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El caso España

10

01 2014

El problema realmente serio, grave, profundo de este país no es si la hija del Rey es una delincuente o no. Esto pasa de poco de ser un chismorreo. A su cuenta se rasgan demasiadas vestiduras, hipócritamente. Ya me dirán: la séptima en la línea de sucesión. Como si fuera la vigésima. Que más da. No. Lo importante, relevante, trascendente para el país, es el deterioro institucional generalizado. Esto es el caso España.
El caso es la degradación del sistema institucional. Empezando por Jefatura del Estado, que está representada por un hombre que, a la vista bien ha quedado, no está en condiciones de sobrellevar esa carga, y sin embargo, sin que nadie explique por qué, ahí sigue.
El caso consiste en que la Casa del Rey yerra sin fin, una vez y otra –la última, el “martirio”: hay que tener cara dura-, y nadie reacciona o, al menos, nadie nos explica si se hace algo para evitar esas meteduras de pata, muy graves, que afectan negativamente al país. No es baladí que la imagen de España en el extranjero por culpa del Rey haya caído como nunca antes, desde sus cosas con la amante y la caza de elefantes. El paradigma es Latinoamérica. Lo de Panamá es el último episodio –tras los de Argentina, Bolivia…- de nuestra decadencia irreversible por aquellos andurriales sin que la Jefatura de Estado se dé por preocupada y ocupada: si no sirve para eso, ¿para qué entonces?
El caso es también que tenemos un gobierno de un partido que está bajo muy severa sospecha de ser corrupto y que incluso existen papeles que como poco dan para enfadar al personal, y el ejecutivo, con Mariano Rajoy al frente, pues, nada, oigan, como si lloviera. No pasa nada. Pero ahí afuera lo saben. Y toman nota.
El caso es también que el principal partido opositor, que ha gobernado el país y que volverá a hacerlo, también está rigurosamente atacado por sospechas de corrupción masiva –unos 120 imputados, nada menos, con una ex ministra como estrella- y la dirección andaluza y nacional, como quien oye llover. Talmente el PP.
Todo esto es el verdadero caso España.

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El referéndum, Cataluña y España

26

12 2013

Vivimos en un país cuyo Jefe del Estado dice, en su mensaje a la nación de las fiestas de invierno, que las instituciones deben comportase con “ejemplaridad”. Resulta que la que él representa es ejemplo de todo lo contrario. Es una pequeña muestra, solamente, de la profunda herida que tiene este país. No sé si mortal, pero desde luego sí muy grave. No me extraña nada que una parte mayoritaria de los representantes de los catalanes desee largarse. Crear su propio país. Y que los nacionalistas vascos les imiten.
Así que la insistencia nacionalista catalana de tirar adelante con el ya famoso referéndum se entiende. Cómo no iba a entenderse. El problema es que dudo que el gobierno nacional les deje hacerlo y, todavía mucho menos, irse. Ya lo he argumentado en alguna que otra ocasión: si España perdiera a Cataluña, inmediatamente después seguiría el mismo camino el País Vasco. Sólo con estas dos regiones volaría de España casi un cuarto del PIB. Lo cual condenaría al resto a la pobreza, y con la imperiosa necesidad de estrujar a lo poco que tendría a mano: nosotros, Canarias, Comunidad Valenciana y poco más. En fin, que la cuestión económica en verdad no es si Cataluña y/o País Vasco serían viables como estados independientes, que sin duda sí, sino si lo que quedara de España lo sería, que probablemente no. Por eso mismo mucho me temo que Madrid no dejará que Barcelona rompa.
Lo peor del caso es que no estoy muy seguro de si en Madrid realmente calibran con corrección lo que acontece en Cataluña. Me da la sensación de que se creen que anulando políticamente a Artur Mas –lo cual están consiguiendo- se acabará el problema. Y no creo que vaya a ser así, la verdad. Más bien Mas será sepultado por el frente independentista, y ante eso creo que Madrid no tiene ninguna solución. O al menos la actitud que está adoptando Mariano Rajoy da a entender que es así.
Esta forma de no hacer da como consecuencia que el problema va enquistándose cada vez más y que la solución sea progresivamente más difícil, si es que ya existe algún arreglo posible. Con lo cual crecen exponencialmente las probabilidades de que cuando se evite el referéndum pasen cosas que a nadie debieran interesar.
Las preguntas del referéndum son una tomadura de pelo. Una farsa a la democracia que complica todavía más el bucle catalán. Una muestra de cómo lo que mal empieza acostumbra a mal acabar. Bien haría Rajoy en no seguir más la misma estrategia fracasada de Mas –ganar tiempo-, que es lo único que ha hecho hasta ahora. Porque en su caso una equivocación de esa magnitud podría tener consecuencias dramáticas.

Cataluna, País Vasco y el resto

14

06 2013

El PSOE de Baleares y el de Valencia, así como el PSC, propugnan que todo el PSOE asuma el federalismo asimétrico como fórmula de estructuración del Estado. Tras la pertinente reforma constitucional, por supuesto. Dejemos ahora de lado la complejidad del cambio de la Constitución, que augura que no se hará de momento. Centremos la atención en la propuesta.
La cual ya ha sido contestada por el PSOE de Andalucía, cuyo vicesecretario general ha dicho que el federalismo asimétrico es talmente el confederalismo y que de esto, nada de nada. Tampoco el PP la acepta pues, conocido es, lo suyo es lo que ya decía Alianza Popular en 1977, “España, lo único importante”.
Se pueden oponer, pero el sentido común y la lógica política aconsejan la reforma constitucional que el PSC y los PSOE valenciano y balear desean. Porque de lo contrario será imposible tener una estructuración aceptada por todos. España no es un país políticamente homogéneo. Y esta condición significa que –como se decía en tiempos- existen regiones que debe ser tratadas de acuerdo a su “hecho diferencial”. Sí, ya sé que enseguida surgen las voces que contestan: ¿y en base a qué unas regiones sí y otras no si todos los españoles somos iguales? Pues no, oiga. No somos iguales. O mejor dicho: lo somos en cuanto que tenemos el derecho sustancial a luchar por la diferencia que creamos mejor para nosotros mismos. Que es lo que han hecho los ciudadanos del País Vasco y de Cataluña que han votado y votan mayoritariamente a los nacionalistas desde que tienen Parlamento propio. Y en el resto de España, no.
Esto significa que ellos quieren ser diferentes políticamente al resto. Un resto en el que los baleares por ejemplo, votamos en esencia igual que los extremeños, andaluces, aragoneses, valencianos, murcianos y etcétera. Sí, con el añadido minoritario de Més, cuya presencia –igual que en su momento fue la de UM- no desdice para nada la evidencia. No somos nacionalistas. Vascos y catalanes, sí lo son.
Cuando se entiende esto, tan sencillo, la conclusión se impone. País Vasco y Cataluña deben tener un trato constitucional acorde con esa realidad política. No por fetichismos históricos, no por cuestiones lingüísticas, no por nada más que la voluntad democrática expresada reiteradamente por sus ciudadanos. Así de simple.

El yugo Rey-PP-PSOE-Botín

27

04 2013

Este desastre económico en el que estamos inmersos va para muy largo. El gobierno de Mariano Rajoy está demostrando ser tan incapaz como el de Zapatero. Nunca mejor dicho: el uno por el otro y la casa sin barrer. El uno por el otro y la ruina para todos, menos para ellos. Este país está yéndose al carajo y ni el PP ni el PSOE se dan por enterados. Mejor dicho: lo están llevando conservadores y socialistas y hacen cómo si no fuera con ellos. No se enteran. O no se quieren enterar.
Estamos en el sexto año de crisis. Los dineros para pagar subsidios, prestaciones y ayudas, amén de pensiones, van a la baja -nadie habla de ello, pero es así- mientras que las recaudaciones para llenarla merman cada vez más. Normal: atiborran de impuestos a los que todavía pueden pagarlos. Ya es sadismo. En tres días el PP pasó de asegurar que de ninguna manera iba a subir más impuestos a subir tres –tres, nada menos, en tres días- en el Consejo de Ministros. La caradura de Rajoy y sus muchachos está a la altura de la de Zapatero y sus chicas maravillosas, como aquella Elena Salgado de los brotes verdes que está a la par del inefable Cristóbal Montoro y sus predicciones de hombre de la bola de cristal de tres al cuarto.
Mientras, España se va por el sumidero. Los españoles empobreciéndose a marchas forzadas y el PP y el PSOE actuando como si meramente lloviera y miraran el suave caer de las gotas. Como si no fuera con ellos.
Ahora el gobierno de Rajoy reconoce que al menos hasta 2016 no habrá cambios positivos en el paro. Podría decir en el 2610. Tendría la misma credibilidad. Qué va a saber él de lo pasará en tres años, dos, uno o siquiera un par de meses, si sus predicciones a días vista fracasan.
En Cataluña y el País Vasco mucha gente que no es nacionalista lo tiene cada vez más claro. Mejor irse de este desastre llamado España que permanecer bajo el yugo de la alianza Rey-PP-PSOE-Botín.
Es fácil entenderles.

Cataluña y la refundación de España

27

11 2012

Aunque a los nacionalistas les irrite, lo cierto es que las urnas han dado un varapalo a Artur Mas, a CiU y han desvanecido la posibilidad de la independencia. Se mire cómo se mire es así. En política las sumas aritméticas facilonas (CiU más ERC, tantos diputados: mismamente) son el refugio de la ceguera voluntaria. Y no hablemos ya de lo que algunos sesudos analistas nacionalistas pretenden: sumar  al bloque separatista a Iniciativa-Izquierda Unida para pretender hacer ver una amplia mayoría que no existe.
El fracaso indepedentista es total. No habrá independencia y tampoco referéndum. Porque aunque CiU se escudara en ERC para convocarlo, el Tribunal Constitucional lo anularía y no pasaría nada. Eso es lo que ha determinado el fracaso de Mas. Que el referéndum, de haberlo, será una pantomima pactada con Madrid para que CiU no quede tan mal.

En Madrid que ERC sea independentista se asume y no asusta a nadie. Se le aguanta -más mal que bien- y ya está. El problema era CiU. Que a Mas le saliera bien lo de la “mayoría excepcional” suya, propia, maleable a voluntad. Eso era lo que aterrorizaba. Para bien o para mal -allá cada cual con su opción- eso no ha sido y no será en el futuro, al menos en muchísimos años. Vamos, que no ha nacido todavía el catalán que pudiera ver algo diferente.
Otra cosa  es que todo pueda seguir siendo igual en España. El país tiene un problema serio de definición estructural. El sistema autonómico hace aguas y aunque no sea el responsable -que no lo es- del dispensio público, su utilidad -caso balear, por ejemplo- es discutible. El “café para todos” fue un mal invento.
Ahora que el PNV está más moderado que en los últimos años y que CiU ha recibido el palo en las urnas, debería ser el momento en que los dirigentes de PP y PSOE asumiesen que hay que hacer cambios pactados con los nacionalistas pragmáticos catalanes y vascos. Cambios no para salir del paso, sino para refundar España.

España sin Cataluña

14

10 2012

Lo de la separación de Cataluña del resto de España empieza a tomar visos de ser posible. Al menos a juzgar por la reacción en la corte de la villa capitalina. Borbón va de mal en peor, metiendo cada vez más la gamba, pero es que ahora ya se apunta al festival de despropósitos Borbón junior. Y si solamente fueran ellos…
El gobierno de Mariano Rajoy se ha dado cuenta de que en los centros de poder de Europa lo de la sacra unidad de destino en lo universal no les interesa en lo más mínimo. De ahí que haya implorado que la Unión se exprese con una sola voz. La suya, la del gobierno nacional español. Como si eso fuera a arreglar algo. Excepto dejar en evidencia tanto la debilidad neuronal propia como repartir por doquier certificado de validez de la segregación ajena. Lo comentó con certera acidez un diputado de ERC, dando las gracias al ejecutivo de Rajoy por haber inoculado así en todos los rincones de la Unión que la separación de Cataluña “va en serio”.
Pero de todos las actitudes y manifestaciones en relación a la polémica de Cataluña, la más sabrosa ha sido la del ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, quien dijo –y nadie le ha hecho rectificar- que sin Cataluña, España se vería abocada a salir del euro, a un desastre económico sin parangón y, en fin, a un situación que nos haría añorar la presente. Vamos, que cercenado el país de esa manera, el futuro patrio sería más negro que el betún.
No le falta razón, a Gallardón. Es por esto que en Madrid se ponen tan nerviosos. Porque saben que si Cataluña huyera, le seguiría País Vasco y, a medio plazo, otras regiones sin lugar a dudas también. Lo que quedaría sería tan pobre que, como bien nos reconoce el ministro de Justicia, el futuro sería muy, muy negro.

Cataluña estado de la Unión

04

10 2012

Hay que ver las ganas que tienen en Madrid –y en otros lugares de la más profunda España- de encontrar algún representante importante de la Unión Europea diciendo que si Cataluña se independizara de España quedaría ipso facto fuera de la Unión y, por tanto, abocada a un apocalipsis económico. Lo he leído un montón de veces, incluso a gente que se supone que tiene un cierto grado de información. Sin embargo no existe nada que permita suponer nada al respecto de una separación unilateral de un cacho de un país miembro. En ningún documento de la Unión hay algo previsto para esta contingencia.
Una persona tan representativa como Viviane Reding, comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía, a quien se considera como número 2 de la Unión, tras Durao Barroso, ha sido entrevistada por el Diario de Sevilla en los términos siguientes: pregunta: “Cataluña plantea actualmente la posibilidad de independizarse. Pero si lo hace debería abandonar la UE y negociar su ingreso. Además, desde su salida habría un agujero en la libertad circulación de personas y bienes en la Unión”. Respuesta: “No querría inmiscuirme en asuntos de política española, pero no pienso ni por un segundo que Cataluña quiera dejar la UE. Conozco a los catalanes desde hace mucho tiempo, he sido una de las pocas personas no catalanas en recibir la Cruz de Sant Jordi, y sé que su sentimiento es profundamente europeo”.
Pregunta: “No le pregunto por la posibilidad de que Cataluña quiera o no ser parte de la UE, sino por el proceso que se abre cuando dejen de serlo. Lo dice la Convención de Viena: el Estado resultante de un Estado matriz abandonará todos los organismos internacionales en los que la matriz esté representada.
Respuesta: “Vamos, hombre, la legislación internacional no dice nada que se parezca a eso. Por favor, resuelvan sus problemas de política interna en España. Yo confío en la mentalidad europea de los catalanes”.
Es curioso a la vez que muy significativo que en la prensa nacional, más cuanto más a la derecha, no se haya recogido estas manifestaciones, que son un indicio de por dónde iría la Unión y los principales países europeos en caso de secesión unilateral de Cataluña.
Me parece que es bastante obvio que en Europa existe más de un poder al cual ya le iría la mar de bien que España se troceara en tres: País Vasco, Cataluña y lo que quedaría, o sea un país empobrecido del que otros trozos pugnarían por irse y dejar lo más atrasado solo.

Borbón y Cataluña

19

09 2012

Un escueto escrito de 26 líneas, sin mentar expresamente al gobierno catalán, a Artur Mas y a la independencia del Principado, ha servido a Borbón, el Jefe del Estado, para hacer cómo si se preocupara por la posible separación de Cataluña del resto de España. Las plumas más sumisas a la corona se deshacen en elogios. Como si la triste, vacua y ridícula redacción de primaria de Borbón sirviera para algo.
El rey es un tipo absolutamente desprestigiado en el orbe, cuyas ocupaciones siempre han sido misteriosas y en no pocos países, como en Latinoamérica, ya se desconfía de él, no en vano se le ve como al comercial de las indeseadas multinacionales supuestamente españolas, tanto como se le da coba formal. En otros, como en la Unión y en Estados Unidos se le ve exactamente cómo es, y por tanto no se le toma en consideración. Podría decirse que más o menos siempre ha sido así, su monarquía. Cierto. Ahora, empero, y esto es muy importante, además se conoce por todo el mundo su ritmo frenético de vida disoluta, irresponsable y patética en un hombre de su edad, su infinita hipocresía –papista hasta la médula, pero con amantes; familia modélica que ni es tal, etc.-, el cinismo sin límite que los miembros de su clan despliegan y, no poco es, la imputación por delitos relacionados con la corrupción de su yerno que nadie se cree que sea algo tan simplemente así cómo se pretende que sea. En fin, un saldo de personaje que si alguna vez sirvió de algo está ya más que amortizado. Esto es Borbón. Y se pretende que un escrito de 26 líneas de tal personaje sirva para aplacar las ansias de libertad de los nacionalistas catalanes, impulsadas por el trampolín de un gentío –la mayoría de la sociedad, según las encuestas- que sin ser nacionalista también apoya la independencia para desgajarse de una España ruinosa.
Las reacciones críticas a la redacción risible de Borbón no se han hecho esperar. Desde Comisiones Obreras, articulistas de derecha democrática –Jesús Cacho-, de derecha antidemocrática –Federico Jiménez-, Izquierda Unida, diario El País… le afean una cosa u otra pero a todos les parece inútil el ejercicio firmado por el personaje.
Qué decir de la reacción en Cataluña, donde ni una sola voz que no sea marginal se ha alzado defendiendo las tesis políticas partidistas del Jefe del Estado. Por supuesto todos los nacionalistas le han puesto como de chupa de dómine.
Si Borbón no se jubila pronto y sigue perpetrando atrocidades políticas como la comentada, el objetivo separatista no solamente no se desvanecerá sino que estará cada vez más cerca de la realidad.

Nacionalistas y España

02

07 2010

La sentencia del Tribunal Constitucional irritó a los nacionalistas, no sólo a los catalanes como se ha visto en Baleares. Y que Zapatero haya dicho que con ese fallo se termina el proceso de descentralización ha provocado un pequeño terremoto en la Cataluña política. Los nacionalistas no quieren que se cierre de ningún modo. Para algunos de ellos, ante esta situación, no hay más remedio que optar por la independencia unilateral. En el otro lado no faltan los nacionalistas españoles que ven en la sentencia del Constitucional la ruptura de España. Unos y otros exageran. Y Zapatero se equivoca, nuevamente. Mientras que no se reforme la Constitución para otorgar a Cataluña y al País Vasco un estatus diferente al resto de regiones la estructuración política de España no funcionará. No es cuestión de nacionalismos –éstos siempre muy pegados al sentimiento- sino de racionalidad, de reconocimiento de una realidad histórica, le pese a quien le pese.