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El referéndum, Cataluña y España

26

12 2013

Vivimos en un país cuyo Jefe del Estado dice, en su mensaje a la nación de las fiestas de invierno, que las instituciones deben comportase con “ejemplaridad”. Resulta que la que él representa es ejemplo de todo lo contrario. Es una pequeña muestra, solamente, de la profunda herida que tiene este país. No sé si mortal, pero desde luego sí muy grave. No me extraña nada que una parte mayoritaria de los representantes de los catalanes desee largarse. Crear su propio país. Y que los nacionalistas vascos les imiten.
Así que la insistencia nacionalista catalana de tirar adelante con el ya famoso referéndum se entiende. Cómo no iba a entenderse. El problema es que dudo que el gobierno nacional les deje hacerlo y, todavía mucho menos, irse. Ya lo he argumentado en alguna que otra ocasión: si España perdiera a Cataluña, inmediatamente después seguiría el mismo camino el País Vasco. Sólo con estas dos regiones volaría de España casi un cuarto del PIB. Lo cual condenaría al resto a la pobreza, y con la imperiosa necesidad de estrujar a lo poco que tendría a mano: nosotros, Canarias, Comunidad Valenciana y poco más. En fin, que la cuestión económica en verdad no es si Cataluña y/o País Vasco serían viables como estados independientes, que sin duda sí, sino si lo que quedara de España lo sería, que probablemente no. Por eso mismo mucho me temo que Madrid no dejará que Barcelona rompa.
Lo peor del caso es que no estoy muy seguro de si en Madrid realmente calibran con corrección lo que acontece en Cataluña. Me da la sensación de que se creen que anulando políticamente a Artur Mas –lo cual están consiguiendo- se acabará el problema. Y no creo que vaya a ser así, la verdad. Más bien Mas será sepultado por el frente independentista, y ante eso creo que Madrid no tiene ninguna solución. O al menos la actitud que está adoptando Mariano Rajoy da a entender que es así.
Esta forma de no hacer da como consecuencia que el problema va enquistándose cada vez más y que la solución sea progresivamente más difícil, si es que ya existe algún arreglo posible. Con lo cual crecen exponencialmente las probabilidades de que cuando se evite el referéndum pasen cosas que a nadie debieran interesar.
Las preguntas del referéndum son una tomadura de pelo. Una farsa a la democracia que complica todavía más el bucle catalán. Una muestra de cómo lo que mal empieza acostumbra a mal acabar. Bien haría Rajoy en no seguir más la misma estrategia fracasada de Mas –ganar tiempo-, que es lo único que ha hecho hasta ahora. Porque en su caso una equivocación de esa magnitud podría tener consecuencias dramáticas.

Referéndum y democracia

04

01 2013

Me resulta descorazonador leer día sí y día también artículos de gentes, a cuyas ideas sin compartirlas las tenía por respetables, que se oponen al referéndum catalán porque sí. Y punto. Porque es inconstitucional, dicen. ¿Seguro? Lo que dice en realidad la Carta Magna es que “podrá” ser convocado un referéndum “consultivo” por el gobierno –formalmente por Borbón como Jefe del Estado a propuesta del ejecutivo- en asuntos de “especial trascendencia”. No se prohíbe a otras instancias convocar a su vez otras consultas a los ciudadanos, de un ámbito territorial u otro. Resultaría una extraña Constitución la que impidiera la consulta democrática de este tipo. Y esto nos lleva, más allá de discusiones bizantinas sobre la jurídica constitucionalidad o no del referéndum catalán, al meollo de la cuestión. Y éste es que estamos ante una cuestión política.
Y la cuestión política es meridiana. Cómo en nombre de la democracia puede impedirse una consulta democrática a los ciudadanos de Cataluña si estuviera hecha con los condicionamientos democráticos al uso. No se puede. Así de simple.
Yo no sé si en Cataluña CiU juega a la táctica habitual y si llegará o no el momento del referéndum. No se trata, ahora, de eso. Se trata de que en este país, que tenemos por democrático, cada día se leen artículos y se escuchan opiniones de gentes que pasan por razonables, moderadas, de orden y, sobre todo, demócratas que en nombre de la sacralidad constitucional quieren ahogar la democracia impidiendo la consulta catalana. En nombre de la Constitución combaten la participación democrática. ¿Cómo se entiende? Imposible de entenderlo. Y muy triste.