Izquierdismo no practicante

Al final se lleva el premio el que ha sabido aguantar más, el que ha apurado hasta el mismo límite. Mariano Rajoy. Genial. Brillante. Diez meses sin negociar nada, sin ofrecer nada, sin moverse nada, sin decir nada, sin nada más que nada le han servido para descolocar total y absolutamente a Ciudadanos, Podemos y PSOE y hacerse investir presidente. Tendrá que ser objeto de estudio por parte de sesudos académicos politólogos. Mismamente los dirigentes de Podemos, que lo son todos y ni con esto les ha servido para batir al cínico y mordaz gallego.

Recordemos qué pasaba hace diez meses. Ciudadanos chuleaba al PP y advertía que Mariano Rajoy era el pasado (¡qué sagacidad!). Podemos se atribuía ministerios por un tubo y se choteaba de los derrotados, el PP (¡qué perspicacia!). El PSOE daba lecciones a diestro y siniestro y su ungido nos alumbraba la Nueva Era (¡qué adivino!). Hoy el partido de Albert Rivera no tiene más horizonte que no desaparecer próximamente y se ha entregado en cuerpo y alma al partido al que tenía que sustituir. El de Pablo Iglesias rezaba -es un decir- para que el PSOE hiciera presidente a Rajoy, no fuera que de veras se convocara otra vez a urnas, que tras el palo recibido en junio ha aprendido que las elecciones las carga el diablo, y que éste es tan de derechas como dios. Y el de… ¿de quién?, bueno pongamos que el de Susana Díaz no ha aprendido nada y sigue sin nada entender de todo lo que le pasa, que es mucho y malo y que queda bien resumido en que entre marzo y octubre, en sólo siete meses, ha transitado de tener a mano el gobierno a estar condenado a la oposición por mucho tiempo como siga haciendo el tonto como hasta ahora: más inútil imposible.

Esta izquierda nuestra es magnífica. Prefiere liquidarse entre sí y dar el poder a la derecha antes que pactar entre ella. Es verdad que siempre ha sido más o menos así. Pero hasta la fecha nunca se había evidenciado tan a las claras.

Como decía no sé quién, no es extraño que crezca tanto el número de izquierdistas no practicantes. Cualquiera practica, con esta gente.

27

10 2016

PSOE: abstención, dignidad y elecciones

El PSOE se presentó a las elecciones generales con una promesa central de campaña. Que de ningún modo, “ni por activa ni por pasiva”, iba a permitir, si en su mano estuviera, que Mariano Rajoy fuera investido presidente del gobierno. Así lo cumplió en el intento del conservador de llegar a la presidencia.

Al decir acto seguido el secretario general, Pedro Sánchez, que intentaría tejer un gobierno alternativo al PP, la Sultana andaluza, fiel a su peculiar forma de entender la democracia, organizó junto a sus compañeros de la Coalición Ibex –del Jefe del Estado abajo pocos pero selectos: PP, grandes empresas, bancos…- el golpe interno para acabar con él y torcer de forma bastarda la promesa electoral nuclear de su partido.

Lo recordaba estos días a servidor una fuente de la dirección socialista federal. Que no se trata de oponerse porque sí sino porque es la promesa esencial de la campaña. Y porque tras la abstención vendrán automáticamente otras peticiones de igual rango, porque el gobierno no podrá salir adelante con sólo los votos que le suman al PP Ciudadanos. Para el presupuesto pasará lo mismo: o el PNV saca del atolladero al PP o de nuevo el PSOE tendrá la papeleta. Y tras ésta, pues todas las demás. Será un continuo de peticiones “patrióticas”, “por el bien de España”, “de responsabilidad” y demás zarandajas que desde las filas derechistas se moverán como se han movido para presionar al PSOE. El cual ahora se habrá abstenido para no salir del follón sino para entrar en un bucle del que no podrá escapar porque siempre estará entre sumisión o elecciones.

“Prefiero elecciones con dignidad que abstención sin dignidad”, me resumía un cargo electo del PSIB. Es una opinión bastante generalizada en el Partido Socialista de aquí. También en el de Cataluña. Pero es que otras voces en el sector de Susana Díaz empiezan a darse cuenta de la aberración que han cometido. Porque han dejado entre la espada y la pared al PSOE. No tiene salida posible. Y ante la falta de ella siempre sería mejor perder unos diputados en otros comicios que perder el partido a medio plazo ante Podemos.

07

10 2016

Hermanos Rajoy & Sánchez

El argumento preferido de la derecha derecha y de la derecha socialista para desprestigiar la intención de Pedro Sánchez de intentar formar gobierno consiste en asegurar que qué iba a poder hacer con sólo 85 escaños si incluso el PP con sus 137 ya lo tendría difícil. Decía el gran derechista antinacionalista todavía afiliado al PSOE José Luis Corcuera, exministro en los felices tiempos de la corrupción y el terrorismo de Estado de Felipe González, que la pretensión es “ridícula” e “imposible”. Quién sabe qué podrá ser, pero lo cierto es que es exactamente igual intentar gobernar con 85 que con 137.

En efecto, tan débil sería un gobierno con un apoyo u otro. Porque ambos tendrían ante sí probables mayorías de bloqueo que les impedirían gestionar con mínima eficacia el día a día, ya que tanto daría que uno pudiera perder leyes por un voto o que el otro las perdiera por docenas.

Si Mariano Rajoy es presidente de gobierno, estará no sólo en manos de Ciudadanos y del PNV sino, lo que para él sería mucho peor, del PSOE, por tanto cualquier intento de ley de contenido ideológico derechista decaería si los socialistas quisieran. Si Sánchez llega a la Moncloa no quedará únicamente a expensas de Podemos sino de todo el gran abanico nacionalista e independentista, así que cualquier norma que quisiera aprobar de claro sentido izquierdista dependería de la derecha nacionalista, PNV y ex CDC, que si no la quisieran podrían bloquearla.

La situación es paralela. Con 85 o con 137 lo misma da a efectos prácticos de formar gobierno. Queda claro. Es decir, el argumento antes dicho de la mayor debilidad por el escaso número de escaños socialistas no se sostiene. Tan mala es la posición del PSOE como la del PP, la de Sánchez como la de Rajoy.

No sólo tienen necesidades parlamentarias paralelas, no sólo son tan débiles uno como otro a efectos de poder alcanzar su objetivo sino que también están hermanados en su interés personal primero y luego partidista por conseguir la presidencia o, en su defecto, en su voluntad clara de alargar el máximo posible la situación de bloqueo y, como consecuencia, en querer volver a ser candidatos tras la convocatoria a urnas que su actitud implicaría. Y ya veremos.

Ese ya veremos es la única solución que aportan Sánchez y Rajoy.

24

09 2016

España, los partidos y el esperpento

Algunos ingenuos se creen el discurso cínico de los cuatro jinetes de nuestro apocalipsis: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Y los hay que les recriminan que piensen sólo en sus respectivos partidos.

La realidad es bastante más zafia. Mienten, cierto, pero no piensan sólo es sus partidos. No habría nada de malo en ello. A ver: nadie sabe cuál es el interés de España ni de ningún otro país. En cada uno tantos intereses legítimos existen como opciones políticas se ofrecen a sus ciudadanos, y la suma de éstas son aquél. Ni más ni menos. Nada existe por encima de la voluntad ciudadana expresada en voto.  No pasa nada. Se le llama democracia. Y es de lejos el mejor sistema de organización política que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad. No hay que echar mano del ridículo Churchill y sus chorradas para justificarlo. Por cierto y entre paréntesis, el tan loado político británico era un ultraderechista, antijudio y racista de cuidado, un inútil cuyas irresponsabilidades mandaron a la muerte a medio millón de soldados británicos en Galípoli durante la Primera Guerra Mundial, por lo cual fue castigado, y a quien sólo la indolencia pusilánime de su antecesor que le permitió llegar a primer ministro y, luego, su actuación escenográfica durante la Segunda Gran Guerra le mejoró la imagen, no lo suficiente, empero, como para ganar las siguientes elecciones. Así que no cabe ni siquiera usar su famosa frase ridícula para justificar la democracia. Cierro paréntesis.

El sistema democrático, el mejor que existe, en España se basa en los partidos políticos. Son los instrumentos fundamentales de participación, además del voto. Buscando cada uno de ellos lo mejor para sí irán forjando lo mejor para los ciudadanos. El problema que tenemos ahora no es que esto sea malo. En absoluto. Esto es bueno y es lo que debe hacerse. Lo malo es que los máximos dirigentes de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos son gente tan limitada, casi a la altura del incapaz de Churchill, que convierten lo normal en aberración y lo lógico en disparate.

El actual esperpento político español no se debe, pues, a que los partidos busquen lo mejor para sí mismos sino precisamente a que Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera son tan cortos que no saben cómo buscar lo mejor para sus partidos. Ni tampoco quieren buscarlo, cabe añadir. Porque los cuatro en verdad a lo único que responden es a su particular ego, a su interés individual, a su intransferible deseo personal y por ende todo, absolutamente todo lo demás queda reducido a ser meros elementos funcionales que les permiten perseguir la obtención de su único objetivo: sobrevivir políticamente.

Los cuatro están hermanados. Son perdedores, incapaces, cínicos y mentirosos. Y son conscientes po rigual de que los que no ganen se habrán ganado, más a corto que a largo plazo, la jubilación política. Por eso actúan exactamente igual. Por eso ocurra lo que ocurra finalmente lo único bueno será que nos vamos a liberar de un par de ellos pronto.

Dos serán más llevaderos que cuatro. Paciencia y resignación.

09

09 2016

Burkini, feminismo y el baño

A pesar del espectáculo político que vivimos en España, las competiciones deportivas internacionales de máximo nivel y los calores propios de la estación, una prenda de ropa ha adquirido honores de máxima atención mediática, al menos en la Europa mediterránea. El famoso burkini. Cuyo impacto trasciende el mero hecho de su utilidad.

En Francia lo prohíben, las feministas anti judías lo reivindican como símbolo de liberación –no se sabe de qué-, la ultra derecha abomina de lo que considera una muestra de colonización, su creadora se regodea en el éxito y el debate se extiende y gana en intensidad.

En los dos diarios digitales de la izquierda española es en donde mayor atención se ha regalado a la exitosa prenda de baño. Según la allí generalizada opinión del columnismo feminista, el bukini es un elemento de “rebeldía” ante el “machismo islamófobo”. Nada menos. Todo hay que decirlo: la inmensa mayoría de los comentarios que merecen estas opiniones en sus lectores son profundamente críticos y con un sentido común que huelga en los opinantes profesionales.

Que se pueda prohibir que una persona se bañe en la playa vestida cómo quiera resulta inquietante. Aunque sea en Francia. No es lo mismo, por mucho que algunos ultras lo pretendan, que evitar mediante reglamento o ley ir desvestido cómo se quiera. No, en absoluto: la desnudez en lugar público no acotado a tal efecto no es lógica ni está aceptada socialmente. Sin embargo la mínima cobertura de las partes femeninas, ya se sabe cuáles, hoy en día nadie la ve mal, tanto si es a pecho descubierto, como suele ocurrir en Baleares y en otras playas españolas, como si cubierto, tal y como va suele ocurrir en otros países mediterráneos europeos. Tampoco nadie critica que las haya que deseen taparse de cuello a nalgas con generosos trajes de baño. Ni levanta reticencias las -todavía pocas- personas que se bañan vestidas con camisas anchas para evitar una inconveniente exposición al sol de su muy blanca piel, y luego se ponen otras –secas- para tomar el fresco, si hace, bajo la sombrilla. Ni a nadie se le ocurre invectiva alguna si un hombre se limita a tapar lo mínimo con un tanga, o con un ceñido bañador de nadador, o mucho más y sin moldear nada con el de pierna media y ancha, o con el largo extra y amplísimo. Así debe ser: que todo el mundo tome sus baños de mar cómo quiera. Y si es en burkini qué mal podría hacer. Ninguno.

Ahora bien, que se pretenda decir que esta nueva prenda no implica ninguna carga ideológica es tan absurdo como pretender su erradicación legal. Y lo de suponerle la condición “rebelde” contra el “machismo”, sea “islamófobo” o no, no sólo es una ridiculez sino que retrata la obtusa mente del calificador.

Que cada cual disfrute del mar cómo quiera, dentro del orden establecido, pero que nadie nos quiera hacer comulgar con ruedas de molino ni con vestidos de baño para tapar totalmente, menos la cara y pies, a las mujeres –oh, qué curioso: no existe esta prenda para hombres, que aunque sean sarracenos pueden bañarse al modo occidental, qué rebeldía feminista más extraña, ¿no?-, ni perder de vista que la libertad se ejerce de muchas maneras pero que cuando alguien dice ser libre para vestirse –para baño o no- exactamente cómo dice que debe hacerlo su religión machista –sea cuál sea- está más que justificado dudar de su palabra.

20

08 2016

Turismo, riqueza y futuro

Vivimos del turismo de masas. No del selecto, refinado y escaso que descubrió las exóticas Baleares en el último tercio del siglo XIX o en el primero del XX. Sino del masivo y popular que a partir de los 50 empezó a gozar de las vacaciones pagadas, de los sucesores de aquellos primeros franceses que arribaron a Alcudia con el Club Mediterranée –mayorista galo de vacaciones creado en marzo de 1950- y que a velocidad de vértigo tuvo imitadores que de otros países nos trajeron turistas a millones.

Aquel fenómeno cambió nuestras vidas. A infinitamente mejor. Los anti turismo, los que pintan el centro de Palma con proclamas contra los visitantes, deberían saber que hasta 1953 partía de Palma un barco que hacía la ruta regular con Caracas, el último rastro de la emigración isleña hacia Latinoamérica. Y que aun en los sesenta todavía muchos baleáricos, al igual que los agricultores andaluces y extremeños, emigraron a Alemania, Suecia, Francia… -y algunos nunca volvieron- buscando lo que su tierra no podía darles. Así que estar en contra de una actividad económica que en escaso medio siglo ha cambiado tanto y para tan bien las Balearse es una insensatez.

Sin embargo no puede obviarse que nuestro modelo turístico está dando síntomas inquietantes. Veamos qué dice al respecto de cómo nos han ido los últimos 15 años la Fundación Impulsa, dirigida por el economista Antoni Riera: “En el año 2000, la renta per cápita de Baleares a precios constantes era de 28.163 euros mientras que la de un europeo era de 22.912. Y en estos años, Balears ha perdido un 18,3% de renta per cápita, para situarse en los 22.997 euros. Así, todavía queda por encima de la media española, de 22.333 euros, pero se ha quedado por debajo de la europea, que con un crecimiento del 13,4% (…) se ha quedado en 25.977 euros. Más concretamente, de 2000 a 2007 el PIB per cápita balear a precios constantes descendió un 6,4% mientras que en España aumentó un 14,2% y en Europa un 14,3% (a precios corrientes la renta per cápita balear aumentó durante este periodo). Este hecho explica que Baleares perdiera la posición privilegiada de la que gozaba cuando entró el nuevo milenio. Entonces las Islas superaban en más de un 20% el bienestar de un español medio. Pero este diferencial se ha dilapidado: si en el año 2000 Baleares superaba en 6.491 euros la renta per cápita media española, en 2014 solo la superaba en 664”.

Dicho de otra manera: Cada año batimos récords en cuanto al número de turistas que llegan pero la riqueza general, de todos, del conjunto social, disminuye; el trabajo es cada vez de menos calidad, por menos tiempo y en condiciones peores en su conjunto; los sueldos tienden a la baja y esta temporada alta para evitar subirlos incluso se han importado miles de trabajadores de la Península;  de la formación ya nadie se acuerda y, en resumen, la competitividad y rentabilización social del negocio turístico está disminuyendo.

Para más preocupación, el modelo de explotación requiere, por la creciente cantidad de turistas, de un gasto en recursos naturales que aumenta en progresión geométrica. Como el agua, tan en boga estos días. Sólo un dato: un residente consume de media por día unos 130 litros, mientras que un turista llega a los 440 (datos de un estudio de la UIB dirigido por el geógrafo Ivan Murray). A este ritmo de consumo del visitante, cuyo número crece cada año, las cuentas hídricas pronto no saldrán. Y como con esto, con tantas otras cosas: consumo eléctrico creciendo sin control, 90.000 coches de alquiler colapsando autovías y carreteras…

Quizá ha llegado el momento de pararse a pensar un poco en qué hacemos para seguir gozando de los beneficios turísticos. No sea que para que unos pocos se sigan aprovechando del negocio de todos –porque al fin y al cabo vendemos playas, territorio, paisaje, clima… que son de todos-, los muchos, que somos la inmensa mayoría, nos estemos perjudicando. A nosotros mismos y, sobre todo, al futuro de nuestros hijos.

07

08 2016

Rajoy depende de Sánchez

Se insiste una vez y otra en aspectos secundarios, pero por mucho que se abunde en ellos no va a cambiar lo sustancial: la investidura de Mariano Rajoy está en manos del PSOE. Siempre lo estuvo. Desde que se conocieron los resultados electorales.

El acuerdo mercantil al que se llega para el reparto de la Mesa del Congreso y la formación de grupos no debe confundirse con un pacto político para la investidura y/o uno de legislatura. Estos últimos se hacen en función de afinidades ideológicas, los primeros sólo son el mercadeo que siempre se da en el momento de la configuración de todos los parlamentos, el nacional y los autonómicos: yo te voto a ti a la Mesa, tú desde la Mesa me dejas tener grupo parlamentario…. Ha sido así siempre y esta vez no es diferente a ninguna, por mucho que sorprenda que los nacionalistas catalanes voten al PP a cambio de tener grupo.

Una vez resulta la Mesa y la formación de grupos es cuando empieza lo importante. La investidura. Ahí no valen acuerdos puntuales de circunstancias, se trata de pactos entre partidos para votar a un presidente y acordar, si fuera el caso, la composición del gobierno si es que debiera fruto de una coalición.

Y en esta fase las cosas son las mismas que eran. El PP más Ciudadanos suma 169 escaños, y si se adhiere el canario regionalista, 170. Para la mayoría absoluta Rajoy necesita 6 votos más y para la mayoría minoritaria requiere que las abstenciones dejen el ‘no’ por debajo de 170. Tan sencillo como esto. Si no, a nuevas elecciones.

El PP y sus terminales mediáticas llevan un mes dando por sentado que todo estaba hecho. Ahora de repente han descubierto que no. Mientras, Rajoy ha descansado, sin intentar ningún pacto sólido con nadie, ni siquiera con Ciudadanos. Allá él, aunque no se entiende muy bien a qué juega.

Las semanas van pasando y desde luego la fantasía de ser investido antes de agosto ya es imposible. Veremos qué pasa en las siguientes semanas. Pero lo que sea que surja será sobre la realidad aritmética pesada e inexorable que se ha referido. Todo lo demás, en todas las bandas, es parte de las imposturas que quizá crean que deben escenificar -aunque no se sabe por qué ni para qué- pero que no disimula la evidencia: la investidura depende del PSOE.

22

07 2016

El futuro del gobierno de Rajoy

Tras la derrota silenciosa de las tesis de Francina Armengol en el pasado comité federal del PSOE –en el que Felipe González travestido de Susana Días impuso la estrategia suicida de no intentar gobernar – todo indica que Mariano Rajoy alcanzará su deseado objetivo. No quedar para la historia como el único presidente español de la reciente democracia –con la excepción, que no cuenta, del breve Leopoldo Calvo-Sotelo, que ni siquiera se presentó a urnas- que no ha repetido mandato. Es su obsesión. Todo lo demás le importa una higa.

Se nota en la estrategia de pactos que está siguiendo. Lo único que le interesa es que le invistan. ¿Y el gobierno? Qué más da. Aguantará este año y para el próximo su dios dirá. O no. Y si no se hace verbo y deja sin iluminar a su fiel creyente no habría problema muy grave todavía. Porque para eso es gallego, previsor y mal pensado. Así que aprobó los presupuestos de 2017 sin que nadie entendiera para qué –en especial los socialistas- y ahora lo entienden. Y por tanto tiene la opción de prorrogarlos para 2018. El ejecutivo podrá funcionar sin ningún problema, pase lo que pase, excepto que le pongan una moción de censura. Será empezado ese año de dentro de un bienio cuando se le podría torcer definitivamente todo, porque no tendría apoyos para otras cuentas, las de 2019, y cuando sería previsible que la mayoría de bloqueo –todos contra él, aun cuando tuviera a su vera a las huestes del genial Grouxo Rivera, el del veto que nunca existió- le hiciera la vida imposible.

Pero a quién le importa lo que vaya a pasar dentro de dos años. Si Rajoy obtiene la investidura ahora, a la sazón no será más que otro presidente que en su segundo mandato tiene serios problemas y debe avanzar elecciones no por su incapacidad sino por la lesiva oposición de izquierda radical y de un PSOE vendido a los populiestas y etc. que dice que no a todo.

Y quién sabe si todavía no tendrá marcha para intentar otro mandato.

11

07 2016

Rajoy presidente, o no

Si los dirigentes de Ciudadanos y del PSOE cumplen con su palabra, Mariano Rajoy no será presidente. Ni a la primera ni a la segunda votación de la investidura. Claro que apenas nadie confía ya en lo que dicen, porque al fin y al cabo son políticos. La mentira es su hábitat. De todos por igual. Todavía resuena la rotundidad de la promesa hecha por Pablo Iglesias hace dos años, “si pierdo (en las generales) me iré”. Por supuesto se queda. A la sazón era profesor interino de universidad. Ahora no tiene trabajo al que volver porque el profesor que sustituía ha retomado su cargo. Así que el único trabajo que tiene es la política profesional. Lo mismo pasa con Albert Rivera. ¿Acaso alguien de veras se cree que volverá al modesto lugar de trabajo del banco de donde lo sacaron? Claro que no. Igual intenta Pedro Sánchez, perpetuarse. Lo cual ha conseguido ya Mariano Rajoy, que tiene asegurada la sopa boba, como diputado, hasta los 64, al menos.

Volviendo a la cuestión de la investidura, si ocurriera algo tan insólito como que los que dicen que de ningún modo harán presidente, “por activa o por pasiva”, a Rajoy, “sin vetos, pero no lo votaremos”, cumplieran su palabra, el presidente saliente no podría repetir en el cargo.

Mucha gente creyó en la noche electoral que Rajoy iba a ser presidente otra vez. Sin embargo a la vista de la aritmética electoral que surgió de las urnas no lo tiene asegurado. Es posible que la consiga. Incluso probable. Pero no es seguro. Lo único seguro es que conseguirlo le será endiabladamente difícil.

El PP tiene 137 escaños. Aun cuando los 32 de Ciudadanos se le añadieran, no le bastaría. Serían 169. A los que entra dentro de lo muy probable que se le sumasen los dos canarios regionalistas: 171. Muchos, pero todavía insuficientes votos para ganar porque la mayoría absoluta son 176 e incluso en segunda vuelta podría tener una mayoría de bloqueo enfrente: previsiblemente a todo el resto de formaciones. Excepto tal vez al PNV, cuyos 5 diputados podrían quizás votar a favor o abstenerse. Si los nacionalistas vascos le votaran que sí, sería presidente, 176 votos, pero si se abstuvieran, no: 171 a favor, 174 en contra y 5 abstenciones. Ni en segunda vuelta. Y teniendo en cuenta que las elecciones regionales vascas serán en unos pocos meses no parece muy probable que el PNV vaya a pactar dar el “sí” al “monstruo españolista”, no sería una buena manera de iniciar su precampaña electoral.

Así que, en resumen, a menos que consiga todo ese bloque de síes, que es muy complicado, Rajoy necesitaría del PSOE para ser investido. Y esperarlo no entra dentro de lo razonable.

¿Entonces iremos a terceras elecciones? Poder, podría ser. Pero también entra dentro de lo posible que si Rajoy perdiera la investidura, acto seguido el PSOE anunciara que facilitará la  de otro candidato conservador, o candidata más bien, y así vender a sus votantes que ha “eliminado” a Rajoy por el bien de la democracia y el etcétera habitual de los demagogos populistas, y así no forzaría a la vez la convocatoria a nuevas urnas, lo cual, con razón, le aterroriza.

Y una opción final, posible pero todavía más improbable: Rajoy cae y Pedro Sánchez, acuciado por las hachas que en el seno del PSOE quieren decapitarlo, opta, de perdidos al río, por ofrecer un pacto a Podemos, confiando con que -o pactando sin decirlo- que los nacionalistas-independentistas se abstuvieran para investirlo presidente.

29

06 2016

¿Pablo Iglesias presidente?

¿Podría ser Pablo Iglesias el séptimo presidente de la democracia nacida en 1978? No hay que tomárselo a broma. El diario británico The Guardian da verosimilitud a la posibilidad y asevera que no será más que el ejemplo que seguirá en otros países la “nueva” izquierda. Porque, dice, la socialdemocracia, tal y como la hemos conocido, ha muerto o está muriendo. Debido a la complicidad que ha mostrado en las últimas décadas con el capitalismo conservador más salvaje que se ha instalado en el continente tras los rastros desregularizadores de Margaret Thatcher. Es una tesis interesante. Al menos hay que considerarla.

Empezando esta campaña electoral, Podemos, un partido creado para participar en las elecciones europeas de ¡sólo hace dos años!, es bendecido por todas las más recientes encuestas, incluida la del CIS, como segunda fuerza nacional en intención de voto y escaños, tres puntos y medio porcentuales por debajo del PP. O sea, entrando ya casi en la zona de empate técnico en cuanto a votos -no así en escaños, porque todavía adolece de una excesiva concentración en territorios “ricos”- con la primera fuerza. Lo cual facultaría a Iglesias para reivindicar, en caso de que los augures demoscópicos se cumplan en la realidad el 26 de junio, su derecho a ser investido presidente del Gobierno.

Para conseguirlo por supuesto requeriría del voto de los escaños del PSOE. ¿Los tendría? A bote pronto se descarta. Los más conspicuos observadores consideran que no puede ser. Que los socialistas permitirían que el PP siguiese gobernando, de una forma u otra.

Bien, todo puede ser. Pero analicemos con asepsia la posibilidad. ¿Qué ganaría el PSOE dejando gobernar al PP? España no es Alemania, ni el PS germánico es nuestro Partido Socialista. Aquí se “es” de PP o PSOE, al igual que del Madrid o Barcelona. Si Susana Díaz y Felipe González, con perdón por la redundancia, impusiesen la abstención para que los conservadores se mantuvieran en el gobierno, los que todavía “son” del PSOE le huirían con casi total certeza y por ende es razonable pensar que el futuro socialista se asemejaría mucho a la nada. El mismo destino sin duda le aguardaría en caso de aceptar sillas por presidencia, o sea un pacto con Podemos. Sin embargo, si dejara gobernar en minoría a Iglesias, es decir: dándole la investidura pero sin acuerdo mediante, Podemos se encontraría, pasados los primeros meses de vino y rosas, ante problemas de magnitud bíblica, y el PSOE podría reivindicar su fuerza política -de hecho sería el partido que tendría al Gobierno en su mano- y así al menos tener la esperanza de recuperarse.

A ojos ajenos parece claro que esta última opción es la que, llegado el caso, más le convendría al PSOE desde el punto de vista de su interés en sobrevivir. Si bien hay que reconocer que es verdad que para que se concretase debería tener un liderazgo fuerte, con cabeza fría y asumiendo con humildad su condición. Así que por tanto se entiende que muchos den por imposible esta alternativa.

No obstante, ahí está.

09

06 2016