Archivos en ‘Política balear’.

La irrupción del ultraderechista Vox

14

12 2018

La intensidad con que el partido ultraderechista Vox ha irrumpido en el Parlamento andaluz ha dejado boquiabiertas al resto de formaciones. Tanto, que todavía no saben cómo relacionarse con el nuevo actor.

En el PP se niegan a tildar de ultraderechista al partido cuyo secretario general dice que el franquismo “fusilaba, sí, pero no con odio sino con amor”, que quiere ilegalizar a los partidos independentistas, que recupera el espantajo del nacionalcatolicismo, que se envuelve en la bandera al mejor estilo ultranacionalista, que se alinea con toda la ultraderecha europea… ¿Qué más necesitarán? En verdad lo saben perfectamente. El problema, su problema, es que necesitarán pactar con él. Por tanto…

En el PSOE ya dudan de si su inicial favor a Vox para perjudicar al PP fue una idea acertada o más propia de un bombero – ¿todavía puede decirse o la corrección política lo impide y acaso los hombres del fuego se me ofenderán? – y ven con terror como la mentira ultra anticatalanista se ha contaminado en ignorantes como Lambán y García-Page, presidentes aragonés y castellano-manchego, respectivamente.

En Ciudadanos miran a Vox… pues depende del día, a veces mejor y otras peor, pero eso sí, siempre de reojo.

Y en Podemos están la mar de contentos porque con los ultradechistas en juego sus dirigentes pueden fantasear con “frentes antifascistas” y demás retórica inflamada que tanto les gusta.

En realidad Vox es un partido típico de la neo ultraderecha europea. Como bien explicaban ellos mismos, nuestros ultras, cuando se creó – en febrero de 2017 – la internacional negra – con los franceses, húngaros, italianos, alemanes… – cada cual es ultra a su manera nacional. Aquí, a base de mucha caspa religiosa, ultranacionalismo, toros, anti inmigración y poco disimuladas ansias totalitarias. Y en lo que mejor se expresa esta demagogia ultra es en los detalles. Por ejemplo, al asegurar que en países como Francia y Alemania se prohiben los partidos independentistas, lo cual es mentira: en la Unión Europea se prohiben actos no ideas, O cuando dicen que ellos no son como los demás partidos porque sus representantes no son “profesionales” – según asegura a menudo la dirigente negra Rocío Monasterio – aunque su presidente, Santiago Abascal, lleve desde los 22 años viviendo de la política, o cuando ella misma miente con desparpajo, contra toda evidencia de los datos oficiales, que hay multitud de falsas denuncias de malos tratos a mujeres…

Vox es lo que ha sido siempre el fascismo. Mentira, demagogia y engaño. No es nada nuevo. Aunque se presente, eso sí, bajo unas formas modernas.

Dani Mateo, Hazte Oír y la libertad de expresión

23

11 2018

Existe una conexión evidente entre el caso de las persecuciones contra el humorista Dani Mateo y contra la conferencia de hace un par de semanas en Palma de Hazte Oír. Son sólo dos ejemplos entre otros muchos que se están produciendo en los últimos años en este país. Vivimos momentos de zozobra en la que los totalitarios,de derecha e izquierda, están avanzando en su cruzada contra las libertades en general y en concreto en contra de la de expresión, su primer objetivo a batir a base de intentar arrinconarla cada vez más.

Es irritante que la presión ultraderechista consiga  – de nuevo – que un juez abra diligencias por la actuación de un teatrero – que esto y no otra cosa es el humorista en cuestión – durante su espectáculo. Son estas cosas las que dan alas al movimiento negro que en España representa Vox. Salvando las diferencias entre los hechos, la saña con la que la ultraderecha ha perseguido a Dani Mateo por sonarse los mocos con la bandera española comparte su odio haciala libertad de expresión con la ultraizquierda que quería conculcar el derecho a expresarse de Hazte Oír en Palma.

El primer caso es otro de los derivados de la existencia de unos delitos aberrantes en democracia, como los que hacen referencia a la protección absurda de la Jefatura del Estado – a la que se trata como cuasi sagrada en lugar de lo que es, una institución política aunque su titular no lo sea por elección ni méritos sino por herencia –, a la de las creencias extraterrenales – de las ofensas contra las cuales casi siempre se concreta en una sola de ellas, la católica, qué curioso –, a los símbolos nacionales y a la persecución del enaltecimiento del terrorismo – que es el peor de los instrumentos contra la libertad de pensamiento – … Ninguno de estos delitos, por mucho que se mienta al respecto, tiene parangón en los países más democráticos, al menos no en la intensidad represora que aquí se perpetra y que fuera de nuestras fronteras – si se duda, léase las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos al respecto de decisiones judiciales españolas que se han rectificado: la quema de la foto de Borbón, por ejemplo – se considera incompatible con un régimen de libertades de veras. No sólo en Europa. Si algo así existiera en Estados Unidos – como servidor ya he argumentado otras veces – medio país estaría en la cárcel, con lo que le han dicho, y dicen, a Trump. Allí su Tribunal Supremo – envidia da – sentenció que la quema de la bandera nacional está amparada por la libertad de expresión. Fingir sonarse los mocos con la de aquí supone abrir diligencias judiciales. ¿Es que no vemos por el contraste la creciente putrefacción democrática que padecemos?

Pero si sólo fuera esto, pues, bueno, habría esperanzas de revertirlo. El problema, gravísimo, es que aquellos que dicen estar a favor de acabar con esta represión no es que no lo hagan, es que aumentan los instrumentos para perseguirla. Ahí está para probarlo ese delito de “odio” contra las minorías que se está intentando usar cada vez más de forma bastarda. Como lo intento la asociación Ben Amics contra Hazte Oír en Palma. Como si la derecha, e incluso la ultra, no tuviera derecho a la libertad de expresión. Pues la tiene. Aunque diga sandeces como las de Hazte Oír o destile, incluso, odio a la libertad de elección más íntima.

Ahora debería acabar citando la famosa frase –y repetida hasta el aburrimiento – de Winston Churchill sobre el derecho a expresarse como uno quiera y, sobre todo, reconociendo este derecho cuando no nos gusta lo que oímos, pero es que este político sólo fue una fachada creada luego de la Segunda Guerra Mundial a beneficio de la fantasía de haber ganado la democracia anglosajona el conflicto, cuando fue la dictadura soviética – otro ejemplo de cómo la propaganda puede convertir una obviedad en algo que no se note – la que derrotó a su hermano totalitario nazi. Así que me ahorro el esfuerzo. Prefiero acabar con la definición que hacía un amigo, ya hace mucho tiempo: “la libertad de expresión es vomitar al escuchar a un facha (sustitúyase, si place, por comunista), limpiarse la boca, contestarle y saber que el hecho de que les reconozcamos la libertad deasquearnos es lo que hace grande la democracia”. El mejor, con diferencia, de los sistemas políticos, como no dijo Churchill.

España, su justicia, la democracia y Europa

13

11 2018

El espectáculo del sistema judicial español no cesa. Dado que no le bastaba con los ridículos que está cosechando por Europa por sus decisiones y / o peticiones a tribunales de otros países y con la defensa cerrada al máximo nivel de los beneficios bancarios, ahora no rechista ante la ayuda que recibe por parte de los principales partidos del régimen para avergonzar a cualquier ciudadano– mediante la designación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGP J) – que desee la existencia de una justicia que no sólo sea independiente sino que, también, lo parezca.

La decrepitud del sistema judicial no es ajenaa la de todo el Estado. No obstante, por su importancia y trascendencia tiene una especial gravedad.

España tiene un déficit legal y judicial importante en relación a los países cercanos. Legal por la existencia de normas – la ley de Amnistía, las tipificaciones de delitos contra la ultra protección a la creencia católica, a la jefatura del Estado, los supuestos que persiguen con gravedad delitos de opinión relacionados con el terrorismo … – que gravan al disidente con tanto ahínco vengativo y voluntad ejemplarizante que no tienen parangón en otras democracias, y que por ello nos convierte en originales de forma harto incómoda para cualquier demócrata. Y tenemos asimismo un déficit judicial que se evidencia por el ridículo que ha hecho el Tribunal Supremo en los últimos meses en Alemania, Escocia y Bélgica, sin que nadie haya asumido la vergüenza y dimitido, y que sólo es el primer paso hacia la segura desautorización brutal que recibirá la justicia española en su conjunto –mucho peor que la recibida por lo del infame Arnaldo Otegui, que no es poca – cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentencie que si bien España es un Estado de Derecho algo tiene de torcido también; y al respecto la decisión de este tribunal por el caso Valtonyc sólo va a ser la primera de las que llegarán a medida que discierna sobre la delirante persecución de los líderes separatistas catalanes a base de un retorcimiento de la ley que provoca un daño infinito a la credibilidad de nuestra democracia.

En fin, que el espectáculo último, lo del CGPJ, no es más que un nuevo ejemplo de la triste situación del sistema judicial español.

El neofascista Vox perjudica al PP y favorece al PSOE

20

10 2018

Vox es un partido neofascista. Neo, porque se diferencia del fascismo clásico en que no explicita su naturaleza sino que la esconde bajo una pátina de modernidad populista. Es lo que hacen los nuevos fascismos en toda Europa, desde el Frente Nacional de Le Pen en Francia a la Unión Cívica de Viktor Orbán en Hungría, pasando por la italiana Liga Norte de Mateo Salvini. El fenómeno español es calcado a todos ellos. De hecho se coordinan y beben de la misma estrategia de penetración social: mensajes simples, recetas mágicas, poder estatal fuerte -con voluntad autoritaria, aunque nunca lo dicen-, xenofobia, ultranacionalismo… Se dirigen a las bases sociales menos formadas y más afectadas por la crisis económica y que no recuperarán nunca la posición socioeconómica que tenían antes de la misma, y que por ende están resentidas contra todos los partidos políticos democráticos.

Como todos sus colegas de esa verdadera ‘Internacional Negra’, Vox intenta disimular su condición ideológica travistiéndose de supuesto demócrata, e incluso algunos de sus dirigentes poco menos que se erigen en únicos defensores de la Constitucion. Sería de risa si no fuera tan serio. Eso sí, a pesar de la consigna de ponerse la piel de cordero de vez en cuando les sale el lobo de lo más profundo: como le pasó a Javier Ortega, el secretario general, cuando se grabó en video diciendo que el franquismo “fusiló, sí, pero sin odio, con amor” a los demócratas.

¿Por qué cala ahora el mensaje neofascista y no antes? Si pasaba en otros países era cuestión de tiempo que aquí pasara igual. Jesús Gil y Mario Conde lo intentaron, pero llegaron demasiado pronto. Ahora existen -como diría un marxista de libro- “las condiciones objetivas” para que cristalice. ¿Cuál ha sido el catalizador? Sin duda alguna la base socioeconómica comentada es fundamental a la hora de explicar el renacimiento negro, sin embargo también la actitud de Mariano Rajoy en relación al desafío independentista catalán se convirtió en un elemento que ha resultado clave para Vox, tanto por la entidad política de la cuestión como por su relevancia ideológica y llamativo simbolismo.

La incógnita ahora estriba en saber hasta qué punto puede hacer daño el desarrollo de Vox al PP. Es casi seguro que obtendrá representación al Parlamento Europeo, porque la circunscripción única se la asegurará en caso de que la actual intención de voto demoscópica se convierta en acto en urnas. Mucho más difícil lo tendrá en los comicios locales y autonómicos, si bien por Madrid podría asomar a la Asamblea y ayuntamiento capitalino. En la próxima cita electoral, en Andalucía, tendremos una visión más nítida del potencial erosivo de Vox. Pero el gran reto de la formación ultraderechista serán las elecciones generales. En ellas se lo jugará todo. Porque por mucho que obtuviera representación en el Parlamento Europeo si se quedase fuera del Congreso quedaría abortada. Para consolidarse, como cualquier otra formación, requiere de obtener al menos un diputado en las Cortes. Con él se puede ganar el futuro o no -el fascismo tradicional ya tuvo un diputado hasta 1982: Blas Piñar, de Fuerza Nueva, pero fue incapaz de desarrollar su proyecto-, pero sin él es imposible.

Y en este empeño tiene enfrente al PP. El gran objetivo ultraderechista es liquidar las opciones de poder de la derecha democrática. Sólo si consigue que el PSOE, con apoyo de Podemos y los independentistas, se mantenga en el Gobierno tendrá opciones de crecer a costa del partido derechista tradicional. Por eso se suele decir que si Vox tiene éxito -le bastaría más o menos un 4%-5% de voto- significará apuntalar en La Moncloa a Pedro Sánchez. Así es.

De momento los dirigentes conservadores no saben cómo enfrentarse a la eclosión fascista que amenaza con quitarles una bolsa de votos que sin ser muy grande puede resultar esencial. Porque Vox podría restarles suficientes sufragios en algunas circunscripciones que les supusieran -por la matemática electoral- una derrama significativa de diputados, sin que los ultras los sumaran sino que se irían a las otras formaciones . Con el resultado dicho:  la derecha quedaría condenada a la oposición durante un buen puñado de años. Como poco Vox ya ha ayudado a que el PP haya perdido su principal fuerza política y electoral: la unidad, la concentración del voto desde el centro hasta la ultraderecha bajo las mismas siglas. Perdió primero a los que le huyeron hacia Ciudadanos y ahora Vox le quitará otra parte.

Como le ha ocurrido al PSOE, que fue mordido por Podemos -una formación de ultraizquierda que alberga en su seno a comunistas de libro- el PP no tiene otro remedio que acostumbrarse a la nueva situación. Le costará y sin duda será dramático porque es un partido que lleva décadas mirando por encima del hombro a cualquiera que intentara toserle desde la derecha. El doloroso tránsito será largo y no ha hecho más que empezar. Pero no hay vuelta atrás aunque todavía algún ingenuo, como José María Aznar, sueñe con recuperar la unidad y que reverdezcan laureles pasados en forma de índices de apoyo del 35% o 40% del voto. No, esos tiempos no volverán.

 

 

 

Sánchez, el PSOE y los separatistas a la greña

12

10 2018

Los separatistas andan a la greña. ERC no se fía ni un pelo de Junts per Catalunya (JxC) y éste todavía menos de aquél. Y el PDCAT está dividido en dos, entre los que se sienten más de JxC que de sus propias siglas y los que piensan que es de sentido común alinearse con la estrategia de los republicanos. En Madrid, mientras tanto, el PSOE ha decretado la contención, que nadie dé por hecha la división independentista, pero los socialistas no son capaces de disimular la satisfacción que sienten, previa a la euforia, por la posibilidad, que ellos dan por – casi – inexorable, de que el bloque secesionista se rompa y, tras unas nuevas elecciones autonómicas en Cataluña, se pueda alumbrar un gobierno transversal – ERC, PSC, Colaus y quizás algo del PDCAT- que, piensan, reconduciría la situación a un estadio de conllevancia razonable, aunque no fuera una solución porque ésta, al fin y al cabo, no existe.

Hay que reconocer que el optimismo socialista se basa en una suposición del todo lógica. El único factor que puede impedir la independencia catalana -además del uso de la violencia- a corto o medio plazo es la ruptura del bloque separatista. Sólo así la liberación del país catalán quedaría suspendida hasta nueva orden – a cambio de un significativo incremento de la capacidad de autogobierno para la Generalidad -, la cual no llegaría pronta sin de forma tardía.

Si Pedro Sánchez lo consiguiese, está convencido que a la sazón el éxito le catapultaría a niveles de apoyo popular en las urnas que permitirían al PSOE dejar muy atrás la zozobra vivida durante los últimos años. Más aún por su política de solapar por la izquierda a Podemos. Entre una y otra se alumbraría, creen los estrategas de la rosa, una nueva fase de hegemonía que sin llegar a la de Felipe González, que fue de casi 14 años, se le acercaría en su longevidad. Tanto es así como que en Palma el PSIB confía a ciegas en ese éxito de Sánchez, convencido como está que arrastrará a parte de sus exvotantes -los que desde 2011 se fueron a la abstención y/o, más tarde, a Podemos- de nuevo al redil y que le darán cuatro años más de Govern, como poco.

El análisis se basa en la incapacidad -que, es verdad, ya detectan las encuestas últimas, al contrario de lo que todos creíamos que pasaría- del PP de Pablo Casado de remontar el vuelo, que el crecimiento de Ciudadanos ha tocado tope y que la irrupción de Vox debilitará el bloque derechista en beneficio socialista. Ergo el éxito catalán y la política nítida de izquierdas de Sánchez serán suficiente para, dada la fragmentación que existe a la diestra y Ley de Hondt mediante, subir como un tiro en el número de escaños.

Todo puede ser, sobre todo en política. Y hay que reconocer que lo que está ocurriendo en Barcelona y en Madrid en las últimas semanas parece dar razón a los estrategas socialistas y validar al análisis referido. Sin embargo, es todo tan frágil todavía que cualquier mínima desviación sobre lo previsto podría desbaratar de golpe las previsiones y el feliz edificio rosa – hoy sólo sobre planos teóricos – desmoronarse sin remisión.

Veremos.

España se va de Cataluña

22

09 2018

El periodista Antonio Casado se lo atribuye a Alfredo Pérez Rubalcaba: “lo malo no es que Cataluña quiera irse de España; lo malo es que España se está marchando de Cataluña”.

Rubalcaba es un tipo inteligente y sagaz, ni siquiera sus más acérrimos enemigos -que son legión- se lo niegan. Y por haber ocupado los cargos que ha detentado, por su estrecha -estrechísima- relación con los intrincados ejes del poder verdadero del Estado -no todos lo que ocupan importantes cargos acceden a ese poder- y por su gran capacidad de análisis la sentencia que ha dictado sobre la situación política en Cataluña debería hacer reflexionar. Aunque bien pensado a estas alturas ya no se sabe sobre qué se podría reflexionar ni quiénes deberían hacerlo. Porque la verdad es que cada vez va quedando más nítido que no hay nada que hacer, tal y como viene a decir Rubalcaba.

En estos momentos Pedro Sánchez es el único recurso real que tiene España de conseguir aplazar la secesión (sólo esto: aplazarla, nada más). Su libertad de actuación, al margen de principios ideológicos y de obediencias políticas, le confieren la capacidad de entenderse con el separatismo más pragmático con el objetivo de no provocar una escalada de acción-represión que se descontrole. Si lo consigue estaremos ante un mero acuerdo táctico para la parte catalana -para la sanchista sería estratégico, un golpe de efecto que espera que le permitiera ganar las próximas elecciones generales- que como precio se cobraría una autonomía todavía mucho más potente de lo que es ahora, lo que le serviría para fortalecerse y para asegurarse que en la próxima ocasión estaría en condiciones reales de tumbar al Estado en Cataluña, porque España ya no estaría de ningún modo en ella. Es el camino vasco: ir carcomiendo por dentro la españolidad para que cuando quede sólo el frágil caparazón romperlo sin apenas sacrificio. Siempre habrá algún sacrificio -no hay independencia unilateral sin sangre-, por supuesto, pero será mínimo. Y los independentistas lo saben. Y Rubalcaba también.

¿ Cuando será la secesión, dentro de 20 años, como dice Puigdemont? ¿Menos de 10 como creen los estrategas indepes más lúcidos?… No lo podemos saber. Pero sí conocemos algo del todo cierto: la unidad de España a largo plazo es cada vez para más españoles – “pues que se vayan”, “que no nos chupen más la sangre”, “adiós y a buscarse la vida”…- una ficción imposible de mantener, y no tanto es así por la actitud de los separatistas como por la increíble pero cierta deserción española en Cataluña. Por una o por otra razón el resultado va a ser el mismo.

La negociación Sánchez-Torra

10

09 2018

Cien días de Pedro Sánchez. Cien días de relación con Quim Torra. Poco tiempo para extraer concluciones. Sin embargo algo se ha movido respecto al páramo que eran antes las relaciones institucionales entre los gobiernos de Madrid y Barcelona.

Los hay que se fijan sobre todo en la propaganda de cada parte, en los discursos respectivos, en las puestas en escena… y no se puede negar que en política todo ese aspecto formal es importante para evaluar cómo se relacionan dos partes en debate o disputa. No obstante, no estamos ante dos gobiernos normales. Uno es fruto de las consecuencias de haber retado a la legalidad constitucional -nada de golpe de Estado, lo que hubo fue una desobediencia absoluta parlamentaria y ejecutiva a la ley, pero no una ruptura por la fuerza de ésta, no es lo mismo- y el otro fue posible debido a una moción de censura, vía de acceso al poder insólita hasta el momento en España. Ambos son, por tanto, excepcionales -al menos en la primera acepción de la palabra: “que se aparta de lo ordinario, o que ocurre rara vez”- y por ende sus circunstancias no tienen nada que ver con los antecesores de ninguno de los dos. Es en este sentido que no son normales. Y para el caso que ocupa este análisis, el hecho de no ser normales invalida cualquier pretensión de analizarlos como si lo fueran. Por tanto es imprescindible arañar más allá de lo que emiten para intentar dar con algo que sea más consistente y permita obtener si no conclusiones -pues es muy pronto para ello- sí al menos conocer destellos de cómo van sus relaciones.

Y en esa pretensión de estudio de cómo se relacionan Madrid y Barcelona hay dos destellos que no pueden pasarse por alto. Las reuniones secretas y que bajo tanta pasión discursiva no ha habido más pasos ilegales.

En efecto, desde la reunión entre Sánchez y Torra ya son al menos cuatro ministros españoles y otros tantos consejeros catalanes los que se han visto en secreto. Se han conocido estos encuentros a posteriori pero en ningún caso se ha podido saber sobre qué negociaron. Cuando se consigue ese secretismo es porque ninguna de las dos partes negociadoras filtra, y esto pasa raras veces y sólo quiere decir una cosa, con absoluta seguridad: que ambas quieren llegar a un acuerdo. Lo cual es nuevo, importante y muy positivo. Recuérdese que con Mariano Rajoy en Madrid y Carles Puigdemont en Barcelona se rompía bien a posta cualquier atisbo de diálogo, mismamente el que intentó el PNV, que pudiera amenazar, por remoto que fuera el peligro, el feliz enfrentamiento. Ahora las cosas, por ese lado, son muy diferentes.

También contrasta con la fase anterior que la parte del enfrentamiento que tiene sobre sí la carga de la prueba, Barcelona, no ha vuelto a realizar ninguna acción ilegal y que por mucho que se revista de grandilocuencia rupturista de momento se conduce con prudencia negociadora. Lo que contrasta tanto como el negro sobre el blanco con la actitud del anterior jefe de ese gobierno regional.

¿Quiere todo esto decir que habrá un acuerdo? No. Pero sí quiere decir que se intenta. Que ya es mucho.

Sánchez, Franco y el Valle de los Caídos

26

08 2018

 

Acabando el mes de agosto y con septiembre a punto de iniciarse vamos enfilando hacia los primeros cien días de Pedro Sánchez al frente del Gobierno. En este tiempo -durante el cual se supone que los nuevos responsables institucionales muestran sus credenciales a los ciudadanos- el presidente del Ejecutivo no ha decepcionado. Ha trasladado con absoluta fidelidad su manera de hacer política en la oposición a la forma de gobernar el país. Todo en él son clichés propagandísticos, destellos de ideas nunca desarrolladas, principios que se multiplican y contradicen a conveniencia en función del único objetivo: aguantar en La Moncloa cómo sea, con quién sea que le apoye para conseguirlo y a costa de lo que sea. Nada diferente en su esencia a Mariano Rajoy, podría aducirse. Y sin duda es así. Rajoy prometía bajar impuestos y los subió más que nunca, aseguró mano dura con el nacionalismo y pactó con el PNV el adelgazamiento definitivo de España -lo poco que queda de ella- en el País Vasco… Así que no hay que tener vanas esperanzas. Ni el PSOE será jamás una alternativa ideológica al PP ni viceversa, ni Sánchez hará olvidar a Rajoy… y lo que podría resultar mucho peor: a ver si nos convierte a Zapatero en un gran estadista. 

Si algo queda claro de estos cien días es que Sánchez intentará aguantar con pactos de todo tipo con Podemos y con los independentistas catalanes -el apoyo de los separatistas vascos del PNV ya lo tiene comprado a buen precio-, pero ni así se asegura del todo poder gobernar de veras, además de aguantar en la cómoda silla. Bien podría ser que, como Rajoy durante dos años, no pudiera más que vegetar en La Moncloa. Conocedor del riesgo, el presidente ha intentado en estas semanas iniciales ofrecer mucho aparato de imagen, tal y como ha hecho con la política de inmigración, y centrarse en la venta de lo más ideológico que entiende que puede ofrecer a su parroquia: Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de (su) Dios.

Que el qué hacer con el polvo del dictador sea lo más tangible de la política desplegada por el Gobierno de Sánchez en estos cien días da el tono exacto tanto de la capacidad del presidente como de la seriedad de su gestión. Ahora bien, que este asunto sea una especie de revival interesado por parte de Sánchez -de lo que no cabe ninguna duda- no sella ningún derecho a mantener el Valle de los Caídos como el mausoleo a posta del dictador. No existe parangón. No hay monumento funerario de Hitler en Alemania, ni de Mussolini en Italia, ni de Stalin en Rusia… No debe haberlo de Franco en España. Que la extracción de los restos del dictador sea políticamente interesada y que tenga tanto el aspecto de cortina de humo no la convierte en menos justa.

Sánchez, Armengol y el famoso REB

14

08 2018

La breve visita de obligado cumplimiento de Pedro Sánchez a Palma, para departir con Borbón sobre no se sabe muy bien qué, culminó estas vacaciones con el desplazamiento a la sede del gobierno regional, donde su compañera de partido, Francina Armengol, trabaja desde junio de 2015. Todo fueron sonrisas y buen rollito, como es norma en este tipo de encuentros protocolarios que no tienen un orden del día ni, mucho menos todavía, intención de concretar acuerdo alguno.

Por eso mismo, por no tener razón de ser más allá del encuentro en sí mismo, sorprendió que nuestra jefa de gobierno se desmelenara con una valoración política de la visita según la cual ambos ejecutivos trabajarían a partir de ahora con denuedo en la consecución del archi famoso REB, o Régimen Especial de Baleares. Talmente como si hasta la fecha no hubiera hecho nada de nada al respecto, lo cual es cierto y deja la confesión como un desliz de insólita sinceridad tratándose de políticos.

¿Cabe confiar en que el Gobierno nacional de Sánchez sea más sensible al REB que el de Mariano Rajoy?

La experiencia aconseja mucha prudencia. Más todavía: escepticismo. Sobre todo porque tal y como se plantea en Palma el régimen de privilegios susodicho es un imposible legal. Ni la Unión Europea (UE) lo aceptaría jamás ni tampoco en el Congreso sería posible aprobarlo. Recuérdese: la UE acepta privilegios fiscales nada más que para las regiones llamadas ultraperiféricas, la más cercana de las cuales es Canarias, a casi 1.000 km del Continente; de broma es suponer que las Baleares, a 200 km, puedan caber en el cesto. No menos importante es la falta de apoyos parlamentarios que tiene el PSOE -si es que de veras el partido federal quisiera aprobar los privilegios isleños- para sacar adelante una ley sin sentido de discriminación objetiva de una región rica para serlo más en relación a las pobres de España. Una reivindicación típica del nacionalismo que en Madrid desdeñan aunque se la tragan cuando se trata de Cataluña y País Vasco porque a la fuerza ahorcan, pero como todos sabemos no es nuestro caso.

Por estas razones Sánchez no quiso comprometerse a nada en Palma. Excepto a ese siempre recurrente, en boca de políticos, “trabajar” sin descanso en pos del objetivo, un deseo tan sincero como cuando anuncian una comisión de estudio para equis cosa y la cosa queda así condenada a dormir el sueño de los olvidados por siempre jamás.

Otra cosa es que como Armengol necesita con desespero algo que pueda parecerse, aunque sólo sea en el nombre, al REB, acepte al final lo que Sánchez quiera darle, que no puede ser ni privilegio fiscal ni mucho menos obligaciones de inversión del Estado en la región. Y al respecto de esto último conviene conocer que la justicia ya ha dictaminado que una ley, ni siquiera una orgánica como es un estatuto de autonomía, no hablemos ya de otra común, como sería el caso, no puede obligar a inversiones concretas del Estado en una región pues éstas deben canalizarse a través de convenios bilaterales firmados ad hoc. Si no, no hay nada que reclamar. Que es una manera de decir que ya pueden ponerse cantidades fijas en las leyes -hágase memoria con los 400 millones anuales de inversión obligada del Estado en Balears que incluyó  la reforma del Estatuto isleño en 2007, tan celebrados en su momento como nunca llegados con posterioridad- que no sirven para nada.

Dicho de otro modo: un REB con ningún privilegio fiscal y con mucha palabrería de inversión sin efectiva obligación alguna podría alumbrarse antes de las elecciones autonómicas del próximo año, para que sirviera de banderín de enganche electoral de Armengol.

De Sánchez a Armengol y acabando en el PI

28

07 2018

Pedro Sánchez, como era previsible, quiere agotar la legislatura hasta el último minuto. Así lo ha dicho en una entrevista. Es la primera vez que habla claro al respecto –y casi de cualquier cosa, porque es de los políticos que tienen una incompatibilidad biológica con la verdad y la claridad-, y se contradice –por supuesto- con lo que aseguraba cuando pedía el voto para ser presidente. Ande yo caliente… Por esto mismo, porque ya está caliente en su mullido sillón del despacho presidencial, no va a facilitar la convocatoria avanzada a urnas. Sólo una rebelión de sus dos principales patas de apoyo –Podemos y los indepes catalanes- le podría tumbar, y quizá ni así siquiera caería porque podría aguantar con los Presupuestos prorrogados hasta el final regular de la legislatura. Si Mariano Rajoy estuvo un año y medio de presidente sin nada hacer, por qué no podría imitarle Sánchez durante dos. No hay razón alguna que se lo impida, si de veras quiere.

Claro que la inestabilidad sería en ese caso crónica. La que ya se ha probado en el Congreso. ¿Qué supondría para nuestra Francina Armengol este nuevo escenario? En estos momentos veraniegos la presidenta regional está a la espera. De ser llamada por el presidente para reunirse con él en Madrid. Ansiosa y expectante. Así lo cuentan en el Govern. Están algo mosqueados por algunos de los movimientos de Sánchez pero confían en que todo sea debido a la relativa improvisación a la que ha obligado acceder al poder de la manera vista. Y que a medida que vayan amoldándose al poder los nuevos equipos de cada ministerio las cosas empezarán a fluir. En ese sentido en Palma dan una importancia capital a la reunión Sánchez-Armengol. “Será el momento en que todo se desatascará”, cuentan los de aquí. No descartan nada, ni que haya nueva financiación autonómica ni, mucho menos, el famoso REB, la gran bandera de la jefa del gobierno local.

Los socialistas consideran esencial conseguir tal rédito para presentarse con muchas garantías a las elecciones. Garantías de que Armengol pueda recoger en votos la buena imagen que ha conseguido tener entre las bases progresistas y que la consecución de un éxito como el REB podría consolidar como trampolín a un resultado en urnas nunca visto por el PSOE balear.

Si por el contrario el REB no llega antes de mayo de año que viene, la posición relativa del PSIB y de la presidenta ante las elecciones no empeorará mucho pero Sánchez le habrá arrebatado –que tenía casi ya en su mano con el PP- ese trampolín hacia el puñado de votos en los cuales puede estar la diferencia entre gozar de o quedarse sin la mayoría absoluta de izquierdas –la suma de los escaños de PSOE, Podemos y los dos Més-. Sin tenerla se vería arrojada a las manos de los regionalistas del PI que optarían entre ella y Biel Company -al frente de los escaños del PP apoyados por los de Ciudadanos- como ocupante de la silla presidencial de nuestra región.