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El yugo Rey-PP-PSOE-Botín

27

04 2013

Este desastre económico en el que estamos inmersos va para muy largo. El gobierno de Mariano Rajoy está demostrando ser tan incapaz como el de Zapatero. Nunca mejor dicho: el uno por el otro y la casa sin barrer. El uno por el otro y la ruina para todos, menos para ellos. Este país está yéndose al carajo y ni el PP ni el PSOE se dan por enterados. Mejor dicho: lo están llevando conservadores y socialistas y hacen cómo si no fuera con ellos. No se enteran. O no se quieren enterar.
Estamos en el sexto año de crisis. Los dineros para pagar subsidios, prestaciones y ayudas, amén de pensiones, van a la baja -nadie habla de ello, pero es así- mientras que las recaudaciones para llenarla merman cada vez más. Normal: atiborran de impuestos a los que todavía pueden pagarlos. Ya es sadismo. En tres días el PP pasó de asegurar que de ninguna manera iba a subir más impuestos a subir tres –tres, nada menos, en tres días- en el Consejo de Ministros. La caradura de Rajoy y sus muchachos está a la altura de la de Zapatero y sus chicas maravillosas, como aquella Elena Salgado de los brotes verdes que está a la par del inefable Cristóbal Montoro y sus predicciones de hombre de la bola de cristal de tres al cuarto.
Mientras, España se va por el sumidero. Los españoles empobreciéndose a marchas forzadas y el PP y el PSOE actuando como si meramente lloviera y miraran el suave caer de las gotas. Como si no fuera con ellos.
Ahora el gobierno de Rajoy reconoce que al menos hasta 2016 no habrá cambios positivos en el paro. Podría decir en el 2610. Tendría la misma credibilidad. Qué va a saber él de lo pasará en tres años, dos, uno o siquiera un par de meses, si sus predicciones a días vista fracasan.
En Cataluña y el País Vasco mucha gente que no es nacionalista lo tiene cada vez más claro. Mejor irse de este desastre llamado España que permanecer bajo el yugo de la alianza Rey-PP-PSOE-Botín.
Es fácil entenderles.

Cataluña y la refundación de España

27

11 2012

Aunque a los nacionalistas les irrite, lo cierto es que las urnas han dado un varapalo a Artur Mas, a CiU y han desvanecido la posibilidad de la independencia. Se mire cómo se mire es así. En política las sumas aritméticas facilonas (CiU más ERC, tantos diputados: mismamente) son el refugio de la ceguera voluntaria. Y no hablemos ya de lo que algunos sesudos analistas nacionalistas pretenden: sumar  al bloque separatista a Iniciativa-Izquierda Unida para pretender hacer ver una amplia mayoría que no existe.
El fracaso indepedentista es total. No habrá independencia y tampoco referéndum. Porque aunque CiU se escudara en ERC para convocarlo, el Tribunal Constitucional lo anularía y no pasaría nada. Eso es lo que ha determinado el fracaso de Mas. Que el referéndum, de haberlo, será una pantomima pactada con Madrid para que CiU no quede tan mal.

En Madrid que ERC sea independentista se asume y no asusta a nadie. Se le aguanta -más mal que bien- y ya está. El problema era CiU. Que a Mas le saliera bien lo de la “mayoría excepcional” suya, propia, maleable a voluntad. Eso era lo que aterrorizaba. Para bien o para mal -allá cada cual con su opción- eso no ha sido y no será en el futuro, al menos en muchísimos años. Vamos, que no ha nacido todavía el catalán que pudiera ver algo diferente.
Otra cosa  es que todo pueda seguir siendo igual en España. El país tiene un problema serio de definición estructural. El sistema autonómico hace aguas y aunque no sea el responsable -que no lo es- del dispensio público, su utilidad -caso balear, por ejemplo- es discutible. El “café para todos” fue un mal invento.
Ahora que el PNV está más moderado que en los últimos años y que CiU ha recibido el palo en las urnas, debería ser el momento en que los dirigentes de PP y PSOE asumiesen que hay que hacer cambios pactados con los nacionalistas pragmáticos catalanes y vascos. Cambios no para salir del paso, sino para refundar España.

De Obama a Baleares

03

11 2012

Cuatro años después, Obama ha resultado semejante a Zapatero. Un bluf. El “sí podemos” ha quedado reducido al “no lo hacemos, como siempre”. Por supuesto que para los progres que no tienen más horizonte ideológico que el conseguir que el adversario no gobierne, tanto les da que Obama allí, Zapatero aquí o incluso Antich más para acá defrauden masiva e intensamente. Siempre les basta, para votar, evitar que esté en el poder la derecha. Es poco, incluso nada, pero es lo que hay.
El fracaso de Obama es probablemente la última frontera que quedaba para explorar. Ahora sabemos que no existe ninguna alternativa. Ni más acá, ni aquí ni allí. Quien gobierna por todo son los intereses de las grandes corporaciones transnacionales. A las que les importa un rábano lo que el resto de mortales llamamos política e ideología. Ellos tienen a todos los políticos arrodillados lamiéndolos los zapatos y no tienen más ideología que seguir creciendo.
No existe alternativa en el conjunto del mundo occidental capitalista –que no liberal, porque el liberalismo, o sea la igualdad de oportunidades, la libre competencia… muere con el gobierno real de esas macro corporaciones-, tal y como el fracasado Obama nos ha mostrado. El desastre llamado Zapatero, así como su fotocopia con barba gallega conservadora, nos enseña que no la hay en España y por supuesto tampoco existe en Baleares, donde tanto si ocupa el Consulado del Mar el PP como el PSOE mandan los grandes hoteleros, dos grupos de los cuales, por cierto, forma parte de la elite que forman esas macro empresas transnacionales. Al respecto les aconsejo la lectura del libro sobre el grupo hotelero y financiero Barceló, escrito por Joan Buades.
En fin: no existe alternativa y no es previsible que ni a largo plazo pueda existir. Siempre habrá gente que vote, claro está, pero su ejercicio cívico valdrá exactamente igual que la abstención. Porque para unos, para otros, para todos lo que contará es lo que cuenta, al margen de opiniones: quienes mandan no están bajo poder de ningún tipo, mucho menos el democrático.

Independentismo y autonomismo

02

09 2012

La ofensiva contra el modelo autonómico va tomando fuerza. Ya no es solamente la ultraderecha. Ahora también desde la derecha más moderna, e incluso –tímidamente- desde la izquierda moderada, empiezan a dejarse oír voces favorables a un, al menos, replanteamiento del sistema de comunidades autónomas.
Como una mentira repetida millones de veces no se convierte en realidad, aunque sí para muchos indocumentados pueda llegar a serlo, conviene tener claro que de la cantidad aberrante de deuda que padece España, la aportada al monto global (2,4 billones) por las autonomías es relativamente poca, unos 800.000 millones. De éstos, el 70% va a cuenta de la administración nacional y solamente el aproximadamente 25% es imputable a les Comunidades Autónomas (CC.AA). Así que cuando ustedes lean a alguno de esos ultras asegurar que los desmanes de los gobiernos de las CC.AA tienen la culpa del desastre de la deuda acumulada nacional, ya lo saben: están mintiendo.
Otra cosa diferente es que el sistema autonómico sea políticamente mejorable. Que lo es porque así no va bien. Porque en su origen fue concebido para aguar las reivindicaciones nacionalistas catalanas y vascas, y al cabo de tres décadas ha resultado que ha generalizado las reclamaciones territoriales. En lugar de matizar los dos problemas –vasco y catalán-, como era la intención, los ha multiplicado por 8,5.
Como no hay vuelta atrás, habrá que ir pensando en profundas reformas para singularizar la reivindicación nacional vasca y catalana y dar cobijo autonómico suficiente, aunque armonizado, al resto de regiones. Hay que ir pensando, en fin, en una reforma constitucional para confederar de algún modo las dos regiones nacionalistas al resto.
O esto, o los procesos independentistas no van a cesar –por mucho que el hispanismo testicular como el demostrado por el coronel que decía estos días que habría que invadir Cataluña si pretendía independizarse- sino todo lo contrario, y en pocos años el problema político será muy, pero que muy grave. Sobre todo porque en este contexto de profundísima crisis económica, ésta actúa como impulsora de los deseos segregacionistas vasco y catalán, ya que para muchos ciudadanos que no son nacionalistas el fracaso de los sucesivos gobiernos nacionales –del PP y del PSOE- les urge a buscar ofertas que en su región existen, por aventureras que resulten ser, mientras que en las otras no tenemos tal opción y nos tenemos que conformar con seguir con los inútiles de siempre, sin poder equivocarnos con inútiles por demostrar.

Bauzá, el catalán y la ley

14

03 2012

José Ramón Bauzá y sus muchachos siguen a los suyo. Improvisando medidas de degüello presupuestario, improvisando con resultado desastroso la gestión en la sanidad pública y lo único que no improvisan es toda la tontería del catalán. Y les sale de la forma que ellos entienden como bien: el próximo día 25 la Obra Cultural Balear (OCB) sacará a la calle, en Palma, algunos miles de manifestantes contra la anunciada reforma legal del estatus de la lengua histórica de esta región. Ha habido más de 12.000 alegaciones particulares. Que se dice pronto. Muestra de la capacidad de movilización de la OCB y a la vez de la irritación que produce esa actitud provocadora de los Bauzá y Cía. Sin embargo el presidente sigue erre que erre y –seguramente- después de las fiestas de primavera va a intentar aprobar en el Parlamento la reforma legal que degrada el catalán de requisito a mérito para entrar en la administración. Aunque como no se convocarán oposiciones poco efecto práctico va a tener. No obstante lo que encrespa es esa obcecación enfermiza contra el catalán. Es sin duda una cortina de humo para intentar que se note lo menos posible la infinita incapacidad de Bauzá en la dirección de la administración autonómica, que le viene más que grande: es como poner a uno que recién ha obtenido el titulín para llevar barca al puente de mando de un portaviones. En parte sí, es eso. Pero también es una idea fija del presidente y de su reducido círculo de hierro. Odian todo lo que sea catalán. Así de simple. Les sobra. Pero se equivocan. Mucho. No saben hasta qué punto. Y como todos los que les han precedido en el empeño, fracasarán. Por supuesto.