta, ya lo sabemos de sobra, se llama divorcio. Y éste ocurrirá más adelante, cuando Cataluña ya haya gozado suficiente de su nuevo estatus y la siguiente generación política de líderes separatistas -ya en cargos de segundo y tercer nivel- se apresten a dar el definitivo intento secesionista. ¿Cuándo? Quién sabe, pero no faltan décadas sino años solamente para llegar a esta solución.

El independentismo vence

22

10 2017

El separatismo catalán se apresta a asumir la derrota en esta batalla. El referéndum fantasmagórico fue un ejercicio de propaganda del que nadie puede extraer resultados cuantitativos. Sin embargo sirvió a los efectos que los estrategas del “procés” habían diseñado: la elevación del conflicto catalán hasta las agendas de las cancillerías europeas. Esto sin duda se consiguió. Cierto es también que tanto la UE en todos sus niveles como los gobiernos de los países continentales han cerrado filas con nuestra Constitución y contra la secesión unilateral. Por tanto cualquier declaración de separación será inútil en la práctica y como mucho buscará el consumo simbólico interno para la parroquia. Un forma de poder decir algo así como ‘hemos hecho lo que dijimos que haríamos’ aunque sepan que no lo han hecho, porque mintieron al decir que todo sería tan fácil, que tendrían un estado independiente en la Unión y que sería el más feliz de los países. Sí, mintieron. Afortunadamente este proceso se ha basado en mentiras, propaganda y mucha manipulación mediática en lugar de tiros.

Retomando el hilo, sí, es cierto: el separatismo ha perdido la batalla. Qué duda puede caber. En realidad ninguno de los dirigentes del “procés” pensaba que las cosas serían muy diferentes a como están siendo. Puede que sí alguno de la CUP o el mismo Puigdemont –que lo ha hecho rematadamente mal, por cierto- dudaran de que el gobierno nacional utilizaría, si no había otro remedio, el famoso 155. O lo que fuera. Pero no tenían dudas en el Pdcat donde el presidente no cuenta con las bendiciones de muchos de sus dirigentes. En este partido siempre ha habido absoluta claridad mental al respecto del objetivo a perseguir. “Claro que no habrá referéndum propiamente dicho, claro que no habrá independencia y claro que tendremos consecuencias negativas, pero obtendremos a medio plazo un mejor Estatuto y nos hemos asegurado que la cuestión catalana siga viva por muchos años”, me explicaba –la cita no es literal pero ése es el fondo- antes del 1 de octubre un nacionalista bien conectado con las alturas de la ex Convergència. Ahí está la clave de todo.

Al contrario de lo que ocurre en Valencia y en Baleares, donde la sustitución cultural debido a los aludes de inmigración han castellanizado tanto la sociedad, en Cataluña la guerra -por seguir con símil bélico- la está ganando el catalanismo y sobre él el nacionalismo ha erigido su hegemonía política y electoral. El “procés” ha convertido todo el nacionalismo en separatismo. Ha perdido aparentemente esta batalla, sí. Pero la guerra le va la mar de bien. Barcelona ha conseguido que la cuestión catalana se haya internacionalizado, cuando pase la tormenta actual va a obtener más autogobierno para la Generalidad y por ende ha conseguido una ventaja estratégica respecto a Madrid, porque en la próxima arremetida para alcanzar la secesión tendrá más eco internacional, más fuerza parlamentaria, más experiencia sobre qué no hacer y qué sí y más poder institucional que Madrid le va a dar. Y en buena parte todo será gracias a la derrota de esta batalla.

España y Baleares sin Cataluña

07

10 2017

Se habla día sí y día también sobre qué pasaría con una Cataluña independiente. De si tendría recursos suficientes o no para funcionar como un Estado serio. Para unos esto es un imposible y el nuevo país acabaría siendo un desastre económico y un drama social. Para otros sería poco menos que el paraíso con dinero de sobras y felicidad general. Quién sabe. De lo que nadie parece preocuparse es qué pasaría con la España que quedaría. Y a efectos regionales nuestros, qué pasaría con Baleares.

De entrada cualquier país que sufriera la amputación de un 19% de su PIB, como sería el caso, recibiría un golpe brutal a su economía en general y a sus presupuestos sociales en particular. Para hacerse una idea: Venezuela, gracias a la gran gestión de ese estadista universal que es Maduro, liquidó un 18% de su PIB en 2016, con el resultado por todos conocido. Si bien es cierto que ese pobre país rico ya venía de caídas grandes en años anteriores debido a la ineficacia corrupta del neo comunismo en forma de populismo que lo destroza desde hace tiempo, el golpe de casi un quinto del año pasado significó un golpe terrible y hundió el sistema de asistencia pública a la población más necesitada. No sería lo mismo en España, por supuesto, porque la situación de partida no puede compararse, pero la pérdida de casi un 20% supondría que quedarían en riesgo de, como poco, disminución severa las pensiones, la sanidad universal y la educación tal y como las conocemos.

Pero, claro, no es creíble que se fuera Cataluña y el País Vasco no le siguiera a corto plazo: un 6% del PIB. O sea que ya nos pondríamos más o menos con una derrama del 25%. A lo que en caso de añadírsele el casi 2% de Navarra, nada menos que España perdería el 27% de las aportaciones a su PIB. Entraríamos entonces en un nivel de drama que debería catalogarse de simplemente como catastrófico.

En esas circunstancias, sobre las regiones económicamente más dinámicas caería la responsabilidad de intentar evitar la ruina. ¿Adivinan el resultado? En efecto: más impuestos para todos pero en especial para nosotros los baleáricos, no en vano somos la región en la que más actividad económica relativa –en relación a la población- existe, lo cual queda en evidencia por el crecimiento que vamos registrando en estos últimos año, en el aumento de población por la inmigración…

En resumen, al margen de lo que cada cual piense sobre si Cataluña tiene o no derecho a independizarse y de qué pasaría con ese nuevo potencial Estado, lo más relevante es el enorme golpe que recibiría la economía española. Por eso nunca España dejará partir a su 19% del PIB. Al menos, sin que medien muchos muertos.

Madrid da la victoria al independentismo

23

09 2017

Cuando los independentistas catalanes aprobaron en el Parlamento del Principado la aberración antidemocrática de la convocatoria del referéndum perdieron toda razón que pudieran tener. Y la tenían, en origen. Porque las excusas de Mariano Rajoy para no permitirles la consulta fueron y son simple y llanamente mentira: la Constitución no prohíbe en ninguno de sus artículos un referéndum consultivo en una región para que sus habitantes opinen sobre lo que se quiera preguntarles. Podría haberse pedido a los catalanes sobre si quieren ser o no independientes. Pero Madrid sigue estando enfermo de los tiempos en que no se ponía el sol en su imperio. No quiso hacerlo. Rajoy no es David Cameron, ni el PP el Partido Conservador y Unionista (que este es su nombre oficial) británico ni el Reino Unido es el triste reino español. Si nuestra realidad fuera homologable a la democracia de allí, Rajoy hubiera asumido lo que explicó el primer ministro ante los Comunes: “puedo no aceptar el referéndum (escocés) porque es ilegal pero la democracia está por encima de las leyes”. A ver si en Madrid aprenden qué es democracia.

No obstante esta evidencia, que Madrid no tenga razón no se la da a Barcelona. Y en el momento en que en ésta se produjo la aberración de convocar el referéndum sin ninguna de las tres garantías esenciales previas que avalan una consulta democrática –censo público conocido con suficiente antelación para ser rectificado si fuera el caso, reconocimiento de la capacidad de convocar la consulta por parte de todas las fuerzas políticas del territorio y control judicial de todo el proceso- el gobierno de Rajoy obtuvo la victoria para sus tesis. Todo un regalo de los separatistas. Lo único que tenía que hacer era mostrarse frío y cerebral, dejar hacer el espectáculo a los secesionistas y actuar en consecuencia a partir del 2 de octubre, con la dureza legal que quisiera pero con tranquilidad.

Sin embargo lo ha hecho al revés. Nadie sabe exactamente qué fue ni cómo, aunque se puede sospechar, pero pocos días después de la aprobación del referéndum algo pasó en Madrid. El PSOE mudó de atacar al gobierno a apoyarlo y Rajoy dejó atrás sus respuestas proporcionales para desproporcionar la contestación del Estado. Y así vino el gran, enorme regalo a los soberanistas: políticos en sus despachos detenidos por la política que llevan a cabo –una imagen terrible en una democracia, que no se ha producido en ningún otro país europeo, ni en Estados Unidos, ni en Canadá…-, movilización de un ejército de policías para ocupar las calles de Cataluña, despojamiento a la Generalidad del control de su policía por decisión gubernativa, ataques cibernéticos, propagación de argumentarios al estilo de las consignas de las dictaduras contra los disidentes… Sí, los independentistas mienten, usan TV3 a su antojo… pero cuidado: en una disputa el que tiene mayor poder es siempre el que es más responsable –sea cuál sea el origen de la discusión-, el que debe evitar los males mayores y quien, de no hacerlo, es el culpable principal de las consecuencias: no debería olvidarse.

Se ha equivocado Madrid al imponer la mano dura, por mucho que esto haga aplaudir a todos los medios de la capital con la excepción de los dos digitales izquierdistas que existen y de la televisión del cutre espectáculo pseudo izquierdista, por supuesto. Se ha equivocado porque de esta manera Rajoy ha dado la comunión certificadora de la profunda división irremediable entre el independentismo –nacionalista y no nacionalista- y el constitucionalismo en Cataluña. Ha roto los puentes. Y lo que es peor para España. Es lo que esperaban, deseaban, anhelaban con desespero los separatistas que hiciera.

De esta manera la Cataluña secesionista ha ganado la batalla de la imagen internacional y aunque pierda la batalla del referéndum habrá generado una acumulación de fuerzas, vía la absurda y estúpida reacción del Estado central, que políticamente fortalecerá como nunca al independentismo que se verá dispuesto a plantear el segundo asalto en un futuro -ya lo preparan- no muy lejano con, entonces sí, alta probabilidades de éxito final.

El desaguisado antidemocrático en Cataluña

07

09 2017

Al final ha habido lo que los dirigentes de las dos partes querían que hubiese. Un enfrentamiento institucional insólito. Se hubiera podido evitar. Pero ya está hecho. Ha pasado y las cosas en las próximas semanas van a empeorar. Y a las dos partes les interesa.

En efecto, Mariano Rajoy y el PP hubieran podido negociar políticamente con los independentistas -¿acaso no lo hacen con los vascos?- a lo largo de los últimos cinco años para rebajar la tensión y buscar ámbitos de acuerdo para que en el futuro se pudiera llegar a un acuerdo sobre un referéndum que la Constitución no impide. Es mentira que lo haga. El gobierno puede convocar una consulta -esto sí, no vinculante- en Cataluña sobre si quieren ser independientes. Y para hacerlo podría haber negociado, pongamos por caso, que se hiciera a medio plazo y con todas las garantías. No hubiera pasado nada, más allá de los aullidos amenazadores de la ultraderecha. Pero el PP no quiso. Porque le interesa mantener viva la polémica. Por la misma razón que la creó con su destructivo recurso al Constitucional contra la reforma del Estatuto catalán: porque le da votos en el resto de España.

La otra parte no está libre de culpas. Es cierto que un demócrata no puede oponerse a la voluntad  expresada por la mayoría -debidamente creada, como es el caso catalán- de los representantes de los ciudadanos de una parte de un territorio, aunque sea la de desgajarse del país al que pertenece. El ejemplo de Escocia -legalmente parte del Reino Unido “para siempre”, según se lee en el Acta de Unión de 1707- es válido: se podría haber argüido esta ley para impedir el referéndum escocés y sin embargo el primer ministro británico, David Cameron, explicó ante los Comunes que ninguna ley puede estar por encima de la democracia. A ver si en Madrid aprenden. No obstante, esto no significa que Barcelona sea inmaculada. En el fondo Puigdemont y sus muchachos usan también el “proceso” tácticamente. Para crear la máxima tensión política posible a costa de la ley -y esto no es lo mismo que lo dicho antes, aunque algunos no tengan cerebro para entenderlo- con la intención de ir a las futuras, no muy lejanas, elecciones de la mejor forma posible para sus intereses.

El resultado del empecinamiento de las dos partes es el que tenemos. Un problema morrocotudo.

Y finalmente: estar al margen de las dos partes exaltadas no es equidistancia sino sentido común democrático y por ende aceptar que se puede hacer un referéndum de separación de España, diga lo que diga la Constitución -siguiendo el ejemplo de Londres que convocó el escocés-, pero no puede hacerse sin las garantías democráticas que la comunidad internacional -tal y como se reconoce incluso en el informe de la Comisión de Venecia, muy favorable a los nacionalistas- ha exigido siempre -el último caso, en Colombia para el de la paz con la guerrilla- como previas a cualquier evaluación del mínimo de participación válida, de cómo ha de ser la pregunta, etc.: uno, que quien convoca debe ser una autoridad a la que se le reconoce esta capacidad por parte de todas, o la inmensa mayoría de, las sensibilidades políticas diferentes que existen en el territorio; dos, que se hace con el censo conocido previamente con el tiempo suficiente para ser, si fuera el caso, depurado y rectificado por el cuerpo electoral; y tres, que la autoridad que supervisa todo el proceso debe ser judicial. Ninguna de las tres concurre en Barcelona.

Así que, en resumen, no todo se pierde por el mismo lado y cada parte tiene su alícuota porción de culpa en este desaguisado que han montado Madrid y Barcelona. Y ahora a ver cómo nos salimos de esto. No será fácil.

Atentados en Cataluña, no en España

22

08 2017

Me dicen que entre los enviados especiales de medios de comunicación extranjeros a Barcelona para cubrir los atentados ha impactado de lleno la “realidad catalana” enfrentada a la española. Sin duda hay que reconocer que la gestión mediática y política por parte de la Generalidad catalana ha sido excelente, para sus intereses. Si quedaba algún medio internacional que no supiera de sus aspiraciones separatistas, tras estos días ya lo tiene la mar de claro. En especial debe tenerlo el del periodista maleducado que se fue de una de las ruedas informativas porque no se hablaba de buenas a primeras en español. Como si hacerlo en segundo lugar, después de en catalán, fuera una ofensa. ¿De donde debió salir ese incivilizado ignorante?

En efecto, la Generalidad ha conseguido en estos días desdibujar absolutamente la presencia de España en Barcelona, si es que todavía quedaba algo de ella. Ni siquiera el intento de traerse a velocidad desesperada -a saber de qué ignoto y lejano lugar de vacaciones- al Borbón, y más tarde a su consorte -y herederas-, ha servido de mucho. Y por cierto: vaya metida de pata la del comunicado en tuiter de los servicios de propaganda de la Casa del Rey, propio de cualquier primario e inculto Trump y no de un jefe del Estado europeo al que se le supone una mínima capacitación para el cargo, más en su caso dado que no es electo y por ende ha podido dedicarse a prepararse para él toda la vida.

Las ruedas informativas con el catalán como lengua primera –como debe ser-, ausencia absoluta de bandera del país a desgajar –excepto cuando Rajoy aparecía para nada decir-, dirección técnica total y general de la investigación y de la matanza de terroristas a cargo de los Mossos de Esquadra y no de los cuerpos armados españoles, separación de víctimas “catalanas y de nacionalidad española”, voluntad expresa –conseguida- de marginación de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, dirección política de la actuación policial en exclusiva por parte de la Generalidad, utilización política del asunto mucho más efectiva y eficiente para la causa separatista que para la unitaria… Y en el colmo de la evidencia de la humillación a España, el inútil ministro de Interior que fue rectificado en público por un cargo menor de los Mossos –sobre la finalización de la investigación- y acto seguido los hechos le dieron la razón a éste, algo impensable en cualquier otro país y por lo cual los enviados especiales internacionales alucinaban, con toda la razón.

En definitiva, la gestión de los atentados de Barcelona ha servido para –aparte de matar terroristas al estilo francés y británico, sin complejos de ningún tipo, no como ocurre en España- para que la parte del mundo que no sabía que Cataluña quiere ser un estado independiente ahora lo sepa y, lo que es peor para la españolidad unitarista, que muchos se han dado cuenta que tiene empaque suficiente para serlo.

Arran, turistas, políticos y la saturación

12

08 2017

Los actos contra el turismo que protagonizan este verano las juventudes de la CUP, Arran, no pasan de ser anécdotas. Será por la falta de noticias que los medios les dan una importancia y cobertura que no tienen ni merecen. Fíjense: Arran en Baleares tiene apenas 20 miembros. ¿En serio alguien puede preocuparse por lo que haga un grupo tan reducido de entusiastas jóvenes? ¿De veras vale la pena montar operativos policiales para identificar a su “cabecilla” –por cierto, para información de la Delegada del Gobierno, María Salom, que talmente dijo: Arran no tienen dirigentes, son todos a una y pueden serlo por ser tan pocos- con la intención de multarlo? ¿No sería más provechoso para el conjunto social que los agentes se dedicaran a su trabajo en vez de perder el tiempo en estas chorradas?…

Además, lo de estos chicos no deja de ser una llamada de atención sobre el serio problema de la saturación turística. No sólo pasa aquí, tal cosa. También la padecen en Barcelona, Roma, Venecia, Dubrovnik… y cada vez hay en estos sitios, y otros, más muestras de descontento popular. Es un fenómeno que se va extendiendo progresivamente, a medida que el número de turistas crece y crece y crece. Según los datos de la Organización Mundial del Turismo en 2016 se produjeron 1.200 millones de movimientos turísticos internacionales y en 2020 la previsión espera que sean 1.600. De los cuales la mitad europeos. Cabe suponer que una buena parte de esos aproximadamente 600 millones de movimientos internaciones europeos actuales buscan el Mediterráneo durante el verano. Así que el problema de hacer frente a esa masa no es de Palma, ni de Mallorca, ni de Ibiza, ni de Baleares… sino es cada vez más global en el sur de Europa.

Ante un fenómeno así, tan masivo, los intentos de acabar con la saturación que pergeña falsamente el Govern, como con la ley de pisos turísticos, no van a servir de nada, es como intentar vaciar el Mediterráneo sacando el agua cubo a cubo. Lo mismo pasa con la metafórica caza al turista de Arran. Con la diferencia que mientras a estos chicos no se les tiene porqué exigir conocimiento de causa a nuestro Govern, y por extensión a todos nuestros políticos, por supuesto que sí. Y ahí radica el problema, ésta es la cuestión. Que actúan como si no lo tuvieran.

Lo primero que se debería sería debatir si de veras existe un problema de saturación turística y cuál es su alcance y magnitud, porque ni siquiera está claro que se dé con la gravedad que algunas voces pretenden, como las del GOB, Podemos, parte de Més y resto de apocalípticos izquierdistas. Si es que no, pues ancha es Castilla. Si sí, a la sazón hay que tomar medidas. Medida, más bien. Sólo hay una posible: impuestos. Aumentar muchísimo la ecotasa y crear nuevos gravámenes a todo tipo de empresas relacionadas con el turismo y así se encarecerá tanto la oferta que se contraerá la demanaen y en cuestión de un par o tres años volveremos a tener unos 10 millones de visitantes extranjeros, que es un límite razonable, según dicen algunos con pretensión de expertos. Ahora bien, también –debe recordarse- cabe armarse de valentía porque pasar de 13 millones de turistas extranjeros en 2016 a 10 millones en ese supuesto futuro supondría una pérdida de muchos miles de puestos de trabajo. Si se habla en serio del límite turístico hay que asumir ese coste. Si no, sigamos como hasta ahora, quejémonos, no hagamos nada y perdamos el tiempo fijándonos en Arran y otras anécdotas veraniegas.

Feixina, toros, autopista y REB

24

07 2017

Nuestro Govern, presidido por Francina Armengol, sigue transitando sin hacer nada espectacular y confiando en que los que se activaron contra el PP en 2011 le basten para repetir en 2019. Es mucho confiar. Porque pasados dos años del alumbramiento del tercer Pacto de Progreso –lo que ellos llaman Acuerdos por el Cambio- poca chicha nos da este gobierno y en general todo el Pacto.

El ayuntamiento de Palma ha conseguido que los servicios de limpieza organizados por el gobierno consistorial del PP, que más o menos funcionaban, se hayan convertido ahora en una fuente inagotable de problemas para los ciudadanos, con quejas continuas por doquier. Es verdad que la ciudad ha crecido desordenadamente y que se hace lo que buenamente se puede, pero poco esto importa al ciudadano medio que ve cómo se ensucia más que nunca y que apenas se da abasto para limpiarla –en especial en lo respecta a la tristemente famosa recogida de trastos-. Los políticos de PSOE y Més capitalinos hablan de no se sabe qué “modelo de ciudad” que están “implementando”, que nadie ve y que seguramente sólo les importa a ellos y a sus fieles. Han hecho cosas bien, qué duda cabe, pero para su desgracia de estos dos años relucen mucho más las carencias, que no son pocas, que los aciertos. Entre estos últimos se cuenta sin duda la voluntad de derribar el mamotreto fascista de Sa Feixina, pero suponiendo que lo consigan es de esperar que no se engañen pensando que justifica un solo día de gestión.

En el Consell de Mallorca estos dos años han servido para poner a punto las obras de la prolongación de la autopista de Palma-Llucmajor hasta Campos. Los mismos que se manifestaban contra el primer tramo, realizado por el Govern de Jaume Matas, ahora perpetran el segundo. No cabe añadir nada más.

Y el pacto del Govern, entre que no tiene apenas dinero para nada y que les gusta más a sus miembros una pelea que una buena comida –como han demostrado, y van…, con la grotesca reforma de la ley del Turismo-, ya no tiene ánimo para nada más que hacer aprobar lo de los toros que el Constitucional dejará en nada y exigir el famoso REB –Régimen Especial de Baleares- a Madrid, una tontería como cualquier otra para ir perdiendo el tiempo, no en vano esa ley existe desde 1998 y nunca se ha cumplido, igual que pasará con lo que sea que alumbre Armengol ahora.

Si no fuera porque en el PP cada día son más los que piensan en cargarse a Biel Company, el resultado de las elecciones de 2019 estaría cantado.

Sa Feixina, el fascismo, su Cruzada y su Victoria

15

07 2017

El horroroso mamotreto de Sa Feixina es tan fascista que incluso lo es el apelativo de la plaza que le da nombre. Es curioso que nadie parezca reparar en ello. Es más: en Palma no hay sólo esa plaza sino también una calle igualmente llamada. Curiosamente se salvan de todas las depuraciones de nombres franquistas. Y más claramente fascista es imposible. Porque es incluso filológicamente fascista. En efecto, una ‘feixina’, fajina en castellano, es un conjunto de haces de leña delgada. Lo que en italiano se le llama ‘fascio’, que viene del latín ‘fasces’, y de ahí proviene la palabra fascismo. Así que no fue por casualidad que a la plaza se le llamase de esa forma, ni lo es tampoco que fuera precisamente en ese lugar donde se erigió el monumento ensalzador –talmente lo exigían las bases del concurso para construirlo- del Movimiento Nacional encabezado por Francisco Franco. Y la importancia política de la cosa no acaba ahí. El presidente del concurso para decidir qué proyecto se realizaría fue un almirante que conspiró en El Ferrol –después ‘del Caudillo’- en el 36 contra la democracia. Tampoco es baladí que el dictador, hombre que no era dado a mucho viajar porque tenía miedo de ser objeto de un atentado, se trasladase de su seguro Madrid a Palma en 1947 para inaugurar el monumento a su régimen.

Valgan estos recuerdos para dejar claro que la “contextualización” de 2010 no sirve de nada. Los monumentos no pueden ser exorcizados. No existe ninguna posibilidad de darle un sentido diferente al que tienen cada uno de los centímetros cúbicos de Sa Feixina. Es puro fascismo. En todos, en cada uno de ellos y en la multiplicación simbólica de su conjunto. Es como el Valle de los Caídos. Y no, no es como las pirámides o los monumentos parisinos napoleónicos, que tanto les gusta poner de ejemplo a los estetas como argumento de preservación. La diferencia es que los damnificados por los faraones o Napoleón no existen. Mientras que los damnificados por los orgullosos constructores de Sa Feixina se cuentan por muchos miles. Mismamente: los familiares de los enterrados en la fosa común de Porreras, asesinados –no ejecutados por una ley injusta pero ley, no: asesinados- por los fascistas.

Si alguien de buena voluntad duda del carácter fascista indeleble de Sa Feixina, pregúntese por qué los familiares de los asesinados por el régimen fascista no se cuentan entre los defensores del monumento fascista. ¿Lógico, no? Pues eso.

Sa Feixina, en fin, debería caer. Debería haber caído hace décadas. Destrozada por un bulldozer. Y sanseacabó. Sin embargo la izquierda evanescente que nos gobierna ha preferido dar largas y más largas, liándose ella misma hasta el punto que lo que ya no debería existir acabará en los juzgados y por tanto seguirá en pie, a saber cuánto tiempo más, glorificando su Cruzada y, sobre todo, su Victoria.

El referéndum de independencia catalana

28

06 2017

Da la sensación de que en Madrid se confunden de objetivo. Si quisieran asegurar la unidad de España para el futuro deberían plantear algo más que la decisión de impedir el referéndum secesionista catalán. Supongamos que en efecto lo abortan. Bien, vale, ya está: ¿y el día después? ¿Acaso creen que el problema político, enorme, se habrá solucionado? Hay que ser muy zopenco para suponerlo.

El independentismo catalán ha desbordado estos últimos cinco años los pequeños recipientes sociológicos en los que tradicionalmente cabía, e incluso le sobraba espacio. Ahora el separatismo es transversal ideológica, política, lingüística, cultural, social y económicamente. Lo hay de izquierdas y derechas, de nacionalista y no nacionalista -por raro que parezca, ilustres secesionistas lo son sin pasar por la fase nacionalista-, de activistas políticos y de activistas -si acaso- del pasotismo, de catalanohablantes y castellanoparlantes -por mucho que éstos, es verdad, sean minoría, pero existen-, de nacidos en Cataluña y en España así como en países extranjeros, y, sobre todo, abrazan el independentismo desde los señoritos de alta condición hasta los hijos de los barrios más deprimidos. Con estas características del movimiento, que trasciende, y por mucho, a los dirigentes de los partidos y asociaciones separatistas, es de una ingenuidad rayana en la idiotez fantasear con que impidiendo el referéndum ya está todo hecho.

Se evitará la consulta, puede que sí, pero acto seguido se tendrá una convocatoria de elecciones en clave, de nuevo, España o independencia. ¿Saben ustedes quiénes van a ganar, verdad? Pues eso. Estaremos en las mismas. Con el añadido, nada baladí, que durante la primera -la presente- fase de la separación, el separatismo habrá conseguido una complicidad internacional nada desdeñable, no sólo, aunque también, por lo que supone el editorial de The New York Times del otro día, sino, sobre todo, por esas puertas que discretamente se abren a los embajadores de Barcelona en Londres, Roma, Moscú, Washington… Sí, no son reuniones oficiales, y desde luego no con primeros espadas diplomáticos. Pero existen.

En cinco años, sólo cinco, el independentismo ha conseguido que en todas las capitales del mundo se sepa que la mayoría de catalane -según recoge la representación parlamentaria del Principado- quieren separarse de esa España que no les quiere dejar votar democráticamente sobre si quieren seguir siendo españoles o no. Sí, ya, desde aquí muchos discuten ese derecho a votar tal cosa, pero lo cierto es que ahí afuera así lo creen.

Y ante este panorama, ¿de veras alguien se puede creer que impidiendo el referéndum se termina el problema?