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Desahucios, bancos y partidos

12

11 2012

La gran, enorme, ciclópea patronal de patronales, o sea la de los bancos, ha decidido, magnánima ella, suspender los desahucios por impago de hipoteca durante dos años en algunos casos. Los de la gente que no tiene absolutamente nada. Sus más dilectos empleados, PP y PSOE, han hecho lo propio y, ¡albricias!, nos anuncian una gran, enorme, ciclópea tomadura de pelo.
Esta moratoria en los desahucios no es más que una nueva muestra de la perversa condición hipócrita de la banca y de sus criados, PP y PSOE. Si de veras creyeran una sola palabra de las que escupen atenderían al sentido común. Reformarían las leyes para, primero de todo, que se cumpla esa sacrosanta Constitución –para según qué, solamente, según se ve- en lo que obliga a las administraciones públicas a evitar “la especulación del suelo” en beneficio del bien social. Así en el futuro no volveríamos a caer en lo mismo. Y adosada esta reforma, y ya que estarían en el tajo, que aprovecharan y por extensión acabaran con la especulación sobre los productos inmobiliarios derivados de ese suelo que, según la Carta Marga, no debe ser objeto especulativo. De esta manera se evitarían muchos miles de desahucios en el futuro. Y se pondría cascabel a la codicia desmesurada de los bancos.
Sin embargo, ¿qué apostamos?, no caerá esa breva. Nuestros generosos bancos, qué espléndidos son, cumplirán esa moratoria hipócrita, sus criados harán el teatro una vez más y al cabo todo parecerá cambiar para que sobre todo nada cambie y todo siga exactamente cómo debe seguir. Con el PP y el PSOE haciendo de monaguillos de la gran banca.
¿Hay alternativa? No. Porque uno y otro, y tantos otros partidos políticos –fíjense, si no, aquí en Baleares, como sobre la desaparecida caja de ahorros de referencia nadie ya habla siquiera-, dependen de las dádivas bancarias.
Ahora toca disimular, especialmente porque hasta el New York Times nos saca los colores con esas fotos en blanco y negro terribles del drama de los desahucios en España. Pero nada cambiará. Ya se ocuparán los amos y señores de que así sea. Y sus criados harán las leyes para complacerlos.

Los bancos y la intervención

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06 2012

Sin bancos privados no existiría la democracia. Porque al no existir éstos significaría que la financiación del bienestar, incluso del lujo y del consumo de la clase media no sería negocio, esto sería: no habría clase media. Y sin ésta es sencillamente imposible la existencia de democracia. Conviene tener esto en cuenta cuando se oyen voces demagogas contra los “bancos”. Así, a trazo grueso, sin atender a matices. El eslogan, el grito antibanco queda bien para ir a pasar un rato a manifestarse a la plaza de España pero no es ni será jamás un programa político realista. El problema, gravísimo, es que en efecto sea una oferta política y haya gente que, de buena fe, se la crea. No olvidemos que del mayor anticapitalismo que ha habido en la historia surgieron ya hace casi un siglo siniestros personajes como Mussolini, Stalin, Hitler e incluso nuestro Franco. No hay, en fin, anticapitalismo democrático. Pero dejemos esto por hoy.
Por otro lado, el capitalismo y la libertad forman un delicado equilibrio que es muy fácil de quebrar. No puede ser, como ahora ocurre en nuestro país, que vayamos a recibir severas consecuencias por el rescate de la banca y que no haya banqueros responsables de este desastre ante los jueces. Sencillamente: no puede ser. No puede ser que pasemos en cuatro años del “sistema financiero más sólido del mundo” (según dijo el Gran Inútil Zapatero) a un sistema financiero que ha evitado la quiebra solamente por la intervención vía inyección de unos 100.000 millones (cantidad que nadie es capaz de imaginar siquiera) y no existan responsables. No puede ser.
Y que nadie lo dude. Habrá consecuencias directas para todos de esta intervención. No seamos tontos: no pensemos que nos van a dejar –porque nos lo dejan al país, no a los bancos- 100.000 millones a cambio de simplemente devolverlos a un interés bajo. Habrá más recortes, más sacrificios. Lo decente –porque ya hablamos de esto, de decencia y no de política ni de economía- es que los responsables de este desastre den explicaciones ante los jueces.